Pedro Sánchez canceló toda la agenda prevista para este lunes, después de activar el adelanto electoral , menos su presencia en la Ejecutiva federal del PSOE. El presidente, en su condición de secretario general del partido, acudió a la reunión de la dirección para meter al partido de lleno en la dinámica electoral. La reunión sirvió para poner en marcha la maquinaria interna, con la aprobación del Comité Electoral y un calendario que culminará el 17 de octubre con la ratificación de las listas en un Comité Federal convocado a tal efecto. La llamada a las urnas era un clamor entre las huestes socialistas. Tanto los dirigentes alineados con Ferraz como los más díscolos estaban de acuerdo en la decisión. Los primeros, por mero seguidismo de las tesis de la «oportunidad histórica»; los segundos, porque llevan meses reclamando el acortamiento de la legislatura para separar al máximo las generales de sus propios comicios, los municipales y autonómicos, y evitar así la contaminación nacional.Los términos de la campaña ya están fijados desde que PP, Vox y Junts votaron en contra de los decretos de vivienda. «Está en juego el modelo de derechos frente al modelo de las derechas que pretende socavarlos», señalan desde el partido. En Moncloa plantean la pugna en las urnas en un plano plebiscitario: Sánchez o la ola ultra . Una dinámica que ha funcionado tanto en 2019 —con la foto de Colón— como en 2023 —tras los primeros pactos autonómicos que dieron entrada a los de Santiago Abascal en las instituciones— y está por determinar si ahora, pese al desgaste evidente, el argumento sigue vigente. «Yo confío en mis compatriotas, porque sé que sois un pueblo valiente y solidario, que se crece ante los desafíos y que no tenéis reparos en ser los únicos o los primeros en moveros para estar en el lado correcto de la historia», interpeló Sánchez, que, desde luego, lo va a volver a intentar.El presidente tiene bien definida su carta de presentación, «combatiendo a los tiranos, a los tecno-oligarcas y también a los especuladores que quieren destruir el futuro de nuestros hijos y nuestras hijas para agrandar sus bolsillos» y pretende, con este cartel, seguir profundizando en la estrategia de voto útil a su izquierda. Con un espacio todavía por redefinirse y un socio minoritario que no ha terminado de resolver la incógnita de su liderazgo, Sánchez emerge como el candidato de facto para armar la única mayoría capaz de enfrentar el embate de las derechas. Este es el contexto que en Moncloa definen como «ventana de oportunidad» y que ha sido el desencadenante para apretar el botón del adelanto.En el Ejecutivo tiene el cálculo bien definido. Necesitan un PSOE hegemónico en el ámbito de la izquierda —a quien han ido hurtando paulatinamente sus principales banderas— y un Vox fortalecido, en el entorno de los 70 diputados o el 20% del voto. De ahí el planteamiento binario de una campaña que busca invisibilizar al PP, al no dotarle ni siquiera de la entidad de adversario, para lograr que Alberto Núñez Feijóo quede debilitado y atado en un futuro gobierno a hermanarse con Santiago Abascal. En Moncloa creen que, entonces, los socialistas podrían conseguir un resultado solvente. «Estamos a tres puntos del PP con todo lo que ha llovido», dicen, destacando que en Génova no despeguen en intención de voto, pese a todas las polémicas que han cercado al Gobierno en los últimos tiempos y en los tribunales. «Y las campañas se nos dan bien», tercian, recordando otros precedentes en los que consiguieron dar la vuelta al partido en la recta final.En Moncloa exhiben los cualitativos que colocan al presidente en márgenes de valoración mejores que sus predecesores al final del mandatoAhora, la victoria no se juega en términos de ganar, ni siquiera de gobernar, algo que parece harto improbable sin un socio pujante por la izquierda, sino en la capacidad de resistencia. Sánchez necesita un resultado que le permita colmar la aspiración de monitorizar desde la oposición un gobierno «imposible» de PP y Vox, abocado a una legislatura corta. En clave netamente de liderazgo personal, en Moncloa exhiben los cualitativos que obran en su poder sobre el presidente y que le colocan en márgenes de valoración ciudadana superiores a sus predecesores en el mismo punto, al filo de culminar su mandato. Además, si Sánchez fuera desalojado del poder en el entorno del 27% del voto supondría un escaso desgaste respecto a los porcentajes de apoyo en las urnas que le permitieron gobernar: en 2019 (28,65% y 28,25%) y en 2023 (31,61%).Esto, en clave personalísima, pero en clave interna también es capital el resultado que se obtenga el 29-N para pilotar el día «D», el día después de la Moncloa. Un Sánchez en los 110/115 escaños tendría la legitimidad suficiente para desactivar cualquier movimiento de desestabilización interna que se pueda fraguar en su contra. En primer término, el calendario juega a su favor. Colmando las reclamaciones de quienes pedían anticipar las generales a las municipales y autonómicas, el líder socialista se garantiza un periodo de paz entre guerras hasta el mes de junio. Una vez se celebren las elecciones generales, llegarán las Navidades y ya en enero, el partido se activará para la contienda electoral de 2027. Con las generales antes de las municipales y autonómicas, Sánchez se asegura una paz entre guerras: hasta junio de 2027 nadie le moverá la sillaLas fuentes consultadas no anticipan ningún tipo de conjura antes del 23 de mayo, porque creen que todos los dirigentes estarán centrados en sus elecciones y que cualquier gesto que visualice debilidad interna puede ser leído tanto por los propios como por los rivales como un gesto de deslealtad que se penalice en las urnas. Desligando las generales de las municipales y autonómicas, además, Sánchez podrá también desvincularse de un eventual mal resultado, al haber sufrido ya el veredicto de las urnas previamente, y quienes resulten damnificados ya no podrán ni pedir cuentas ni presentarse con el caudal político suficiente para plantar batalla interna.Además, salvo crisis sobrevenida que le inhabilite como líder, Sánchez cuenta con un valor incalculable en su haber: el favor de la militancia. Quien quiera o intente plantear batalla tendrá que batirse en primarias, un terreno abonado para el ‘sanchismo’. Tampoco las estructuras del PSOE facilitan un golpe interno como el que el presidente sufrió en 2016. A su regreso un año después a Ferraz acometió una reforma de los Estatutos y las normas de la formación que impiden que algo similar —la dimisión de la Ejecutiva más uno— vuelva a gestarse. Pedro Sánchez canceló toda la agenda prevista para este lunes, después de activar el adelanto electoral , menos su presencia en la Ejecutiva federal del PSOE. El presidente, en su condición de secretario general del partido, acudió a la reunión de la dirección para meter al partido de lleno en la dinámica electoral. La reunión sirvió para poner en marcha la maquinaria interna, con la aprobación del Comité Electoral y un calendario que culminará el 17 de octubre con la ratificación de las listas en un Comité Federal convocado a tal efecto. La llamada a las urnas era un clamor entre las huestes socialistas. Tanto los dirigentes alineados con Ferraz como los más díscolos estaban de acuerdo en la decisión. Los primeros, por mero seguidismo de las tesis de la «oportunidad histórica»; los segundos, porque llevan meses reclamando el acortamiento de la legislatura para separar al máximo las generales de sus propios comicios, los municipales y autonómicos, y evitar así la contaminación nacional.Los términos de la campaña ya están fijados desde que PP, Vox y Junts votaron en contra de los decretos de vivienda. «Está en juego el modelo de derechos frente al modelo de las derechas que pretende socavarlos», señalan desde el partido. En Moncloa plantean la pugna en las urnas en un plano plebiscitario: Sánchez o la ola ultra . Una dinámica que ha funcionado tanto en 2019 —con la foto de Colón— como en 2023 —tras los primeros pactos autonómicos que dieron entrada a los de Santiago Abascal en las instituciones— y está por determinar si ahora, pese al desgaste evidente, el argumento sigue vigente. «Yo confío en mis compatriotas, porque sé que sois un pueblo valiente y solidario, que se crece ante los desafíos y que no tenéis reparos en ser los únicos o los primeros en moveros para estar en el lado correcto de la historia», interpeló Sánchez, que, desde luego, lo va a volver a intentar.El presidente tiene bien definida su carta de presentación, «combatiendo a los tiranos, a los tecno-oligarcas y también a los especuladores que quieren destruir el futuro de nuestros hijos y nuestras hijas para agrandar sus bolsillos» y pretende, con este cartel, seguir profundizando en la estrategia de voto útil a su izquierda. Con un espacio todavía por redefinirse y un socio minoritario que no ha terminado de resolver la incógnita de su liderazgo, Sánchez emerge como el candidato de facto para armar la única mayoría capaz de enfrentar el embate de las derechas. Este es el contexto que en Moncloa definen como «ventana de oportunidad» y que ha sido el desencadenante para apretar el botón del adelanto.En el Ejecutivo tiene el cálculo bien definido. Necesitan un PSOE hegemónico en el ámbito de la izquierda —a quien han ido hurtando paulatinamente sus principales banderas— y un Vox fortalecido, en el entorno de los 70 diputados o el 20% del voto. De ahí el planteamiento binario de una campaña que busca invisibilizar al PP, al no dotarle ni siquiera de la entidad de adversario, para lograr que Alberto Núñez Feijóo quede debilitado y atado en un futuro gobierno a hermanarse con Santiago Abascal. En Moncloa creen que, entonces, los socialistas podrían conseguir un resultado solvente. «Estamos a tres puntos del PP con todo lo que ha llovido», dicen, destacando que en Génova no despeguen en intención de voto, pese a todas las polémicas que han cercado al Gobierno en los últimos tiempos y en los tribunales. «Y las campañas se nos dan bien», tercian, recordando otros precedentes en los que consiguieron dar la vuelta al partido en la recta final.En Moncloa exhiben los cualitativos que colocan al presidente en márgenes de valoración mejores que sus predecesores al final del mandatoAhora, la victoria no se juega en términos de ganar, ni siquiera de gobernar, algo que parece harto improbable sin un socio pujante por la izquierda, sino en la capacidad de resistencia. Sánchez necesita un resultado que le permita colmar la aspiración de monitorizar desde la oposición un gobierno «imposible» de PP y Vox, abocado a una legislatura corta. En clave netamente de liderazgo personal, en Moncloa exhiben los cualitativos que obran en su poder sobre el presidente y que le colocan en márgenes de valoración ciudadana superiores a sus predecesores en el mismo punto, al filo de culminar su mandato. Además, si Sánchez fuera desalojado del poder en el entorno del 27% del voto supondría un escaso desgaste respecto a los porcentajes de apoyo en las urnas que le permitieron gobernar: en 2019 (28,65% y 28,25%) y en 2023 (31,61%).Esto, en clave personalísima, pero en clave interna también es capital el resultado que se obtenga el 29-N para pilotar el día «D», el día después de la Moncloa. Un Sánchez en los 110/115 escaños tendría la legitimidad suficiente para desactivar cualquier movimiento de desestabilización interna que se pueda fraguar en su contra. En primer término, el calendario juega a su favor. Colmando las reclamaciones de quienes pedían anticipar las generales a las municipales y autonómicas, el líder socialista se garantiza un periodo de paz entre guerras hasta el mes de junio. Una vez se celebren las elecciones generales, llegarán las Navidades y ya en enero, el partido se activará para la contienda electoral de 2027. Con las generales antes de las municipales y autonómicas, Sánchez se asegura una paz entre guerras: hasta junio de 2027 nadie le moverá la sillaLas fuentes consultadas no anticipan ningún tipo de conjura antes del 23 de mayo, porque creen que todos los dirigentes estarán centrados en sus elecciones y que cualquier gesto que visualice debilidad interna puede ser leído tanto por los propios como por los rivales como un gesto de deslealtad que se penalice en las urnas. Desligando las generales de las municipales y autonómicas, además, Sánchez podrá también desvincularse de un eventual mal resultado, al haber sufrido ya el veredicto de las urnas previamente, y quienes resulten damnificados ya no podrán ni pedir cuentas ni presentarse con el caudal político suficiente para plantar batalla interna.Además, salvo crisis sobrevenida que le inhabilite como líder, Sánchez cuenta con un valor incalculable en su haber: el favor de la militancia. Quien quiera o intente plantear batalla tendrá que batirse en primarias, un terreno abonado para el ‘sanchismo’. Tampoco las estructuras del PSOE facilitan un golpe interno como el que el presidente sufrió en 2016. A su regreso un año después a Ferraz acometió una reforma de los Estatutos y las normas de la formación que impiden que algo similar —la dimisión de la Ejecutiva más uno— vuelva a gestarse.
Pedro Sánchez canceló toda la agenda prevista para este lunes, después de activar el adelanto electoral, menos su presencia en la Ejecutiva federal del PSOE. El presidente, en su condición de secretario general del partido, acudió a la reunión de la dirección para meter … al partido de lleno en la dinámica electoral. La reunión sirvió para poner en marcha la maquinaria interna, con la aprobación del Comité Electoral y un calendario que culminará el 17 de octubre con la ratificación de las listas en un Comité Federal convocado a tal efecto. La llamada a las urnas era un clamor entre las huestes socialistas. Tanto los dirigentes alineados con Ferraz como los más díscolos estaban de acuerdo en la decisión. Los primeros, por mero seguidismo de las tesis de la «oportunidad histórica»; los segundos, porque llevan meses reclamando el acortamiento de la legislatura para separar al máximo las generales de sus propios comicios, los municipales y autonómicos, y evitar así la contaminación nacional.
Los términos de la campaña ya están fijados desde que PP, Vox y Junts votaron en contra de los decretos de vivienda. «Está en juego el modelo de derechos frente al modelo de las derechas que pretende socavarlos», señalan desde el partido. En Moncloa plantean la pugna en las urnas en un plano plebiscitario: Sánchez o la ola ultra. Una dinámica que ha funcionado tanto en 2019 —con la foto de Colón— como en 2023 —tras los primeros pactos autonómicos que dieron entrada a los de Santiago Abascal en las instituciones— y está por determinar si ahora, pese al desgaste evidente, el argumento sigue vigente. «Yo confío en mis compatriotas, porque sé que sois un pueblo valiente y solidario, que se crece ante los desafíos y que no tenéis reparos en ser los únicos o los primeros en moveros para estar en el lado correcto de la historia», interpeló Sánchez, que, desde luego, lo va a volver a intentar.
El presidente tiene bien definida su carta de presentación, «combatiendo a los tiranos, a los tecno-oligarcas y también a los especuladores que quieren destruir el futuro de nuestros hijos y nuestras hijas para agrandar sus bolsillos» y pretende, con este cartel, seguir profundizando en la estrategia de voto útil a su izquierda. Con un espacio todavía por redefinirse y un socio minoritario que no ha terminado de resolver la incógnita de su liderazgo, Sánchez emerge como el candidato de facto para armar la única mayoría capaz de enfrentar el embate de las derechas. Este es el contexto que en Moncloa definen como «ventana de oportunidad» y que ha sido el desencadenante para apretar el botón del adelanto.
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Pedro García Cuartango
En el Ejecutivo tiene el cálculo bien definido. Necesitan un PSOE hegemónico en el ámbito de la izquierda —a quien han ido hurtando paulatinamente sus principales banderas— y un Vox fortalecido, en el entorno de los 70 diputados o el 20% del voto. De ahí el planteamiento binario de una campaña que busca invisibilizar al PP, al no dotarle ni siquiera de la entidad de adversario, para lograr que Alberto Núñez Feijóo quede debilitado y atado en un futuro gobierno a hermanarse con Santiago Abascal. En Moncloa creen que, entonces, los socialistas podrían conseguir un resultado solvente. «Estamos a tres puntos del PP con todo lo que ha llovido», dicen, destacando que en Génova no despeguen en intención de voto, pese a todas las polémicas que han cercado al Gobierno en los últimos tiempos y en los tribunales. «Y las campañas se nos dan bien», tercian, recordando otros precedentes en los que consiguieron dar la vuelta al partido en la recta final.
En Moncloa exhiben los cualitativos que colocan al presidente en márgenes de valoración mejores que sus predecesores al final del mandato
Ahora, la victoria no se juega en términos de ganar, ni siquiera de gobernar, algo que parece harto improbable sin un socio pujante por la izquierda, sino en la capacidad de resistencia. Sánchez necesita un resultado que le permita colmar la aspiración de monitorizar desde la oposición un gobierno «imposible» de PP y Vox, abocado a una legislatura corta. En clave netamente de liderazgo personal, en Moncloa exhiben los cualitativos que obran en su poder sobre el presidente y que le colocan en márgenes de valoración ciudadana superiores a sus predecesores en el mismo punto, al filo de culminar su mandato. Además, si Sánchez fuera desalojado del poder en el entorno del 27% del voto supondría un escaso desgaste respecto a los porcentajes de apoyo en las urnas que le permitieron gobernar: en 2019 (28,65% y 28,25%) y en 2023 (31,61%).
Esto, en clave personalísima, pero en clave interna también es capital el resultado que se obtenga el 29-N para pilotar el día «D», el día después de la Moncloa. Un Sánchez en los 110/115 escaños tendría la legitimidad suficiente para desactivar cualquier movimiento de desestabilización interna que se pueda fraguar en su contra. En primer término, el calendario juega a su favor. Colmando las reclamaciones de quienes pedían anticipar las generales a las municipales y autonómicas, el líder socialista se garantiza un periodo de paz entre guerras hasta el mes de junio. Una vez se celebren las elecciones generales, llegarán las Navidades y ya en enero, el partido se activará para la contienda electoral de 2027.
Con las generales antes de las municipales y autonómicas, Sánchez se asegura una paz entre guerras: hasta junio de 2027 nadie le moverá la silla
Las fuentes consultadas no anticipan ningún tipo de conjura antes del 23 de mayo, porque creen que todos los dirigentes estarán centrados en sus elecciones y que cualquier gesto que visualice debilidad interna puede ser leído tanto por los propios como por los rivales como un gesto de deslealtad que se penalice en las urnas. Desligando las generales de las municipales y autonómicas, además, Sánchez podrá también desvincularse de un eventual mal resultado, al haber sufrido ya el veredicto de las urnas previamente, y quienes resulten damnificados ya no podrán ni pedir cuentas ni presentarse con el caudal político suficiente para plantar batalla interna.
Además, salvo crisis sobrevenida que le inhabilite como líder, Sánchez cuenta con un valor incalculable en su haber: el favor de la militancia. Quien quiera o intente plantear batalla tendrá que batirse en primarias, un terreno abonado para el ‘sanchismo’. Tampoco las estructuras del PSOE facilitan un golpe interno como el que el presidente sufrió en 2016. A su regreso un año después a Ferraz acometió una reforma de los Estatutos y las normas de la formación que impiden que algo similar —la dimisión de la Ejecutiva más uno— vuelva a gestarse.
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