Comenzó siendo una especie de brindis al sol, una de las bravuconadas habituales que engloban las tácticas suicidas que han hecho a lo largo de la historia grandes nadadores en busca de récords del mundo imposibles, de medir sus límites y de saber hasta qué punto pueden acercarse a él. El alemán de 19 años Johannes Liebmann, que este año ya había conseguido el récord europeo de los 800 libre (7m37s59), se atrevió a nadar la final de los 1.500 libre de los Europeos de París en 28 segundos cada 50 metros.
El talento de 19 años, que esta temporada ya batió el récord europeo de los 800, rebajó en cuatro segundos el récord del estadounidense Bobby Finke en los pasados Juegos de París y abre una nueva era en el fondo
Comenzó siendo una especie de brindis al sol, una de las bravuconadas habituales que engloban las tácticas suicidas que han hecho a lo largo de la historia grandes nadadores en busca de récords del mundo imposibles, de medir sus límites y de saber hasta qué punto pueden acercarse a él. El alemán de 19 años Johannes Liebmann, que este año ya había conseguido el récord europeo de los 800 libre (7m37s59), se atrevió a nadar la final de los 1.500 libre de los Europeos de París en 28 segundos cada 50 metros.
Eso se traduce en que, a los 600 metros de la prueba, iba hasta cinco segundos por debajo del récord mundial del estadounidense Bobby Finke obtenido en los Juegos de París, en 2024, para ganar su segundo oro olímpico en esa prueba. Liebmann nadaba en otra dimensión, y la línea del récord mundial no le alcanzaba ni los pies.
Largo a largo, lo que comenzó siendo una bravuconada se fue tiñendo de órdago y después ya de hazaña, de aquellas que quedan en la hemeroteca de la natación mundial. Rebajó algo el ritmo, empezó a nadar en 29 segundos, pero se mantuvo cuatro segundos por debajo del récord mundial. Liebmann fue Katie Ledecky y tocó con un tiempo de 14m26s79, un mordisco de dinosaurio al récord, que estaba en 14m30s.
No sé si confundido con el griterío o exhausto por el esfuerzo, Liebmann tardó en reaccionar. Por un momento mostró su lado inhumano, hierático; había nadado la prueba más rápida de la historia, enterrando las hazañas de los Grant Hacket, Sun Yang, Gregorio Paltrinieri o Bobby Finke y apenas se inmutaba. Luego, entró en razón y la sangre le llegó de nuevo al cerebro. Y golpeó al agua y lo celebró.
Este año, en el Open de Estocolmo, Liebmann batió su marca personal con un tiempo de 14m39s67, mejorando en 12 segundos su mejor marca de los 18 años. Ahora ya nada 13 segundos por debajo. En un año le ha ganado 26 segundos a la prueba.
Entrenado por Bernd Berkhahn en Magdeburgo, forma parte del equipo de fondo que encabeza la clasificación mundial con nadadores, todos ellos, que han bajado de 14m14s en esta prueba y que además sobresalen en las aguas abiertas. Una de sus técnicas de entrenamiento es la de nadar a contracorriente para aumentar la frecuencia de nado con la resistencia del agua. En su grupo de entrenamiento hay nombres ilustres como el de Florian Wellbrock, el monstruo de las aguas abiertas, campeón olímpico, mundial y europeo. El mejor de la historia.
Antes de eso, Léon Marchand conquistó su primero oro individual en los 200 mariposa, una de las pruebas que le encumbraron en los Juegos de París de 2024 al destronar al cuatro veces campeón europeo y vigente campeón olímpico el húngaro Kristof Milak. Sin él en esta prueba, quien la falta de entrenamiento le ha llevado a decantarse por las pruebas de 50 y 100, le allanó el camino a un francés que no ha llegado en su mejor estado de forma por unas molestias en los abductores.
Tras los primeros cien metros, dominados por el húngaro y su compañero de entrenamiento Hubert Kos, el francés aumentó el ritmo y ya no tuvo rival (1m51s72), a más de dos segundos que la plata, que fue para el húngaro Marton (1m54s02). El bronce, remontando, se lo colgó el griego Apostolos Siskos (1m54s14). El español Arbidel González pasó cuarto en el primer 100 y estableció un nuevo récord de España (1m54s97). Fue séptimo.
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