Ese Real Madrid carnívoro, que no deja restos de sus rivales ni para las hienas, asomó por momentos en el estreno de la temporada en el Bernabéu ante una Real Sociedad que venía de ganar la Copa, de resucitar con Matarazzo y de festejar el título mundial de su capitán Mikel Oyarzabal (4-1). En otros contextos, la Real, como lo fue la semana pasada el Espanyol, se le hubiera atragantado al Madrid; parece que eso no va a suceder con Mourinho, quien agitó a sus muchachos al descanso y resolvieron el partido con claridad, levantando a los suyos de sus asientos cuando sus mejores jugadores se encontraban y a la vez encontraban los espacios.
Después del 1-1 en el primer tiempo ante la Real Sociedad, el equipo blanco dio un paso adelante y destrozó en apenas 20 minutos a los txuri-urdin
Ese Real Madrid carnívoro, que no deja restos de sus rivales ni para las hienas, asomó por momentos en el estreno de la temporada en el Bernabéu ante una Real Sociedad que venía de ganar la Copa, de resucitar con Matarazzo y de festejar el título mundial de su capitán Mikel Oyarzabal (4-1). En otros contextos, la Real, como lo fue la semana pasada el Espanyol, se le hubiera atragantado al Madrid; parece que eso no va a suceder con Mourinho, quien agitó a sus muchachos al descanso y resolvieron el partido con claridad, levantando a los suyos de sus asientos cuando sus mejores jugadores se encontraban y a la vez encontraban los espacios.
Tres goles de Mbappé, a quien le da igual quien esté en el banquillo, si llueve o hace sol, y otro de Vinícius, cuyo runrún no desaparece, mantienen a los blancos invictos, unidos por los hilos de Valverde, Güler y Bernardo Silva. Y especialmente Bellingham.
No hubo demasiado folclore en la vuelta de Mourinho al Bernabéu 13 años después. Así lo quería el portugués. Quizás porque el huracán de su fichaje queda apaciguado por el sonido de ambiente de una grada desencantada por lo sucedido el curso pasado, que prefiere primero observar y luego premiar los cambios. Por eso, cinco minutos antes de que Mbappé anotara el 1-0 (minuto 40), se escucharon unos silbidos, con un Madrid atascado en ataque, poco intenso en la presión y dejando a la Real que se le subiera a las barbas. Sergio Gómez, tras pase de Oyarzabal, enganchó una volea muy estética que rozó el palo de Courtois. Primer aviso serio. Era el minuto 34.
Pero el Madrid es experto en revertir estados de ánimo. Y el delantero francés se estrenó en el campeonato con un gol que lleva su sello: recibió en el área, controló en carrera con la derecha y remató a la escuadra con la zurda. Media diana fue de Fede Valverde. Ya había dicho Mourinho que lo quería en mediocampo y demostró por qué. Sin creatividad para dar el último pase con Güler y Bernardo Silva demasiado marcados, una conducción del uruguayo le permitió descorchar a Mbappé. En este fútbol las conducciones empiezan a ser la mejor ecuación para resolver la incógnita en sistemas defensivos complejos. Mbappé, Vinícius y el propio Valverde encontraron en sus piernas los caminos que el cerebro se negaba a ver.
La alegría, eso sí, le duró poco a los blancos. Síntoma de que al equipo de Mourinho le queda trecho.
Un balón a la espalda de Konaté, imperial hasta esa acción, acabó rechazado en el costado derecho donde Sučić se anticipó a Carreras y no perdonó de zurda (1-1). Todo volvía al mismo sitio del comienzo tras un primer tiempo de momentos. El Madrid avasalló diez minutos, luego la Real equilibró con posesiones largas.
Pero todo cambió tras el descanso. Güler centró su posición, los blancos aumentaron la intensidad de la presión y la Real se desequilibró. El partido se convirtió en una selva de idas y venidas, y allí Mbappé es el rey.
A la hora de juego, remachó con la derecha una pared con Bellingham en una baldosa. No solo corre, el Madrid también combina. Seis minutos después, una presión efectiva le cayó al inglés, que esta vez asistió a un Vinícius, que se reconcilió por momentos. Con el 3-1, el Madrid comenzó el carrusel de cambios; también la Real, desdibujada con un ausente Kubo y sin conectar con sus atacantes.
Esta vez fue Vinícius el que encontró a Mbappé con un pase exquisito que el francés resolvió con un toque por encima de Remiro. En apenas 20 minutos tres goles con participación de los tres futbolistas que, para Mourinho, aportan más soluciones que problemas generan (4-1).
Brahim hizo el 5-1, anulado posteriormente por fuera de juego. El Madrid no se detuvo y se encontró cómodo saliendo al contraataque, un guion de partido siempre en el libreto de un Mourinho que vivió un estreno plácido y feliz, en un segundo plano, aunque los focos lo siguieran apuntando a él más, incluso, al propio Mbappé.
Deportes
