Pese a la magnitud del desastre en términos medioambientales y de daño económico, las autoridades del departamento francés de Gironde (Burdeos) se sienten satisfechas de que no haya habido, que se tenga constancia, ni muertos ni heridos entre la población por culpa del gigantesco incendio forestal que devastó 42.000 hectáreas y en la compleja logística de protección civil. La otra noticia positiva es que más de 200.000 evacuados han podido ya regresar a sus hogares en los últimos días.
Las autoridades destacan que no hayni muertos ni heridos entre la población
Pese a la magnitud del desastre en términos medioambientales y de daño económico, las autoridades del departamento francés de Gironde (Burdeos) se sienten satisfechas de que no haya habido, que se tenga constancia, ni muertos ni heridos entre la población por culpa del gigantesco incendio forestal que devastó 42.000 hectáreas y en la compleja logística de protección civil. La otra noticia positiva es que más de 200.000 evacuados han podido ya regresar a sus hogares en los últimos días.
La prefecta de Gironde, Sophie Brocas, destacó ayer el milagroso balance humano de la catástrofe, si bien llamó a la prudencia porque el fuego todavía no está extinguido y subsiste el peligro, como demostró hace unos días la reactivación del incendio de Fontainebleau, semanas después de que se diera casi por apagado. Brocas aprovechó para recordar que más de 330 bomberos resultaron heridos o intoxicados en la titánica lucha durante jornadas interminables. Tres bomberos perdieron la vida en otros lugares de Francia.
Regenerar los bosques quemados supone un reto para adaptarse al cambio climático y evitar errores
La emergencia por los incendios está lejos de haber concluido. Persiste una situación todavía complicada en el departamento de Var (Toulon), en la costa mediterránea, no muy lejos de Fort de Brégançon, la residencia presidencial de verano donde Emmanuel Macron, su esposa Brigitte y los hijos y nietos de ésta pasan las vacaciones. Hubo que evacuar a 2.500 personas del macizo de Gros Bessillon al reavivarse las brasas debido al fuerte viento de mistral, de un incendio que ya había consumido 4.500 hectáreas.
La nefasta temporada de incendios está abriendo un debate sobre qué deberá hacerse ante un problema que amenaza con agravarse y convertirse en algo endémico. En el caso de los bosques de Gironde y las Landas, se extiende la idea de que habrá que evaluar muy bien, y seguramente cambiar, las especies de árboles que se replanten, así como la amplitud de los cortafuegos y la distancia de seguridad con las edificaciones.
El propio presidente de la República, cuando se desplazó a Burdeos el lunes pasado, avanzó que se tendría que “reconstruir el bosque de manera diferente”, teniendo en cuenta la nueva realidad que impone el cambio climático, con periodos caniculares cada vez más frecuentes e intensos. En Gironde y las Landas predominan los de densos bosques de pinos atlánticos, muy resinosos e inflamables. Aunque es una especie autóctona, fue la mano del hombre, hace más de un siglo, la que la multiplicó mucho más allá de su presencia natural, para secar zonas pantanosas y explotar la madera. Habrá que pensar cuánto se replanta, de qué tipo, y si se recuperan algunas zonas húmedas de antaño.
Según el investigador de la genética forestal Christophe Plomion, citado por el diario Le Figaro , hay que ser paciente para observar la evolución de las zonas quemadas y no precipitarse ni a extraer de modo generalizada y rápido los restos de todos los árboles destruidos ni a replantar de inmediato. Después del fuego, los bosques pueden afrontar otras amenazas como coleópteros que atacan los jóvenes pinos replantados o los que han sobrevivido. La lucha por salvar los bosques, por tanto, puede prolongarse mucho más allá de que los bomberos hayan ganado su batalla.
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