Antes de jugar el triangular amistoso de Udine, la plantilla del Barça encargó diecinueve pizzas, a compartir entre veintitrés jugadores. Debieron de pensar más en el placer de zampárselas que en jugar bien, porque el juego fue decepcionante, disperso y no permitió sacar conclusiones, ya no definitivas sino provisionales, sobre el rendimiento de este renovado Barça. Habrían podido encargar otros platos de la rica cocina friulana, pero la pizza resuelve la ingesta de carbohidratos tras un esfuerzo físico que no fue especialmente titánico.
Antes de jugar el triangular amistoso de Udine, la plantilla del Barça encargó diecinueve pizzas, a compartir entre veintitrés jugadores. Debieron de pensar más en el placer de zampárselas que en jugar bien, porque el juego fue decepcionante, disperso y no permitió sacar conclusiones, ya no definitivas sino provisionales, sobre el rendimiento de este renovado Barça. Habrían podido encargar otros platos de la rica cocina friulana, pero la pizza resuelve la ingesta de carbohidratos tras un esfuerzo físico que no fue especialmente titánico.Seguir leyendo…
Antes de jugar el triangular amistoso de Udine, la plantilla del Barça encargó diecinueve pizzas, a compartir entre veintitrés jugadores. Debieron de pensar más en el placer de zampárselas que en jugar bien, porque el juego fue decepcionante, disperso y no permitió sacar conclusiones, ya no definitivas sino provisionales, sobre el rendimiento de este renovado Barça. Habrían podido encargar otros platos de la rica cocina friulana, pero la pizza resuelve la ingesta de carbohidratos tras un esfuerzo físico que no fue especialmente titánico.
No sacar conclusiones de los amistosos de pretemporada es una sabia recomendación. Una recomendación que, por supuesto, solemos saltarnos incluso cuando repetimos que no debemos sacar conclusiones. La razón es simple: si no podemos sacar conclusiones, aunque sean peregrinas, ¿qué podemos hacer? Por suerte, nos queda el mercado de fichajes, donde reina un darwinismo capitalista que ríete tú del Foro de Davos. Como género periodístico, el mercado de fichajes proporciona material de especulación durante semanas y puede animar tertulias aparentemente moribundas.
En el Barça, el concepto oportunidad de mercado es una garantía relativa
¿Como debemos relacionarnos con este género a medio camino entre el periodismo, la ciencia ficción y el espiritismo? Primero: buscar un notario –en agosto no es fácil– que certifique que nos comprometemos a no pronunciar nunca a) la palabra mercato y b) la expresión, altamente indigesta, “en clave mercato ”. Segundo: no sentirse culpable de la curiosidad que provocan las especulaciones y, al mismo tiempo, saber que si todo lo que se dice no acaba siendo verdad, no pasa nada. Tercero: si el Barça decide fichar a un centrocampista tras haber afirmado –aquí debemos evitar la tentación de decir “por activa y por pasiva”– que solo necesitábamos un lateral derecho, un central y, sobre todo, un delantero centro (eso que ahora denominan “un nueve”), debemos cambiar de opinión si nos llega –aquí hay que evitar el “por tierra, mar y aire”– la consigna de que el fichaje de Rodri es una excepcional “oportunidad de mercado” que, además, cabreará al Madrid.

El concepto “oportunidad de mercado” es importante, aunque, en el caso del Barça, es una garantía relativa. Nuestro historial de fichajes incluye desde oportunidades de mercado carísimas que luego acabaron sumándose a la larga lista de fiascos hasta, al contrario, apuestas de la cantera tan rentables y baratas como, por poner dos ejemplos, Messi (un abrazo a la familia) y Lamine Yamal. De manera que el mercado de fichajes debe entenderse como un espectáculo no racional en el que si intentas ceñirte a lo que nos habían contado sobre la salud económica del club, no entenderás las cifras que ahora están saliendo.
¿Julian Álvarez, Ferran Torres, Cancelo? Son ingredientes que nos animan la espera hasta que llegue el momento de empezar a competir. Sí que, en este territorio de los fichajes, conviene aplaudir la buena gestión de la cesión de Araújo al Liverpool. Es un jugador que, de entrada, tenía que ser el defensa más rápido y con mayor proyección del fútbol moderno y que, pasado un tiempo prudencial, devaluamos hasta el punto de que el pobre perdió toda la confianza –algo excesiva, es cierto– en sí mismo.
Deportes
