Es posible que los chavales de hoy en día, los que están en la ESO o el bachillerato y han palmado en el último informe PISA, ya no sepan quién es Roger Federer.
Es posible que los chavales de hoy en día, los que están en la ESO o el bachillerato y han palmado en el último informe PISA, ya no sepan quién es Roger Federer.Seguir leyendo…
Es posible que los chavales de hoy en día, los que están en la ESO o el bachillerato y han palmado en el último informe PISA, ya no sepan quién es Roger Federer.
Pero aquí estoy yo, fresco tras las vacaciones estivales, para poner al día a nuestros sufridos bachilleres: Federer (45) ha sido, es y será el tenista más elegante y educado que ha habido nunca.
Hay memes diciendo que los hijos de Federer le están pidiendo un carísimo snack en el US Open
Cualquiera puede comprobarlo, incluso los bachilleres: hay centenares de vídeos en las redes sociales evocando los tiempos, acaso no tan lejanos, en los que aplaudíamos al Federer divino. En las imágenes, le vemos proyectando el revés a una mano, bailando en cualquier superficie (preferentemente, en el césped de Wimbledon), dándole argumentos a aquel retrato que David Foster Wallace sublimó en su momento: Federer como experiencia religiosa.
“Nada se puede hacer para explicar o evocar la experiencia de ver a este hombre jugar, como cuando presenciamos, de primera mano, la belleza y genialidad de su juego”, escribió Wallace.

Qué pena, David Foster Wallace, contemplador del detalle minimalista, ya no se halla entre nosotros. Así que no podrá describir la escena que cualquier bachiller, a través del dichoso móvil, ha podido contemplar en estos días en el US Open (y es el tipo de detalle que invita a este periodista a definir al suizo como el tenista más elegante y educado que ha habido nunca).
Pues bien: el Roger Federer que está sentado en el palco vip de Flushing Meadows luce el traje de corte perfecto, el cabello bien peinado y las espléndidas gafas de sol. Y aun luciendo la americana y la corbata, no suda, no se recalienta al sol neoyorquino, permanece impasible, parece más allá de lo terrenal, no se descompone ni siquiera cuando sus dos hijos mayores le asaltan.
No sabemos qué le están pidiendo los chavales, o exigiendo, o lo que sea. El caso es que el genio suizo les mira a los ojos y, sin descomponerse, les dice que no.
(Y hay memes, hay quien fantasea diciendo que los hijos le están pidiendo al padre que les pague un snack y Federer les está contestando que no, que ya hay comida en casa; y con razón: al fin y al cabo, en Flushing Meadows los rollos de langosta se pagan a 40 dólares).
Luego, el genio que también es padre se recoge en sí mismo, aunque parece un punto tenso, que es como nuestros adolescentes nos hacen sentir taaaantas veces, y sigue contemplando el juego, y este opinador ya tiene el argumento que baja al dios a Tierra: incluso un icono como Federer tiene que recurrir a la calma zen para mantener las elegantes formas y no enviar a sus hijos a tomar viento (informe PISA o no de por medio).
Deportes
