Venezuela vive un duelo, el de haber perdido a más de 3.500 personas por un doble terremoto y, también el de curar las heridas físicas de otras 11.000. Porque luego están las heridas del alma, y esas a ver quién las alivia. Madrid ha decidido intentarlo o, al menos, acompañar desde la distancia a quienes las sufren. Lo ha hecho, aprovechando la tregua de una lluvia imprevista, cuando pasaban las 19.30 horas en la Puerta del Sol. Aunque se continuó el acto simbólico, lo que en un principio se había preparado fue retrasado por las inclemencias del tiempo.«Héroes, gracias, dios los bendiga», coreaban las decenas de venezolanos congregados cuando salía el ERICAM (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid). Posaban ante las cámaras enfundados en sus polos rojos, que cubrían los mismos cuerpos que viajaron a Venezuela a socorrer tras el doble temblor. Salieron de Madrid el mismo día que la tierra se rebeló y llegaron allí el segundo. Fueron, en total, diez jornadas de rescate. «No te queda otra que tener esperanza, tienes que tener ese espíritu», contaba Lorenzo Pérez Peña, jefe del operativo de ERICAM en Venezuela. Les acompañaron en su trabajo, como también esta tarde, sus habituales compañeros dos nerviosos perros de raza pastor belga. Portaban en sus patas las vendas que traían de accidentarse en Venezuela, el recuerdo de sus almohadillas sobre los escombros. Eran Perro y Bowie, que no cesaban en su empeño de lamer los rostros de quienes sujetaban sus correas, de saludar a quienes pasaban por delante. Sus dueños contaban que la elección de estos animales es cuestión de genética y que, aunque nada te prepara para la realidad de un terremoto, ellos no comprenden el nivel de estrés que puede llegar a ser para un humano. Este cuerpo de 40 miembros, entre bomberos, caninos y médicos, ha liberado de entre los escombros a 14 personas.Noticia relacionada general No No Venezolanos en España buscan con angustia a sus familiares: «Cada minuto es más desesperante» Amina OuldEl que estos hombres y mujeres recibían era el mayor aplauso. Los congregados, con apretones de manos y abrazos, les daban sus fuerzas. «No hacemos sino llorar, no tenemos lágrimas», contaban Nubia y Amparo, dos venezolanas residentes en Madrid. Y lo decían, a pesar de todo, con una sonrisa. Durante días no pudieron contactar con sus allegados, familiares y amigos que todavía siguen allí. Lo mismo le ocurrió a Ángeles, una joven que acude sola, con la única compañía de una bandera de su patria que envuelve sus hombros. «Tengo varios amigos desaparecidos, es muy triste pero esto es una curita para mí corazón», recordaba, con las mejillas encendidas y la voz entrecortada, como no queriendo hablar más. Otra asistente, Cenaida, vio temblar Venezuela desde Madrid a través de una videollamada: «Pero no imaginábamos que iba a ser esta catástrofe». «Yo quisiera estar con ellos, abrazarlos, compartir», dice, pero debe hacerlo desde la distancia.Aplaudían también los asistentes a Edmundo González, presidente electo de Venezuela, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con quienes se hacían fotos a su salida de la Real Casa de Correos. «Ahí viene nuestro presidente», le decían a él. Antes, ambos líderes se reunieron para analizar la situación y las acciones coordinadas con la Comunidad de Madrid. Fuera, con un cielo que amenazaba volverse a caer, una joven agente del ERICAM abrazaba a la líder regional, no la soltaba, y lloraba. Lo mismo hacía instantes después con el político exiliado Antonio Ledezma, también reunido en el acto. «Es un doble dolor estar lejos de la patria sabiendo que la tierra se ha tragado a tantos compatriotas, que hay gente tratando de sobrevivir y sabiendo que necesitan aliento para levantarse», decía, en declaraciones a este periódico. Desde Madrid, como él, hay quienes viven la tragedia desde el exilio.La presidenta de la Comunidad de Madrid abraza a una agente del ERICAM. Tania SieiraLa presidenta de la Comunidad, el presidente electo de Venezuela y los consejeros de Madrid entraron después al interior de la sede de su presidencia. Una banda de músicos venezolanos tocó para ellos instrumentos de cuerda y air. Era lo poco que podía recuperarse de un acto aplazado hasta nuevo aviso. Lo hacían en bajo techo, después de que los operarios de la limpieza quitaran, en vano, el agua de las sillas de la orquesta que tendría que haberse escuchado en el centro de Madrid. Sus notas quedaban atrapadas entre las paredes. Venezuela vive un duelo, el de haber perdido a más de 3.500 personas por un doble terremoto y, también el de curar las heridas físicas de otras 11.000. Porque luego están las heridas del alma, y esas a ver quién las alivia. Madrid ha decidido intentarlo o, al menos, acompañar desde la distancia a quienes las sufren. Lo ha hecho, aprovechando la tregua de una lluvia imprevista, cuando pasaban las 19.30 horas en la Puerta del Sol. Aunque se continuó el acto simbólico, lo que en un principio se había preparado fue retrasado por las inclemencias del tiempo.«Héroes, gracias, dios los bendiga», coreaban las decenas de venezolanos congregados cuando salía el ERICAM (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid). Posaban ante las cámaras enfundados en sus polos rojos, que cubrían los mismos cuerpos que viajaron a Venezuela a socorrer tras el doble temblor. Salieron de Madrid el mismo día que la tierra se rebeló y llegaron allí el segundo. Fueron, en total, diez jornadas de rescate. «No te queda otra que tener esperanza, tienes que tener ese espíritu», contaba Lorenzo Pérez Peña, jefe del operativo de ERICAM en Venezuela. Les acompañaron en su trabajo, como también esta tarde, sus habituales compañeros dos nerviosos perros de raza pastor belga. Portaban en sus patas las vendas que traían de accidentarse en Venezuela, el recuerdo de sus almohadillas sobre los escombros. Eran Perro y Bowie, que no cesaban en su empeño de lamer los rostros de quienes sujetaban sus correas, de saludar a quienes pasaban por delante. Sus dueños contaban que la elección de estos animales es cuestión de genética y que, aunque nada te prepara para la realidad de un terremoto, ellos no comprenden el nivel de estrés que puede llegar a ser para un humano. Este cuerpo de 40 miembros, entre bomberos, caninos y médicos, ha liberado de entre los escombros a 14 personas.Noticia relacionada general No No Venezolanos en España buscan con angustia a sus familiares: «Cada minuto es más desesperante» Amina OuldEl que estos hombres y mujeres recibían era el mayor aplauso. Los congregados, con apretones de manos y abrazos, les daban sus fuerzas. «No hacemos sino llorar, no tenemos lágrimas», contaban Nubia y Amparo, dos venezolanas residentes en Madrid. Y lo decían, a pesar de todo, con una sonrisa. Durante días no pudieron contactar con sus allegados, familiares y amigos que todavía siguen allí. Lo mismo le ocurrió a Ángeles, una joven que acude sola, con la única compañía de una bandera de su patria que envuelve sus hombros. «Tengo varios amigos desaparecidos, es muy triste pero esto es una curita para mí corazón», recordaba, con las mejillas encendidas y la voz entrecortada, como no queriendo hablar más. Otra asistente, Cenaida, vio temblar Venezuela desde Madrid a través de una videollamada: «Pero no imaginábamos que iba a ser esta catástrofe». «Yo quisiera estar con ellos, abrazarlos, compartir», dice, pero debe hacerlo desde la distancia.Aplaudían también los asistentes a Edmundo González, presidente electo de Venezuela, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con quienes se hacían fotos a su salida de la Real Casa de Correos. «Ahí viene nuestro presidente», le decían a él. Antes, ambos líderes se reunieron para analizar la situación y las acciones coordinadas con la Comunidad de Madrid. Fuera, con un cielo que amenazaba volverse a caer, una joven agente del ERICAM abrazaba a la líder regional, no la soltaba, y lloraba. Lo mismo hacía instantes después con el político exiliado Antonio Ledezma, también reunido en el acto. «Es un doble dolor estar lejos de la patria sabiendo que la tierra se ha tragado a tantos compatriotas, que hay gente tratando de sobrevivir y sabiendo que necesitan aliento para levantarse», decía, en declaraciones a este periódico. Desde Madrid, como él, hay quienes viven la tragedia desde el exilio.La presidenta de la Comunidad de Madrid abraza a una agente del ERICAM. Tania SieiraLa presidenta de la Comunidad, el presidente electo de Venezuela y los consejeros de Madrid entraron después al interior de la sede de su presidencia. Una banda de músicos venezolanos tocó para ellos instrumentos de cuerda y air. Era lo poco que podía recuperarse de un acto aplazado hasta nuevo aviso. Lo hacían en bajo techo, después de que los operarios de la limpieza quitaran, en vano, el agua de las sillas de la orquesta que tendría que haberse escuchado en el centro de Madrid. Sus notas quedaban atrapadas entre las paredes.
Venezuela vive un duelo, el de haber perdido a más de 3.500 personas por un doble terremoto y, también el de curar las heridas físicas de otras 11.000. Porque luego están las heridas del alma, y esas a ver quién las alivia. Madrid ha decidido intentarlo … o, al menos, acompañar desde la distancia a quienes las sufren. Lo ha hecho, aprovechando la tregua de una lluvia imprevista, cuando pasaban las 19.30 horas en la Puerta del Sol. Aunque se continuó el acto simbólico, lo que en un principio se había preparado fue retrasado por las inclemencias del tiempo.
«Héroes, gracias, dios los bendiga», coreaban las decenas de venezolanos congregados cuando salía el ERICAM (Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid). Posaban ante las cámaras enfundados en sus polos rojos, que cubrían los mismos cuerpos que viajaron a Venezuela a socorrer tras el doble temblor. Salieron de Madrid el mismo día que la tierra se rebeló y llegaron allí el segundo. Fueron, en total, diez jornadas de rescate.
«No te queda otra que tener esperanza, tienes que tener ese espíritu», contaba Lorenzo Pérez Peña, jefe del operativo de ERICAM en Venezuela. Les acompañaron en su trabajo, como también esta tarde, sus habituales compañeros dos nerviosos perros de raza pastor belga. Portaban en sus patas las vendas que traían de accidentarse en Venezuela, el recuerdo de sus almohadillas sobre los escombros. Eran Perro y Bowie, que no cesaban en su empeño de lamer los rostros de quienes sujetaban sus correas, de saludar a quienes pasaban por delante. Sus dueños contaban que la elección de estos animales es cuestión de genética y que, aunque nada te prepara para la realidad de un terremoto, ellos no comprenden el nivel de estrés que puede llegar a ser para un humano. Este cuerpo de 40 miembros, entre bomberos, caninos y médicos, ha liberado de entre los escombros a 14 personas.
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El que estos hombres y mujeres recibían era el mayor aplauso. Los congregados, con apretones de manos y abrazos, les daban sus fuerzas. «No hacemos sino llorar, no tenemos lágrimas», contaban Nubia y Amparo, dos venezolanas residentes en Madrid. Y lo decían, a pesar de todo, con una sonrisa. Durante días no pudieron contactar con sus allegados, familiares y amigos que todavía siguen allí. Lo mismo le ocurrió a Ángeles, una joven que acude sola, con la única compañía de una bandera de su patria que envuelve sus hombros. «Tengo varios amigos desaparecidos, es muy triste pero esto es una curita para mí corazón», recordaba, con las mejillas encendidas y la voz entrecortada, como no queriendo hablar más. Otra asistente, Cenaida, vio temblar Venezuela desde Madrid a través de una videollamada: «Pero no imaginábamos que iba a ser esta catástrofe». «Yo quisiera estar con ellos, abrazarlos, compartir», dice, pero debe hacerlo desde la distancia.
Aplaudían también los asistentes a Edmundo González, presidente electo de Venezuela, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con quienes se hacían fotos a su salida de la Real Casa de Correos. «Ahí viene nuestro presidente», le decían a él. Antes, ambos líderes se reunieron para analizar la situación y las acciones coordinadas con la Comunidad de Madrid. Fuera, con un cielo que amenazaba volverse a caer, una joven agente del ERICAM abrazaba a la líder regional, no la soltaba, y lloraba. Lo mismo hacía instantes después con el político exiliado Antonio Ledezma, también reunido en el acto. «Es un doble dolor estar lejos de la patria sabiendo que la tierra se ha tragado a tantos compatriotas, que hay gente tratando de sobrevivir y sabiendo que necesitan aliento para levantarse», decía, en declaraciones a este periódico. Desde Madrid, como él, hay quienes viven la tragedia desde el exilio.

(Tania Sieira)
La presidenta de la Comunidad, el presidente electo de Venezuela y los consejeros de Madrid entraron después al interior de la sede de su presidencia. Una banda de músicos venezolanos tocó para ellos instrumentos de cuerda y air. Era lo poco que podía recuperarse de un acto aplazado hasta nuevo aviso. Lo hacían en bajo techo, después de que los operarios de la limpieza quitaran, en vano, el agua de las sillas de la orquesta que tendría que haberse escuchado en el centro de Madrid. Sus notas quedaban atrapadas entre las paredes.
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