El reportero regresa a En el punto de mira, el programa que más le ha marcado tras más de 200 investigaciones, y reivindica el periodismo de calle frente a los atajos tecnológicos: «La IA multiplica nuestras capacidades, pero nosotros cotejamos todo» Leer El reportero regresa a En el punto de mira, el programa que más le ha marcado tras más de 200 investigaciones, y reivindica el periodismo de calle frente a los atajos tecnológicos: «La IA multiplica nuestras capacidades, pero nosotros cotejamos todo» Leer
En una época en la que la inteligencia artificial parece capaz de hacerlo casi todo, Boro Barber tiene bastante claro dónde está el límite. Puede ayudar a buscar, cruzar información, encontrar pistas o multiplicar las posibilidades de una redacción. Lo que todavía no puede hacer es plantarse con una cámara delante de alguien que no quiere verla ni en pintura. Y ahí, precisamente ahí, empieza para él el periodismo.
«Cuando eres periodista de investigación y llegas con tu cámara, casi nadie se alegra de verte, pero no me importa. Para eso ya tengo a mi madre, que se alegra muchísimo al verme», bromea.
Barber ha regresado esta temporada a En el punto de mira, el veterano formato de reportajes de Cuatro que volvió a la parrilla el pasado 14 de septiembre con muy buenos datos de audiencia (por encima del doble dígito) y con uno de sus reporteros históricos convertido ahora en el rostro de todas las entregas. Un regreso que para el valenciano tiene algo de vuelta a casa.
«Es un programa de investigación muy trabajado. A veces, por cambios de parrilla o por circunstancias, desaparece y te preguntas cómo es posible que no esté», explica. Él tampoco necesitó demasiados argumentos para regresar después de haber pasado en los últimos años por espacios como El programa de AR, Equipo de investigación o TardeAR: «A mí me apasiona investigar, así que… ¿por qué no volver?».
En realidad, nunca terminó de marcharse del todo. Barber asegura que, incluso durante los años en los que estuvo alejado del formato, los espectadores seguían identificándolo con aquellas investigaciones. «Ocho años después, la gente sigue recordando aquellos reportajes. Es impresionante. Eso te hace pensar que quizá hay que volver a hacerlos. Y en ello estamos», asegura.
El nuevo En el punto de mira ha incorporado, además, una compañera de viaje que hace ocho años ni siquiera formaba parte de la conversación cotidiana: la inteligencia artificial. Pero Barber pone rápidamente los límites. Ni sustituye a los periodistas ni convierte una investigación de semanas en un trabajo de cinco minutos.
«La inteligencia artificial que usamos es, en realidad, la inteligencia real de nuestra redacción, potenciada con motores de IA que multiplican nuestras capacidades», explica. Y lanza una advertencia que sirve también para desmontar cualquier tentación de confiar ciegamente en la tecnología: «Tú le preguntas a ChatGPT y te puede meter un fallo impresionante. Por eso nosotros cotejamos todo: buscamos, pedimos informes a organismos y, con esa información y lo que aporta la IA, elaboramos nuestra propia inteligencia artificial interna«.
Es decir, la tecnología ayuda, pero alguien tiene que seguir haciendo las preguntas. Y, sobre todo, comprobar las respuestas. «Esa IA propia es un recurso más, nunca un atajo», sentencia.
La gran baza de En el punto de mira, según Barber, sigue siendo mucho más tradicional: tiempo, periodistas y medios para perseguir una historia hasta donde haga falta. Incluso aunque la pista obligue a coger un avión.
«Este tipo de investigación no es habitual. Aquí tenemos tiempo, capacidad y medios. El programa permite viajar, rastrear el origen de un producto, seguir un hilo hasta donde lleve, aunque sea al fin del mundo. Puedes coger un vuelo, hacer un viaje internacional, estar una semana grabando… Hay interés real en que la investigación salga. Contar con medios es un privilegio«.
Las historias comienzan casi siempre con una pregunta aparentemente sencilla: «¿Qué se pregunta la gente?». A partir de ahí puede surgir prácticamente cualquier cosa. Las propuestas llegan de la cadena, de los redactores, del equipo o del propio Barber y cada investigación acaba construyendo su propio camino. No existe una receta única porque, precisamente, parte del trabajo consiste en no saber de antemano dónde terminará la historia.
Tal vez por eso el periodista relativiza el buen funcionamiento de las primeras entregas de esta temporada. Las audiencias importan -y reconoce que es de los primeros que las mira a la mañana siguiente-, pero sostiene que el equipo sabe antes de emitir si tiene entre manos algo potente.
«En EL MUNDO aprendí a no esperar a que las cosas pasen, sino a destapar lo que será noticia mañana»
«Esto es como hacer un examen: nunca he entendido a quien dice ‘no sé cómo me ha salido’. Todos sabemos si llevamos un buen producto o no. Nosotros hemos hecho buenos reportajes, con calidad, interesantes y pensados para un público amplio», afirma. «Luego esperas que eso se traduzca en un buen dato, porque es lo que te avala públicamente», concluye.
Para Barber, sin embargo, este regreso tiene un componente que va mucho más allá de las cifras. Ha sido redactor, reportero, subdirector y director; ha trabajado en programas diarios y semanales y ha pasado por distintos formatos televisivos. Antes de todo ello estuvo en la prensa escrita y comenzó precisamente en EL MUNDO, una etapa que todavía considera decisiva en su manera de trabajar.
«Allí aprendí que no hay que esperar a que las cosas pasen para contarlas, sino ir por delante y destapar lo que será noticia mañana», recuerda.
De todos los programas por los que ha pasado, ninguno ocupa el lugar de En el punto de mira. «Todos los formatos te marcan, pero este es el que más me ha hecho crecer y aprender: más de 200 investigaciones, temporadas, viajes, horas de grabación… Es el programa al que más le debo. Sí, es el programa de mi vida».
Y quizá la razón esté en algo bastante menos sofisticado que toda la tecnología que ahora acompaña a una investigación. «Lo que más me gusta del reporterismo de calle es la naturalidad de la gente. La gente es la gente, y eso no lo tiene una máquina ni la IA«.
También están las puertas que se cierran, las respuestas que no llegan y quienes preferirían que En el punto de mira jamás hubiera aparecido. Para Barber, lejos de ser un problema, muchas veces es la señal de que el equipo ha llegado al sitio correcto.
«Si llegas a un lugar y no se alegran, ahí está el reportaje: significa que hay algo que aclarar. Esa tensión es parte del oficio. Eso es adrenalina pura y periodismo en mayúsculas. A mí me encanta».
De momento no piensa en otro proyecto. Desde que arrancó la temporada, asegura que recibe cientos de mensajes de espectadores proponiéndole historias y posibles investigaciones. «Estoy muy centrado en ver por dónde podemos investigar para la próxima temporada. No estoy en otros proyectos».
Cuando consigue apagar la cámara, intenta hacer exactamente eso: apagarla. Corre con su perra, vuelve al mar y reparte su vida entre Madrid y Valencia. «La playa es un lugar donde miras al horizonte y te relajas». Aunque su desconexión favorita sigue siendo regresar a casa: «Estoy muy apegado a Valencia y a mi gente. Siempre que puedo, tiro para casa».
Hasta que aparece otra pista. Entonces toca volver a hacer preguntas. Y si al otro lado nadie se alegra demasiado de verlo llegar, Boro Barber sabe que probablemente hay historia.
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