Ni en el Meazza ni en el Metropolitano el Barcelona fue peor que el rival que le eliminó. Por segundo año consecutivo, los blaugrana volvieron a irse a casa con la cabeza alta pero con la cara de que tuvo el billete en sus manos y se le escurrió entre los dedos.
Una nueva expulsión, esta vez para Eric Garcia, desmonta al Barcelona en la Champions y lo condena a otra eliminación con sensación de déjà vu
Ni en el Meazza ni en el Metropolitano el Barcelona fue peor que el rival que le eliminó. Por segundo año consecutivo, los blaugrana volvieron a irse a casa con la cabeza alta pero con la cara de que tuvo el billete en sus manos y se le escurrió entre los dedos.
El Inter le dejó fuera en la prórroga en el 2025 con sensación de que fue una moneda al aire y esta vez el Atlético le descabalgó de la Champions aprovechando que el equipo de Flick jugó 57 minutos con inferioridad. Ese fue el gran peaje que pagó el Barça. La inferioridad en la eliminatoria solo fue numérica.
En las tres últimas Champions, las tres de Lamine Yamal, los blaugrana han recibido siete tarjetas rojas
Mientras los duelos contra los colchoneros estuvieron once contra once, el que hubiese pasado de ronda hubiera sido el que se quedó el camino. Cuando los equipos jugaban en igualdad de condiciones, el resultado global fue de 1-2. El Atlético hizo la diferencia cuando el Barça se quedó con uno menos.
Dos rojas cambiaron el curso. Dos acciones bastantes calcadas. Dos contragolpes bien ejecutados (tan bien como el gol de Lookman) en los que tanto Giuliano como Sorloth prefirieron que el Barcelona se quedase con diez que sumar un gol para su equipo. Esa es la realidad. Ambos eligieron irse al suelo justo en el momento de notar el contacto en vez de seguir hacia la portería. Fueron más pillos que puristas, más entrenadores tácticos que buscan sacar provecho del reglamento que niños que siempre quieren marcar.
Si en la ida fue Cubarsí el que picó el anzuelo antes del descanso, en el Metropolitano Eric Garcia –que ocupaba el puesto de central del sancionado Cubarsí– también cayó en la trampa del último hombre por jugar con la línea tan adelantada. El árbitro no le indultó a pesar de que Koundé ya llegaba al rescate después de que Sorloth hubiese ganado la posición.
Tanto Giuliano como Sorloth prefirieron que el Barcelona se quedase con diez que sumar un gol para su equipo
Turpin había sacado del bolsillo de la camiseta la tarjeta amarilla. Esa fue su primera evaluación de la acción. Pero entonces los jugadores del Barça vieron la bandera levantada del auxiliar y avisaron al colegiado, que entonces decretó fuera de juego.
Sucedió que en el VAR avisaron al colegiado francés de que la posición del noruego era legal y que fuera al televisor a ver la falta porque podía ser una posible roja directa. Cuando volvió, ya había cambiado su decisión. En vez de rebuscar en la camiseta, se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón. Allí es donde los árbitros guardan las tarjetas rojas.
Eric tiraba la camiseta en el túnel de vestuario, consciente de que la expulsión dejaba las cosas todavía más difícil para sus compañeros. No es nuevo.
En las tres últimas ediciones de la Champions, las tres que ha jugado Lamine Yamal con el equipo blaugrana, el Barcelona ha recibido siete tarjetas rojas, algunas claves como la de Araújo frente al PSG. Aquella vez los de Xavi estaban 4-2 en el global y acabaron perdiendo 4-5.
De ahí la sensación de déjà vu. Gavi (Oporto), Araújo (PSG), Eric (Mónaco), Cubarsí (Benfica), Araújo (Chelsea) y estas dos contra el Atlético. Mucho castigo. En cambio, los de Simeone no vieron ni una amarilla en todo el partido de vuelta. Un criterio discutible cuando hicieron 15 faltas. El colegiado añadió ocho minutos y Turpin pitó el final en el minuto 98 y un segundo. Todo sale cruz. Empezando por las rojas, siguiendo por las manos de Pubill y acabando por el gol anulado a Ferran Torres. Demasiado contra lo que remar en la Champions.
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