Con unas 50.000 hectáreas afectada s, el incendio declarado el pasado 22 de julio en Burgohondo (Ávila) -que este jueves lograba darse por estabilizado, aunque resta para su extinción- es ya el mayor registrado en la historia de España. Cerca de 200 kilómetros de perímetro, una veintena de localidades afectadas, más de 30.000 evacuados… parte de un rastro de cenizas que hace palidecer cualquier estadística de la destrucción dejada a su paso el fuego. Con buena parte todavía de agosto por delante y el periodo de riesgo alto fijado de momento hasta el 12 de octubre, a cierre de julio el parte ya contabiliza casi una decena de grandes incendios -se consideran así los que afectan a más de 500 hectáreas-, con lo que la superficie abrasada al arrancar el octavo mes del año ya superaría las 78.000 hectáreas , según los cálculos realizados por ABC, lo que supone multiplicar por más de doce lo quemado a esas alturas de 2025.Y es que, si bien el de la provincia abulense ha sido el más grave y devastador, no ha sido el único registrado en este tiempo. Críticos y claves en las cifras han resultado especialmente los diez últimos días del julio, llevando incluso a la Comunidad a declarar la Situación Operativa (SIT) dos debido a la simultaneidad de focos y las arduas tareas por delante para el operativo en esos días de la cuarta alerta por calor del verano.El frondoso terreno regado por las abundantes lluvias del invierno y la primavera, deshidratado pronto por las elevadas temperaturas y sin casi recibir más agua caída de las nubes desde mayo, se convertía en el combustible perfecto para la ignición. Y acompañado del viento, la mecha con la que extenderse con rapidez. Así avanzaba también el declarado el 29 de julio en Fermoselle (Zamora), que en apenas una hora subía a nivel dos de riesgo, precipitaba la evacuación de casi un millar de personas -incluidas varias residencias de ancianos- de catorce pueblos junto a los Arribes del Duero. Tras de sí, 11.000 hectáreas calcinadas en horas justo en el día en el que en la provincia de Ávila recibían el alivio de la vuelta a casa de todos los evacuados.Entre ambos fuegos, más de 60.000 hectáreas afectadas. Cifra que multiplica por diez lo consumido por los incendios a cierre de julio de 2025, cuando habían ardido unas 6.000 hectáreas. Entonces, el que fue dramático fue agosto, sobre todo a mediados -en plena ola de calor, con los vientos azotando sin piedad, ni gota de humedad…-, con más de una docena de fuegos ardiendo a la vez en nivel 2 de riesgo, una treintena salpicando el territorio, las llamas avanzando sin freno y el humo cubriendo buena parte de la Comunidad… El balance a fin de temporada de riesgo alto, más de 143.000 hectáreas quemadas, una veintena de grandes incendios y más superficie afectada que entre los siete años previos juntos.Hasta arrancar agosto, éste ya son una decena los grandes fuegos que han afectado a la Comunidad. Aunque algunos aún sin cifras oficiales, a los de Burgohondo y Fermoselle -cuya superficie quemada no se ha dado por cerrada aún-, le sigue por extensión el de Brieva (Segovia) , el primero de esa recta final de julio sin tregua para los efectivos de extinción. Con origen accidental, según los datos de la Consejería de Medio Ambiente y Energía, por delante se llevo más de 3.000 hectáreas -casi 2.300 de forestal, más otras 900 de no forestal-, motivando el desalojo de hasta ocho pueblos el 20 de agosto. Otras cerca de 2.400 abrasó el declarado en esos días críticos en Valdesamiro, en la provincia de León, la que acumula el mayor número de grandes incendios. Supera las 1.500 otro que arrancó el mismo día que el de Fermoselle en la también leonesa Vegas del Condado; roza las 800 el focalizado en Castropomade y por encima de las 500 también están los declarados en junio en Oseja de Sajambre y Congosto, también en tierras leonesas. También en la provincia de León, el declarado en Murias de Ponjos -con varios pueblos evacuados- se comió más de 2.300 hectáreas días antes de que otro declarado en la cercana La Utrera motivase evacuaciones, quemando unas 150 de monte. Activo -pero estabilizado este sábado- continúa desde el 29 de julio el de Veguellina, que habría quemado unas 1.200 hectáreas, a vista de satélite. A lo quemado por los grades fuegos hay que añadir las aproximadamente 9.000 hectáreas quemadas desde el 1 de enero por otros fuegos. En lo que va de año, se han declarado más de 1.100 en Castilla y León, cerca de 200 de ellos en julio. Junio acababa con 859 y no llegaban a las 3.300 hectáreas de superficie forestal quemadas, pero julio pulverizaba cualquier estadística previa.En la provincia de Ávila, la más castigada por las llamas, sólo el incendio de Burgohondo se ha llevado por delante más que lo consumido en los ocho últimos años juntos en esta tierra. Y eso que ahí se incluye también un 2021 que abrasó más de 23.000 hectáreas, de las que más de 20.000 se debieron al declarado entre Navalacruz y Cepeda de la Mora por un coche que comenzó a arder el 14 de agosto en la cuneta de la N-502 y cuyas llamas pronto se propagaron por la superficie forestal. Trece días tardó entonces en darse por extinguido. Esta vez, el de Burgohondo, debido al extenso perímetro se estima que también habrá de aguardar tiempo para que se apague , mientras sigue la vigilancia sobre un terreno en el que las llamas llegaron a confluir con el declarado en las mismas fechas en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), fusionado con otro de Almorox (Toledo) y llevar al Ministerio del Interior a declarar el nivel de emergencia 3, poner al frente de la extinción a la UME (Unidad Militar de Emergencias) con un dispositivo sin precedentes al que se sumaban hasta efectivos de Italia, Grecia, Portugal, Qatar, Turquía… Con unas 50.000 hectáreas afectada s, el incendio declarado el pasado 22 de julio en Burgohondo (Ávila) -que este jueves lograba darse por estabilizado, aunque resta para su extinción- es ya el mayor registrado en la historia de España. Cerca de 200 kilómetros de perímetro, una veintena de localidades afectadas, más de 30.000 evacuados… parte de un rastro de cenizas que hace palidecer cualquier estadística de la destrucción dejada a su paso el fuego. Con buena parte todavía de agosto por delante y el periodo de riesgo alto fijado de momento hasta el 12 de octubre, a cierre de julio el parte ya contabiliza casi una decena de grandes incendios -se consideran así los que afectan a más de 500 hectáreas-, con lo que la superficie abrasada al arrancar el octavo mes del año ya superaría las 78.000 hectáreas , según los cálculos realizados por ABC, lo que supone multiplicar por más de doce lo quemado a esas alturas de 2025.Y es que, si bien el de la provincia abulense ha sido el más grave y devastador, no ha sido el único registrado en este tiempo. Críticos y claves en las cifras han resultado especialmente los diez últimos días del julio, llevando incluso a la Comunidad a declarar la Situación Operativa (SIT) dos debido a la simultaneidad de focos y las arduas tareas por delante para el operativo en esos días de la cuarta alerta por calor del verano.El frondoso terreno regado por las abundantes lluvias del invierno y la primavera, deshidratado pronto por las elevadas temperaturas y sin casi recibir más agua caída de las nubes desde mayo, se convertía en el combustible perfecto para la ignición. Y acompañado del viento, la mecha con la que extenderse con rapidez. Así avanzaba también el declarado el 29 de julio en Fermoselle (Zamora), que en apenas una hora subía a nivel dos de riesgo, precipitaba la evacuación de casi un millar de personas -incluidas varias residencias de ancianos- de catorce pueblos junto a los Arribes del Duero. Tras de sí, 11.000 hectáreas calcinadas en horas justo en el día en el que en la provincia de Ávila recibían el alivio de la vuelta a casa de todos los evacuados.Entre ambos fuegos, más de 60.000 hectáreas afectadas. Cifra que multiplica por diez lo consumido por los incendios a cierre de julio de 2025, cuando habían ardido unas 6.000 hectáreas. Entonces, el que fue dramático fue agosto, sobre todo a mediados -en plena ola de calor, con los vientos azotando sin piedad, ni gota de humedad…-, con más de una docena de fuegos ardiendo a la vez en nivel 2 de riesgo, una treintena salpicando el territorio, las llamas avanzando sin freno y el humo cubriendo buena parte de la Comunidad… El balance a fin de temporada de riesgo alto, más de 143.000 hectáreas quemadas, una veintena de grandes incendios y más superficie afectada que entre los siete años previos juntos.Hasta arrancar agosto, éste ya son una decena los grandes fuegos que han afectado a la Comunidad. Aunque algunos aún sin cifras oficiales, a los de Burgohondo y Fermoselle -cuya superficie quemada no se ha dado por cerrada aún-, le sigue por extensión el de Brieva (Segovia) , el primero de esa recta final de julio sin tregua para los efectivos de extinción. Con origen accidental, según los datos de la Consejería de Medio Ambiente y Energía, por delante se llevo más de 3.000 hectáreas -casi 2.300 de forestal, más otras 900 de no forestal-, motivando el desalojo de hasta ocho pueblos el 20 de agosto. Otras cerca de 2.400 abrasó el declarado en esos días críticos en Valdesamiro, en la provincia de León, la que acumula el mayor número de grandes incendios. Supera las 1.500 otro que arrancó el mismo día que el de Fermoselle en la también leonesa Vegas del Condado; roza las 800 el focalizado en Castropomade y por encima de las 500 también están los declarados en junio en Oseja de Sajambre y Congosto, también en tierras leonesas. También en la provincia de León, el declarado en Murias de Ponjos -con varios pueblos evacuados- se comió más de 2.300 hectáreas días antes de que otro declarado en la cercana La Utrera motivase evacuaciones, quemando unas 150 de monte. Activo -pero estabilizado este sábado- continúa desde el 29 de julio el de Veguellina, que habría quemado unas 1.200 hectáreas, a vista de satélite. A lo quemado por los grades fuegos hay que añadir las aproximadamente 9.000 hectáreas quemadas desde el 1 de enero por otros fuegos. En lo que va de año, se han declarado más de 1.100 en Castilla y León, cerca de 200 de ellos en julio. Junio acababa con 859 y no llegaban a las 3.300 hectáreas de superficie forestal quemadas, pero julio pulverizaba cualquier estadística previa.En la provincia de Ávila, la más castigada por las llamas, sólo el incendio de Burgohondo se ha llevado por delante más que lo consumido en los ocho últimos años juntos en esta tierra. Y eso que ahí se incluye también un 2021 que abrasó más de 23.000 hectáreas, de las que más de 20.000 se debieron al declarado entre Navalacruz y Cepeda de la Mora por un coche que comenzó a arder el 14 de agosto en la cuneta de la N-502 y cuyas llamas pronto se propagaron por la superficie forestal. Trece días tardó entonces en darse por extinguido. Esta vez, el de Burgohondo, debido al extenso perímetro se estima que también habrá de aguardar tiempo para que se apague , mientras sigue la vigilancia sobre un terreno en el que las llamas llegaron a confluir con el declarado en las mismas fechas en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), fusionado con otro de Almorox (Toledo) y llevar al Ministerio del Interior a declarar el nivel de emergencia 3, poner al frente de la extinción a la UME (Unidad Militar de Emergencias) con un dispositivo sin precedentes al que se sumaban hasta efectivos de Italia, Grecia, Portugal, Qatar, Turquía…
Con unas 50.000 hectáreas afectadas, el incendio declarado el pasado 22 de julio en Burgohondo (Ávila) -que este jueves lograba darse por estabilizado, aunque resta para su extinción- es ya el mayor registrado en la historia de España. Cerca de 200 … kilómetros de perímetro, una veintena de localidades afectadas, más de 30.000 evacuados… parte de un rastro de cenizas que hace palidecer cualquier estadística de la destrucción dejada a su paso el fuego. Con buena parte todavía de agosto por delante y el periodo de riesgo alto fijado de momento hasta el 12 de octubre, a cierre de julio el parte ya contabiliza casi una decena de grandes incendios -se consideran así los que afectan a más de 500 hectáreas-, con lo que la superficie abrasada al arrancar el octavo mes del año ya superaría las 78.000 hectáreas, según los cálculos realizados por ABC, lo que supone multiplicar por más de doce lo quemado a esas alturas de 2025.
Y es que, si bien el de la provincia abulense ha sido el más grave y devastador, no ha sido el único registrado en este tiempo. Críticos y claves en las cifras han resultado especialmente los diez últimos días del julio, llevando incluso a la Comunidad a declarar la Situación Operativa (SIT) dos debido a la simultaneidad de focos y las arduas tareas por delante para el operativo en esos días de la cuarta alerta por calor del verano.
El frondoso terreno regado por las abundantes lluvias del invierno y la primavera, deshidratado pronto por las elevadas temperaturas y sin casi recibir más agua caída de las nubes desde mayo, se convertía en el combustible perfecto para la ignición. Y acompañado del viento, la mecha con la que extenderse con rapidez. Así avanzaba también el declarado el 29 de julio en Fermoselle (Zamora), que en apenas una hora subía a nivel dos de riesgo, precipitaba la evacuación de casi un millar de personas -incluidas varias residencias de ancianos- de catorce pueblos junto a los Arribes del Duero. Tras de sí, 11.000 hectáreas calcinadas en horas justo en el día en el que en la provincia de Ávila recibían el alivio de la vuelta a casa de todos los evacuados.
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Entre ambos fuegos, más de 60.000 hectáreas afectadas. Cifra que multiplica por diez lo consumido por los incendios a cierre de julio de 2025, cuando habían ardido unas 6.000 hectáreas. Entonces, el que fue dramático fue agosto, sobre todo a mediados -en plena ola de calor, con los vientos azotando sin piedad, ni gota de humedad…-, con más de una docena de fuegos ardiendo a la vez en nivel 2 de riesgo, una treintena salpicando el territorio, las llamas avanzando sin freno y el humo cubriendo buena parte de la Comunidad… El balance a fin de temporada de riesgo alto, más de 143.000 hectáreas quemadas, una veintena de grandes incendios y más superficie afectada que entre los siete años previos juntos.
Hasta arrancar agosto, éste ya son una decena los grandes fuegos que han afectado a la Comunidad. Aunque algunos aún sin cifras oficiales, a los de Burgohondo y Fermoselle -cuya superficie quemada no se ha dado por cerrada aún-, le sigue por extensión el de Brieva (Segovia), el primero de esa recta final de julio sin tregua para los efectivos de extinción. Con origen accidental, según los datos de la Consejería de Medio Ambiente y Energía, por delante se llevo más de 3.000 hectáreas -casi 2.300 de forestal, más otras 900 de no forestal-, motivando el desalojo de hasta ocho pueblos el 20 de agosto.
Otras cerca de 2.400 abrasó el declarado en esos días críticos en Valdesamiro, en la provincia de León, la que acumula el mayor número de grandes incendios. Supera las 1.500 otro que arrancó el mismo día que el de Fermoselle en la también leonesa Vegas del Condado; roza las 800 el focalizado en Castropomade y por encima de las 500 también están los declarados en junio en Oseja de Sajambre y Congosto, también en tierras leonesas. También en la provincia de León, el declarado en Murias de Ponjos -con varios pueblos evacuados- se comió más de 2.300 hectáreas días antes de que otro declarado en la cercana La Utrera motivase evacuaciones, quemando unas 150 de monte.
Activo -pero estabilizado este sábado- continúa desde el 29 de julio el de Veguellina, que habría quemado unas 1.200 hectáreas, a vista de satélite. A lo quemado por los grades fuegos hay que añadir las aproximadamente 9.000 hectáreas quemadas desde el 1 de enero por otros fuegos. En lo que va de año, se han declarado más de 1.100 en Castilla y León, cerca de 200 de ellos en julio. Junio acababa con 859 y no llegaban a las 3.300 hectáreas de superficie forestal quemadas, pero julio pulverizaba cualquier estadística previa.
En la provincia de Ávila, la más castigada por las llamas, sólo el incendio de Burgohondo se ha llevado por delante más que lo consumido en los ocho últimos años juntos en esta tierra. Y eso que ahí se incluye también un 2021 que abrasó más de 23.000 hectáreas, de las que más de 20.000 se debieron al declarado entre Navalacruz y Cepeda de la Mora por un coche que comenzó a arder el 14 de agosto en la cuneta de la N-502 y cuyas llamas pronto se propagaron por la superficie forestal. Trece días tardó entonces en darse por extinguido.
Esta vez, el de Burgohondo, debido al extenso perímetro se estima que también habrá de aguardar tiempo para que se apague, mientras sigue la vigilancia sobre un terreno en el que las llamas llegaron a confluir con el declarado en las mismas fechas en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), fusionado con otro de Almorox (Toledo) y llevar al Ministerio del Interior a declarar el nivel de emergencia 3, poner al frente de la extinción a la UME (Unidad Militar de Emergencias) con un dispositivo sin precedentes al que se sumaban hasta efectivos de Italia, Grecia, Portugal, Qatar, Turquía…
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