La socióloga estadounidense Kathleen Cagney lleva décadas estudiando cómo el entorno social más inmediato, muy especialmente los barrios, influyen en la esperanza de vida y la salud. Desde el Institute for Social Research (ISR) de la Universidad de Míchigan, que hoy dirige, no solo se sirve de la encuesta como herramienta clave de trabajo, sino que sigue innovando. Precisamente el ISR, donde nacieron las encuestas de consumidores, ha introducido ahora el teléfono móvil para intentar revelar dinámicas sociales que aún no resultan visibles. La institución realiza un trabajo de vanguardia que le ha valido este año, junto al Centro Nacional de Opinión Pública (NORC) de la Universidad de Chicago, el premio Fronteras del Conocimiento BBVA en Ciencias Sociales. Ambos centros han contribuido «de forma decisiva», dice el jurado, al desarrollo de una ciencia social empírica, basada en datos fiables, representativos y sostenidos en el tiempo.—¿Ya está todo inventado para medir la opinión pública?—Nuevas metodologías y nuevos enfoques son posibles. Hay cosas que se están haciendo, como utilizar dispositivos como los iPhones para hacer las preguntas en un momento científico. En lugar de preguntarte de forma retrospectiva «¿eres feliz?», «¿has sido feliz en la última semana?», con esta evaluación en el momento te digo «¿eres feliz ahora?». Es un marco muy distinto para la evaluación. Además, también puedo geocodificar tus respuestas. Así que cuando me dices que estás feliz o deprimido, puedo ver dónde estás, si estás solo, si estás con otras personas, si estás en el exterior, en el interior, si estás en casa, en el trabajo y me da un contexto para ver cuál es tu estado emocional. —¿Y eso hace las encuestas más precisas o revela nuevas dimensiones que hasta ahora no se podían medir?—Yo diría que ambas. Por un lado hay una precisión, que viene a la hora de contextualizar las respuestas. Pero también creo que nos da una mayor visión. ¿Cuáles son estas nuevas ideas conceptualmente? Le voy a dar otro ejemplo. Cuando nos planteamos la segregación residencial racial en Estados Unidos pensamos en dónde pasan la noche y dónde viven las personas y esto tiene que ver con la interacción entre razas. Pero en realidad dónde duermes es solo una pequeña parte de tu día. Cuando vas al trabajo o cuando estás haciendo actividades organizadas, hay que saber también con quién estás interactuando. Con estas metodologías podemos ver dónde vas a lo largo del día, nos da una nueva visión porque nos proporciona un contexto nuevo. —¿Qué opina de los encuestadores que introducen sus propios sesgos para que las encuestas les digan lo que ellos quieren? —No son encuestadores y eso no es ciencia. Ocurre, por supuesto. Y ahora hay formas más fáciles. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una plataforma (online) que se llama ‘surveymonkey’ y tú puedes desarrollar tu propia encuesta. Me preocupan este tipo de iniciativas. También me preocupa que la gente esté cansada con las encuestas: te vas de la farmacia y ya te está mandando un mensaje sobre ‘cómo ha sido nuestro servicio hoy’. En el aeropuerto tenía que presionar un botón que dijese si me ha gustado la experiencia o no… Me preocupa que acabes tan fatigado de todas estas preguntas que ya no se quiera dar respuesta a una encuesta científica. Pero ninguna organización de reputación va a permitir que haya un instrumento que de alguna forma vaya a hacerte llegar a la respuesta antes de plantear la pregunta.Kathleen Cagney, durante la entrevista Fundación BBVA—Usted ha estudiado el entorno social y su impacto en la salud y en el bienestar. ¿Cuáles son las variables que más influyen en la esperanza de vida? —La infancia y las condiciones de la edad temprana tienen mucho que ver con la longevidad. Algunos investigadores han argumentado que el predictor clave de la salud y el bienestar de una persona es la ocupación de su padre. Esto te va a decir mucho de cómo puede ser tu vida después. La gente enfatiza en los hábitos saludables y la dieta adecuada, pero las circunstancias sociales son lo que más prevalece. La primera sería la clase social, la segunda serían las oportunidades, son esas cosas críticas para la longevidad. Y si hablamos de lo que podemos hacer cuando somos más mayores, se ha visto que desarrollar y mantener tus relaciones sociales y tus redes sociales es crítico para el bienestar, sobre todo en cuanto a síntomas depresivos. —¿Tener un parque o espacio verde cerca de casa es sinónimo de un mejor envejecimiento?—Mi respuesta breve sería sí. He estado un tiempo muy significativo estudiando los barrios. El rol de un parque puede ser un lugar donde congregarse, donde desarrollar esas nuevas relaciones, también es una ‘proxy’ para inversiones a nivel comunitario. Si tienes un parque y está bien mantenido, probablemente también los autobuses llegan a tiempo. Probablemente hay suficientes cosas en tu barrio para poder hacer tu vida dentro de tu barrio y cubrir tus necesidades.«Hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras»—En España hay estudios que dicen que en ciudades como Madrid los habitantes de las zonas ricas viven hasta 10 años más de media que en los de bajos ingresos. ¿Es un fenómeno global? ¿En los barrios con rentas altas siempre se va a vivir más?—Hay datos muy parecidos en Estados Unidos. Si va a barrios más pobres, por ejemplo, en la ciudad de Chicago, hay una diferencia de 9 años de vida entre más ingresos o menos ingresos. Tiene que ver con la calidad del aire y la exposición a contaminantes. Creo que esto es algo que no se ha investigado suficientemente, pero hay diferencias significativas que pueden llevar a enfermedades respiratorias. Si tienes un autobús que está delante de tu puerta, con sus humos, este microentorno va a afectar a tu respiración. O en un barrio donde no hay nada no vas andando a ninguna parte, por lo tanto no te mueves para ir a una cafetería, a un supermercado… Incorporar el andar en tu día es algo que te va ayudar. Y estos son solo algunos ejemplos rápidos. —En España se está empezando a hablar mucho de refugios climáticos por el aumento de las temperaturas. Lugares públicos a buena temperatura, con sitio para descansar y beber agua. ¿Cree que es una medida que puede evitar muertes? —Posiblemente. Hace algunos años escribí con otros colegas sobre la ola de calor de Chicago e hicimos un estudio sistemático sobre los vecindarios. Vimos que las personas tendían a morir más en las comunidades que no tenían un distrito activo económicamente. Resumimos que en distritos activos la gente podía ir a distintos sitios durante la ola de calor para esconderse del calor: podían acudir a un centro comercial, podían ir a comprar agua, a comprar un ventilador… pero si no había esta actividad en esa zona, entonces era más difícil. Y la hipótesis es que, sobre todo las personas mayores en estas comunidades donde no tenían esta actividad, no sabían si estaban más seguros fuera o dentro de casa con la ola de calor. También hay una evidencia clínica que dice que las personas lo pasan peor cuando son mayores y que es más difícil reconocer la deshidratación, por lo tanto no eran tan conscientes de estar en peligro. Pero nuestros hallazgos fueron muy interesantes porque cuanta más actividad o más tiendas había en un distrito, había una reducción de los fallecimientos. —¿Veremos una reorganización de las ciudades para que tengan más en cuenta la salud de las personas?—Eso espero. El ISR realiza numerosos estudios sobre este tema. Creemos en la evidencia y los hechos y hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras. La socióloga estadounidense Kathleen Cagney lleva décadas estudiando cómo el entorno social más inmediato, muy especialmente los barrios, influyen en la esperanza de vida y la salud. Desde el Institute for Social Research (ISR) de la Universidad de Míchigan, que hoy dirige, no solo se sirve de la encuesta como herramienta clave de trabajo, sino que sigue innovando. Precisamente el ISR, donde nacieron las encuestas de consumidores, ha introducido ahora el teléfono móvil para intentar revelar dinámicas sociales que aún no resultan visibles. La institución realiza un trabajo de vanguardia que le ha valido este año, junto al Centro Nacional de Opinión Pública (NORC) de la Universidad de Chicago, el premio Fronteras del Conocimiento BBVA en Ciencias Sociales. Ambos centros han contribuido «de forma decisiva», dice el jurado, al desarrollo de una ciencia social empírica, basada en datos fiables, representativos y sostenidos en el tiempo.—¿Ya está todo inventado para medir la opinión pública?—Nuevas metodologías y nuevos enfoques son posibles. Hay cosas que se están haciendo, como utilizar dispositivos como los iPhones para hacer las preguntas en un momento científico. En lugar de preguntarte de forma retrospectiva «¿eres feliz?», «¿has sido feliz en la última semana?», con esta evaluación en el momento te digo «¿eres feliz ahora?». Es un marco muy distinto para la evaluación. Además, también puedo geocodificar tus respuestas. Así que cuando me dices que estás feliz o deprimido, puedo ver dónde estás, si estás solo, si estás con otras personas, si estás en el exterior, en el interior, si estás en casa, en el trabajo y me da un contexto para ver cuál es tu estado emocional. —¿Y eso hace las encuestas más precisas o revela nuevas dimensiones que hasta ahora no se podían medir?—Yo diría que ambas. Por un lado hay una precisión, que viene a la hora de contextualizar las respuestas. Pero también creo que nos da una mayor visión. ¿Cuáles son estas nuevas ideas conceptualmente? Le voy a dar otro ejemplo. Cuando nos planteamos la segregación residencial racial en Estados Unidos pensamos en dónde pasan la noche y dónde viven las personas y esto tiene que ver con la interacción entre razas. Pero en realidad dónde duermes es solo una pequeña parte de tu día. Cuando vas al trabajo o cuando estás haciendo actividades organizadas, hay que saber también con quién estás interactuando. Con estas metodologías podemos ver dónde vas a lo largo del día, nos da una nueva visión porque nos proporciona un contexto nuevo. —¿Qué opina de los encuestadores que introducen sus propios sesgos para que las encuestas les digan lo que ellos quieren? —No son encuestadores y eso no es ciencia. Ocurre, por supuesto. Y ahora hay formas más fáciles. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una plataforma (online) que se llama ‘surveymonkey’ y tú puedes desarrollar tu propia encuesta. Me preocupan este tipo de iniciativas. También me preocupa que la gente esté cansada con las encuestas: te vas de la farmacia y ya te está mandando un mensaje sobre ‘cómo ha sido nuestro servicio hoy’. En el aeropuerto tenía que presionar un botón que dijese si me ha gustado la experiencia o no… Me preocupa que acabes tan fatigado de todas estas preguntas que ya no se quiera dar respuesta a una encuesta científica. Pero ninguna organización de reputación va a permitir que haya un instrumento que de alguna forma vaya a hacerte llegar a la respuesta antes de plantear la pregunta.Kathleen Cagney, durante la entrevista Fundación BBVA—Usted ha estudiado el entorno social y su impacto en la salud y en el bienestar. ¿Cuáles son las variables que más influyen en la esperanza de vida? —La infancia y las condiciones de la edad temprana tienen mucho que ver con la longevidad. Algunos investigadores han argumentado que el predictor clave de la salud y el bienestar de una persona es la ocupación de su padre. Esto te va a decir mucho de cómo puede ser tu vida después. La gente enfatiza en los hábitos saludables y la dieta adecuada, pero las circunstancias sociales son lo que más prevalece. La primera sería la clase social, la segunda serían las oportunidades, son esas cosas críticas para la longevidad. Y si hablamos de lo que podemos hacer cuando somos más mayores, se ha visto que desarrollar y mantener tus relaciones sociales y tus redes sociales es crítico para el bienestar, sobre todo en cuanto a síntomas depresivos. —¿Tener un parque o espacio verde cerca de casa es sinónimo de un mejor envejecimiento?—Mi respuesta breve sería sí. He estado un tiempo muy significativo estudiando los barrios. El rol de un parque puede ser un lugar donde congregarse, donde desarrollar esas nuevas relaciones, también es una ‘proxy’ para inversiones a nivel comunitario. Si tienes un parque y está bien mantenido, probablemente también los autobuses llegan a tiempo. Probablemente hay suficientes cosas en tu barrio para poder hacer tu vida dentro de tu barrio y cubrir tus necesidades.«Hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras»—En España hay estudios que dicen que en ciudades como Madrid los habitantes de las zonas ricas viven hasta 10 años más de media que en los de bajos ingresos. ¿Es un fenómeno global? ¿En los barrios con rentas altas siempre se va a vivir más?—Hay datos muy parecidos en Estados Unidos. Si va a barrios más pobres, por ejemplo, en la ciudad de Chicago, hay una diferencia de 9 años de vida entre más ingresos o menos ingresos. Tiene que ver con la calidad del aire y la exposición a contaminantes. Creo que esto es algo que no se ha investigado suficientemente, pero hay diferencias significativas que pueden llevar a enfermedades respiratorias. Si tienes un autobús que está delante de tu puerta, con sus humos, este microentorno va a afectar a tu respiración. O en un barrio donde no hay nada no vas andando a ninguna parte, por lo tanto no te mueves para ir a una cafetería, a un supermercado… Incorporar el andar en tu día es algo que te va ayudar. Y estos son solo algunos ejemplos rápidos. —En España se está empezando a hablar mucho de refugios climáticos por el aumento de las temperaturas. Lugares públicos a buena temperatura, con sitio para descansar y beber agua. ¿Cree que es una medida que puede evitar muertes? —Posiblemente. Hace algunos años escribí con otros colegas sobre la ola de calor de Chicago e hicimos un estudio sistemático sobre los vecindarios. Vimos que las personas tendían a morir más en las comunidades que no tenían un distrito activo económicamente. Resumimos que en distritos activos la gente podía ir a distintos sitios durante la ola de calor para esconderse del calor: podían acudir a un centro comercial, podían ir a comprar agua, a comprar un ventilador… pero si no había esta actividad en esa zona, entonces era más difícil. Y la hipótesis es que, sobre todo las personas mayores en estas comunidades donde no tenían esta actividad, no sabían si estaban más seguros fuera o dentro de casa con la ola de calor. También hay una evidencia clínica que dice que las personas lo pasan peor cuando son mayores y que es más difícil reconocer la deshidratación, por lo tanto no eran tan conscientes de estar en peligro. Pero nuestros hallazgos fueron muy interesantes porque cuanta más actividad o más tiendas había en un distrito, había una reducción de los fallecimientos. —¿Veremos una reorganización de las ciudades para que tengan más en cuenta la salud de las personas?—Eso espero. El ISR realiza numerosos estudios sobre este tema. Creemos en la evidencia y los hechos y hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras.
La socióloga estadounidense Kathleen Cagney lleva décadas estudiando cómo el entorno social más inmediato, muy especialmente los barrios, influyen en la esperanza de vida y la salud. Desde el Institute for Social Research (ISR) de la Universidad de Míchigan, que hoy dirige, no solo … se sirve de la encuesta como herramienta clave de trabajo, sino que sigue innovando. Precisamente el ISR, donde nacieron las encuestas de consumidores, ha introducido ahora el teléfono móvil para intentar revelar dinámicas sociales que aún no resultan visibles. La institución realiza un trabajo de vanguardia que le ha valido este año, junto al Centro Nacional de Opinión Pública (NORC) de la Universidad de Chicago, el premio Fronteras del Conocimiento BBVA en Ciencias Sociales. Ambos centros han contribuido «de forma decisiva», dice el jurado, al desarrollo de una ciencia social empírica, basada en datos fiables, representativos y sostenidos en el tiempo.
—¿Ya está todo inventado para medir la opinión pública?
—Nuevas metodologías y nuevos enfoques son posibles. Hay cosas que se están haciendo, como utilizar dispositivos como los iPhones para hacer las preguntas en un momento científico. En lugar de preguntarte de forma retrospectiva «¿eres feliz?», «¿has sido feliz en la última semana?», con esta evaluación en el momento te digo «¿eres feliz ahora?». Es un marco muy distinto para la evaluación. Además, también puedo geocodificar tus respuestas. Así que cuando me dices que estás feliz o deprimido, puedo ver dónde estás, si estás solo, si estás con otras personas, si estás en el exterior, en el interior, si estás en casa, en el trabajo y me da un contexto para ver cuál es tu estado emocional.
—¿Y eso hace las encuestas más precisas o revela nuevas dimensiones que hasta ahora no se podían medir?
—Yo diría que ambas. Por un lado hay una precisión, que viene a la hora de contextualizar las respuestas. Pero también creo que nos da una mayor visión. ¿Cuáles son estas nuevas ideas conceptualmente? Le voy a dar otro ejemplo. Cuando nos planteamos la segregación residencial racial en Estados Unidos pensamos en dónde pasan la noche y dónde viven las personas y esto tiene que ver con la interacción entre razas. Pero en realidad dónde duermes es solo una pequeña parte de tu día. Cuando vas al trabajo o cuando estás haciendo actividades organizadas, hay que saber también con quién estás interactuando. Con estas metodologías podemos ver dónde vas a lo largo del día, nos da una nueva visión porque nos proporciona un contexto nuevo.
—¿Qué opina de los encuestadores que introducen sus propios sesgos para que las encuestas les digan lo que ellos quieren?
—No son encuestadores y eso no es ciencia. Ocurre, por supuesto. Y ahora hay formas más fáciles. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una plataforma (online) que se llama ‘surveymonkey’ y tú puedes desarrollar tu propia encuesta. Me preocupan este tipo de iniciativas. También me preocupa que la gente esté cansada con las encuestas: te vas de la farmacia y ya te está mandando un mensaje sobre ‘cómo ha sido nuestro servicio hoy’. En el aeropuerto tenía que presionar un botón que dijese si me ha gustado la experiencia o no… Me preocupa que acabes tan fatigado de todas estas preguntas que ya no se quiera dar respuesta a una encuesta científica. Pero ninguna organización de reputación va a permitir que haya un instrumento que de alguna forma vaya a hacerte llegar a la respuesta antes de plantear la pregunta.

(Fundación BBVA)
—Usted ha estudiado el entorno social y su impacto en la salud y en el bienestar. ¿Cuáles son las variables que más influyen en la esperanza de vida?
—La infancia y las condiciones de la edad temprana tienen mucho que ver con la longevidad. Algunos investigadores han argumentado que el predictor clave de la salud y el bienestar de una persona es la ocupación de su padre. Esto te va a decir mucho de cómo puede ser tu vida después. La gente enfatiza en los hábitos saludables y la dieta adecuada, pero las circunstancias sociales son lo que más prevalece. La primera sería la clase social, la segunda serían las oportunidades, son esas cosas críticas para la longevidad. Y si hablamos de lo que podemos hacer cuando somos más mayores, se ha visto que desarrollar y mantener tus relaciones sociales y tus redes sociales es crítico para el bienestar, sobre todo en cuanto a síntomas depresivos.
—¿Tener un parque o espacio verde cerca de casa es sinónimo de un mejor envejecimiento?
—Mi respuesta breve sería sí. He estado un tiempo muy significativo estudiando los barrios. El rol de un parque puede ser un lugar donde congregarse, donde desarrollar esas nuevas relaciones, también es una ‘proxy’ para inversiones a nivel comunitario. Si tienes un parque y está bien mantenido, probablemente también los autobuses llegan a tiempo. Probablemente hay suficientes cosas en tu barrio para poder hacer tu vida dentro de tu barrio y cubrir tus necesidades.
«Hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras»
—En España hay estudios que dicen que en ciudades como Madrid los habitantes de las zonas ricas viven hasta 10 años más de media que en los de bajos ingresos. ¿Es un fenómeno global? ¿En los barrios con rentas altas siempre se va a vivir más?
—Hay datos muy parecidos en Estados Unidos. Si va a barrios más pobres, por ejemplo, en la ciudad de Chicago, hay una diferencia de 9 años de vida entre más ingresos o menos ingresos. Tiene que ver con la calidad del aire y la exposición a contaminantes. Creo que esto es algo que no se ha investigado suficientemente, pero hay diferencias significativas que pueden llevar a enfermedades respiratorias. Si tienes un autobús que está delante de tu puerta, con sus humos, este microentorno va a afectar a tu respiración. O en un barrio donde no hay nada no vas andando a ninguna parte, por lo tanto no te mueves para ir a una cafetería, a un supermercado… Incorporar el andar en tu día es algo que te va ayudar. Y estos son solo algunos ejemplos rápidos.
—En España se está empezando a hablar mucho de refugios climáticos por el aumento de las temperaturas. Lugares públicos a buena temperatura, con sitio para descansar y beber agua. ¿Cree que es una medida que puede evitar muertes?
—Posiblemente. Hace algunos años escribí con otros colegas sobre la ola de calor de Chicago e hicimos un estudio sistemático sobre los vecindarios. Vimos que las personas tendían a morir más en las comunidades que no tenían un distrito activo económicamente. Resumimos que en distritos activos la gente podía ir a distintos sitios durante la ola de calor para esconderse del calor: podían acudir a un centro comercial, podían ir a comprar agua, a comprar un ventilador… pero si no había esta actividad en esa zona, entonces era más difícil. Y la hipótesis es que, sobre todo las personas mayores en estas comunidades donde no tenían esta actividad, no sabían si estaban más seguros fuera o dentro de casa con la ola de calor. También hay una evidencia clínica que dice que las personas lo pasan peor cuando son mayores y que es más difícil reconocer la deshidratación, por lo tanto no eran tan conscientes de estar en peligro. Pero nuestros hallazgos fueron muy interesantes porque cuanta más actividad o más tiendas había en un distrito, había una reducción de los fallecimientos.
—¿Veremos una reorganización de las ciudades para que tengan más en cuenta la salud de las personas?
—Eso espero. El ISR realiza numerosos estudios sobre este tema. Creemos en la evidencia y los hechos y hay muchos indicios, especialmente en la comunidad arquitectónica, de que los lugares donde las personas prosperan son aquellos donde están cerca unas de otras.
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