Laura Gost ganó un Goya con 24 años por el guion del aclamado corto ‘Woody&Woody’. Ahora publica ‘El precio de nacer’, una novela distópica traducida ya a ocho idiomas que retrata una sociedad donde ningún bebé puede nacer sin que muera alguien que le ceda el sitio Leer Laura Gost ganó un Goya con 24 años por el guion del aclamado corto ‘Woody&Woody’. Ahora publica ‘El precio de nacer’, una novela distópica traducida ya a ocho idiomas que retrata una sociedad donde ningún bebé puede nacer sin que muera alguien que le ceda el sitio Leer
A los siete años escribió su primer relato formal. De niña se autoeditaba en casa, usando cartones y cartulinas como carátulas de libro y recortando ilustraciones de cuentos viejos, ajados, reciclando retazos para crear nuevas tramas. «Siempre he sentido fascinación por los libros físicos y por contar historias».
En la adolescencia, una etapa de su vida que ella misma define como particularmente «solitaria», descubrió el cine de Woody Allen, que le cautivó y le hizo compañía con sus diálogos ágiles y mordaces, la voz diletante y abrasiva del genio de Manhattan y de su mítico doblador, Joan Pera, que más tarde formaría parte indisociable de la vida de aquella niña escritora.
Nada le hacía presagiar entonces que 10 años después estaría en una sala del hotel Carlyle de Nueva York charlando en un breve encuentro con su ídolo, Woody, el hombre y el nombre que ha marcado su carrera como creadora.
«Era el año 2018, él acababa de dar un concierto de clarinete y a través de un conocido que era amigo de su pianista logramos finalmente acceder a él». Era una época en la que el esquivo cineasta se mostraba especialmente protegido, blindado por su círculo ante los escándalos desatados en torno a su figura.
A pesar de la dificultad, ella y sus compañeros lograron su objetivo: «Nos atendió unos minutos tras el concierto, le dimos una copia de nuestro corto y nos quedamos otra copia firmada por él…charlamos un rato, nos contó que conocía Mallorca, que había estado en la isla dando un concierto y que incluso había tenido una intoxicación alimentaria que le había obligado a aterrizar de emergencia», explica ahora divertida, todavía -nunca mejor dicho- digiriendo aquel momento a pesar de que han pasado ya ocho años.
Laura Gost (Sa Pobla, 1993) es la chica mallorquina que con sólo 24 años levantó un premio Goya. Fue en 2018, poco antes de conocer a Allen, cuando la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España premió como mejor cortometraje de animación a Woody & Woody, la obra dirigida por Jaume Carrió y guionizada por ella que, en 12 minutos, recrea un encuentro imaginario entre un Woody Allen ya envejecido y una versión de sí mismo mucho más joven. Un homenaje al director de Brooklyn y una reflexión mayéutica sobre asuntos universales, construida sobre el diálogo, un recurso esencial en la obra de Laura Gost. «Me fascina el diálogo porque es una buena manera de construir y dar a conocer los personajes sin caer en juicios de valor: en la vida real conocemos a la gente así, no tenemos a un pepito grillo diciéndonos todo el rato: ‘ahora esta persona está en realidad pensando esto o aquello'».
La obra sobre Woody Allen había sido escrita por Gost para la edición local de un festival de microteatro que cada año se desarrolla en bares de barrio de Palma, llamado Teatre de Barra. Una actividad popular en el circuito palmesano de autores pero alejada del mainstream, vivero de artistas vocacionales. Gost presentó allí su obra, Woody&Woody, sin imaginar que poco después esa pequeña obra de teatro se convertiría en un cortometraje y ganaría la máxima distinción del cine español en su categoría, suponiendo el trampolín a la escena literaria española de la joven guionista.
La carrera literaria de Laura Gost, que escribe y publica en lengua catalana, su lengua materna, ha seguido creciendo desde entonces.
Ha ganado torneos de dramaturgia en Baleares y en Cataluña y ha visto publicadas obras de teatro como Seguí (2019), Matar al padre (2020) o La deliberació dels escorpins (2021). En novela, ha publicado La prima mayor (2019), una campanada editorial y uno de los libros más vendidos en la feria de Sant Jordi en su año de edición; El mundo se vuelve sencillo (2022) y Les cendres a la piscina (2023), premio Proa de Novela hace tres años.
Gost acaba publica ahora El precio de nacer (Ediciones Temas de Hoy, Grupo Planeta), una novela de espíritu distópico que golpea la conciencia del lector con una inquietante y original premisa argumental.
La acción transcurre en una sociedad donde los recursos escasean y en la que, para que nazca un nuevo bebé, el sistema debe antes registrar la muerte de otra persona y así paliar y evitar la superpoblación. Cada nacimiento lleva aparejada una muerte y, en un guiño orweliano, cada fiesta de nacimiento es también una fiesta de despedida: las fiestas de «biendespedida», se les llama en la novela.
En ese escenario los personajes viven atrapados en una maraña de conflictos morales, tejen sus relaciones personales y familiares en ese contexto, a caballo entre lo macabro y lo inquietantemente plausible, un mundo alarmantemente verosímil, con una narración directa, ágil, ácida.
La obra, que Gost concibió mientras estaba embarazada de su hijo Blai, bebe en la copiosa corriente de distopías, ahora tan en boga, pero no tiene afán ensayístico ni sitúa la acción en un futuro apocalíptico sino en la atemporalidad de una sociedad donde la muerte y la vida están supeditadas a una burocracia deshumanizadora. Un tema rabiosamente actual.
«Para mí era importante que el contexto no fuera muy inverosímil, que fuera una hipótesis no deseable ni vigente pero sí que al lector no le resultara del todo inconcebible», explica la escritora en conversación con EL MUNDO, al que atiende en uno de los tiempos muertos que le deja su trabajo actual como profesora de inglés en un instituto público del norte de Mallorca.
«He tratado de llevar al extremo tendencias y debates que percibimos actualmente, como el coste de la vida, de la vivienda, el cambio climático, el envejecimiento de la población», agrega, sin renunciar a lo primordial: que su obra es ante todo una novela de tramas humanas, de personajes, una ficción que narra sus historias, sus dilemas y sus negociaciones íntimas con la culpa. Individuos que viven y se mueven haciendo uso de la libertad de elección que les da el sistema, un Estado con pulsiones totalitarias que se mimetizan en la banalidad.
«En un totalitarismo más cruel, el Estado deja espacio para la libertad de elección, son libres de tomar esa decisión pero deben posicionarse, también moralmente», reflexiona la escritora mallorquina al hablar de los personajes de su nueva obra.
El libro ha sido ya traducido a ocho idiomas (castellano, inglés, francés, italiano, alemán, turco, griego y neerlandés) y sus derechos audiovisuales han sido adquiridos por una productora con sede en Los Ángeles, cuyo nombre la escritora mantiene en secreto por motivos de confidencialidad.
Con este proyecto, la trayectoria de Gost sigue su curso capicúa, de la imprenta al cine y del cine a la imprenta, aunando las dos pasiones de la niña que se editaba sus propios relatos.
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