Dormimos menos, peor y más tarde que nunca. Y eso pese a estar en una época en la que sabemos, de sobra, más sobre la importancia del sueño. Aún así las estadísticas nos desvelan que uno de cada cuatro adultos no descansa bien; las mismas que revelan que España se encuentra líder del ranking de consumo de medicamentos para el descanso nocturno.Insisten los especialistas en que no solemos darle la importancia que se merece a la función del sueño, y que durante muchos años se ha considerado el hecho de dormir como una pérdida de tiempo. La privación de sueño aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, altera el normal funcionamiento del sistema inmunológico, impide la fijación de los recuerdos –el sueño y la memoria tienen una relación directa– y la limpieza del cerebro y acelera el deterioro cognitivo.«Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto»«El sueño lo cura todo pero, oye ¿por qué dormimos tan mal o por qué nos cuesta tanto dormir?», se pregunta Roser Gort, psicóloga especializada en Ciencia del Sueño y colaboradora de la Clínica del Sueño Estivil, que además es autora de ‘El sueño lo cura todo’ (Ed. Bruguera).Su respuesta apunta a una paradoja de nuestro tiempo: «Cada vez somos más productivos y nos obsesionamos más con dormir bien y eso justamente nos impide hacerlo». La especialista explica que antes la productividad se orientaba principalmente hacia fuera de casa, en el trabajo, pero ahora «somos productivos en el trabajo, en el deporte, con los amigos, con las redes sociales e incluso al volver a casa somos productivos con tener el mejor sueño del mundo».Esta obsesión por optimizar el descanso se refleja en el auge de los dispositivos que monitorizan el sueño. «A día de hoy todos medimos el sueño con nuestro reloj», señala Gort, quien añade un detalle revelador: «Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto».La hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios realesSegún la psicóloga, si se observa bien a los especialistas del sueño en vídeos, entrevistas o consultas, «no suelen ni llevar reloj ni anillo y tampoco son las personas que los promocionan». La psicóloga considera que «esta tendencia a medirlo viene más de una parte comercial que no de salud», advirtiendo que la hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios reales.Los datos respaldan la gravedad del problema. Según la Sociedad Española del Sueño, cerca del 43% de la población adulta en España tiene problemas para dormir en algún momento, y uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador.España es el país que más ansiolíticos consume en todo el mundo para intentar dormir. Solo en 2024 se prescribieron en el país más de 82 millones de ansiolíticos, hipnóticos y fármacos de la familia de las benzodiacepinas. Según datos de 2023 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en España se toman casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, una cifra 2.750 veces superior a la de Alemania.La experta recomienda establecer hábitos de relajación y limitar los estímulos externos antes de acostarse. Una de sus sugerencias es «vaciar la cabeza antes de ir a la cama»: escribir durante cinco o diez minutos lo que tenemos en mente -tareas, preocupaciones, ideas- ayuda a despejar la mente y evita que el cerebro llegue a la cama con la sensación de tener asuntos pendientes. También aconseja asociar la cama solo con dormir y, si pasan unos quince minutos sin conciliar el sueño, es mejor levantarse y volver cuando aparezca la somnolencia. Dormimos menos, peor y más tarde que nunca. Y eso pese a estar en una época en la que sabemos, de sobra, más sobre la importancia del sueño. Aún así las estadísticas nos desvelan que uno de cada cuatro adultos no descansa bien; las mismas que revelan que España se encuentra líder del ranking de consumo de medicamentos para el descanso nocturno.Insisten los especialistas en que no solemos darle la importancia que se merece a la función del sueño, y que durante muchos años se ha considerado el hecho de dormir como una pérdida de tiempo. La privación de sueño aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, altera el normal funcionamiento del sistema inmunológico, impide la fijación de los recuerdos –el sueño y la memoria tienen una relación directa– y la limpieza del cerebro y acelera el deterioro cognitivo.«Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto»«El sueño lo cura todo pero, oye ¿por qué dormimos tan mal o por qué nos cuesta tanto dormir?», se pregunta Roser Gort, psicóloga especializada en Ciencia del Sueño y colaboradora de la Clínica del Sueño Estivil, que además es autora de ‘El sueño lo cura todo’ (Ed. Bruguera).Su respuesta apunta a una paradoja de nuestro tiempo: «Cada vez somos más productivos y nos obsesionamos más con dormir bien y eso justamente nos impide hacerlo». La especialista explica que antes la productividad se orientaba principalmente hacia fuera de casa, en el trabajo, pero ahora «somos productivos en el trabajo, en el deporte, con los amigos, con las redes sociales e incluso al volver a casa somos productivos con tener el mejor sueño del mundo».Esta obsesión por optimizar el descanso se refleja en el auge de los dispositivos que monitorizan el sueño. «A día de hoy todos medimos el sueño con nuestro reloj», señala Gort, quien añade un detalle revelador: «Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto».La hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios realesSegún la psicóloga, si se observa bien a los especialistas del sueño en vídeos, entrevistas o consultas, «no suelen ni llevar reloj ni anillo y tampoco son las personas que los promocionan». La psicóloga considera que «esta tendencia a medirlo viene más de una parte comercial que no de salud», advirtiendo que la hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios reales.Los datos respaldan la gravedad del problema. Según la Sociedad Española del Sueño, cerca del 43% de la población adulta en España tiene problemas para dormir en algún momento, y uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador.España es el país que más ansiolíticos consume en todo el mundo para intentar dormir. Solo en 2024 se prescribieron en el país más de 82 millones de ansiolíticos, hipnóticos y fármacos de la familia de las benzodiacepinas. Según datos de 2023 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en España se toman casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, una cifra 2.750 veces superior a la de Alemania.La experta recomienda establecer hábitos de relajación y limitar los estímulos externos antes de acostarse. Una de sus sugerencias es «vaciar la cabeza antes de ir a la cama»: escribir durante cinco o diez minutos lo que tenemos en mente -tareas, preocupaciones, ideas- ayuda a despejar la mente y evita que el cerebro llegue a la cama con la sensación de tener asuntos pendientes. También aconseja asociar la cama solo con dormir y, si pasan unos quince minutos sin conciliar el sueño, es mejor levantarse y volver cuando aparezca la somnolencia.
I. Asenjo
Dormimos menos, peor y más tarde que nunca. Y eso pese a estar en una época en la que sabemos, de sobra, más sobre la importancia del sueño. Aún así las estadísticas nos desvelan que uno de cada cuatro adultos no descansa bien; las mismas que revelan que España se encuentra líder del ranking de consumo de medicamentos para el descanso nocturno.
Insisten los especialistas en que no solemos darle la importancia que se merece a la función del sueño, y que durante muchos años se ha considerado el hecho de dormir como una pérdida de tiempo. La privación de sueño aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, altera el normal funcionamiento del sistema inmunológico, impide la fijación de los recuerdos –el sueño y la memoria tienen una relación directa– y la limpieza del cerebro y acelera el deterioro cognitivo.
«Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto»
«El sueño lo cura todo pero, oye ¿por qué dormimos tan mal o por qué nos cuesta tanto dormir?», se pregunta Roser Gort, psicóloga especializada en Ciencia del Sueño y colaboradora de la Clínica del Sueño Estivil, que además es autora de ‘El sueño lo cura todo’ (Ed. Bruguera).
Su respuesta apunta a una paradoja de nuestro tiempo: «Cada vez somos más productivos y nos obsesionamos más con dormir bien y eso justamente nos impide hacerlo».
La especialista explica que antes la productividad se orientaba principalmente hacia fuera de casa, en el trabajo, pero ahora «somos productivos en el trabajo, en el deporte, con los amigos, con las redes sociales e incluso al volver a casa somos productivos con tener el mejor sueño del mundo».
Esta obsesión por optimizar el descanso se refleja en el auge de los dispositivos que monitorizan el sueño. «A día de hoy todos medimos el sueño con nuestro reloj», señala Gort, quien añade un detalle revelador: «Todos medimos nuestro sueño con el reloj menos los profesionales que nos dedicamos a esto».
La hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios reales
Según la psicóloga, si se observa bien a los especialistas del sueño en vídeos, entrevistas o consultas, «no suelen ni llevar reloj ni anillo y tampoco son las personas que los promocionan». La psicóloga considera que «esta tendencia a medirlo viene más de una parte comercial que no de salud», advirtiendo que la hipervigilancia sobre las métricas del descanso puede generar más ansiedad que beneficios reales.
Los datos respaldan la gravedad del problema. Según la Sociedad Española del Sueño, cerca del 43% de la población adulta en España tiene problemas para dormir en algún momento, y uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador.
España es el país que más ansiolíticos consume en todo el mundo para intentar dormir. Solo en 2024 se prescribieron en el país más de 82 millones de ansiolíticos, hipnóticos y fármacos de la familia de las benzodiacepinas. Según datos de 2023 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en España se toman casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, una cifra 2.750 veces superior a la de Alemania.
La experta recomienda establecer hábitos de relajación y limitar los estímulos externos antes de acostarse. Una de sus sugerencias es «vaciar la cabeza antes de ir a la cama»: escribir durante cinco o diez minutos lo que tenemos en mente -tareas, preocupaciones, ideas- ayuda a despejar la mente y evita que el cerebro llegue a la cama con la sensación de tener asuntos pendientes. También aconseja asociar la cama solo con dormir y, si pasan unos quince minutos sin conciliar el sueño, es mejor levantarse y volver cuando aparezca la somnolencia.
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