Un Mundial para mortales, para valientes, para héroes antes que ciclistas. Un Mundial maravilloso, extenuante, abominable. Una carrera de más de seis horas de esfuerzo para 273,4 kilómetros, los últimos 170 con un desnivel de 3.800 metros. Mil y una batallas que superar antes de levantar el puño. Fue el estadounidense Brandon McNulty, quien más por pericia que por fuerzas, logró imponerse por sorpresa en una de las carreras más emocionantes de los últimos años. Atacó el de UAE (sí, es compañero de Tadej Pogacar) a 33 km de la meta cuando las fuerzas escaseaban entre los favoritos y su persistencia fue suficiente para llevarle a la gloria, para lograr el gran sueño americano. 33 años después de la victoria de Lance Armstrong ante Miguel Indurain, un estadounidense volverá a llevar el maillot arcoíris.
El estadounidense se impone en una de las ediciones más duras y emocionantes de los últimos años
Un Mundial para mortales, para valientes, para héroes antes que ciclistas. Un Mundial maravilloso, extenuante, abominable. Un Mundial de más de seis horas de esfuerzo para 278 kilómetros, los últimos 170 con un desnivel de 3.800 metros de desnivel. Mil y una batallas que superar antes de ganar una guerra por eliminación. Fue estadounidense Brandon McNulty, quien más por pericia que por fuerzas, logró imponerse en una de las carreras más emocionantes de los últimos años. Atacó el de UAE a 33 km de la meta cuando las fuerzas escaseaban entre los favoritos y su persistencia fue suficiente. 33 años después de la victoria de Lance Armstrong ante Indurain, un estadounidense volverá a llevar el maillot arcoíris.
Sin la presencia del mesías todopoderoso en que se ha convertido Tadej Pogacar, el Mundial fue la clásica de las clásicas. Una batalla entre humanos con muertes y resurrecciones constantes a la que acudieron para batirse en cuerpo a cuerpo la flor y nata del pelotón internacional. Una carnicería que se cocinó a fuego lento y que encendió Van der Poel a falta de 98 kilómetros de la meta con un ataque que tuvo en jaque durante 65 kilómetros a los grandes favoritos.
Acompañado de Roglic, Van Aert y Onley, el extraordinario neerlandés mantuvo a raya un pelotón en el que Del Toro y Paul Seixas querían demostrar su enorme potencial. Después de un diluvio de ataques sin éxito, fueron los dos sub-23 que pelean con los seniors quienes engulleron a Van der Poel en primera persona. En esa última pelea se dio por vencido Juan Ayuso, hasta ese momento siempre presente en carrera. También Evenepoel, renqueante durante todo el día, daba su brazo a torcer.
En el grupo delantero sobrevivían dos corredores, aunque un reguero de ciclistas intentaba sumarse. Cuando Del Toro logró que el pelotón neutralizase a Van der Poel, atacó Brandon McNulty en el llano. Uno de esos movimientos inesperados que resultó ganador gracias al poderío de un rodador como el estadounidense.
Nunca más pudieron atraparle. Los favoritos se habían quedado sin fuerzas. De pronto, Seixas, que terminó desfondado, tenía calambres. Del Toro estaba vacío. El británico Pidcock y el irlandés Healy fueron los que más lo intentaron. También Van der Poel, que nunca se desconectó de la carrera.
La consistencia de McNulty en los últimos kilómetros fue inalcanzable para los perseguidores, que llegaron a unos pocos segundos, con el australiano Matthews ganando el sprint y llevándose la plata y Matheu Van der Poel el bronce. El mexicano Del Toro terminó quinto, Evenepoel duodécimo y Juan Ayuso, decimotercero.
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