Hubo un tiempo, hasta los años setenta y la aparición de los paquetes turísticos a España, en que Clacton-on-Sea era una ciudad vacacional de moda, a una hora de Londres, donde los veraneantes llegaban en tren para pasar el día, amarraban los cruceros y familias enteras alquilaban bungalós durante las vacaciones de verano. Hoteles hoy decrépitos empleaban a un millar de personas, y los niños esperaban en la estación la llegada de los convoyes para llevar las maletas de los turistas y ganarse una propina.
Clacton-on-Sea, representada en el Parlamento por el líder de extrema derecha, es una de las localidades más empobrecidas del país
Hubo un tiempo, hasta los años setenta y la aparición de los paquetes turísticos a España, en que Clacton-on-Sea era una ciudad vacacional de moda, a una hora de Londres, donde los veraneantes llegaban en tren para pasar el día, amarraban los cruceros y familias enteras alquilaban bungalós durante las vacaciones de verano. Hoteles hoy decrépitos empleaban a un millar de personas, y los niños esperaban en la estación la llegada de los convoyes para llevar las maletas de los turistas y ganarse una propina.
Hoy todo eso se lo ha llevado el viento que sopla con fuerza procedente del mar del Norte, y Clacton-on-Sea es uno de los lugares más deprimidos de toda Inglaterra, con personas sin techo y víctimas de la drogadicción mendigando y durmiendo en las calles, coches abandonados, comercios cerrados, papeleras desbordadas y un turismo de clase media baja que deja en buen lugar a los ingleses de Salou o Lloret de Mar, los días que no llueve va a la playa y compra helados, y si no sale el sol se hace tatuajes o mata el rato en las atracciones del muelle (casetas de tiro, tiovivos, mini golf, noria, autos de choque, puestos de fish and chips, toboganes…).
El 96% de los votantes de Clacton es blanco, la mayoría apoyó el Brexit y la dependencia de las ayudas es monumental
Este es el mundo que representa Nigel Farage en la Cámara de los Comunes, y que ayer votó para decidir en una elección especial si mantiene como su representante al líder de la ultraderecha británica (el resultado más probable) o prefiere ponerse en manos de alguno de sus 33 rivales, la mayoría personajes excéntricos como el Conde Cara Cubo de Basura o alguno de los candidatos del Partido Monstruo Loco de Remate, como el Increíble Ladrillo Volador, cuyo propósito fundamental es reírse del sistema y los políticos.
La presencia de este tipo de figuras estrambóticas es habitual en todas las elecciones británicas, en las que no suelen sacar más que un puñado de votos pero aparecen en la televisión en la noche electoral, subidos al mismo estrado donde es proclamado el ganador del escaño de turno, de un partido serio. Es su momento de gloria y una diversión como cualquier otra. Pero a veces se producen sorpresas, como cuando un tipo disfrazado de mono, la mascota del equipo local de fútbol, fue elegido alcalde Hartlepool con la promesa de repartir plátanos gratis entre los niños.
Ninguno ha obtenido tanta notoriedad como el Conde Cara de Cubo, un licenciado en lenguas clásicas por Oxford llamado Jon Harvey, padre de dos hijos y guionista de televisión, cuyo alter ego es un viajero interplanetario del planeta Sigma IX de 5.900 años de edad, que propone ilegalizar las suscripciones online, recolocar el secador de manos de un pub local, equiparar los sueldos de los ministras a los de las enfermeras, prohibir las patatas y galletas que hacen ruido en los cines y pasar diez días en Clacton por cada uno en el extranjero. En el pasado ha perdido contra Boris Johnson y Rishi Sunak, y dos veces ante Sadkiq Khan por la alcaldía de Londres, pero este es su momento estelar (o interestelar), ya que es el principal rival de Farage.
La elección especial se celebra porque el líder populista, contra las cuerdas por haber recibido más de cinco millones de euros como regalo de un magnate de las criptomonedas en posible violación de las normas de financiación de los partidos, renunció a su escaño para convocar un referéndum –él contra el sistema– buscando el refrendo de los votantes. Pero el tiro le salió por la culata cuando el resto de partidos se olió la tostada y decidió no presentarse, dejándolo sólo con el Conde Cara de Cubo y otros lunáticos y personajes de comedia. Aunque gane, sufrirá una investigación.
No corren buenos tiempos para Farage y su partido Reforma, cuya intención de voto ha bajado del 30% al 24% (igual que el Labour de Andy Burnhm), con los conservadores cerca pisándoles los talones en el 20% y un rival aún más de extrema derecha, Restore UK, que en las recientes elecciones a la alcaldía de Manchester se llevó casi uno de cada diez votos. Un 45% de los encuestados lo considera un racista (frente al 30% que no), y un 61% piensa que sería un mal primer ministro (por un 21% que cree que lo haría bien). Parte de su mensaje anti inmigración es que Ceuta “es una batalla clave por el futuro de la civilización”.
Los habitantes de Clacton son 96% blancos, votaron masivamente al Brexit, y uno de cada tres en edad laboral está inactivo. La dependencia de las ayudas es tan grande que la localidad es conocida como “Subsidios a la orilla del mar”. Un fin de semana de agosto algunos hoteles ponen el cartel de “no hay habitaciones”. Pero no porque no las haya, sino porque sus propietarios les dan miedo repugnancia los posibles clientes.
Internacional
