Fedea revela que tener hijos aumenta 1,15 puntos la probabilidad de sufrir carencias materiales y sociales severas Leer Fedea revela que tener hijos aumenta 1,15 puntos la probabilidad de sufrir carencias materiales y sociales severas Leer
La pobreza se sigue elevando en España, no solo en cantidad sino que también su rangos etarios. Uno de cada tres niños en el país vive en riesgo de exclusión. Lo que significa que la pobreza infantil alcanza al 33,8% de los menores de 18 años.
Un escenario que coincide con la pérdida de poder adquisitivo de las familias españolas y un alza de precios que tensa sus billeteras. En este marco, el estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) elaborado por los economistas José Ignacio Conde-Ruiz y Maria Alejandra Garay Aguirre, titulado «Hijos, Ciclo Vital y Pobreza en España: 2008-2025», advierte de que la brecha «sugiere que los hogares con menores enfrentan mayores dificultades económicas que el promedio de la población». Además, dan cuenta que en 2025, el 19,5% de la población general se encontraba en riesgo de pobreza monetaria, representando unos 9,48 millones de personas
Entrando en detalle, resulta relevante distinguir el indicador multidimensional de exclusión (33,8%) de la tasa de pobreza monetaria infantil, que se situó en el 28,3%. Mientras que este último dato evalúa la insuficiencia de ingresos en el hogar, el indicador AROPE (33,8%) expone la privación material en la vida diaria.
Los datos de exclusión sitúan a España «claramente por encima de la media de la Unión Europea, situada en el 19,3%». En 2024, el país lideró la lista de la Unión Europea al registrar la mayor tasa de riesgo de exclusión social infantil, con un 29,2% frente a media comunitaria.
Según detalla el estudio, la raíz de esta problemática no descansa en una inactividad laboral de los progenitores. Por el contrario, la baja intensidad de empleo es mayor en los hogares sin hijos (10,7%) que en aquellos que tienen descendencia a su cargo (6,6%). La verdadera causa reside en los costes específicos que conlleva la crianza en el país.
Al comparar hogares similares en renta, empleo y características sociodemográficas, «la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 1,15 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa».
Los investigadores afirman que esto «introduce necesidades específicas de gasto y restricciones adicionales que no quedan plenamente capturadas por la renta equivalente». Además, revelan que los hogares con menores registran una brecha bruta de privación material de 2,59 puntos porcentuales frente a los que no tienen hijos.
Mientras tanto, el 42,6% de este diferencial se explica por variables como el nivel educativo o el empleo, el 57,4% de la brecha que permanece sin explicar, un componente que, según los autores, «resulta compatible con la existencia de costes, necesidades y restricciones específicas de la crianza que no quedan plenamente recogidos».
Esta penalización, sin embargo, muestra una fuerte desigualdad en la que la presencia de menores en hogares jóvenes (con padres menores de 30 años) eleva en 7,26 puntos porcentuales la probabilidad de caer en la privación material severa.
Además, los autores concluyen que «la penalización asociada a la presencia de hijos es entre seis y 10 veces mayor en los hogares jóvenes que en los de edad media o avanzada». Esto se debe a que la llegada de los hijos coincide con el inicio de sus carreras profesionales, marcadas por los salarios bajos y la inestabilidad.
La decisión de miles de parejas de posponer o renunciar a la paternidad ante la imposibilidad de asumir estos costes, desemboca en una aceleración del envejecimiento de la población en el país. El estudio constata que la estructura familiar es determinante, identificando a los hogares monoparentales como el colectivo más expuesto, con una tasa de exclusión del 50,3% y una pobreza monetaria del 41,2%.
Ante esto, los investigadores sugieren reformular las políticas públicas, criticando que el sistema español descanse excesivamente en deducciones fiscales de carácter regresivo que benefician a las rentas medias y altas.
El informe concluye que, para romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad, es urgente implementar prestaciones directas en efectivo e «instrumentos más focalizados en aquellos hogares donde la crianza coincide con una mayor fragilidad estructural, como ocurre en las primeras etapas del ciclo vital o en las familias monoparentales».
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