Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer
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El 28 de febrero de 2025, en su tristemente famosa reunión con Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, Donald Trump dijo al presidente ucraniano que «usted no tiene cartas» en la baraja de la guerra contra Rusia. Desde entonces, Trump ha cortado a cero la ayuda material a Ucrania, y levantado parte de las sanciones a Moscú. Pero, paradójicamente, es Rusia quien parece tener menos cartas cada día. Esta semana, Moscú, ha rebajado su previsión de crecimiento al 0,4% este año lo que, según el FMI y el Banco Mundial, significa una recesión, ya que ambas instituciones creen que los datos oficiales rusos exageran el crecimiento del PIB en al menos seis décimas. Incluso con el precio del petróleo rondando los 100 dólares, Rusia no es capaz de lanzarse al crecimiento, debido, en buena medida, a su descomunal gasto en defensa, que oficialmente alcanza el 6,3% del PIB pero que en realidad podría ser más del doble.
Durante siete décadas, parte de la economía mundial ha girado alrededor de los eurodólares, dólares que son propiedad de extranjeros y están gestionados por entidades financieras no estadounidenses (el nombre eurodólar se debe a que la vía tradicional para gestionar ese dinero ha sido Londres). Pero ahora está llegando el afroyuan. Vale, la comparación es exagerada, pero de alguna forma hay que llamar a la redenominación en yuanes de la deuda en dólares que tienen los países africanos con China. Mozambique estudia convertir en yuanes 1.400 millones de dólares de deuda china, con condiciones muy favorables, y escapar así de una posible suspensión de pagos. Etiopía se plantea hacer lo mismo con 5.380 millones. Zambia acepta que algunas mineras chinas paguen impuestos en yuanes en vez de en dólares o en la la divisa local, el kwacha. Y Kenia ya ha denominado en yuanes una deuda de 5.000 millones de dólares.
Emiratos Árabes Unidos no solo ha dejado la OPEP, propinando así un golpe a la organización y a su vecino Arabia Saudí. También participó, en secreto, en el bombardeo de Irán por Israel y Estados Unidos, ha disparado sus compras de material militar al primero de esos países e incluso ha aceptado en su territorio presencia militar del Estado hebreo. Con EEUU ha estrechado su alianza económica, como revela que esté negociando con el Gobierno de Donald Trump una línea de swap -en la práctica, un crédito- de 20.000 millones de dólares para mantener el tipo de cambio fijo entre su divisa, el dírham de los Emiratos Árabes Unidos (AED) y el dólar. Sin embargo, aunque tocada por la guerra, la economía de Emiratos no está en riesgo de colapso, por lo que algunos creen que la operación solo busca reforzar aún más la alianza entre Washington y Abu Dhabi. A cambio, Emiratos siempre puede comprar más deuda de EEUU y, así, frenar la subida de los tipos de interés de ese país.
OpenAI, la empresa que hace, entre otros, el famoso ChatGPT, ya no es la compañía de inteligencia artificial más valorada. Aunque vale la friolera de 852.000 millones de dólares (728.000 millones de euros), OpenAI se ha visto adelantada esta semana por Anthropic, que ha triplicado su valor en tres meses y ya está en los 950.000 millones de dólares. Fundada y dirigida por Dario Amodei, un tipo tan raro que se fue de OpenAI porque le parecía que los criterios éticos de esa compañía en el manejo de algo tan sensible como la IA eran insuficientes (que alguien de Silicon Valley ponga la ética por delante del negocio es, francamente, anticuadísimo), Anthropic se ha enfrentado al Pentágono porque no quiere que su IA se use para matar (otra excentricidad) y su chatbot, Claude, es uno de los más rigurosos a la hora de tratar con usuarios con tendencias suicidas (ver gráfico). Entre los peores, Grok, de Elon Musk. ¡Quién podría habérselo imaginado!
Imaginar, fuera del contexto de los Monty Python -o de Berlanga– a un líder político decirle a los votantes: «Como sigáis comprando oro y plata vais a llevar a la economía a la quiebra» es, al menos, un síntoma de que se necesita atención médica. Eso solo es concebible en algún país que asociemos a riqueza, lujo y no pagar impuestos. Pero no, el mensaje ha sido emitido esta semana por el primer ministro de India, Narendra Modi. Para desincentivar la compra de oro y plata -importados y muy populares en el país, como en gran parte de Asia- el Gobierno de Modi ha doblado los aranceles de ambos. Otras medidas de austeridad propuestas son más normales, e incluyen no irse de vacaciones lejos, usar el transporte público en lugar del coche y gastar menos en combustible. La razón es la guerra contra Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, que amenaza con dinamitar la economía de India, el segundo mayor importador de petróleo del mundo tras China.
En la guerra del siglo XXI los misiles hipersónicos son importantes. Pero también -a veces más- las armas que parecen salidas del ‘todo a un euro’. Y esas armas tiene un nombre: drones FPV (Vista en Primera Persona por sus siglas en inglés), que cuestan unos 425 euros, más otros 50 de un sistema de Inteligencia Artificial (IA) que les guía, con la ayuda de un soldado que dirige la nave a través de un cable de fibra óptica. Tan básico sistema está causando hasta el 80% de las muertes de soldados rusos en Ucrania, según el semanario The Economist. La amenaza es tal que varios países están desarrollando contra ellos láseres tan o más baratos. Cada disparo del láser israelí Iron Beam solo cuesta entre dos y cuatro euros, y ocho en el caso del británico DragonFire. Por ahora, sin embargo, los láseres no son tan fáciles de utilizar como los drones, que pueden convertirse en un problema muy serio en manos de organizaciones criminales o terroristas.
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