En la cultura cada vez más instalada del fast-click sorprende el entusiasmo en España por un deporte como la NFL, donde el juego se alarga hasta las tres horas y tiene más interrupciones que una conexión a internet en los años 90. “Es muy yankee, es cultural”, defienden los acérrimos, quienes se juntaron en el Bernabéu por segundo año seguido para ver el duelo entre los Cincinnati Bengals y los Atlanta Falcons. Y para otras cosas, quizás incluso más importantes que el mero juego.
Los Bengals se impusieron a los Falcons con un sobresaliente Barrow (34-17) en el segundo partido disputado en España y con otro éxito de público
En la cultura cada vez más instalada del fast-click sorprende el entusiasmo en España por un deporte como la NFL, donde el juego se alarga hasta las tres horas y tiene más interrupciones que una conexión a internet en los años 90. “Es muy yankee, es cultural”, defienden los acérrimos, quienes se juntaron en el Bernabéu por segundo año seguido para ver el duelo entre los Cincinnati Bengals y los Atlanta Falcons. Y para otras cosas, quizás incluso más importantes que el mero juego.
La grada, más anaranjada que nunca (se calcula que miles de seguidores de los Bengals volaron a España), parecía una audioguía. Hinchas italianos, franceses, ingleses, alemanes y españoles con distinto acento, todos ellos con camisetas de su equipo, gorras y sudaderas con capucha, perdidos entre cervezas, conversaciones banales y bailes, y también ojipláticos por todas las micro historias que caben en 180 minutos: las fuerzas armadas (homenajeadas por su ayuda en el accidente de Urda), los marines, los himnos, las cheerleaders, un miniconcierto, un Sweet Caroline de piel de gallina y hasta Marc Cucurella, aclamado porque posó con la copa del último Mundial que ganó España curiosamente en suelo americano.

Seguramente, entendiendo al espectador de la NFL se entiende a Estados Unidos.
El show vertebra el deporte. La música apenas cesa, así como las órdenes por los videomarcadores: aplaude, salta, haz ruido, incluso vota tu canción. La ganadora no podía ser otra que Mi gran noche de Raphael.
Y todo eso porque el juego lo permite. Ataques cortos hasta que llega el placaje, el touchdown o se produce alguna infracción. Y de nuevo tiempo para reorganizarse y preparar una nueva estrategia. Hasta la prensa se escapó de la tribuna para hacer una cola interminable en la planta siete del Bernabéu y coger el plato de comida: pasta con tomate, ensalada, plátano y flan. Con alguna variedad más. Obviamente, gratis. Lo lógico era ir al descanso, pero curiosamente esa pausa fue otro de los momentos estrella; el espectáculo cubierto por un concierto de Manuel Turizo, cantante y compositor colombiano. Las luces se apagaron, se encendieron los móviles y comenzaron los bailes de esa improvisada discoteca. Isabel Díaz Ayuso, Florentino Pérez y José Luis Martínez-Almeida disfrutaron de lo lindo, paseando junto al césped o en el palco; a la postre es un gran negocio para los tres: la masiva llegada de turistas y su dispendio es un ‘pelotazo’ para la ciudad y para el Real Madrid.
El año pasado, en total, se calcularon 150 millones de impacto. Fórmula 1, tenis, NFL… Madrid es ahora un modelo de ciudad de grandes eventos; y seguramente, en esa conversación en el palco también surgió el infortunio con los conciertos o, más recientemente, el desaguisado con la recalificación de los terrenos de Valdebebas. Todavía por resolver.
Con este envoltorio, también hubo un partido, ambientado al comienzo por un olor a pirotecnia. Los espectadores llegaron a la hora de la comida y se marcharon en plena noche. Para el recuerdo les quedará las acciones de Joe Burrow. El quarterback de los Bengals es algo así como un Mozart en la NFL, y no porque decidiera hace dos años (como explicó en una entrevista en AS) tocar el piano para superar una lesión, sino porque es un placer verlo jugar. Tiene una visión panorámica y una precisión en su mano derecha que le permite hacer pases imposibles desde 47 metros, como el primer touchdown de Chase, o resolver jugadas él solo echándose la responsabilidad a la espalda. Dentro del formato del propio juego, en ocasiones monótono, se percibe la estrategia, la misión de cada jugador para que el compañero avance, lo que requiere un alto grado de concentración y un dominio del cuerpo excelente. Y los expertos coincidieron en que fue una oda al fútbol americano.
Ganaron los Bengals (34-17), triunfó Burrow, y aquellos espectadores apasionados de un deporte contracultural en Europa. Aunque eso quizás era lo de menos. Lo hizo la ciudad, la NFL, el Bernabéu (casi 79.000 aficionados) y el Real Madrid. Un éxito que deberá repetirse en 2027 si no hay nuevas sorpresas.
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