La operación Samurái, incardinada a la resolución de buena parte de la ola de atracos a joyerías en Madrid, debería ser de obligado estudio en las academias policiales. No solo por el esclarecimiento de cinco asaltos a estos comercios y a algún banco, con la detención de diez de sus veinte integrantes (el dispositivo continúa abierto), todos peruanos, que se han apoderado de botines que suman 3 millones de euros; sino porque sus entresijos revelan la labor de captación insólita de parte de los participantes en los robos. El Gringo, como se conoce a su líder , y sus hombres de mayor confianza lograron reclutar a mujeres y otros varones en centros comerciales, parques e incluso en restaurantes ilegales de comida andina montados en pisos a compinches, gente de su nacionalidad y con situaciones económicas muy precarias. Les pagaban 50, 100 o 200 euros por hacer vigilancias previas sobre sus objetivos y por hacer de cebo dentro de las joyerías victimizadas. Además, queda de relieve un repunte de golpes en joyerías tras el efecto llamada propiciado por esta banda, denominada del Vaticano , que bien emulan estas acciones o bien aprovechan su proliferación para intentar que los investigadores pongan el foco en el grupo principal y no estar en el foco de las pesquisas. Todo, añaden fuentes del caso, en un contexto de cotización máxima del oro en el mercado.Hay que remontarse a las pasadas Navidades, finales de diciembre y primeros de enero, para situar el inicio de las pesquisas del Grupo XIII de la Brigada de Policía Judicial de Madrid. Expertos en robos con violencia y atracos, los agentes percibieron un repunte de robos con armas de fuego en bares de la región metropolitana. Luego, vinieron intentonas similares por parte de varones (el papel de las mujeres quedará definido más tarde) en empresas de envío de remesas, que quedaron frustradas porque no conseguían superar las zonas blindadas de estos comercios y se iban con las manos vacías. Como adelantó ABC, el núcleo duro de estos delincuentes habían ‘trabajado’ a clientes de entidades bancarias por el método de la siembra, consistentes en tirar alguna cosa al suelo cuando sus objetivos sacaban dinero de un cajero y así despistarlos, para robarles las extracciones. Así ya habían dejado rastro por Galicia, Andalucía y Cataluña, por ejemplo.Noticia relacionada general No No Los líderes de la banda del falso cura, a prisión e investigados por varios jueces Carlos HidalgoPero dieron el primer salto cualitativo el 27 de marzo, en la sucursal de BBVA en la calle de Campezo, 14, en el distrito de San Blas-Canillejas. Un hombre disfrazado de mujer, otro de repartidor de GLS y un tercero directamente de oscuro y con el rostro tapado entraron en el banco y encañonaron con una pistola a la directora y a un empleado. Exigieron que accionaran la apertura de la caja fuerte, pero el retardo era demasiado lento y no paraba de entrar gente en el establecimiento, por lo que decidieron marcharse con las manos vacías.Dos semanas después, primera joyería. Fue el 13 de abril, en la calle de Raimundo Fernández Villaverde, junto a Cuatro Caminos (Tetuán). Entonces fue cuando empezaron a utilizar a una mujer y un hombre para hacerse pasar por clientes y lograr así franquear la puerta a sus compinches, método que siguieron practicando en el resto de casos. En ese lugar, entraron cuatro delincuentes en total, que practicaron el mataleón (asfixia hasta hacer perder el conocimiento) con la trabajadora. Se llevaron más de medio millón en joyas. Cuatro sujetos entraron y encañonaron a la empleada.El 30 de abril, similar operación en una joyería de la calle de Marcelo Usera, 80. Ataviados como repartidores, simularon que entregaban un paquete, sacaron una pistola y encañonaron a las tres víctimas presentes. A dos de ellas las llevaron a la trastienda y le pusieron el arma en las costillas: «Si gritáis y no hacéis caso, os meto plomo», amenazó el Gringo. Los encerraron en el baño y se marcharon con 600.000 euros.La pista de los coches alquiladosLos malhechores, mientras, iban dejando pistas muy suculentas: desde huellas dactilares al rastro de los alquileres de los coches que usaban en los palos. Los arrendaban en el aeropuerto de Barajas y en la estación de Atocha, siempre con pasaportes falsos y nunca los devolvían a las empresas. Esos documentos sí tenían sus fotos reales y, además, los sospechosos fueron grabados por las cámaras de seguridad de estos negocios, por lo que fue fácil ponerles rostro. Algunos llevaban un año en España y otros vinieron especialmente para los robos. Todos están en situación ilegal en España, tienen entre 29 y 56 años.El 15 de mayo era festivo en Madrid capital, San Isidro, así que optaron por marchar hacia la calle de Extremadura de Torrejón de Ardoz. Con mazas y una pistola, destrozaron parte del local y se apoderaron de millón y medio en joyas de una tienda de compra-venta de oro. Ha sido su robo más cuantioso, caso adelantado por ABC aquel mismo día. Los agentes del Grupo XIII de la Policía Nacional iban tirando de más hilos y obtuvieron las identidades del grueso de la banda, que vivía en Puente de Vallecas en un piso de alquiler, aunque tenían más domicilios. Relativamente cerca del centro comercial Madrid Sur, en Entrevías, donde irrumpieron el 18 de abril, como ya se informó, en la joyería Carretero. «La eligieron porque está junto a la salida del complejo y actuaron seis sujetos. Uno inutilizó la puerta para que no cerrara y, con dos mazas y dos pistolas, amenazaron a las tres personas que había dentro del negocio. Uno de ellos salió tras los cacos y consiguió arrebatarles una bolsa de rafia, donde curiosamente portaban más joyas», explican fuentes del caso. Ya situados todos los miembros del grupo, durante tres semanas, los investigadores los sometieron a vigilancias. Recabaron muchos datos. Por ejemplo, que acudían a centros comerciales donde hay personas en mala situación económica realizando portes de muebles para ofrecerles participar en la planificación de los golpes. Es el caso de un padre y un hijo, que así lo han confesado, que estuvieron apostados en cafeterías observando dos joyerías (que al final no fueron asaltadas), para obtener información sobre horarios, rutinas, medidas de seguridad, trasiego de clientes… Otros captados acudían días antes a los negocios, para conocer por dentro los sistemas de vigilancia. También ficharon a mujeres en domicilios particulares donde hay peruanos que preparan comidas para compatriotas, y hasta a la del último suceso, la que se vistió de monja, fue ‘contratada’ al verla en un parque de Ciudad Lineal. La presencia de mujeres daba más sensación de pasar desapercibidos. Entre todos, ejecutores, planificadores y ‘machacas’, un ejército de veinte personas delinquiendo.Los agentes, en el atraco a la joyería de la calle de Alcalá, 342. Los delincuentes, con el falso cura en primer plano, ya detenidos. ABCEn cuanto a sus objetivos, preferían joyerías de barrio, pequeñas, con grandes avenidas pero también con callejuelas cercanas donde poder perderse… Y así fue cómo supieron que preparaban algo entre Pueblo Nuevo y Quintana. El 9 de junio, los policías los siguieron hasta la calle de Alcalá y vieron que había dos coches nuevos de alquiler, un MH azul y un Skoda negro. Los funcionarios se percataron de que, solo entre los números 340 y 362 de la vía, hay cinco negocios de joyas y oro. En alguno iban a actuar.Y, al día siguiente, lo tenían todo preparado para interceptar al Gringo y su gente: a las 11.30 de la mañana, irrumpieron en Alcalá, 342, donde había solo una empleada, detrás de la pecera de seguridad. Un local diminuto al que llegaron una monja y un sacerdote, que dijeron que se encontraban en Madrid por la visita del Papa León XIV, que se marchó de la capital el día antes, y la falsa religiosa pidió «un colgante para una hermana». Dejaron la puerta abierta a un tercer ladrón, que, armado, encañonó a la dependienta, la golpearon y se llevaron varios muestrarios.El cabecilla es un veterano ladrón peruano, apodado el Gringo, que fue el que se disfrazó de cura en el último golpe, en Ciudad LinealLo que no esperaban era que, fuera, por protocolo de seguridad para no generar un incidente crítico con rehenes, le esperaba el Grupo XIII al completo. El falso cura era el Gringo, que apuntó con el arma, falsa, a dos agentes. Había más atracadores fuera, dando cobertura, y allí fueron apresados cinco. Dos subieron al Skoda negro y huyeron hacia la M-30, pero se estamparon contra un vehículo camuflado de los actuantes en el puente de Ventas. Siete detenidos en un santiamén. Los dos que quedaban, hombre y mujer, fueron engrilletados en Barcelona, pues habían intervenido en el episodio de Cuatro Caminos, alquilando uno de los coches y como gancho en el asalto, respectivamente.En total, 3 millones en joyas, de las que no se han podido recuperar ninguna. No está constatado, pero lo normal, en estas bandas, es que, antes de robarlas, tengan ya a algún perista o receptador al que colocárselas, y luego funden el oro. Los cinco principales del clan están ya en prisión. Dos de los ‘machacas’, desesperados por su situación económica, llegaron a pedir a los agentes que querían ser expulsados a su país, pues no tenían dinero ni para pagarse el avión.Empezaron con la ‘siembra’, robaron un banco de San Blas disfrazados y, en la calle de Alcalá, la falsa monja pidió «un colgante para una hermana»En cuanto a los otros tres atracos cometidos en Madrid (centro comercial La Vaguada, Espacio Torrelodones y una joyería de la calle de Toledo), las fuentes consultadas los desvinculan de la llamada banda del Vaticano. Unos son de otro grupo criminal especializado y otros, delincuentes de poca monta que han acudido al efecto llamada. La operación Samurái, incardinada a la resolución de buena parte de la ola de atracos a joyerías en Madrid, debería ser de obligado estudio en las academias policiales. No solo por el esclarecimiento de cinco asaltos a estos comercios y a algún banco, con la detención de diez de sus veinte integrantes (el dispositivo continúa abierto), todos peruanos, que se han apoderado de botines que suman 3 millones de euros; sino porque sus entresijos revelan la labor de captación insólita de parte de los participantes en los robos. El Gringo, como se conoce a su líder , y sus hombres de mayor confianza lograron reclutar a mujeres y otros varones en centros comerciales, parques e incluso en restaurantes ilegales de comida andina montados en pisos a compinches, gente de su nacionalidad y con situaciones económicas muy precarias. Les pagaban 50, 100 o 200 euros por hacer vigilancias previas sobre sus objetivos y por hacer de cebo dentro de las joyerías victimizadas. Además, queda de relieve un repunte de golpes en joyerías tras el efecto llamada propiciado por esta banda, denominada del Vaticano , que bien emulan estas acciones o bien aprovechan su proliferación para intentar que los investigadores pongan el foco en el grupo principal y no estar en el foco de las pesquisas. Todo, añaden fuentes del caso, en un contexto de cotización máxima del oro en el mercado.Hay que remontarse a las pasadas Navidades, finales de diciembre y primeros de enero, para situar el inicio de las pesquisas del Grupo XIII de la Brigada de Policía Judicial de Madrid. Expertos en robos con violencia y atracos, los agentes percibieron un repunte de robos con armas de fuego en bares de la región metropolitana. Luego, vinieron intentonas similares por parte de varones (el papel de las mujeres quedará definido más tarde) en empresas de envío de remesas, que quedaron frustradas porque no conseguían superar las zonas blindadas de estos comercios y se iban con las manos vacías. Como adelantó ABC, el núcleo duro de estos delincuentes habían ‘trabajado’ a clientes de entidades bancarias por el método de la siembra, consistentes en tirar alguna cosa al suelo cuando sus objetivos sacaban dinero de un cajero y así despistarlos, para robarles las extracciones. Así ya habían dejado rastro por Galicia, Andalucía y Cataluña, por ejemplo.Noticia relacionada general No No Los líderes de la banda del falso cura, a prisión e investigados por varios jueces Carlos HidalgoPero dieron el primer salto cualitativo el 27 de marzo, en la sucursal de BBVA en la calle de Campezo, 14, en el distrito de San Blas-Canillejas. Un hombre disfrazado de mujer, otro de repartidor de GLS y un tercero directamente de oscuro y con el rostro tapado entraron en el banco y encañonaron con una pistola a la directora y a un empleado. Exigieron que accionaran la apertura de la caja fuerte, pero el retardo era demasiado lento y no paraba de entrar gente en el establecimiento, por lo que decidieron marcharse con las manos vacías.Dos semanas después, primera joyería. Fue el 13 de abril, en la calle de Raimundo Fernández Villaverde, junto a Cuatro Caminos (Tetuán). Entonces fue cuando empezaron a utilizar a una mujer y un hombre para hacerse pasar por clientes y lograr así franquear la puerta a sus compinches, método que siguieron practicando en el resto de casos. En ese lugar, entraron cuatro delincuentes en total, que practicaron el mataleón (asfixia hasta hacer perder el conocimiento) con la trabajadora. Se llevaron más de medio millón en joyas. Cuatro sujetos entraron y encañonaron a la empleada.El 30 de abril, similar operación en una joyería de la calle de Marcelo Usera, 80. Ataviados como repartidores, simularon que entregaban un paquete, sacaron una pistola y encañonaron a las tres víctimas presentes. A dos de ellas las llevaron a la trastienda y le pusieron el arma en las costillas: «Si gritáis y no hacéis caso, os meto plomo», amenazó el Gringo. Los encerraron en el baño y se marcharon con 600.000 euros.La pista de los coches alquiladosLos malhechores, mientras, iban dejando pistas muy suculentas: desde huellas dactilares al rastro de los alquileres de los coches que usaban en los palos. Los arrendaban en el aeropuerto de Barajas y en la estación de Atocha, siempre con pasaportes falsos y nunca los devolvían a las empresas. Esos documentos sí tenían sus fotos reales y, además, los sospechosos fueron grabados por las cámaras de seguridad de estos negocios, por lo que fue fácil ponerles rostro. Algunos llevaban un año en España y otros vinieron especialmente para los robos. Todos están en situación ilegal en España, tienen entre 29 y 56 años.El 15 de mayo era festivo en Madrid capital, San Isidro, así que optaron por marchar hacia la calle de Extremadura de Torrejón de Ardoz. Con mazas y una pistola, destrozaron parte del local y se apoderaron de millón y medio en joyas de una tienda de compra-venta de oro. Ha sido su robo más cuantioso, caso adelantado por ABC aquel mismo día. Los agentes del Grupo XIII de la Policía Nacional iban tirando de más hilos y obtuvieron las identidades del grueso de la banda, que vivía en Puente de Vallecas en un piso de alquiler, aunque tenían más domicilios. Relativamente cerca del centro comercial Madrid Sur, en Entrevías, donde irrumpieron el 18 de abril, como ya se informó, en la joyería Carretero. «La eligieron porque está junto a la salida del complejo y actuaron seis sujetos. Uno inutilizó la puerta para que no cerrara y, con dos mazas y dos pistolas, amenazaron a las tres personas que había dentro del negocio. Uno de ellos salió tras los cacos y consiguió arrebatarles una bolsa de rafia, donde curiosamente portaban más joyas», explican fuentes del caso. Ya situados todos los miembros del grupo, durante tres semanas, los investigadores los sometieron a vigilancias. Recabaron muchos datos. Por ejemplo, que acudían a centros comerciales donde hay personas en mala situación económica realizando portes de muebles para ofrecerles participar en la planificación de los golpes. Es el caso de un padre y un hijo, que así lo han confesado, que estuvieron apostados en cafeterías observando dos joyerías (que al final no fueron asaltadas), para obtener información sobre horarios, rutinas, medidas de seguridad, trasiego de clientes… Otros captados acudían días antes a los negocios, para conocer por dentro los sistemas de vigilancia. También ficharon a mujeres en domicilios particulares donde hay peruanos que preparan comidas para compatriotas, y hasta a la del último suceso, la que se vistió de monja, fue ‘contratada’ al verla en un parque de Ciudad Lineal. La presencia de mujeres daba más sensación de pasar desapercibidos. Entre todos, ejecutores, planificadores y ‘machacas’, un ejército de veinte personas delinquiendo.Los agentes, en el atraco a la joyería de la calle de Alcalá, 342. Los delincuentes, con el falso cura en primer plano, ya detenidos. ABCEn cuanto a sus objetivos, preferían joyerías de barrio, pequeñas, con grandes avenidas pero también con callejuelas cercanas donde poder perderse… Y así fue cómo supieron que preparaban algo entre Pueblo Nuevo y Quintana. El 9 de junio, los policías los siguieron hasta la calle de Alcalá y vieron que había dos coches nuevos de alquiler, un MH azul y un Skoda negro. Los funcionarios se percataron de que, solo entre los números 340 y 362 de la vía, hay cinco negocios de joyas y oro. En alguno iban a actuar.Y, al día siguiente, lo tenían todo preparado para interceptar al Gringo y su gente: a las 11.30 de la mañana, irrumpieron en Alcalá, 342, donde había solo una empleada, detrás de la pecera de seguridad. Un local diminuto al que llegaron una monja y un sacerdote, que dijeron que se encontraban en Madrid por la visita del Papa León XIV, que se marchó de la capital el día antes, y la falsa religiosa pidió «un colgante para una hermana». Dejaron la puerta abierta a un tercer ladrón, que, armado, encañonó a la dependienta, la golpearon y se llevaron varios muestrarios.El cabecilla es un veterano ladrón peruano, apodado el Gringo, que fue el que se disfrazó de cura en el último golpe, en Ciudad LinealLo que no esperaban era que, fuera, por protocolo de seguridad para no generar un incidente crítico con rehenes, le esperaba el Grupo XIII al completo. El falso cura era el Gringo, que apuntó con el arma, falsa, a dos agentes. Había más atracadores fuera, dando cobertura, y allí fueron apresados cinco. Dos subieron al Skoda negro y huyeron hacia la M-30, pero se estamparon contra un vehículo camuflado de los actuantes en el puente de Ventas. Siete detenidos en un santiamén. Los dos que quedaban, hombre y mujer, fueron engrilletados en Barcelona, pues habían intervenido en el episodio de Cuatro Caminos, alquilando uno de los coches y como gancho en el asalto, respectivamente.En total, 3 millones en joyas, de las que no se han podido recuperar ninguna. No está constatado, pero lo normal, en estas bandas, es que, antes de robarlas, tengan ya a algún perista o receptador al que colocárselas, y luego funden el oro. Los cinco principales del clan están ya en prisión. Dos de los ‘machacas’, desesperados por su situación económica, llegaron a pedir a los agentes que querían ser expulsados a su país, pues no tenían dinero ni para pagarse el avión.Empezaron con la ‘siembra’, robaron un banco de San Blas disfrazados y, en la calle de Alcalá, la falsa monja pidió «un colgante para una hermana»En cuanto a los otros tres atracos cometidos en Madrid (centro comercial La Vaguada, Espacio Torrelodones y una joyería de la calle de Toledo), las fuentes consultadas los desvinculan de la llamada banda del Vaticano. Unos son de otro grupo criminal especializado y otros, delincuentes de poca monta que han acudido al efecto llamada.
La operación Samurái, incardinada a la resolución de buena parte de la ola de atracos a joyerías en Madrid, debería ser de obligado estudio en las academias policiales. No solo por el esclarecimiento de cinco asaltos a estos comercios y a algún banco, con la … detención de diez de sus veinte integrantes (el dispositivo continúa abierto), todos peruanos, que se han apoderado de botines que suman 3 millones de euros; sino porque sus entresijos revelan la labor de captación insólita de parte de los participantes en los robos. El Gringo, como se conoce a su líder, y sus hombres de mayor confianza lograron reclutar a mujeres y otros varones en centros comerciales, parques e incluso en restaurantes ilegales de comida andina montados en pisos a compinches, gente de su nacionalidad y con situaciones económicas muy precarias. Les pagaban 50, 100 o 200 euros por hacer vigilancias previas sobre sus objetivos y por hacer de cebo dentro de las joyerías victimizadas.
Además, queda de relieve un repunte de golpes en joyerías tras el efecto llamada propiciado por esta banda, denominada del Vaticano, que bien emulan estas acciones o bien aprovechan su proliferación para intentar que los investigadores pongan el foco en el grupo principal y no estar en el foco de las pesquisas. Todo, añaden fuentes del caso, en un contexto de cotización máxima del oro en el mercado.
Hay que remontarse a las pasadas Navidades, finales de diciembre y primeros de enero, para situar el inicio de las pesquisas del Grupo XIII de la Brigada de Policía Judicial de Madrid. Expertos en robos con violencia y atracos, los agentes percibieron un repunte de robos con armas de fuego en bares de la región metropolitana. Luego, vinieron intentonas similares por parte de varones (el papel de las mujeres quedará definido más tarde) en empresas de envío de remesas, que quedaron frustradas porque no conseguían superar las zonas blindadas de estos comercios y se iban con las manos vacías. Como adelantó ABC, el núcleo duro de estos delincuentes habían ‘trabajado’ a clientes de entidades bancarias por el método de la siembra, consistentes en tirar alguna cosa al suelo cuando sus objetivos sacaban dinero de un cajero y así despistarlos, para robarles las extracciones. Así ya habían dejado rastro por Galicia, Andalucía y Cataluña, por ejemplo.
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Pero dieron el primer salto cualitativo el 27 de marzo, en la sucursal de BBVA en la calle de Campezo, 14, en el distrito de San Blas-Canillejas. Un hombre disfrazado de mujer, otro de repartidor de GLS y un tercero directamente de oscuro y con el rostro tapado entraron en el banco y encañonaron con una pistola a la directora y a un empleado. Exigieron que accionaran la apertura de la caja fuerte, pero el retardo era demasiado lento y no paraba de entrar gente en el establecimiento, por lo que decidieron marcharse con las manos vacías.
Dos semanas después, primera joyería. Fue el 13 de abril, en la calle de Raimundo Fernández Villaverde, junto a Cuatro Caminos (Tetuán). Entonces fue cuando empezaron a utilizar a una mujer y un hombre para hacerse pasar por clientes y lograr así franquear la puerta a sus compinches, método que siguieron practicando en el resto de casos. En ese lugar, entraron cuatro delincuentes en total, que practicaron el mataleón (asfixia hasta hacer perder el conocimiento) con la trabajadora. Se llevaron más de medio millón en joyas. Cuatro sujetos entraron y encañonaron a la empleada.
El 30 de abril, similar operación en una joyería de la calle de Marcelo Usera, 80. Ataviados como repartidores, simularon que entregaban un paquete, sacaron una pistola y encañonaron a las tres víctimas presentes. A dos de ellas las llevaron a la trastienda y le pusieron el arma en las costillas: «Si gritáis y no hacéis caso, os meto plomo», amenazó el Gringo. Los encerraron en el baño y se marcharon con 600.000 euros.
La pista de los coches alquilados
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Los malhechores, mientras, iban dejando pistas muy suculentas: desde huellas dactilares al rastro de los alquileres de los coches que usaban en los palos. Los arrendaban en el aeropuerto de Barajas y en la estación de Atocha, siempre con pasaportes falsos y nunca los devolvían a las empresas. Esos documentos sí tenían sus fotos reales y, además, los sospechosos fueron grabados por las cámaras de seguridad de estos negocios, por lo que fue fácil ponerles rostro. Algunos llevaban un año en España y otros vinieron especialmente para los robos. Todos están en situación ilegal en España, tienen entre 29 y 56 años.
El 15 de mayo era festivo en Madrid capital, San Isidro, así que optaron por marchar hacia la calle de Extremadura de Torrejón de Ardoz. Con mazas y una pistola, destrozaron parte del local y se apoderaron de millón y medio en joyas de una tienda de compra-venta de oro. Ha sido su robo más cuantioso, caso adelantado por ABC aquel mismo día.
Los agentes del Grupo XIII de la Policía Nacional iban tirando de más hilos y obtuvieron las identidades del grueso de la banda, que vivía en Puente de Vallecas en un piso de alquiler, aunque tenían más domicilios. Relativamente cerca del centro comercial Madrid Sur, en Entrevías, donde irrumpieron el 18 de abril, como ya se informó, en la joyería Carretero. «La eligieron porque está junto a la salida del complejo y actuaron seis sujetos. Uno inutilizó la puerta para que no cerrara y, con dos mazas y dos pistolas, amenazaron a las tres personas que había dentro del negocio. Uno de ellos salió tras los cacos y consiguió arrebatarles una bolsa de rafia, donde curiosamente portaban más joyas», explican fuentes del caso.
Ya situados todos los miembros del grupo, durante tres semanas, los investigadores los sometieron a vigilancias. Recabaron muchos datos. Por ejemplo, que acudían a centros comerciales donde hay personas en mala situación económica realizando portes de muebles para ofrecerles participar en la planificación de los golpes. Es el caso de un padre y un hijo, que así lo han confesado, que estuvieron apostados en cafeterías observando dos joyerías (que al final no fueron asaltadas), para obtener información sobre horarios, rutinas, medidas de seguridad, trasiego de clientes… Otros captados acudían días antes a los negocios, para conocer por dentro los sistemas de vigilancia. También ficharon a mujeres en domicilios particulares donde hay peruanos que preparan comidas para compatriotas, y hasta a la del último suceso, la que se vistió de monja, fue ‘contratada’ al verla en un parque de Ciudad Lineal. La presencia de mujeres daba más sensación de pasar desapercibidos. Entre todos, ejecutores, planificadores y ‘machacas’, un ejército de veinte personas delinquiendo.


(ABC)
En cuanto a sus objetivos, preferían joyerías de barrio, pequeñas, con grandes avenidas pero también con callejuelas cercanas donde poder perderse… Y así fue cómo supieron que preparaban algo entre Pueblo Nuevo y Quintana. El 9 de junio, los policías los siguieron hasta la calle de Alcalá y vieron que había dos coches nuevos de alquiler, un MH azul y un Skoda negro. Los funcionarios se percataron de que, solo entre los números 340 y 362 de la vía, hay cinco negocios de joyas y oro. En alguno iban a actuar.
Y, al día siguiente, lo tenían todo preparado para interceptar al Gringo y su gente: a las 11.30 de la mañana, irrumpieron en Alcalá, 342, donde había solo una empleada, detrás de la pecera de seguridad. Un local diminuto al que llegaron una monja y un sacerdote, que dijeron que se encontraban en Madrid por la visita del Papa León XIV, que se marchó de la capital el día antes, y la falsa religiosa pidió «un colgante para una hermana». Dejaron la puerta abierta a un tercer ladrón, que, armado, encañonó a la dependienta, la golpearon y se llevaron varios muestrarios.
El cabecilla es un veterano ladrón peruano, apodado el Gringo, que fue el que se disfrazó de cura en el último golpe, en Ciudad Lineal
Lo que no esperaban era que, fuera, por protocolo de seguridad para no generar un incidente crítico con rehenes, le esperaba el Grupo XIII al completo. El falso cura era el Gringo, que apuntó con el arma, falsa, a dos agentes. Había más atracadores fuera, dando cobertura, y allí fueron apresados cinco. Dos subieron al Skoda negro y huyeron hacia la M-30, pero se estamparon contra un vehículo camuflado de los actuantes en el puente de Ventas. Siete detenidos en un santiamén. Los dos que quedaban, hombre y mujer, fueron engrilletados en Barcelona, pues habían intervenido en el episodio de Cuatro Caminos, alquilando uno de los coches y como gancho en el asalto, respectivamente.
En total, 3 millones en joyas, de las que no se han podido recuperar ninguna. No está constatado, pero lo normal, en estas bandas, es que, antes de robarlas, tengan ya a algún perista o receptador al que colocárselas, y luego funden el oro. Los cinco principales del clan están ya en prisión. Dos de los ‘machacas’, desesperados por su situación económica, llegaron a pedir a los agentes que querían ser expulsados a su país, pues no tenían dinero ni para pagarse el avión.
Empezaron con la ‘siembra’, robaron un banco de San Blas disfrazados y, en la calle de Alcalá, la falsa monja pidió «un colgante para una hermana»
En cuanto a los otros tres atracos cometidos en Madrid (centro comercial La Vaguada, Espacio Torrelodones y una joyería de la calle de Toledo), las fuentes consultadas los desvinculan de la llamada banda del Vaticano. Unos son de otro grupo criminal especializado y otros, delincuentes de poca monta que han acudido al efecto llamada.
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