Las relaciones entre Londres y Moscú son de una enorme complejidad y no precisamente amistosas (envenamientos, persecución de disidentes en territorio británico, expulsión de espías, campañas de desinformación y fake news , jaqueos, intentos de desestabilizar la democracia e influir en las elecciones, sabotajes, ataques a infraestructuras, sanciones económicas…). Pero una cosa es la política y otra las finanzas, y nada de eso impide que el Estado ruso y los oligarcas afines usen sin oposición la City como una lavadora gigante para blanquear dinero.
Burnham responde que apoya al 100% la defensa de Ucrania
Las relaciones entre Londres y Moscú son de una enorme complejidad y no precisamente amistosas (envenamientos, persecución de disidentes en territorio británico, expulsión de espías, campañas de desinformación y fake news , jaqueos, intentos de desestabilizar la democracia e influir en las elecciones, sabotajes, ataques a infraestructuras, sanciones económicas…). Pero una cosa es la política y otra las finanzas, y nada de eso impide que el Estado ruso y los oligarcas afines usen sin oposición la City como una lavadora gigante para blanquear dinero.
Vladímir Putin, a través de su embajada en la capital inglesa, ha amenazado ahora al Reino Unido indicando que la utilización por Ucrania de drones fabricados por dos empresas británicas “constituye una escalada deliberada que tendrá consecuencias, y cuanto mayor sea la implicación de Londres en el conflicto, mayor será el precio a pagar”. Un lenguaje muy duro que se traduce en la primera crisis internacional para Andy Burnham.
Las represalias rusas podrían ser sabotajesa infraestructurasy cables submarinos yjaqueos de internet
El premier británico, puesto entre la espada y la pared, ha respondido que su Gobierno “no es un compañero ocasional de viaje de Ucrania, sino que su compromiso con el país eslavo es del cien por cien para ayudarlo a defenderse a sí mismo de la agresión rusa”, y su política no ha variado en ese sentido respecto a sus predecesores (Johnson, Sunak y Starmer). El Reino Unido es el cuarto mayor donante de ayuda a Kyiv –tanto a nivel individual como colaborando con los exsocios de la UE– después de EE.UU., Alemania y Francia, con una aportación hasta la fecha de 28.500 millones de euros.
Aunque los drones británicos no son de largo alcance y solo pueden penetrar unos trescientos kilómetros más allá de la frontera, forman parte de la estrategia ucraniana de hostigar a Rusia con centenares de ellos, mientras los misiles Flamingo que ha desarrollado atacan refinerías de petróleo y centros de almacenamiento, y son capaces de alcanzar Moscú. Los daños causados hasta la fecha se estiman en unos cuarenta mil millones de euros, y Londres se dispone a dotar a Zelenski de un sistema electrónico para neutralizar las defensas aéreas enemigas.
Mientras, Rusia se dedica a la guerra híbrida enviando sus propios drones hacia Polonia y los países bálticos, o incluso el aeropuerto alemán de Lepizig-Halle, con un avión de carga ucraniano como blanco. La inteligencia británica considera probable una guerra con Moscú en un plazo
de diez años, y estima que las represalias a que se refiere Putin
serán jaqueos, sabotajes de ca-
bles submarinos vitales para las comunicaciones y campañas de desinformación.
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