A sus 75 años y en el cuarto intento de llegar al Elíseo, Jean-Luc Mélenchon se siente más fuerte que nunca y con grandes posibilidades, según los sondeos, de acceder por primera vez a la ronda final de las elecciones presidenciales, previstas para el 2 de mayo del próximo año, y afrontar el duelo con Marine Le Pen.
El líder de La Francia Insumisa ya se ve finalista en las presidenciales
A sus 75 años y en el cuarto intento de llegar al Elíseo, Jean-Luc Mélenchon se siente más fuerte que nunca y con grandes posibilidades, según los sondeos, de acceder por primera vez a la ronda final de las elecciones presidenciales, previstas para el 2 de mayo del próximo año, y afrontar el duelo con Marine Le Pen.
El líder de La Francia Insumisa (LFI) fue arropado ayer por casi 20.000 incondicionales en Le Bourget, al norte de París, en la presentación de su programa. Mélenchon cabalga sin duda sobre la ola de las protestas de las últimas semanas y de un apoyo muy sólido entre los jóvenes y en los suburbios de las grandes ciudades con alta densidad de población inmigrante de origen magrebí o subsahariano.
A LFI se la solía catalogar de “izquierda radical”, aunque el Consejo de Estado aceptó hace unos meses, pese a la queja del partido, que pueda usarse incluso en documentos oficiales la etiqueta de “extrema izquierda”. En cualquier caso, sus propuestas no han bajado ni un ápice en radicalidad y el propio Mélenchon presumió de ello en su discurso de Le Bourget.
Si logra el poder, Mélenchon prevé una fuerte subida del salario mínimo, el bloqueo de precios de productos básicos y otras medidas sociales contundentes, además de un combate sin cuartel contra el racismo. A Nueva Caledonia –el archipiélago bajo soberanía francesa en el Pacífico sur– le concedería la independencia. En el ámbito internacional, preconiza la salida de la OTAN, el liderazgo francés en un polo de no alineados y “un desarme nuclear del planeta, región por región”. En su intervención dejó claro también que París no se implicaría militarmente en Ucrania porque, “si somos beligerantes con una nación que tiene el arma nuclear [Rusia], un solo golpe y Francia ya no existe”.
El horizonte de Mélenchon es un cambio de régimen y el nacimiento de la VI República. El candidato utilizó el concepto “nueva Francia”, acuñado por LFI después de su gran triunfo en las últimas municipales en ciudades de la periferia parisina como Saint-Denis y que alude al carácter cada vez más multiétnico y mestizo de la sociedad francesa contemporánea. Esa idea disgusta profundamente a los sectores conservadores y a la extrema derecha, cuyo rasgo más definitorio es el nacionalismo identitario.
Mélenchon ya dio la sorpresa en el 2022, cuando quedó tercero, solo 1,20 puntos porcentuales por detrás de Le Pen (21,95% él, 23,15% ella) en la primera vuelta. Visto su empuje actual y la división entre las fuerzas moderadas de centro, derecha e izquierda, el líder de LFI se halla muy bien colocado para quedar segundo esta vez y situar a los votantes ante el dilema de escoger entre él o la extrema derecha, un escenario inédito y lleno de riesgos para un país en una situación financiera frágil e imprescindible para mantener vivo el proyecto de construcción europea.
Las nuevas protestas de ayer en Francia, por cuarto sábado consecutivo, perdieron intensidad, según las cifras de participación dadas tanto por
el Gobierno como por los sindicatos. La policía detuvo a dos líderes de los chalecos amarillos en la concentración no autorizada en la plaza de la Concordia, en París. Al final de la marcha autorizada en la capital hubo choques entre los antidisturbios y manifestantes violentos.
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