Los aficionados exhibieron carteles ya antes de arrancar el choque de Estados Unidos y Bosnia, en el estadio de Santa Clara (California), con un mensaje claro: “Creemos en la victoria”.
Los de Pochettino sufren después de la expulsión en el minuto 64 de Balogun, autor del primer gol, pero incluso anotan otro tanto en pleno cerco de los bosnios, el primer equipo del Viejo Continente al que ganan tras acumular diez derrotas consecutivas
Los aficionados exhibieron carteles ya antes de arrancar el choque de Estados Unidos y Bosnia, en el estadio de Santa Clara (California), con un mensaje claro: “Creemos en la victoria”.
La selección estadounidense llegó a las rondas eliminatorias del mundial con impulso y una fe ciega en sus posibilidades. Alienta incluso el sueño de atesora el cetro mundial el 19 de julio. Soñar es gratis. Y el cuento sumó más páginas en la mitología sobre la escuadra de Mauricio Pochettinno.
Esa confianza se vio reforzada porque tras unas dolencias, Pulisic, el Capitán América, regresó al equipo titular. Los estadounidenses presionaron desde la salida y se impusieron por 2-0 con goles de Balogun, el tercero en lo que va de campeonato, y Tilman.
Los locales resistieron pese a que en el minuto 64 se quedaron con diez. El árbitro pitó falta de Balogun. Pero el VAR avisó al colegiado. El goleador había pegado un pisotón brutal sobre el tobillo de Muharemovic. A pesar de esa pérdida, Tilman transformó un tiro directo en el 82, lo que sentenció el partido.
Los minutos finales fueron de agobio, pero EE.UU. fue Numancia.
No importaba que, hasta ahora, los equipos europeos hubieran sido su kriptonita en su recorrido. EE.UU. acumulaba diez derrotas consecutivas frente a selecciones de Europa hasta esta fecha. La actual sequía se remontaba a la Copa del Mundo del 2022, cuando los de las barras y las estrellas recibieron una lección de fútbol total y de eficacia de cara al gol por parte de Países Bajos, que se impuso por 3-1 en los octavos de final.
Ahí empezó esta racha que, más o menos, con la boca más grande o menos, todos daban por seguro que se iba a romper frente a Bosnia, el equipo del Viejo Continente con el peor ranking del torneo, aunque juegan este mundial tras eliminar a Italia. Su nivel lo compararon al de Australia, escuadra a la que los estadounidenses batieron por 2-0 en la fase de grupos.
El júbilo se tradujo en concentraciones de aficionados para seguir el partido por todas las ciudades del país, muestra del interés que de repente ha despertado la selección nacional bajo esa narrativa victoriosa que lleva a hablar de que EE.UU. compite por el título.
No existen comparaciones puesto que nunca había habido una ronda de dieciseisavos, pero en la era moderna solo una vez, en ese 2002, habían lograron ganar un partido de eliminatoria, tras la fase de grupos, y pasar de la ronda de octavos. Entonces cayeron en cuartos contra Alemania.
Su victoria también sirve para no hacer un ridículo comparativo con los otros dos países organizadores de Norteamérica, y más en vísperas del 4 de julio, en un año que se celebra el 250 aniversario de Estados Unidos. En un momento en el que el gobierno de Donald Trump ataca y ridiculiza a Canadá y México, habría sido una vergüenza patriótica ser el primero de ese trío que se marchara a casa.
Y sería un mal trago para Gianni Infantino, el jefe de la FIFA y uno de los fans más convencidos de Trump, para el que se inventó un premio de la paz con el objetivo de compensar su frustración por no haber recibido el Nobel. Infantino estaba en la tribunal de Santa Clara sentado junto al secretario de Comercio, Howard Lutinick, el brazo armado de los aranceles de la Casa Blanca que han puesto en jaque el sistema global.
El choque fue durante mucho tiempo un monólogo de los locales, con los visitantes tratando de achicar agua por todas las grietas de su defensa. Los estadounidense tuvieron un dominio que se sitúo bastante por encima del 60% desde el inicio, auque la primera ocasión correspondió al bosnio Demiroviz, tras una asistencia del veterano Dzeko, el jugador más reconocido de los bosnios.
El gol de Estados Unidos llevó tiempo cocinándose. Se produjo en el minuto 45. Era un premio merecido y no fue extraño que lo firmara Balogun, su rematador más afilado y el jugador más activo en lo que iba de partido. Ya había anotado otro, pero lo anularon por fuera de juego. En el descuento de la primera parte aún realizó un disparo que repelió el larguero.
La reanudación mantuvo el mismo tono. EE.UU. al ataque y los de Bosnia agazapados atrás. A los poco minutos el entrenador Sergej Barbarez hizo tres sustituciones. Uno de los que dejó el césped fue Dzeko, algo tocado y uno de los que entró fue Esmir Bajraktarevic. Es uno de esos casos curiosos.
Nació en Appleton (Wisconsin), de padres bosnios, y después de pasar por las categorías inferiores de EE.UU. y debutar en un partido con el entorchado estadounidense, solicitó la transferencia de federación y decidió jugar con el país de origen de su familia.
Todo mutó con la expulsión de Balogun. Los bosnios tomaron el control. Hicieron acercamientos peligrosos. Barbarez ordenó las otras dos sustituciones. Relevó a defensas por atacantes. Eso propició los contraataques locales. En uno de estos, Dest fue agarrado al borde del área y Tilman ejecutó con precisión. Hubo tiempo para que el público le dedicará una gran ovación a Pulisic cuando salió del campo a falta de tres minutos.
Bosnia incrementó su presión en ese tramo final, pero ni por esas logró anotar, bajo un griterío ensordecedor del “USA, USA”.
Así que la burbuja de la euforia se reforzó este miércoles con la épica de jugar con diez y aumentar incluso el marcador. Estados Unidos ganó así a un equipo europeo. El próximo lunes le espera en Seattle otro, Bélgica, aunque con más calidad individual y argumentos ofensivos.
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