Ya no quedan españoles en Wimbledon. El último representante del país, Alejandro Davidovich, hincó la rodilla en los octavos ante un Félix Auger-Aliassime superlativo. El malagueño, que llegaba en racha, solo cedió ante el número cuatro del mundo, tercer cabeza de serie en el All England Club, tras una batalla de casi cuatro horas y media. El 23 de la ATP, de 27 años, resucitó cuando parecía derrotado, pero en el quinto set ya no tenía tenis ni fuerzas para superar a un rival imperturbable (6-7(4), 7-6(5), 6-3, 6-7(2) y 6-1).
El malagueño, último representante español en el All England Club, cae en cinco sets (6-7(4), 7-6(5), 6-3, 6-7(2) y 6-1) ante el cuarto del mundo y tercer cabeza de serie del torneo
Ya no quedan españoles en Wimbledon. El último representante del país, Alejandro Davidovich, hincó la rodilla en los octavos ante un Félix Auger-Aliassime superlativo. El malagueño, que llegaba en racha, solo cedió ante el número cuatro del mundo, tercer cabeza de serie en el All England Club, tras una batalla de casi cuatro horas y media. El 23 de la ATP, de 27 años, resucitó cuando parecía derrotado, pero en el quinto set ya no tenía tenis ni fuerzas para superar a un rival imperturbable (6-7(4), 7-6(5), 6-3, 6-7(2) y 6-1).
Pese a la derrota, el del Rincón de la Victoria ha recuperado la confianza, sobre todo tras su primer título en Mallorca. La clave es su nuevo entrenador, Pepo Clavet, que ha borrado la tensión en la cara y en el juego del tenista. “No debe pensar tanto en tenis”, decía el técnico. En Wimbledon añadieron otro ritual que esta vez no funcionó: jugar “una petanquita” con bolas de tenis en el entrenamiento previo.
Davidovich vio rota su racha tras cuatro horas y media de batalla ante un rival superlativo
El español mostró esa plenitud tenística hasta ceder ante otro jugador tocado por una varita. Ambos llegaban sin perder un set, pero es que el canadiense aún no había perdido su servicio. El partido de Auger-Aliassime pasaba por imponer su saque y su derecha, mientras que Davidovich buscó el revés de su rival e intercambios más largos. Pero el guion del duelo era otro. Los puntos se negociaban sin ritmo, en apenas unos golpes. La igualdad imperó con pocas bolas de break hasta el desenlace final.
Davidovich tuvo que gestionar dos puntos de rotura en contra, la segunda de set, antes de llegar al primer tie break, que cayó del lado del malagueño con un resto ganador y un revés paralelo. El español no dio opciones con su saque y anduvo cerca de su primer break a favor en el segundo parcial, incluso con tres bolas de set, pero en el segundo desempate, otra vez parejo, cedió ante un Auger-Aliassime más sólido. El canadiense, que iba para pianista, dio con la tecla para mermar la resistencia de un Davidovich tocado.
“A ver si es capaz de seguir así dos horas y media más”, animaba Clavet a su jugador. El de Otawa sí necesitó todo ese tiempo. El canadiense fue superior en la tercera manga, adjudicándose el primer break del partido, en el 32.º juego, y tuvo el triunfo atado en el cuarto set, incluso con dos match balls. El español, que parecía perdido, por momentos el viejo Davidovich, tiró de épica para romper el saque a su inexpugnable rival en la última oportunidad. En el tercer tie break la inercia fue suficiente para superar a Auger-Aliassime, por primera vez errático, y regalarse el quinto set. Ni siquiera le paró un mal gesto en el tobillo.
En la manga definitiva, sin embargo, Davidovich ya tenía poco que ofrecer. Auger-Aliassime, que no se puso nervioso ante la adversidad, siempre sereno, completó el trabajo ante un oponente desfondado que vio cortada su racha de siete triunfos en hierba. El malagueño, al menos, se lleva en la mochila su mejor participación en Wimbledon y, sobre todo, la confianza perdida.
Auger-Aliassime, por segunda vez en los cuartos de Wimbledon, se enfrentará ahora a Djokovic, que ganó con más apuros de los previstos a Safiullin (7-6(6), 6-3, 3-6 y 6-3).
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