Richard Linklater, referente del cine independiente de los 90, estrenó en 2014 ‘Boyhood’, convertida en obra de culto por la complejidad del proyecto. El cineasta estadounidense rodó a lo largo de 12 años con los mismos actores. La película siguió el crecimiento real de un niño desde la infancia hasta el inicio de la vida adulta, un ejercicio fílmico hasta entonces inédito que dejó a la cinta a las puertas del Oscar. «Si Linklater pudo estar rodando 12 años… ¿Por qué nosotros no podíamos estar seis?», pensó la joven cineasta donostiarra Marina Palacio para emprender el proyecto del que será su primer largometraje, ‘Y así seguirán las cosas’, escrita por la propia realizadora junto a su padre, Kechus Palacio, y producida por Gariza Films, que está detrás de éxitos como ‘20.000 especies de abejas’, ganadora de tres Goyas.La realizadora concluirá en pocos días su rodaje en el entorno de la localidad palentina de Carrión de los Condes , lugar de origen de su madre, donde ha filmado los seis últimos veranos. Los pequeños núcleos de Villovieco, Arconada y Villasabariego han servido de escenario para esta producción poco convencional. Desde 2021 hasta ahora el equipo de la película ha recalado cada agosto en este enclave para filmar un único día en la vida de su protagonista, Germán, el único niño que queda en un pueblo casi deshabitado. «Su día a día, marcado por la soledad, la ausencia de otros niños y el vínculo con el campo, construye un relato íntimo sobre el final de una forma de infancia ligada a la calle, al juego, al aire libre, al contacto físico y a una relación directa con la naturaleza», describen desde el equipo de rodaje. La directora prefiere no revelar muchos más detalles. Sí que recuerda que la idea surgió hace unos cuantos años de la experiencia que había tenido con un primo suyo: «Yo llevaba mucho tiempo siguiéndole con la cámara y pensé que sería una buena idea para mi primer largometraje, pero lo que ocurrió es que luego irrumpió la pandemia y en esa temporada creció y dejó de ser un niño, y a mí lo que me interesaba recoger era esa transformación», explica.La cineasta Marina Palacio, durante el rodaje ABCLa joven cineasta define el proyecto como una obra que se sitúa «entre la ficción y realidad» , concebida para recoger el cambio en el tiempo. Aunque no tiene ningún tinte autobiográfico, sí reconoce haberse inspirado en la infancia de sus tíos y su madre en este entorno, «un imaginario que han ido alimentando con historias y anécdotas que me contaron desde la niñez y que yo también he vivido de alguna manera». A esa dimensión personal del proyecto se suma que el guion fue escrito junto a su padre: «Ha sido un trabajo complementario, aunque considero que él es más guionista que yo. Ninguno de los dos teníamos experiencia. No hemos estudiado ni cine ni guion. Simplemente amamos el cine y hemos aprendido de ver, así que este proyecto parte más desde el amor que de la sabiduría de hacer las cosas».Sobre los intérpretes: «Han sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños»Otra de las peculiaridades de este largometraje es que ninguno de los actores procede del mundo de la interpretación. De hecho, son niños del entorno -quien interpreta a Germán y su hermano, de Villasabariego, y el resto de Carrión-. Esta singularidad no ha supuesto ninguna complicación para la directora donostiarra sino al contrario: «Ha sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños. El guion lo escribimos por y para ellos, que conocimos en un casting inicial, porque realmente necesitábamos a gente que no hubiera tenido una experiencia frente a la cámara para generar esa sensación de realidad absoluta», sostiene a la vez que destaca que «ha sido muy fácil trabajar con ellos porque tienen una espontaneidad, una magia y una ingenuidad que a mí me encanta».La despoblación como contextoAunque la despoblación «es el contexto de los personajes», Marina Palacio aclara que en ningún momento ha querido hacer «un relato antropológico», sino que simplemente se trata de las circunstancias en las que se mueven los protagonistas y que modifica su forma de jugar, esperar, relacionarse, crecer… Cuestionada por su parecido con el película de Richard Linklater -no es la primera vez que se le plantea, reconoce-, la cineasta rechaza esta asociación: «Sinceramente, no ha sido en ningún momento una inspiración, aunque evidentemente la manera de producir esta película te sirve al menos de precedente de que es posible», sostiene.Sobre la experiencia de rodar tanto tiempo confiesa que ha sido «muy intensa en todos los sentidos, Hubo momentos duros, de incertidumbre, y otros de disfrutar mucho». Todavía le queda un gran recorrido por delante. Tiene muchas ganas de llegar a la posproducción: «Va a ser un proceso muy duro porque al final son muchos meses de intenso trabajo, pero va a ser bonito porque al final podremos ver los seis años unidos». Detalla que el trabajo con Gariza Films, la productora encabezada por Lara Izagirre, ha sido «bastante increíble» y pese a la complejidad del proyecto y a que es su primer largometraje «he sentido una confianza plena».El objetivo inicial es que pueda estrenarse en 2027 y comenzar su recorrido en un festival internacional. Reconoce que le haría especial ilusión poder presentar la película en el Festival de Cine de San Sebastián, por ser su tierra y donde su cortometraje ‘Ya no duermo’ estuvo en la sección Zabaltegi-Tabakalera. Richard Linklater, referente del cine independiente de los 90, estrenó en 2014 ‘Boyhood’, convertida en obra de culto por la complejidad del proyecto. El cineasta estadounidense rodó a lo largo de 12 años con los mismos actores. La película siguió el crecimiento real de un niño desde la infancia hasta el inicio de la vida adulta, un ejercicio fílmico hasta entonces inédito que dejó a la cinta a las puertas del Oscar. «Si Linklater pudo estar rodando 12 años… ¿Por qué nosotros no podíamos estar seis?», pensó la joven cineasta donostiarra Marina Palacio para emprender el proyecto del que será su primer largometraje, ‘Y así seguirán las cosas’, escrita por la propia realizadora junto a su padre, Kechus Palacio, y producida por Gariza Films, que está detrás de éxitos como ‘20.000 especies de abejas’, ganadora de tres Goyas.La realizadora concluirá en pocos días su rodaje en el entorno de la localidad palentina de Carrión de los Condes , lugar de origen de su madre, donde ha filmado los seis últimos veranos. Los pequeños núcleos de Villovieco, Arconada y Villasabariego han servido de escenario para esta producción poco convencional. Desde 2021 hasta ahora el equipo de la película ha recalado cada agosto en este enclave para filmar un único día en la vida de su protagonista, Germán, el único niño que queda en un pueblo casi deshabitado. «Su día a día, marcado por la soledad, la ausencia de otros niños y el vínculo con el campo, construye un relato íntimo sobre el final de una forma de infancia ligada a la calle, al juego, al aire libre, al contacto físico y a una relación directa con la naturaleza», describen desde el equipo de rodaje. La directora prefiere no revelar muchos más detalles. Sí que recuerda que la idea surgió hace unos cuantos años de la experiencia que había tenido con un primo suyo: «Yo llevaba mucho tiempo siguiéndole con la cámara y pensé que sería una buena idea para mi primer largometraje, pero lo que ocurrió es que luego irrumpió la pandemia y en esa temporada creció y dejó de ser un niño, y a mí lo que me interesaba recoger era esa transformación», explica.La cineasta Marina Palacio, durante el rodaje ABCLa joven cineasta define el proyecto como una obra que se sitúa «entre la ficción y realidad» , concebida para recoger el cambio en el tiempo. Aunque no tiene ningún tinte autobiográfico, sí reconoce haberse inspirado en la infancia de sus tíos y su madre en este entorno, «un imaginario que han ido alimentando con historias y anécdotas que me contaron desde la niñez y que yo también he vivido de alguna manera». A esa dimensión personal del proyecto se suma que el guion fue escrito junto a su padre: «Ha sido un trabajo complementario, aunque considero que él es más guionista que yo. Ninguno de los dos teníamos experiencia. No hemos estudiado ni cine ni guion. Simplemente amamos el cine y hemos aprendido de ver, así que este proyecto parte más desde el amor que de la sabiduría de hacer las cosas».Sobre los intérpretes: «Han sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños»Otra de las peculiaridades de este largometraje es que ninguno de los actores procede del mundo de la interpretación. De hecho, son niños del entorno -quien interpreta a Germán y su hermano, de Villasabariego, y el resto de Carrión-. Esta singularidad no ha supuesto ninguna complicación para la directora donostiarra sino al contrario: «Ha sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños. El guion lo escribimos por y para ellos, que conocimos en un casting inicial, porque realmente necesitábamos a gente que no hubiera tenido una experiencia frente a la cámara para generar esa sensación de realidad absoluta», sostiene a la vez que destaca que «ha sido muy fácil trabajar con ellos porque tienen una espontaneidad, una magia y una ingenuidad que a mí me encanta».La despoblación como contextoAunque la despoblación «es el contexto de los personajes», Marina Palacio aclara que en ningún momento ha querido hacer «un relato antropológico», sino que simplemente se trata de las circunstancias en las que se mueven los protagonistas y que modifica su forma de jugar, esperar, relacionarse, crecer… Cuestionada por su parecido con el película de Richard Linklater -no es la primera vez que se le plantea, reconoce-, la cineasta rechaza esta asociación: «Sinceramente, no ha sido en ningún momento una inspiración, aunque evidentemente la manera de producir esta película te sirve al menos de precedente de que es posible», sostiene.Sobre la experiencia de rodar tanto tiempo confiesa que ha sido «muy intensa en todos los sentidos, Hubo momentos duros, de incertidumbre, y otros de disfrutar mucho». Todavía le queda un gran recorrido por delante. Tiene muchas ganas de llegar a la posproducción: «Va a ser un proceso muy duro porque al final son muchos meses de intenso trabajo, pero va a ser bonito porque al final podremos ver los seis años unidos». Detalla que el trabajo con Gariza Films, la productora encabezada por Lara Izagirre, ha sido «bastante increíble» y pese a la complejidad del proyecto y a que es su primer largometraje «he sentido una confianza plena».El objetivo inicial es que pueda estrenarse en 2027 y comenzar su recorrido en un festival internacional. Reconoce que le haría especial ilusión poder presentar la película en el Festival de Cine de San Sebastián, por ser su tierra y donde su cortometraje ‘Ya no duermo’ estuvo en la sección Zabaltegi-Tabakalera.
Richard Linklater, referente del cine independiente de los 90, estrenó en 2014 ‘Boyhood’, convertida en obra de culto por la complejidad del proyecto. El cineasta estadounidense rodó a lo largo de 12 años con los mismos actores. La película siguió el crecimiento real … de un niño desde la infancia hasta el inicio de la vida adulta, un ejercicio fílmico hasta entonces inédito que dejó a la cinta a las puertas del Oscar.
«Si Linklater pudo estar rodando 12 años… ¿Por qué nosotros no podíamos estar seis?», pensó la joven cineasta donostiarra Marina Palacio para emprender el proyecto del que será su primer largometraje, ‘Y así seguirán las cosas’, escrita por la propia realizadora junto a su padre, Kechus Palacio, y producida por Gariza Films, que está detrás de éxitos como ‘20.000 especies de abejas’, ganadora de tres Goyas.
La realizadora concluirá en pocos días su rodaje en el entorno de la localidad palentina de Carrión de los Condes, lugar de origen de su madre, donde ha filmado los seis últimos veranos. Los pequeños núcleos de Villovieco, Arconada y Villasabariego han servido de escenario para esta producción poco convencional. Desde 2021 hasta ahora el equipo de la película ha recalado cada agosto en este enclave para filmar un único día en la vida de su protagonista, Germán, el único niño que queda en un pueblo casi deshabitado. «Su día a día, marcado por la soledad, la ausencia de otros niños y el vínculo con el campo, construye un relato íntimo sobre el final de una forma de infancia ligada a la calle, al juego, al aire libre, al contacto físico y a una relación directa con la naturaleza», describen desde el equipo de rodaje.
La directora prefiere no revelar muchos más detalles. Sí que recuerda que la idea surgió hace unos cuantos años de la experiencia que había tenido con un primo suyo: «Yo llevaba mucho tiempo siguiéndole con la cámara y pensé que sería una buena idea para mi primer largometraje, pero lo que ocurrió es que luego irrumpió la pandemia y en esa temporada creció y dejó de ser un niño, y a mí lo que me interesaba recoger era esa transformación», explica.

(ABC)
La joven cineasta define el proyecto como una obra que se sitúa «entre la ficción y realidad», concebida para recoger el cambio en el tiempo. Aunque no tiene ningún tinte autobiográfico, sí reconoce haberse inspirado en la infancia de sus tíos y su madre en este entorno, «un imaginario que han ido alimentando con historias y anécdotas que me contaron desde la niñez y que yo también he vivido de alguna manera».
A esa dimensión personal del proyecto se suma que el guion fue escrito junto a su padre: «Ha sido un trabajo complementario, aunque considero que él es más guionista que yo. Ninguno de los dos teníamos experiencia. No hemos estudiado ni cine ni guion. Simplemente amamos el cine y hemos aprendido de ver, así que este proyecto parte más desde el amor que de la sabiduría de hacer las cosas».
Sobre los intérpretes: «Han sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños»
Otra de las peculiaridades de este largometraje es que ninguno de los actores procede del mundo de la interpretación. De hecho, son niños del entorno -quien interpreta a Germán y su hermano, de Villasabariego, y el resto de Carrión-. Esta singularidad no ha supuesto ninguna complicación para la directora donostiarra sino al contrario: «Ha sido una fuente de inspiración absoluta porque la historia bebe totalmente de la realidad de estos niños. El guion lo escribimos por y para ellos, que conocimos en un casting inicial, porque realmente necesitábamos a gente que no hubiera tenido una experiencia frente a la cámara para generar esa sensación de realidad absoluta», sostiene a la vez que destaca que «ha sido muy fácil trabajar con ellos porque tienen una espontaneidad, una magia y una ingenuidad que a mí me encanta».
La despoblación como contexto
Aunque la despoblación «es el contexto de los personajes», Marina Palacio aclara que en ningún momento ha querido hacer «un relato antropológico», sino que simplemente se trata de las circunstancias en las que se mueven los protagonistas y que modifica su forma de jugar, esperar, relacionarse, crecer…
Cuestionada por su parecido con el película de Richard Linklater -no es la primera vez que se le plantea, reconoce-, la cineasta rechaza esta asociación: «Sinceramente, no ha sido en ningún momento una inspiración, aunque evidentemente la manera de producir esta película te sirve al menos de precedente de que es posible», sostiene.
Sobre la experiencia de rodar tanto tiempo confiesa que ha sido «muy intensa en todos los sentidos, Hubo momentos duros, de incertidumbre, y otros de disfrutar mucho». Todavía le queda un gran recorrido por delante. Tiene muchas ganas de llegar a la posproducción: «Va a ser un proceso muy duro porque al final son muchos meses de intenso trabajo, pero va a ser bonito porque al final podremos ver los seis años unidos».
Detalla que el trabajo con Gariza Films, la productora encabezada por Lara Izagirre, ha sido «bastante increíble» y pese a la complejidad del proyecto y a que es su primer largometraje «he sentido una confianza plena».
El objetivo inicial es que pueda estrenarse en 2027 y comenzar su recorrido en un festival internacional. Reconoce que le haría especial ilusión poder presentar la película en el Festival de Cine de San Sebastián, por ser su tierra y donde su cortometraje ‘Ya no duermo’ estuvo en la sección Zabaltegi-Tabakalera.
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