Francia acabó engullida por un torbellino. Alemania no llegó ni a competir. Brasil ya no es Brasil. Italia ni siquiera viajó. El Mundial no espera a nadie. Sólo a las mejores. Así se ha dibujado la final más esperada y, visto lo visto durante el último mes en las gradas de los estadios repartidos entre Canadá, Estados Unidos y México, el duelo entre las dos grandes favoritas del público. España y Argentina. Aspirante y campeón. De la Fuente y Scaloni. Lamine Yamal y Leo Messi –viva la Masia–. Todo, con el skyline de Manhattan de fondo. Qué final.
‘La roja’ busca su segunda estrella en una final ante Leo Messi y los suyos
Francia acabó engullida por un torbellino. Alemania no llegó ni a competir. Brasil ya no es Brasil. Italia ni siquiera viajó. El Mundial no espera a nadie. Sólo a las mejores. Así se ha dibujado la final más esperada y, visto lo visto durante el último mes en las gradas de los estadios repartidos entre Canadá, Estados Unidos y México, el duelo entre las dos grandes favoritas del público. España y Argentina. Aspirante y campeón. De la Fuente y Scaloni. Lamine Yamal y Leo Messi –viva la Masia–. Todo, con el skyline de Manhattan de fondo. Qué final.
España ha demostrado ser la mejor selección del torneo. Es el equipo que mejor defiende y de los que mejor ataca. Argentina presume de tener al mejor futbolista de todos los tiempos, indiscutible etiqueta para un Messi que a sus 39 años sigue siendo decisivo al más alto de los niveles. España es la familia. Argentina es puro corazón. Dos equipos de autor frente a frente, con muchas similitudes y, a la vez, completamente opuestos. España es un Fórmula 1, una máquina perfectamente diseñada en la que todas las piezas funcionan a la perfección. Argentina es un bólido de rallies, capaz de superar cualquier curva y devolver las ruedas al camino con un volantazo. Que se lo pregunten a Inglaterra. O a Egipto.
Argentina lucha por su cuarto título con un Messi que será el primero en ser titular en tres finales de Mundial
No podía tener mejor final este Mundial, en el que por mucho que lo haya intentado, Trump se ha tenido que conformar con un papel secundario. El escándalo Balogun ya es un vago recuerdo. Los futbolistas, los goles y la pasión le han adelantado por la derecha y por la izquierda. Aleluya.
Aunque no hay duda de que Lamine Yamal y Leo Messi serán los cabezas de cartel en esta final, el partido empieza en el banquillo. Porque si el de Rocafonda y el de Rosario comparten formación en Barcelona y una foto icónica que ni siquiera la inteligencia artificial hubiera imaginado, De la Fuente y Scaloni comparten mucho más que un trabajo. El riojano fue uno de los mentores del argentino mientras estudiaba para sacarse el carnet y, desde entonces, su relación es muy estrecha. Ambos se fundieron en un gran abrazo durante uno de los actos que tuvo lugar el viernes, en la previa oficial de la final. “Me lo guardo para mí”, respondía con una sonrisa pilla Scaloni a la pregunta sobre qué le había dicho al oído a su colega. “No me conoce tan bien, no hablamos de tácticas”, ampliaba, ahora con una carcajada.
España y Argentina comparten el gusto por tener el balón, por dominar al rival a través de la posesión, pero se podría decir que De la Fuente tiene más prisa en que pasen cosas y Scaloni está más cómodo viéndolas venir. Dos caminos que se unen en algunos puntos pero que se distancian muchísimo en otros. El riojano ha estado más bajo el foco. Su trabajo al frente de la roja durante estos casi dos últimos meses ha sido impecable. Todas sus decisiones han sido acertadas. Sus predicciones se han cumplido. Su plan ha funcionado paso por paso. Y se ha llevado muchos méritos de camino a la final. Scaloni, cuya hoja de servicios parece casi igualmente impecable, con un talante tranquilo y constructivo, pésimo enemigo porque parece imposible no querer abrazarle con ese tono amable y cercano que siempre muestra, ha quedado un tanto en la sombra ante las hazañas de Leo Messi. Es normal, pero eso no le resta peligrosidad. Si De la Fuente conoce bien a Scaloni, el camino hacia el otro lado también está despejado. La batalla táctica promete ser preciosa.
Dieciséis años después de la final de Sudáfrica, del eterno gol de Iniesta, de aquella inolvidable dedicatoria a Dani Jarque, la selección española se ha ganado el derecho a soñar con bordar la segunda estrella en su pecho. Está en la cresta de la ola, en un ciclo absolutamente impresionante. Su triunfo en la pasada Eurocopa fue brillante, apabullante, y ha demostrado en el Mundial seguir siendo la mejor selección del Viejo Continente. Pero ahora, tres meses después de aquella fallida Finalissima, le toca demostrarlo en el mayor escaparate del mundo ante la vigente campeona. Un reto que parece diseñado para este equipo, al que le gusta mucho más el verde que los focos, al que no es fácil reprocharle nada. Gana casi siempre y, cuando no lo hace, cae con la cabeza alta. Un equipo que lleva 38 partidos oficiales sin conocer la derrota. Inaudito.
La selección española persigue confirmarse como digna heredera de los héroes del 2010 con una victoria
Tras un torneo en el que ha ido mejorando pero sin haber llegado a su esplendor, Lamine Yamal, convertido ya en un fenómeno popular de proporciones bíblicas, disputa el partido que puede marcar definitivamente su carrera. No hay mayor foco que el que alumbra una final del Mundial. El de Rocafonda ha estado renqueante los últimos días tras la patada de Digne en semifinales que supuso el penalti. Incluso no entrenó un día, pero según desvelan desde el vestuario está en perfecto estado de revista para afrontar el reto. Enfrente tendrá a Leo Messi, que se convertirá en el primer futbolista en ser titular en tres finales de Mundial (2014, 2022, 2026). Con los ecos del triunfo argentino en Qatar hace cuatro años aún tronando, la Pulga no baja el pistón. Es insaciable. Ya nadie se atreve a decir que puede ser su último partido en un Mundial como sucedía en Qatar. Quién osaría ahora.
Y así, con ingredientes de la más alta cocina, se llega al plato principal. A la final del Mundial 2026. Al duelo entre la mejor selección del torneo y el mejor futbolista del universo. La final de las finales.
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