Justo antes de rebautizarse como Moeve, la petrolera traspasó su división de gas licuado para avanzar en su transformación renovable. Dos años después, Filipe Henriques, CEO de la antigua filial, analiza la segunda vida de la empresa Leer Justo antes de rebautizarse como Moeve, la petrolera traspasó su división de gas licuado para avanzar en su transformación renovable. Dos años después, Filipe Henriques, CEO de la antigua filial, analiza la segunda vida de la empresa Leer
Las personas no se emancipan cuando quieren, sino cuando pueden. A veces, incluso, lo hacen solo después de una indirecta: unos padres que en las navidades definitivas le regalan a la criatura un juego completo de maletas. Con las empresas también sucede. En agosto de 2024, justo antes de rebautizarse como Moeve, la antigua Cepsa acordó la venta de Gasib, su filial de gas licuado, a la chilena Abastible. Butano, propano y autogás eran productos que ya no encajaban en la transformación que había diseñado la segunda mayor petrolera de España, que lo está apostando todo al giro verde y ha dibujado una línea divisoria entre su futuro renovable y su legado fósil.
Dos años después, el consejero delegado de Gasib, Filipe Henriques, recibe a Actualidad Económica para analizar la segunda vida de la empresa. «Fíjate si son resilientes los dinosaurios que siguen vivos», arranca. En el marco de la compra, el nuevo dueño acordó con la actual Moeve seguir comercializando toda la gama de combustibles bajo la marca Cepsa. Hoy, los camiones que reparten sus botellas -bombonas, en la jerga popular- son el último reducto de un sello emblemático de España que, como tantos otros antes, no ha sobrevivido al cambio de paradigma. «Tenemos un contrato de uso de la marca Cepsa hasta diciembre de 2034. Es una marca que se remonta a 1929, que de alguna manera es tradicional del país, que transmite confianza y que sigue viva con nosotros. El nuevo dueño no ha cambiado la gestión, seguimos con las plantas, con los distribuidores… ¿Qué sentido tendría cambiar una marca que la gente conoce y que funciona? En un negocio como el gas, transmitir estabilidad y confianza lo es todo».
Como en cualquier divorcio después de una relación de toda la vida, hay lazos que no terminan de la noche a la mañana. En la sede madrileña de Gasib, poco más que un biombo marca la separación con el espacio que su antigua matriz sigue ocupando en el mismo edificio de oficinas. El acuerdo de venta, de hecho, incluyó un contrato por el que Gasib se comprometió a seguir comprando un determinado volumen de combustible a la energética durante los diez años siguientes. «Ahora nueve», matiza el directivo, que trabajó en Cepsa durante 27 años. «Compartíamos hall de entrada. La vida es así, nos vendieron y nos separamos, pero seguimos teniendo una relación muy cercana», indica.
La transición también ha sido económica. Dentro del cambio de esquema de Moeve, el gas licuado (GLP) se había convertido en un hermano olvidado ante la firme apuesta de la energética por las moléculas verdes. Bajo el paraguas del grupo chileno, la situación ha dado un vuelco de 180 grados. «Ahora estamos en un grupo en que el GLP es el core business. Conoce nuestro producto, nos entiende y, de alguna manera, está dispuesto a invertir en el propio negocio para que crezca», señala el directivo.
El cambio de prioridades se refleja con nitidez en las inversiones. Si en 2024 se mantuvieron por debajo de 15 millones de euros, en 2025 subieron a 22,6 millones. La próxima meta es superar los 50 millones de euros. En total, Gasib planea movilizar más de 100 millones en inversiones en un plazo de tres años.
«Lo que queremos es crecer en los mercados donde estamos, que es el mercado peninsular español. Estamos también en Canarias y este año vamos a entrar en Baleares, en Mallorca, que es donde está el mercado de GLP. El 80% está en Mallorca. Estamos en Portugal peninsular y queremos crecer. Tenemos una planta en Suecia, cerca de la frontera francesa, y nuestro objetivo es crecer en el sur de Francia», anticipa Henriques.
Su accionista opera ya en seis países y quiere llegar a diez en los próximos años. La idea es desplegar toda su potencia de fuego, abriéndose a «oportunidades de crecimiento» en Europa. De hecho, España se presenta como la punta de lanza de esta estrategia. «En avión estamos a tres horas de viaje, es normal que nos utilicen en el buen sentido», celebra el CEO.
¿Habla en abstracto o hay alguna operación a la vista? «Estamos abiertos a oportunidades. En España es más difícil, pero en Portugal… Mira la fusión de Moeve y Galp. Moeve no estaba interesada en el GLP. A ver lo que pasa con el negocio de GLP de Galp, podríamos estar interesados en mirar el tema. Al final, tiene toda la lógica». El ejecutivo recuerda que la adquisición de Gasib fue la primera operación de Abastible en Europa. «Decidieron diversificar mercados, miraron al europeo y qué mejor que la península ibérica por la afinidad cultural», ahonda.
Para el ejecutivo las cifras y el empuje del nuevo accionista se sustenta en la convicción de que el gas licuado es el «gran olvidado» de una transición energética que, a veces, confunde lo óptimo con lo posible. El sector sufre un «estigma» por su origen fósil, a pesar de que el GLP reduce las emisiones de CO2 hasta en un 20% y las de óxidos de nitrógeno en un 96% frente a los combustibles tradicionales.
«Lo que nosotros buscamos es contribuir a una transición energética realista desde ya, en la que todos pongamos nuestro grano de arena, porque la neutralidad energética es lo que permite que las cosas avancen«, reivindica.
El directivo saca pecho con una realidad que suele pasar desapercibida en los foros de movilidad eléctrica: el coche más vendido en España en 2025 ha sido el Dacia Sandero. «De las matrículas de las motorizaciones que se venden, el 90% son a GLP. Entonces el coche más vendido en 2025 en España ha sido un vehículo GLP. Nadie lo sabe».
Mientras la publicidad institucional se vuelca con el vehículo de batería, el consumidor final -especialmente aquel que no tiene plaza de garaje para cargar su coche o busca una etiqueta ECO a un coste más asequible- está optando por el gas. «Blanco y en botella, es la leche. Es la elección del consumidor porque ese carburante cuesta la mitad en la estación de servicio», señala.
Más allá de la carretera, Gasib mantiene su feudo en la España vaciada, donde el «tubo» del gas natural o el cable de la red eléctrica no siempre llegan con la potencia o la velocidad necesaria. Actualmente, la firma sirve a unos 7,5 millones de hogares, una cifra que les equipara en penetración al gas natural. «Estamos donde nos necesitan. La gente que quiere emprender donde vive puede contar con nosotros porque somos un producto más limpio, asequible y con un precio competitivo», explica Henriques, que sitúa al propano como el aliado silencioso de la hostelería rural.
Pero no es posible cerrar los ojos a una realidad que, al menos en Europa, exige al sector energético más ambición medioambiental. La hoja de ruta de Gasib ya contempla el biopropano, una alternativa verde que permite reducir las emisiones en un 92% y que ya suministran a clientes específicos. Según el CEO, esa tecnología ya está aquí y no requiere cambiar las infraestructuras existentes ni los motores, gracias a innovaciones de startups españolas que están logrando motores 100% GLP para transporte pesado. «Nuestra responsabilidad es decir que estamos aquí, que podemos ayudar a descarbonizar hoy mismo y que no somos un futuro incierto, sino una realidad presente«, enfatiza.
Sin embargo, este renovado impulso inversor choca con un muro administrativo: la regulación de precios. Aunque Gasib es líder en el mercado liberalizado -porque sus botellas de color gris plata pesan menos de nueve kilos, lo que técnicamente les permite escapar del mercado regulado y fijar precios libres-, la realidad es que viven a la sombra de la tarifa regulada que marca el Gobierno. «Estamos condicionados por tener un competidor que tiene más del 70% de cuota de mercado a precio regulado. No podemos desviarnos demasiado porque nos quedaríamos sin clientes», admite Henriques. Como habrá intuido el lector, ese rival directo es Repsol.
Para el ejecutivo, ese corsé normativo no solo limita los ingresos de la compañía, sino que genera distorsiones de calado. Por ejemplo, el «decalaje» que produce la fórmula bimensual de revisión de precios regulados, que no siempre reacciona a tiempo a los bandazos del mercado internacional de combustibles fósiles. Solo en el mes de abril, Gasib estima un impacto negativo de cuatro millones de euros por este desajuste. «Este año, si las cotizaciones siguen así, vamos a tener un déficit de tarifa en nuestro caso por encima de los siete millones de euros. Es algo que tenemos que asumir y que solo recuperaremos cuando el precio del combustible baje», lamenta el CEO.
Ello tensiona la logística del sector, sobre todo, cuando se trata de armar un plan de crecimiento internacional. Henriques advierte de que España tiene los precios de butano y propano más baratos de Europa, lo que deja poco margen para remunerar a los distribuidores y, por extensión, para atraer repartidores en un mercado laboral muy competitivo. «Tenemos mucha dificultad para contratar. Un conductor con carné para mercancías peligrosas es muy solicitado para el transporte internacional, en sectores donde no tiene que subir una botella a la espalda hasta un cuarto piso». Para el directivo, la fórmula actual está llegando a un «nivel de ruptura» que pone en riesgo la inmediatez de un servicio del que dependen siete millones de hogares en España.
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