El 4 de enero del 2001 la televisión pública portuguesa, RTP, vivió una jornada dramática cuando Manuel Subtil, quien tenía un contencioso con el canal, se atrincheró durante ocho horas en un baño de la emisora amenazando con hacerla saltar por los aires con explosivos. La crisis tuvo un final feliz, relatado esa misma noche por un joven mando de la Policía Judicial (PJ), Luís Neves. Fue el salto a la fama de quien en los últimos lustros se proyectó como el superpolicía responsable de abortar el intento de ETA de asentarse en el país vecino, de desarticular una milicia neonazi o por perseguir a mafiosas y corruptos.
El titular del Ministerio del Interior de Portugal, contra las cuerdas tras llegar al cargo en febrero con un alto prestigio
El 4 de enero del 2001 la televisión pública portuguesa, RTP, vivió una jornada dramática cuando Manuel Subtil, quien tenía un contencioso con el canal, se atrincheró durante ocho horas en un baño de la emisora amenazando con hacerla saltar por los aires con explosivos. La crisis tuvo un final feliz, relatado esa misma noche por un joven mando de la Policía Judicial (PJ), Luís Neves. Fue el salto a la fama de quien en los últimos lustros se proyectó como el superpolicía responsable de abortar el intento de ETA de asentarse en el país vecino, de desarticular una milicia neonazi o por perseguir a mafiosas y corruptos.
Ahora Neves está contra las cuerdas por una serie de escándalos al frente del Ministerio del Interior que dirige, sobre todo por un tráiler tuneado para producir droga sintética que debía ser destruido y acabó en las instalaciones de un empresario amigo suyo, que trabajaba para la PJ y que le hizo obras, sin licencia, en su finca del Alentejo.
El 21 de febrero el primer ministro, el conservador Luís Montenegro, dio la campanada al escoger como su tercer ministro del Interior en sus menos de dos años a Luís Neves. Se había destacado por contradecir el discurso del Gobierno sobre la relación entre delincuencia e inmigración y combatir así la línea del líder ultra André Ventura, lo que desató una catarata de elogios, sobre todo de la oposición de centroizquierda.
En aquella primera aparición pública del 2001 este licenciado en Derecho nacido en Castelo Branco en 1965 ya exhibió sus habilidades de comunicación. Como miembro de un cuerpo especial como la PJ, dedicada al combate del crimen organizado, terrorismo, narcotráfico y corrupción , Neves comparecía ante los medios de paisano, no uniformado como otros mandos policiales, con una imagen muy cuidada.
“Durante más de 30 años de servicio público investigué crímenes particularmente graves y me enfrenté a organizaciones delictivas nacionales e internacionales”, afirmó Neves en su rueda de prensa del 29 de julio, con la que, tras dos semanas de silencio, trató de atajar la crisis, sin lograrlo. “No siempre acerté, pero siempre estuve del lado del bien”, remachó.
En ese combate contra el mal se incluye la labor que efectuó en la primera década de este siglo, al frente de la rama antiterrorista de la PJ, para frustrar el intento de ETA de asentarse en Portugal.
Neves jugó un papel clave en desarticular la estructura que ETA montó en Portugal hace dos decenios
En febrero del 2010 los agentes descubrieron en Óbidos, al norte de Lisboa, la principal base de ETA en Portugal, una fábrica de bombas. Diogo Noivo, autor del libro Una historia de ETA: Nación y violencia en España y Portugal, explicó a a la RTP que el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dijo que “si no se hubiese descubierto la casa de Óbidos, las policías española y francesa habrían enloquecido”. La desarticulación de esa estructura llevó a Neves a recibir varias condecoraciones españolas.
La hoja de servicios, sin embargo, no le ha servido para contener la crisis. No sólo está siendo investigado por la fiscalía por el tráiler que guardaba su amigo constructor João dos Santos Carvalho, en una actuación que Neves considera un “puro acto de buena gestión” que le ahorró mucho dinero al Estado, sino que una compañera de gabinete, la ministra de Justicia, está auditando su gestión al frente de la PJ. Y el Partido Socialista, al principio muy cauteloso, ya habla de “una situación que supera el límite de lo admisible”.
El cerco sobre el antiguo superpolicía cada vez se estrecha más. Los comentaristas políticos tienden a darlo por amortizado, si bien algunos señalan dos elementos que frenarían su destitución. Uno de ellos es obvio: está al frente del dispositivo de lucha contra los incendios. El otro es más vidrioso: Neves puede acumular mucha información sobre el propio primer ministro, acerca de los casos que investigó la PJ con él al frente, el de la consultora Spinumviva y el de la muy polémica casa de Montenegro en su pueblo.
Esa posible colusión de intereses ya la criticó, poco después del nombramiento, el gran látigo del actual primer ministro, su correligionario y antiguo jefe de filas Pedro Passos Coelho, como también había hecho Transparencia Internacional, por creer que el salto de la PJ al Gobierno quiebra las costuras del sistema institucional .
Ante las críticas por las obras del constructor amigo suyo, Neves se defiende diciendo que se trata de actuaciones incorrectas, pero habituales para multitud de portugueses. Sin embargo, el escándalo tiene elementos corrosivos para el ya maltrecho régimen democrático, no sólo porque muestra el bajo grado de control que hay sobre amplias áreas del Estado, sino porque refuerza la tesis de la ultraderecha de una podredumbre generalizada.
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