La operación de cáncer de pulmón de León XIV ya ha cambiado la forma en que el Vaticano mira al Papa y a su pontificado. Pero quienes trabajan con él no coinciden en el alcance de las consecuencias. Muchos prevén una agenda más ligera o decisiones más rápidas, y otros temen que se enrede en la sombra de una provisionalidad que hasta ahora no existía. «Antes se proyectaba un pontificado muy largo y ahora ha irrumpido un elemento ineludible de debilidad», resume un colaborador del Pontífice. En el Vaticano molesta que se hable de horas de incertidumbre. Sin embargo, a corto plazo, no se sabe si el Papa rezará en público el ángelus este domingo, cuándo será dado de alta o si participará en la audiencia general del miércoles que viene. A medio plazo, en diez o quince días, cuando tengan los resultados del examen histológico de los ganglios linfáticos, los doctores se pronunciarán sobre si debe recibir un tratamiento más agresivo. Y, entre medias, el Papa deberá tomar una decisión sobre su viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre próximos. Según ha explicado este miércoles su portavoz Matteo Bruni, León XIV «mantiene su intención y su deseo de ir». Los colaboradores del Pontífice expresan de modos muy diferentes esa incertidumbre sobre la situación actual del Vaticano. El modo más sereno lo encarna un experimentado cardenal de la Curia, de aquellos que han visto suceder tantas cosas en la Ciudad Eterna que nada les hace perder la calma. «La enfermedad del Papa ha sido una noticia imprevista para el Vaticano, que en estos primeros diecisiete meses de Pontificado ha admirado su vigor», reconoce a ABC.Según un cardenal, el cáncer «no afectará mucho al modo de gobernar del Papa porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno«El purpurado está convencido de que «la sombra de haber padecido o de padecer un tumor no va a limitar su liderazgo, ni para él ni para la Iglesia». Cree que va a impulsar un mayor «espíritu de colaboración de todos sus colaboradores, especialmente los más cercanos». En su opinión, el cáncer «no afectará mucho a su modo de gobernar porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno como el entendimiento, el discernimiento, la capacidad de decisión y convocatoria, o su comunión con el episcopado y los demás miembros del Pueblo de Dios». Por otro lado, recuerda que en cualquier caso deberá hacer «más controles de su salud y quizá aligerar la intensidad de su agenda y de sus viajes». «La prioridad es acompañarle»Otro alto cargo del Vaticano explica a ABC que vive la incertidumbre de un modo más práctico. Aclara que «ahora estamos a la espera del resultado histológico, para comprender si la intervención ha sido suficiente», comienza. Añade que, en el peor de los casos, «existen nuevas terapias con muy buenos resultados». Por eso, «en esta fase, la prioridad es acompañarle». En cuanto al estilo de gobierno del Papa, imagina que «quizás tenga que frenar el ritmo, al menos al principio», pero ya «el hecho de que nos haya acostumbrado a que se tome un día de descanso a la semana le va a ayudar a gestionar sus propios tiempos». Él lo describe como una personalidad «joven y perfectamente lúcida» y cree que no delegará su tarea de gobierno. «En general, tomará él mismo las decisiones, mientras que la Secretaría de Estado se encargará de ir presentándole los asuntos. Los dicasterios van a seguir adelante con su trabajo normal y para los viajes, quizá ahora los médicos tengan la última palabra», resume. Para él, un cambio importante es la transparencia con la que el Papa está informando sobre su enfermedad. «Me gusta este estilo que se está manteniendo, que evita silencios y ruedas de prensa sobre enfermedades papales haciendo malabarismos», añade.Hay un tercer sector que teme que la enfermedad dé lugar en la práctica a una «mentalidad precónclave». Quienes viven este tipo de incertidumbre apuntan al impacto que va a tener el cáncer del Papa sobre sus propios colaboradores. «Psicológicamente la situación cambia por completo, sobre todo en la forma en que se le mira. Antes se proyectaba un Pontificado muy largo y ahora irrumpe un elemento ineludible de debilidad y en algunos casos de provisionalidad», explica un sacerdote que trabaja desde hace varios pontificados en la Santa Sede. «Independientemente de lo que suceda, lo que está claro es que de alguna forma se ha terminado definitivamente la fase inicial del pontificado. Ya se aparta de la dinámica de los primeros años de Juan Pablo II, cuando pasó mucho tiempo hasta que lo vimos débil», añade. El Papa ante un nuevo escenarioSu idea es que, independientemente de cómo evolucione la enfermedad, «a partir de ahora cualquier documento o nombramiento que haga va a ser analizado con lupa». El ejemplo más cercano es el nombramiento de Luis Antonio Tagle como nuevo cardenal decano. León XIV confirmó este nombramiento el jueves 8 de octubre y el Vaticano lo anunció el viernes 9, dos días antes de que el Papa comunicara su operación. Entonces fue interpretada como una decisión de rutina, pero ahora la percepción cambia completamente por el papel decisivo que Tagle tendría en una eventual sede vacante como coordinador de las reuniones previas al cónclave y las votaciones en la Capilla Sixtina. «Hasta ahora, el Papa se ha movido con calma pero, de alguna forma, hasta que pasen unos años y se le declare completamente curado, tiene una bomba de relojería activada. Por eso, sentirá una mayor prisa en cuestiones de gobierno. Si antes podía tomarse mucho tiempo para reflexionar, ahora probablemente tendrá una percepción diferente», opina. Con ironía, recuerda que «el cardenal Pietro Parolin lleva años desenvolviéndose en este registro de provisionalidad como secretario de Estado. Cuando en 2013 el Papa Francisco lo nombró número dos de la Santa Sede, Parolin estaba enfermo y acababa de operarse de urgencia; desde entonces siempre ha proyectado y sigue proyectando una imagen de fragilidad. De hecho, esa percepción de provisionalidad se ha instalado en la Secretaría de Estado». «Es porque en Italia nada dura tanto como lo provisional», concluye. La operación de cáncer de pulmón de León XIV ya ha cambiado la forma en que el Vaticano mira al Papa y a su pontificado. Pero quienes trabajan con él no coinciden en el alcance de las consecuencias. Muchos prevén una agenda más ligera o decisiones más rápidas, y otros temen que se enrede en la sombra de una provisionalidad que hasta ahora no existía. «Antes se proyectaba un pontificado muy largo y ahora ha irrumpido un elemento ineludible de debilidad», resume un colaborador del Pontífice. En el Vaticano molesta que se hable de horas de incertidumbre. Sin embargo, a corto plazo, no se sabe si el Papa rezará en público el ángelus este domingo, cuándo será dado de alta o si participará en la audiencia general del miércoles que viene. A medio plazo, en diez o quince días, cuando tengan los resultados del examen histológico de los ganglios linfáticos, los doctores se pronunciarán sobre si debe recibir un tratamiento más agresivo. Y, entre medias, el Papa deberá tomar una decisión sobre su viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre próximos. Según ha explicado este miércoles su portavoz Matteo Bruni, León XIV «mantiene su intención y su deseo de ir». Los colaboradores del Pontífice expresan de modos muy diferentes esa incertidumbre sobre la situación actual del Vaticano. El modo más sereno lo encarna un experimentado cardenal de la Curia, de aquellos que han visto suceder tantas cosas en la Ciudad Eterna que nada les hace perder la calma. «La enfermedad del Papa ha sido una noticia imprevista para el Vaticano, que en estos primeros diecisiete meses de Pontificado ha admirado su vigor», reconoce a ABC.Según un cardenal, el cáncer «no afectará mucho al modo de gobernar del Papa porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno«El purpurado está convencido de que «la sombra de haber padecido o de padecer un tumor no va a limitar su liderazgo, ni para él ni para la Iglesia». Cree que va a impulsar un mayor «espíritu de colaboración de todos sus colaboradores, especialmente los más cercanos». En su opinión, el cáncer «no afectará mucho a su modo de gobernar porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno como el entendimiento, el discernimiento, la capacidad de decisión y convocatoria, o su comunión con el episcopado y los demás miembros del Pueblo de Dios». Por otro lado, recuerda que en cualquier caso deberá hacer «más controles de su salud y quizá aligerar la intensidad de su agenda y de sus viajes». «La prioridad es acompañarle»Otro alto cargo del Vaticano explica a ABC que vive la incertidumbre de un modo más práctico. Aclara que «ahora estamos a la espera del resultado histológico, para comprender si la intervención ha sido suficiente», comienza. Añade que, en el peor de los casos, «existen nuevas terapias con muy buenos resultados». Por eso, «en esta fase, la prioridad es acompañarle». En cuanto al estilo de gobierno del Papa, imagina que «quizás tenga que frenar el ritmo, al menos al principio», pero ya «el hecho de que nos haya acostumbrado a que se tome un día de descanso a la semana le va a ayudar a gestionar sus propios tiempos». Él lo describe como una personalidad «joven y perfectamente lúcida» y cree que no delegará su tarea de gobierno. «En general, tomará él mismo las decisiones, mientras que la Secretaría de Estado se encargará de ir presentándole los asuntos. Los dicasterios van a seguir adelante con su trabajo normal y para los viajes, quizá ahora los médicos tengan la última palabra», resume. Para él, un cambio importante es la transparencia con la que el Papa está informando sobre su enfermedad. «Me gusta este estilo que se está manteniendo, que evita silencios y ruedas de prensa sobre enfermedades papales haciendo malabarismos», añade.Hay un tercer sector que teme que la enfermedad dé lugar en la práctica a una «mentalidad precónclave». Quienes viven este tipo de incertidumbre apuntan al impacto que va a tener el cáncer del Papa sobre sus propios colaboradores. «Psicológicamente la situación cambia por completo, sobre todo en la forma en que se le mira. Antes se proyectaba un Pontificado muy largo y ahora irrumpe un elemento ineludible de debilidad y en algunos casos de provisionalidad», explica un sacerdote que trabaja desde hace varios pontificados en la Santa Sede. «Independientemente de lo que suceda, lo que está claro es que de alguna forma se ha terminado definitivamente la fase inicial del pontificado. Ya se aparta de la dinámica de los primeros años de Juan Pablo II, cuando pasó mucho tiempo hasta que lo vimos débil», añade. El Papa ante un nuevo escenarioSu idea es que, independientemente de cómo evolucione la enfermedad, «a partir de ahora cualquier documento o nombramiento que haga va a ser analizado con lupa». El ejemplo más cercano es el nombramiento de Luis Antonio Tagle como nuevo cardenal decano. León XIV confirmó este nombramiento el jueves 8 de octubre y el Vaticano lo anunció el viernes 9, dos días antes de que el Papa comunicara su operación. Entonces fue interpretada como una decisión de rutina, pero ahora la percepción cambia completamente por el papel decisivo que Tagle tendría en una eventual sede vacante como coordinador de las reuniones previas al cónclave y las votaciones en la Capilla Sixtina. «Hasta ahora, el Papa se ha movido con calma pero, de alguna forma, hasta que pasen unos años y se le declare completamente curado, tiene una bomba de relojería activada. Por eso, sentirá una mayor prisa en cuestiones de gobierno. Si antes podía tomarse mucho tiempo para reflexionar, ahora probablemente tendrá una percepción diferente», opina. Con ironía, recuerda que «el cardenal Pietro Parolin lleva años desenvolviéndose en este registro de provisionalidad como secretario de Estado. Cuando en 2013 el Papa Francisco lo nombró número dos de la Santa Sede, Parolin estaba enfermo y acababa de operarse de urgencia; desde entonces siempre ha proyectado y sigue proyectando una imagen de fragilidad. De hecho, esa percepción de provisionalidad se ha instalado en la Secretaría de Estado». «Es porque en Italia nada dura tanto como lo provisional», concluye.
La operación de cáncer de pulmón de León XIV ya ha cambiado la forma en que el Vaticano mira al Papa y a su pontificado. Pero quienes trabajan con él no coinciden en el alcance de las consecuencias. Muchos prevén una agenda más ligera o … decisiones más rápidas, y otros temen que se enrede en la sombra de una provisionalidad que hasta ahora no existía. «Antes se proyectaba un pontificado muy largo y ahora ha irrumpido un elemento ineludible de debilidad», resume un colaborador del Pontífice.
En el Vaticano molesta que se hable de horas de incertidumbre. Sin embargo, a corto plazo, no se sabe si el Papa rezará en público el ángelus este domingo, cuándo será dado de alta o si participará en la audiencia general del miércoles que viene.
A medio plazo, en diez o quince días, cuando tengan los resultados del examen histológico de los ganglios linfáticos, los doctores se pronunciarán sobre si debe recibir un tratamiento más agresivo. Y, entre medias, el Papa deberá tomar una decisión sobre su viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre próximos. Según ha explicado este miércoles su portavoz Matteo Bruni, León XIV «mantiene su intención y su deseo de ir».
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Los colaboradores del Pontífice expresan de modos muy diferentes esa incertidumbre sobre la situación actual del Vaticano. El modo más sereno lo encarna un experimentado cardenal de la Curia, de aquellos que han visto suceder tantas cosas en la Ciudad Eterna que nada les hace perder la calma. «La enfermedad del Papa ha sido una noticia imprevista para el Vaticano, que en estos primeros diecisiete meses de Pontificado ha admirado su vigor», reconoce a ABC.
Según un cardenal, el cáncer «no afectará mucho al modo de gobernar del Papa porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno«
El purpurado está convencido de que «la sombra de haber padecido o de padecer un tumor no va a limitar su liderazgo, ni para él ni para la Iglesia». Cree que va a impulsar un mayor «espíritu de colaboración de todos sus colaboradores, especialmente los más cercanos».
En su opinión, el cáncer «no afectará mucho a su modo de gobernar porque esta enfermedad no afecta a cualidades de gobierno como el entendimiento, el discernimiento, la capacidad de decisión y convocatoria, o su comunión con el episcopado y los demás miembros del Pueblo de Dios». Por otro lado, recuerda que en cualquier caso deberá hacer «más controles de su salud y quizá aligerar la intensidad de su agenda y de sus viajes».
«La prioridad es acompañarle»
Otro alto cargo del Vaticano explica a ABC que vive la incertidumbre de un modo más práctico. Aclara que «ahora estamos a la espera del resultado histológico, para comprender si la intervención ha sido suficiente», comienza. Añade que, en el peor de los casos, «existen nuevas terapias con muy buenos resultados». Por eso, «en esta fase, la prioridad es acompañarle».
En cuanto al estilo de gobierno del Papa, imagina que «quizás tenga que frenar el ritmo, al menos al principio», pero ya «el hecho de que nos haya acostumbrado a que se tome un día de descanso a la semana le va a ayudar a gestionar sus propios tiempos». Él lo describe como una personalidad «joven y perfectamente lúcida» y cree que no delegará su tarea de gobierno. «En general, tomará él mismo las decisiones, mientras que la Secretaría de Estado se encargará de ir presentándole los asuntos. Los dicasterios van a seguir adelante con su trabajo normal y para los viajes, quizá ahora los médicos tengan la última palabra», resume.
Para él, un cambio importante es la transparencia con la que el Papa está informando sobre su enfermedad. «Me gusta este estilo que se está manteniendo, que evita silencios y ruedas de prensa sobre enfermedades papales haciendo malabarismos», añade.
Hay un tercer sector que teme que la enfermedad dé lugar en la práctica a una «mentalidad precónclave». Quienes viven este tipo de incertidumbre apuntan al impacto que va a tener el cáncer del Papa sobre sus propios colaboradores. «Psicológicamente la situación cambia por completo, sobre todo en la forma en que se le mira. Antes se proyectaba un Pontificado muy largo y ahora irrumpe un elemento ineludible de debilidad y en algunos casos de provisionalidad», explica un sacerdote que trabaja desde hace varios pontificados en la Santa Sede. «Independientemente de lo que suceda, lo que está claro es que de alguna forma se ha terminado definitivamente la fase inicial del pontificado. Ya se aparta de la dinámica de los primeros años de Juan Pablo II, cuando pasó mucho tiempo hasta que lo vimos débil», añade.
El Papa ante un nuevo escenario
Su idea es que, independientemente de cómo evolucione la enfermedad, «a partir de ahora cualquier documento o nombramiento que haga va a ser analizado con lupa». El ejemplo más cercano es el nombramiento de Luis Antonio Tagle como nuevo cardenal decano. León XIV confirmó este nombramiento el jueves 8 de octubre y el Vaticano lo anunció el viernes 9, dos días antes de que el Papa comunicara su operación. Entonces fue interpretada como una decisión de rutina, pero ahora la percepción cambia completamente por el papel decisivo que Tagle tendría en una eventual sede vacante como coordinador de las reuniones previas al cónclave y las votaciones en la Capilla Sixtina.
«Hasta ahora, el Papa se ha movido con calma pero, de alguna forma, hasta que pasen unos años y se le declare completamente curado, tiene una bomba de relojería activada. Por eso, sentirá una mayor prisa en cuestiones de gobierno. Si antes podía tomarse mucho tiempo para reflexionar, ahora probablemente tendrá una percepción diferente», opina.
Con ironía, recuerda que «el cardenal Pietro Parolin lleva años desenvolviéndose en este registro de provisionalidad como secretario de Estado. Cuando en 2013 el Papa Francisco lo nombró número dos de la Santa Sede, Parolin estaba enfermo y acababa de operarse de urgencia; desde entonces siempre ha proyectado y sigue proyectando una imagen de fragilidad. De hecho, esa percepción de provisionalidad se ha instalado en la Secretaría de Estado». «Es porque en Italia nada dura tanto como lo provisional», concluye.
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