Esta semana el diario El Mundo ha publicado “Nunca es solo fútbol, recordadlo siempre”. Un artículo de opinión firmado por Arcadi Espada que ha causado bullicio en las redes porque estaba escrito como si España hubiera perdido la final del Mundial de fútbol, es decir, antes de conocer el resultado definitivo. Más allá de la pifia, que podemos atribuir al relajamiento vacacional, y más allá de la desenvoltura con que Espada fuerza la metáfora del fútbol para advertir hacia donde va la sociedad española, se advierte un equívoco que, por su recurrencia, me gustaría discutir.
Esta semana el diario El Mundo ha publicado “Nunca es solo fútbol, recordadlo siempre”. Un artículo de opinión firmado por Arcadi Espada que ha causado bullicio en las redes porque estaba escrito como si España hubiera perdido la final del Mundial de fútbol, es decir, antes de conocer el resultado definitivo. Más allá de la pifia, que podemos atribuir al relajamiento vacacional, y más allá de la desenvoltura con que Espada fuerza la metáfora del fútbol para advertir hacia donde va la sociedad española, se advierte un equívoco que, por su recurrencia, me gustaría discutir.Seguir leyendo…
Esta semana el diario El Mundo ha publicado “Nunca es solo fútbol, recordadlo siempre”. Un artículo de opinión firmado por Arcadi Espada que ha causado bullicio en las redes porque estaba escrito como si España hubiera perdido la final del Mundial de fútbol, es decir, antes de conocer el resultado definitivo. Más allá de la pifia, que podemos atribuir al relajamiento vacacional, y más allá de la desenvoltura con que Espada fuerza la metáfora del fútbol para advertir hacia donde va la sociedad española, se advierte un equívoco que, por su recurrencia, me gustaría discutir.

Dice Espada: “No es difícil ver en este equipo –en su devoción litúrgica por el sistema, en su miedo al desequilibrio individual, en la sumisión del talento a la coreografía, un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este país en el siglo XXI”. Una vez descontado el Barça, la selección española es el único conjunto de España que, exactamente desde Luis Aragonés, y tanto da quien la dirija (Del Bosque, Luis Enrique, De la Fuente…), ha adoptado el estilo de juego de toque y de combinación que Johan Cruyff introdujo con el Dream Team en la última década del siglo XX.
Descontando al Barça, no hay equipo que tenga un compromiso tan firme con un estilo como ‘la roja’
Descontando al Barça, no hay ningún otro equipo con un compromiso más firme con este estilo de juego que no sea la selección española. Y por mucho que la prensa internacional lo celebre como si se tratara de un hecho diferencial y generalizado en el fútbol español, de los cinco clubs principales de la Liga española –insisto, si descontamos al Barça–, no hay ninguno que se haya interesado o que lo haya querido adoptar nunca. Ni Real Madrid, ni Atlético, ni Athletic, ni Sevilla, ni Valencia. Pero el equívoco no es este.
El equívoco es intentar contraponer este estilo de juego, de posesión, de posición y de presión, con la libertad, con el talento individual y con la creatividad. Es no entender que el viejo clivaje entre juego individual y juego colectivo, entre el laissez faire y el intervencionismo, si queréis, lo resolvió Cruyff con la apuesta por la posesión, la síntesis genial que dio pie al estilo del Barça.
Una de las individualidades con más talento y creatividad del fútbol, quizá inspirada por el despliegue todoterreno de Di Stéfano, se dio cuenta de que, a fin de que el talento luciera, ante todo, tenía que tener la pelota, y en segundo término que, a fin de que este talento pudiera ser determinante, la tendría que recibir en condiciones óptimas allí donde más daño pudiera hacer. La coreografía, el sistema, están pensados para hacer lucir el talento y la creatividad en el momento exacto y en el lugar preciso. Pero tampoco hay que dar muchas más vueltas. ¿Cuántas pelotas tocó Messi en la final? 54. ¿Cuántas tocó Yamal? 89.
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