«No hay un vecino de Tariego del Cerrato sin una foto de su torre», comenta el alcalde de la localidad palentina, Luis Ángel Marín, sobre un inmueble fortificado cuya historia va más allá de haber formado parte de la denominada Línea Castilla de telegrafía óptica, ya que su estructura se levantó sobre los cimientos de un antiguo castillo del siglo XIII. Hacía tiempo que la construcción no era ni siquiera la sombra de esa fortaleza que adquirió relevancia durante la guerra de las Comunidades. Unos corrimientos de tierra en el cerro donde se asienta hizo que el inmueble «se resquebrajase y se partiese a la mitad». «Tenía un estado muy precario», recuerda el regidor. Su situación de abandono era tal, que en 2022 fue incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, una herramienta de participación social creada con el fin de sensibilizar y actuar sobre los elementos patrimoniales de España en riesgo de desaparición. De este registro salió hace apenas un mes para pasar a ser uno de los 88 bienes de Castilla y León que forman parte del listado Verde, que recoge aquellos inmuebles que superaron su situación de ruina. En este caso, gracias a un proyecto de rehabilitación impulsado por el Ayuntamiento, con ayuda de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral del Cerrato Palentino y de la Junta de Castilla y León. Explica el alcalde que con su recuperación, para la que se han destinado 66.000 euros y que incorpora iluminación ornamental, tenían intención no solo recuperar un vestigio del pasado, sino devolverle de alguna manera su función original: transmitir mensajes a través de la luz, y es que cuando concluya su intervención la torre se iluminará de diferentes colores para celebrar o avisar de determinadas efemérides.A este listado color esperanza se ha sumado también recientemente la iglesia de San Martín de Tours de Villahizán de Treviño, localidad perteneciente al municipio burgalés de Villadiego con apenas un centenar de vecinos censados. En 1988 se hundió parte de la torre del templo y con ella arrastró las bóvedas de la nave, algunos pilares, la bóveda absidal y la parte norte del ábside románico, quedando el resto en precario equilibrio. Ante la amenaza de ruina, diez años más tarde era incluida en la Lista Roja, de la que ha salido gracias al empeño de la Asociación Cultural de Amigos de Villahizán, constituida en 2009 con el fin de conseguir fondos para restaurar este inmueble, cuyo primitivo edificio data del siglo XIII. Carlos Avendaño, al frente de esta agrupación que cuenta con «unos 130 asociados», recuerda que los trabajos iniciales en el templo -desacralizado, aunque pertenece al Arzobispado burgalés- consistieron en «la limpieza de escombros, sacar piedras y poner una puerta nueva, que nos la habían robado». «Nuestro primer objetivo fue no dejarla caer. Nos dolía mucho su estado ruinoso», admite. Desde entonces se ha asegurado la estructura, se han sellado parte de los muros y se ha reconstruido la torre del campanario. Pendiente les queda «el cerramiento del techo y la puesta en utilidad del edificio», pero eso dependerá de la financiación que consigan, para lo cual no descartan recurrir al micromecenazgo.La torre de Tariego y la iglesia de Villahizán son dos de los cuarenta inmuebles que han abandonado la Lista Roja en el siglo XXI. Recientemente salieron también la iglesia de San Pedro del Olmo, en Toro (Zamora), la ermita de San Miguel de Autilla del Pino, en Palencia o la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia Palencia, en la capital salmantina. Una buena parte de los bienes recuperados desde 2000 se concentran en la provincia de León (diez); tres son de Zamora; cuatro, de Salamanca; dos de Valladolid; seis están situados en Palencia; cinco en Burgos y Soria, respectivamente; dos en Segovia y tres en Ávila.«Primeros pasos»Alfonso Muñoz es miembro del comité científico de Hispania Nostra, que analiza los casos que son registrados. Para este arquitecto, casos como el de Villahizán de Treviño demuestran que la labor de la sociedad civil en la recuperación del patrimonio «es cada vez más importante» porque «independientemente de lo que puedan hacer los propietarios o los organismos de la administración competentes, las asociaciones de base que se unen para defender el patrimonio son en la actualidad fundamentales para iniciar el proceso de la recuperación». De hecho, recuerda que a veces esos «primeros pasos» se pueden dar gracias al voluntariado o campañas de micromecenazgo. Esto se debe, considera el experto, a que mientras antes se veía el patrimonio «como algo que preocupaba a técnicos muy especializados», ahora sus vecinos lo siente «como algo suyo», que forman parte de su «identidad». Nada tiene que ver «ni legal ni administrativamente» con lo que ocurría hace 50 años, cuando nació Hispania Nostra, pero tampoco en cuanto a la «conciencia social», como demuestran las más de 800 asociaciones en defensa del patrimonio que hay actualmente.Castilla y León es actualmente el territorio con más bienes en la Lista Roja. Que sea una comunidad «muy extensa y con mucho patrimonio», donde la despoblación es muy acusada en «determinadas zonas» son algunos de los factores que contribuyen a ello, junto a «la falta de recursos económicos de las pequeñas poblaciones». Muñoz aclara que este registro se hace a partir de la participación social, así que el hecho de que haya muchos bienes en él es indicativo también de que existe «conciencia» para denunciar estas situaciones de abandono. Así, de los 269 casos recuperados, la cifra más elevada corresponde a nuestra región.Sobre estas líneas, la Torre de Villapadierna antes de su recuperación, la capilla salmantina de Nuestra Señora de Misericordia, reconvertida en apartamentos turísticos y la Torre de Tariego del Cerrato, tras su intervención ABCEn la provincia de León, el último en entrar en el listado de los inmuebles rehabilitados fue la Torre de Villapadierna. Lo hizo en enero de 2025. Testigo del «proceso largo y farragoso» que pasaron hasta llegar a este registro es Charo Ramos, miembro de la Junta Vecinal de esta localidad de apenas 68 habitantes censados que pertenece a Cubillas de Rueda. El primer paso lo dieron allá por 2003 cuando los vecinos, ayudados por la asociación Promonumenta, limpiaron la vegetación que cubría el edificio: «Era casi un nido de cigüeñas y un vertedero», recuerda. Pero no fue hasta que se hicieron con la titularidad de los restos de esta fortaleza del siglo XIV cuando comenzaron a buscar fondos para sacarla del «estado de ruina» en el que se encontraba, pese a estar declarado como BIC desde 1949. Encontraron financiación gracias al Programa ‘R Recuperar, regenerar, reactivar (2021)’ del Instituto Leonés de Cultura, dependiente de la Diputación Provincial de León, y pudieron recuperar la torre y su cubierta. Entre los trabajos pendientes tienen aún la rehabilitación interior y la incorporación de escaleras. «Las administraciones no pueden asumirlo todo»En la mayoría de los casos son las administraciones -local, provincial o autonómica- las que terminan asumiendo los principales costes de su recuperación, a veces junto a instituciones de la Iglesia y otras enmarcadas en programas donde también participan entidades privadas -el Plan Románico Atlántico es un ejemplo-. Subraya Alfonso Muñoz que la ciudadanía debe ser consciente de que «las administraciones no pueden asumirlo todo» y que «lo importante es que el patrimonio se use». De ahí, que muchas veces lo mejor que le puede pasar a un inmueble de estas características es terminar en manos privadas, como ha ocurrido con la antigua capilla salmantina de Nuestra Señora de la Misericordia, que desde el pasado año luce rehabilitada reconvertida en apartamentos turísticos.Aún así, que esté en manos privadas no siempre es garantía, como se veía hace unas semanas con el Palacio de los Hurtado de Mendoza, en Almazán (Soria). Ante estos casos, el experto recuerda que «la ley da mecanismos suficientes para estas situaciones de abandono extremo» y que tratándose de BIC «está la posibilidad de expropiación». «No hay un vecino de Tariego del Cerrato sin una foto de su torre», comenta el alcalde de la localidad palentina, Luis Ángel Marín, sobre un inmueble fortificado cuya historia va más allá de haber formado parte de la denominada Línea Castilla de telegrafía óptica, ya que su estructura se levantó sobre los cimientos de un antiguo castillo del siglo XIII. Hacía tiempo que la construcción no era ni siquiera la sombra de esa fortaleza que adquirió relevancia durante la guerra de las Comunidades. Unos corrimientos de tierra en el cerro donde se asienta hizo que el inmueble «se resquebrajase y se partiese a la mitad». «Tenía un estado muy precario», recuerda el regidor. Su situación de abandono era tal, que en 2022 fue incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, una herramienta de participación social creada con el fin de sensibilizar y actuar sobre los elementos patrimoniales de España en riesgo de desaparición. De este registro salió hace apenas un mes para pasar a ser uno de los 88 bienes de Castilla y León que forman parte del listado Verde, que recoge aquellos inmuebles que superaron su situación de ruina. En este caso, gracias a un proyecto de rehabilitación impulsado por el Ayuntamiento, con ayuda de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral del Cerrato Palentino y de la Junta de Castilla y León. Explica el alcalde que con su recuperación, para la que se han destinado 66.000 euros y que incorpora iluminación ornamental, tenían intención no solo recuperar un vestigio del pasado, sino devolverle de alguna manera su función original: transmitir mensajes a través de la luz, y es que cuando concluya su intervención la torre se iluminará de diferentes colores para celebrar o avisar de determinadas efemérides.A este listado color esperanza se ha sumado también recientemente la iglesia de San Martín de Tours de Villahizán de Treviño, localidad perteneciente al municipio burgalés de Villadiego con apenas un centenar de vecinos censados. En 1988 se hundió parte de la torre del templo y con ella arrastró las bóvedas de la nave, algunos pilares, la bóveda absidal y la parte norte del ábside románico, quedando el resto en precario equilibrio. Ante la amenaza de ruina, diez años más tarde era incluida en la Lista Roja, de la que ha salido gracias al empeño de la Asociación Cultural de Amigos de Villahizán, constituida en 2009 con el fin de conseguir fondos para restaurar este inmueble, cuyo primitivo edificio data del siglo XIII. Carlos Avendaño, al frente de esta agrupación que cuenta con «unos 130 asociados», recuerda que los trabajos iniciales en el templo -desacralizado, aunque pertenece al Arzobispado burgalés- consistieron en «la limpieza de escombros, sacar piedras y poner una puerta nueva, que nos la habían robado». «Nuestro primer objetivo fue no dejarla caer. Nos dolía mucho su estado ruinoso», admite. Desde entonces se ha asegurado la estructura, se han sellado parte de los muros y se ha reconstruido la torre del campanario. Pendiente les queda «el cerramiento del techo y la puesta en utilidad del edificio», pero eso dependerá de la financiación que consigan, para lo cual no descartan recurrir al micromecenazgo.La torre de Tariego y la iglesia de Villahizán son dos de los cuarenta inmuebles que han abandonado la Lista Roja en el siglo XXI. Recientemente salieron también la iglesia de San Pedro del Olmo, en Toro (Zamora), la ermita de San Miguel de Autilla del Pino, en Palencia o la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia Palencia, en la capital salmantina. Una buena parte de los bienes recuperados desde 2000 se concentran en la provincia de León (diez); tres son de Zamora; cuatro, de Salamanca; dos de Valladolid; seis están situados en Palencia; cinco en Burgos y Soria, respectivamente; dos en Segovia y tres en Ávila.«Primeros pasos»Alfonso Muñoz es miembro del comité científico de Hispania Nostra, que analiza los casos que son registrados. Para este arquitecto, casos como el de Villahizán de Treviño demuestran que la labor de la sociedad civil en la recuperación del patrimonio «es cada vez más importante» porque «independientemente de lo que puedan hacer los propietarios o los organismos de la administración competentes, las asociaciones de base que se unen para defender el patrimonio son en la actualidad fundamentales para iniciar el proceso de la recuperación». De hecho, recuerda que a veces esos «primeros pasos» se pueden dar gracias al voluntariado o campañas de micromecenazgo. Esto se debe, considera el experto, a que mientras antes se veía el patrimonio «como algo que preocupaba a técnicos muy especializados», ahora sus vecinos lo siente «como algo suyo», que forman parte de su «identidad». Nada tiene que ver «ni legal ni administrativamente» con lo que ocurría hace 50 años, cuando nació Hispania Nostra, pero tampoco en cuanto a la «conciencia social», como demuestran las más de 800 asociaciones en defensa del patrimonio que hay actualmente.Castilla y León es actualmente el territorio con más bienes en la Lista Roja. Que sea una comunidad «muy extensa y con mucho patrimonio», donde la despoblación es muy acusada en «determinadas zonas» son algunos de los factores que contribuyen a ello, junto a «la falta de recursos económicos de las pequeñas poblaciones». Muñoz aclara que este registro se hace a partir de la participación social, así que el hecho de que haya muchos bienes en él es indicativo también de que existe «conciencia» para denunciar estas situaciones de abandono. Así, de los 269 casos recuperados, la cifra más elevada corresponde a nuestra región.Sobre estas líneas, la Torre de Villapadierna antes de su recuperación, la capilla salmantina de Nuestra Señora de Misericordia, reconvertida en apartamentos turísticos y la Torre de Tariego del Cerrato, tras su intervención ABCEn la provincia de León, el último en entrar en el listado de los inmuebles rehabilitados fue la Torre de Villapadierna. Lo hizo en enero de 2025. Testigo del «proceso largo y farragoso» que pasaron hasta llegar a este registro es Charo Ramos, miembro de la Junta Vecinal de esta localidad de apenas 68 habitantes censados que pertenece a Cubillas de Rueda. El primer paso lo dieron allá por 2003 cuando los vecinos, ayudados por la asociación Promonumenta, limpiaron la vegetación que cubría el edificio: «Era casi un nido de cigüeñas y un vertedero», recuerda. Pero no fue hasta que se hicieron con la titularidad de los restos de esta fortaleza del siglo XIV cuando comenzaron a buscar fondos para sacarla del «estado de ruina» en el que se encontraba, pese a estar declarado como BIC desde 1949. Encontraron financiación gracias al Programa ‘R Recuperar, regenerar, reactivar (2021)’ del Instituto Leonés de Cultura, dependiente de la Diputación Provincial de León, y pudieron recuperar la torre y su cubierta. Entre los trabajos pendientes tienen aún la rehabilitación interior y la incorporación de escaleras. «Las administraciones no pueden asumirlo todo»En la mayoría de los casos son las administraciones -local, provincial o autonómica- las que terminan asumiendo los principales costes de su recuperación, a veces junto a instituciones de la Iglesia y otras enmarcadas en programas donde también participan entidades privadas -el Plan Románico Atlántico es un ejemplo-. Subraya Alfonso Muñoz que la ciudadanía debe ser consciente de que «las administraciones no pueden asumirlo todo» y que «lo importante es que el patrimonio se use». De ahí, que muchas veces lo mejor que le puede pasar a un inmueble de estas características es terminar en manos privadas, como ha ocurrido con la antigua capilla salmantina de Nuestra Señora de la Misericordia, que desde el pasado año luce rehabilitada reconvertida en apartamentos turísticos.Aún así, que esté en manos privadas no siempre es garantía, como se veía hace unas semanas con el Palacio de los Hurtado de Mendoza, en Almazán (Soria). Ante estos casos, el experto recuerda que «la ley da mecanismos suficientes para estas situaciones de abandono extremo» y que tratándose de BIC «está la posibilidad de expropiación».
«No hay un vecino de Tariego del Cerrato sin una foto de su torre», comenta el alcalde de la localidad palentina, Luis Ángel Marín, sobre un inmueble fortificado cuya historia va más allá de haber formado parte de la denominada Línea Castilla de telegrafía … óptica, ya que su estructura se levantó sobre los cimientos de un antiguo castillo del siglo XIII. Hacía tiempo que la construcción no era ni siquiera la sombra de esa fortaleza que adquirió relevancia durante la guerra de las Comunidades. Unos corrimientos de tierra en el cerro donde se asienta hizo que el inmueble «se resquebrajase y se partiese a la mitad».
«Tenía un estado muy precario», recuerda el regidor. Su situación de abandono era tal, que en 2022 fue incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, una herramienta de participación social creada con el fin de sensibilizar y actuar sobre los elementos patrimoniales de España en riesgo de desaparición. De este registro salió hace apenas un mes para pasar a ser uno de los 88 bienes de Castilla y León que forman parte del listado Verde, que recoge aquellos inmuebles que superaron su situación de ruina. En este caso, gracias a un proyecto de rehabilitación impulsado por el Ayuntamiento, con ayuda de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral del Cerrato Palentino y de la Junta de Castilla y León.
Explica el alcalde que con su recuperación, para la que se han destinado 66.000 euros y que incorpora iluminación ornamental, tenían intención no solo recuperar un vestigio del pasado, sino devolverle de alguna manera su función original: transmitir mensajes a través de la luz, y es que cuando concluya su intervención la torre se iluminará de diferentes colores para celebrar o avisar de determinadas efemérides.
A este listado color esperanza se ha sumado también recientemente la iglesia de San Martín de Tours de Villahizán de Treviño, localidad perteneciente al municipio burgalés de Villadiego con apenas un centenar de vecinos censados. En 1988 se hundió parte de la torre del templo y con ella arrastró las bóvedas de la nave, algunos pilares, la bóveda absidal y la parte norte del ábside románico, quedando el resto en precario equilibrio. Ante la amenaza de ruina, diez años más tarde era incluida en la Lista Roja, de la que ha salido gracias al empeño de la Asociación Cultural de Amigos de Villahizán, constituida en 2009 con el fin de conseguir fondos para restaurar este inmueble, cuyo primitivo edificio data del siglo XIII. Carlos Avendaño, al frente de esta agrupación que cuenta con «unos 130 asociados», recuerda que los trabajos iniciales en el templo -desacralizado, aunque pertenece al Arzobispado burgalés- consistieron en «la limpieza de escombros, sacar piedras y poner una puerta nueva, que nos la habían robado». «Nuestro primer objetivo fue no dejarla caer. Nos dolía mucho su estado ruinoso», admite. Desde entonces se ha asegurado la estructura, se han sellado parte de los muros y se ha reconstruido la torre del campanario. Pendiente les queda «el cerramiento del techo y la puesta en utilidad del edificio», pero eso dependerá de la financiación que consigan, para lo cual no descartan recurrir al micromecenazgo.
La torre de Tariego y la iglesia de Villahizán son dos de los cuarenta inmuebles que han abandonado la Lista Roja en el siglo XXI. Recientemente salieron también la iglesia de San Pedro del Olmo, en Toro (Zamora), la ermita de San Miguel de Autilla del Pino, en Palencia o la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia Palencia, en la capital salmantina. Una buena parte de los bienes recuperados desde 2000 se concentran en la provincia de León (diez); tres son de Zamora; cuatro, de Salamanca; dos de Valladolid; seis están situados en Palencia; cinco en Burgos y Soria, respectivamente; dos en Segovia y tres en Ávila.
«Primeros pasos»
Alfonso Muñoz es miembro del comité científico de Hispania Nostra, que analiza los casos que son registrados. Para este arquitecto, casos como el de Villahizán de Treviño demuestran que la labor de la sociedad civil en la recuperación del patrimonio «es cada vez más importante» porque «independientemente de lo que puedan hacer los propietarios o los organismos de la administración competentes, las asociaciones de base que se unen para defender el patrimonio son en la actualidad fundamentales para iniciar el proceso de la recuperación». De hecho, recuerda que a veces esos «primeros pasos» se pueden dar gracias al voluntariado o campañas de micromecenazgo.
Esto se debe, considera el experto, a que mientras antes se veía el patrimonio «como algo que preocupaba a técnicos muy especializados», ahora sus vecinos lo siente «como algo suyo», que forman parte de su «identidad». Nada tiene que ver «ni legal ni administrativamente» con lo que ocurría hace 50 años, cuando nació Hispania Nostra, pero tampoco en cuanto a la «conciencia social», como demuestran las más de 800 asociaciones en defensa del patrimonio que hay actualmente.
Castilla y León es actualmente el territorio con más bienes en la Lista Roja. Que sea una comunidad «muy extensa y con mucho patrimonio», donde la despoblación es muy acusada en «determinadas zonas» son algunos de los factores que contribuyen a ello, junto a «la falta de recursos económicos de las pequeñas poblaciones». Muñoz aclara que este registro se hace a partir de la participación social, así que el hecho de que haya muchos bienes en él es indicativo también de que existe «conciencia» para denunciar estas situaciones de abandono. Así, de los 269 casos recuperados, la cifra más elevada corresponde a nuestra región.
(ABC)
En la provincia de León, el último en entrar en el listado de los inmuebles rehabilitados fue la Torre de Villapadierna. Lo hizo en enero de 2025. Testigo del «proceso largo y farragoso» que pasaron hasta llegar a este registro es Charo Ramos, miembro de la Junta Vecinal de esta localidad de apenas 68 habitantes censados que pertenece a Cubillas de Rueda. El primer paso lo dieron allá por 2003 cuando los vecinos, ayudados por la asociación Promonumenta, limpiaron la vegetación que cubría el edificio: «Era casi un nido de cigüeñas y un vertedero», recuerda. Pero no fue hasta que se hicieron con la titularidad de los restos de esta fortaleza del siglo XIV cuando comenzaron a buscar fondos para sacarla del «estado de ruina» en el que se encontraba, pese a estar declarado como BIC desde 1949. Encontraron financiación gracias al Programa ‘R Recuperar, regenerar, reactivar (2021)’ del Instituto Leonés de Cultura, dependiente de la Diputación Provincial de León, y pudieron recuperar la torre y su cubierta. Entre los trabajos pendientes tienen aún la rehabilitación interior y la incorporación de escaleras.
«Las administraciones no pueden asumirlo todo»
En la mayoría de los casos son las administraciones -local, provincial o autonómica- las que terminan asumiendo los principales costes de su recuperación, a veces junto a instituciones de la Iglesia y otras enmarcadas en programas donde también participan entidades privadas -el Plan Románico Atlántico es un ejemplo-. Subraya Alfonso Muñoz que la ciudadanía debe ser consciente de que «las administraciones no pueden asumirlo todo» y que «lo importante es que el patrimonio se use». De ahí, que muchas veces lo mejor que le puede pasar a un inmueble de estas características es terminar en manos privadas, como ha ocurrido con la antigua capilla salmantina de Nuestra Señora de la Misericordia, que desde el pasado año luce rehabilitada reconvertida en apartamentos turísticos.
Aún así, que esté en manos privadas no siempre es garantía, como se veía hace unas semanas con el Palacio de los Hurtado de Mendoza, en Almazán (Soria). Ante estos casos, el experto recuerda que «la ley da mecanismos suficientes para estas situaciones de abandono extremo» y que tratándose de BIC «está la posibilidad de expropiación».
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