«Para mí, el folclore es un patrimonio colectivo», afirma el productor y DJ, Santi Sierra, la ‘mitad’, del dúo vallisoletano Delameseta. «Yo lo veo como el punto de partida. Una manera de entender el pasado, pero también de conectar con el público porque en el caso de la música son letras muy universales», sostiene Alberto Domínguez (Valladolid, 1994), conocido como Dulzaro. Son dos de los artistas que forman parte del resurgir que vive el folclore en la música actual, del que Castilla y León no es ajeno. Las causas de que vuelva a sonar con fuerza en la última década son muchas. Quizá, dice el primero, sea la nostalgia por las propias raíces, «un interés por volver a pensar en lo local, en el kilómetro cero, frente a esa tendencia tan globalista y de ir a buscar lo mejor muy lejos» o -añade Héctor Castrillejo, compositor y poeta de El Naan- «porque vivimos en un mundo que va tan rápido y estamos tan desorientados que necesitamos echar la vista atrás para asimilar de dónde venimos y encontrar un asidero». Para el cantautor Guille Jové, «puede que sea la reacción a un mundo que agoniza». Cuales quiera que sean sus desencadenantes, la realidad es que hay una nueva generación de artistas que se está haciendo un hueco en el panorama musical reinterpretando las jotas, fandangos, agarraos y seguidillas castellanas desde lenguajes contemporáneos como la electrónica, el autotune o el pop.Cuando comenzó El Naan, allá por 2009, esto de inspirarse en la tradición, sobre todo a la hora de hacer canciones propias, «era una cosa de marcianos», explica Héctor Castrillejo. Recuerda que él mismo en su juventud era «más de rock y de punk» y que fue viajando por África y América Latina cuando «descubrió» el folclore. «Me empezaron a apasionar las músicas étnicas de allí y, de repente, al volver a mirar a mi tierra, me di cuenta de que lo nuestro era igual de valioso, sorprendente y ancestral». Mayalde y Eliseo Parra, «que ya estaba llevando todas esas músicas a un sonido muy contemporáneo, muy étnico, muy de jazz», eran entonces sus referentes. «Es una tradición viva. Se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no» Héctor Castrillejo (El Naan)Hoy, casi dos décadas después, le parece «muy bien» que haya una nueva generación de músicos que apueste por la reinterpretación del género: «Es una tradición viva» y como tal «se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no, pero lo que no se puede poner es puertas al campo», opina.El compositor y poeta de El Naan sigue residiendo en Tabanera de Cerrato, un pequeño pueblecito de los páramos castellanos. Dice que allí puede vivir «a otro ritmo, conectado con la naturaleza» y «crear de forma comunitaria», un estilo que «está totalmente ligado» a su forma de hacer y de entender la música, «a fuego lento». Así han vuelto a ‘cocinar’ su último trabajo, ‘Versos del páramo negro’, donde tras tener años atrás la oportunidad de colaborar con «mainstream» como Vetusta Morla o Rozalén han vuelto al formato primigenio de trío «para ir a la esencia», con menos instrumentación y la que tienen, muy ligada tanto a las cuerdas (timple, banjo, rabel) de Herrero como a las percusiones de Adal Pumarabín.«El arte perfecto» No duda de que la música es «el arte perfecto» para «trabajar» el apego a un territorio. Recuerda que mientras en otros países como México y Argentina, los grupos de pop y rock llevan «décadas usando ritmos tradicionales e incluyendo sus instrumentos en la creación más contemporánea», en España no hace tanto tiempo que se ha comenzado a aprovechar «esa joya y patrimonio inabarcable»: «Ya era hora. Aquí está todo por hacer».Sobre estas líneas, una de las actuaciones de El Naan; el cantautor vallisoletano Guille Jové y el duo vallisoletano Delameseta ICAL / ABCEn las canciones de Guille Jové (Valladolid, 1990), estos ritmos han ido ganando peso desde su primer disco, en 2015, fruto de su formación y de su interés personal. Ingeniero de Montes formado en el campus palentino de la Yutera, este profesor de Biología y Geología en el instituto de Secundaria llegó a la música por su amor al medio rural: «Empecé a buscar esas historias de gente pequeña, de lugares concretos…», dice. Era esa «realidad» la que le apetecía cantar y contar, como reflejan sus letras. «Hay que recuperar un modo de vida austera vinculado al territorio», recoge en el tema ‘El discurso de la tierra’ de su disco ‘Apuntes para un territorio’ (2025).Ve que en esa renovada mirada al folclore hay muchos grupos de Castilla y León que cada vez tienen más hueco en la escena nacional: «Está claro que hay una nueva ola, pero creo que no se está ligando convenientemente a lo castellano. Se está quedando en algo ibérico, de la meseta, un poco camuflado…», fruto -opina- de que «nuestra identidad no está construida»: «Incluso el pandero cuadrado de Peñaparda, un instrumento que solo se tocaba en un pueblo de Salamanca, ahora mismo es el pandero de Iberia… No debería ser así. Ahí está la gaita, un instrumento del mundo celta, que todo el mundo identifica con Asturias y Galicia».«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras» DulzaroAunque el folclore es «el ingrediente fundamental» y «punto de partida para componer» del dúo vallisoletano formado por la coreógrafa y cantante Lucía López-Enrique y el productor Santi Sierra, su proyecto es muy diferente. Delameseta mezcla charros salmantinos con reguetón y autotune. Él, también DJ, cree que ‘casan’ bien. Al final «el repertorio tradicional de Castilla y León es muy diverso. Hay ritmos ternarios, a cinco, binarios lentos… Con un proceso de estudio y entendiendo cómo se estructuran no es una odisea», apunta. El Nido, en el último sonorama REDES SOCIALES«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras. Otra cosa es que el público lo entienda, pero esa es la lucha de cualquier artista», coincide Dulzaro, otro de los jóvenes que está destacando en esa fusión de las melodías tradicionales con el lenguaje contemporáneo. Admirador de Eliseo Parra, Vanesa Muela y de Celtas Cortos, para este vallisoletano «la producción, los sintetizadores o las cajas electrónicas son sólo el envoltorio». «En la base debe haber talento y las mismas ganas de emocionar que actuando con una guitarra. Siento que por eso temas míos como ‘La tarara’ o cualquier jota que interpreto son entendidas tan bien por el público mayor».Santi Sierra considera que proyectos como el suyo o el de su paisano están acercando el folclore «donde no había llegado». «Siempre ha habido gente cuidándolo, protegiéndolo, difundiéndolo. No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y está llegando a sectores donde no habían calado tanto».«No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y están llegando a sectores donde no habían calado tanto» Santi Sierra DelamesetaAl dúo Delameseta les cuesta ponerse una ‘etiqueta’ a nivel sonoro y estético. Dicen que hacen «folclorismo urbano» y se ven «muy influidos» por intérpretes como Baiuca, nombre artístico de Alejandro Guillán, «pionero» en esto de mezclar flautas tradicionales y pandereteiras gallegas con bases de house, el asturiano Rodrigo Cuevas, los cántabros Casapalma o la banda burgalesa de folk El Nido. Para Nacho Prada, compositor y vocalista del este último grupo, «es bonito» que se esté produciendo este resurgir y que cada vez haya más grupos que «miren al territorio». Como el resto, está de acuerdo en que este arte es «una de las herramientas más potentes para generar identidades vinculadas al territorio».Próximos destinos En general, a todos se les presenta un verano «bastante a tope». Lavanda Fest, la Fiesta del Pandero Cuadrado en Peñaparda o la Feria del Lúpulo y la Cerveza son algunas de las próximas paradas de El Nido hasta que llegue el próximo Sonorama. A Guille Jové le hace mucha ilusión poder participar del ciclo ‘Noches en San Benito’, en la capital vallisoletana, y también tendrá sendos conciertos en la provincia de Zamora y en la sierra de Ávila. A Héctor Castrillejo le pillamos en Font del Pass, en Teruel. Pipa Fest, Tachu Rock y el La Luz del Sur, en Cadiz, serán otros de sus destinos. «Nos gustan mucho esos festivales de tamaño medio. Luego disfruto esos teatros y sitios pequeñitos, de calidad tanto para los músicos como para el artista. En el caso de Santi Sierra y Lucía López seguirán girando para presentar el repertorio de ‘Al baile por amores’, el disco que sacaron el pasado año, mientras Dulzaro se lo tomará con mas calma para centrarse en su nuevo proyecto. «Notamos que hay un mayor interés en programarnos», sostiene Santi Sierra, que ha visto como este año «hemos conseguido romper» las fronteras de Castilla y León y su trabajo está llegando «más lejos».Solo hace falta echar un vistazo al escenario principal de la campa del último Villalar, el pasado 23 de abril, para darse cuenta de que el público está respondiendo con entusiasmo a este regreso a la raíz y que también tienen seguidores entre los baby boomers y la Generación X: «Al final, les hablamos de historias y personajes que han sido referentes para ellos». «Para mí, el folclore es un patrimonio colectivo», afirma el productor y DJ, Santi Sierra, la ‘mitad’, del dúo vallisoletano Delameseta. «Yo lo veo como el punto de partida. Una manera de entender el pasado, pero también de conectar con el público porque en el caso de la música son letras muy universales», sostiene Alberto Domínguez (Valladolid, 1994), conocido como Dulzaro. Son dos de los artistas que forman parte del resurgir que vive el folclore en la música actual, del que Castilla y León no es ajeno. Las causas de que vuelva a sonar con fuerza en la última década son muchas. Quizá, dice el primero, sea la nostalgia por las propias raíces, «un interés por volver a pensar en lo local, en el kilómetro cero, frente a esa tendencia tan globalista y de ir a buscar lo mejor muy lejos» o -añade Héctor Castrillejo, compositor y poeta de El Naan- «porque vivimos en un mundo que va tan rápido y estamos tan desorientados que necesitamos echar la vista atrás para asimilar de dónde venimos y encontrar un asidero». Para el cantautor Guille Jové, «puede que sea la reacción a un mundo que agoniza». Cuales quiera que sean sus desencadenantes, la realidad es que hay una nueva generación de artistas que se está haciendo un hueco en el panorama musical reinterpretando las jotas, fandangos, agarraos y seguidillas castellanas desde lenguajes contemporáneos como la electrónica, el autotune o el pop.Cuando comenzó El Naan, allá por 2009, esto de inspirarse en la tradición, sobre todo a la hora de hacer canciones propias, «era una cosa de marcianos», explica Héctor Castrillejo. Recuerda que él mismo en su juventud era «más de rock y de punk» y que fue viajando por África y América Latina cuando «descubrió» el folclore. «Me empezaron a apasionar las músicas étnicas de allí y, de repente, al volver a mirar a mi tierra, me di cuenta de que lo nuestro era igual de valioso, sorprendente y ancestral». Mayalde y Eliseo Parra, «que ya estaba llevando todas esas músicas a un sonido muy contemporáneo, muy étnico, muy de jazz», eran entonces sus referentes. «Es una tradición viva. Se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no» Héctor Castrillejo (El Naan)Hoy, casi dos décadas después, le parece «muy bien» que haya una nueva generación de músicos que apueste por la reinterpretación del género: «Es una tradición viva» y como tal «se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no, pero lo que no se puede poner es puertas al campo», opina.El compositor y poeta de El Naan sigue residiendo en Tabanera de Cerrato, un pequeño pueblecito de los páramos castellanos. Dice que allí puede vivir «a otro ritmo, conectado con la naturaleza» y «crear de forma comunitaria», un estilo que «está totalmente ligado» a su forma de hacer y de entender la música, «a fuego lento». Así han vuelto a ‘cocinar’ su último trabajo, ‘Versos del páramo negro’, donde tras tener años atrás la oportunidad de colaborar con «mainstream» como Vetusta Morla o Rozalén han vuelto al formato primigenio de trío «para ir a la esencia», con menos instrumentación y la que tienen, muy ligada tanto a las cuerdas (timple, banjo, rabel) de Herrero como a las percusiones de Adal Pumarabín.«El arte perfecto» No duda de que la música es «el arte perfecto» para «trabajar» el apego a un territorio. Recuerda que mientras en otros países como México y Argentina, los grupos de pop y rock llevan «décadas usando ritmos tradicionales e incluyendo sus instrumentos en la creación más contemporánea», en España no hace tanto tiempo que se ha comenzado a aprovechar «esa joya y patrimonio inabarcable»: «Ya era hora. Aquí está todo por hacer».Sobre estas líneas, una de las actuaciones de El Naan; el cantautor vallisoletano Guille Jové y el duo vallisoletano Delameseta ICAL / ABCEn las canciones de Guille Jové (Valladolid, 1990), estos ritmos han ido ganando peso desde su primer disco, en 2015, fruto de su formación y de su interés personal. Ingeniero de Montes formado en el campus palentino de la Yutera, este profesor de Biología y Geología en el instituto de Secundaria llegó a la música por su amor al medio rural: «Empecé a buscar esas historias de gente pequeña, de lugares concretos…», dice. Era esa «realidad» la que le apetecía cantar y contar, como reflejan sus letras. «Hay que recuperar un modo de vida austera vinculado al territorio», recoge en el tema ‘El discurso de la tierra’ de su disco ‘Apuntes para un territorio’ (2025).Ve que en esa renovada mirada al folclore hay muchos grupos de Castilla y León que cada vez tienen más hueco en la escena nacional: «Está claro que hay una nueva ola, pero creo que no se está ligando convenientemente a lo castellano. Se está quedando en algo ibérico, de la meseta, un poco camuflado…», fruto -opina- de que «nuestra identidad no está construida»: «Incluso el pandero cuadrado de Peñaparda, un instrumento que solo se tocaba en un pueblo de Salamanca, ahora mismo es el pandero de Iberia… No debería ser así. Ahí está la gaita, un instrumento del mundo celta, que todo el mundo identifica con Asturias y Galicia».«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras» DulzaroAunque el folclore es «el ingrediente fundamental» y «punto de partida para componer» del dúo vallisoletano formado por la coreógrafa y cantante Lucía López-Enrique y el productor Santi Sierra, su proyecto es muy diferente. Delameseta mezcla charros salmantinos con reguetón y autotune. Él, también DJ, cree que ‘casan’ bien. Al final «el repertorio tradicional de Castilla y León es muy diverso. Hay ritmos ternarios, a cinco, binarios lentos… Con un proceso de estudio y entendiendo cómo se estructuran no es una odisea», apunta. El Nido, en el último sonorama REDES SOCIALES«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras. Otra cosa es que el público lo entienda, pero esa es la lucha de cualquier artista», coincide Dulzaro, otro de los jóvenes que está destacando en esa fusión de las melodías tradicionales con el lenguaje contemporáneo. Admirador de Eliseo Parra, Vanesa Muela y de Celtas Cortos, para este vallisoletano «la producción, los sintetizadores o las cajas electrónicas son sólo el envoltorio». «En la base debe haber talento y las mismas ganas de emocionar que actuando con una guitarra. Siento que por eso temas míos como ‘La tarara’ o cualquier jota que interpreto son entendidas tan bien por el público mayor».Santi Sierra considera que proyectos como el suyo o el de su paisano están acercando el folclore «donde no había llegado». «Siempre ha habido gente cuidándolo, protegiéndolo, difundiéndolo. No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y está llegando a sectores donde no habían calado tanto».«No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y están llegando a sectores donde no habían calado tanto» Santi Sierra DelamesetaAl dúo Delameseta les cuesta ponerse una ‘etiqueta’ a nivel sonoro y estético. Dicen que hacen «folclorismo urbano» y se ven «muy influidos» por intérpretes como Baiuca, nombre artístico de Alejandro Guillán, «pionero» en esto de mezclar flautas tradicionales y pandereteiras gallegas con bases de house, el asturiano Rodrigo Cuevas, los cántabros Casapalma o la banda burgalesa de folk El Nido. Para Nacho Prada, compositor y vocalista del este último grupo, «es bonito» que se esté produciendo este resurgir y que cada vez haya más grupos que «miren al territorio». Como el resto, está de acuerdo en que este arte es «una de las herramientas más potentes para generar identidades vinculadas al territorio».Próximos destinos En general, a todos se les presenta un verano «bastante a tope». Lavanda Fest, la Fiesta del Pandero Cuadrado en Peñaparda o la Feria del Lúpulo y la Cerveza son algunas de las próximas paradas de El Nido hasta que llegue el próximo Sonorama. A Guille Jové le hace mucha ilusión poder participar del ciclo ‘Noches en San Benito’, en la capital vallisoletana, y también tendrá sendos conciertos en la provincia de Zamora y en la sierra de Ávila. A Héctor Castrillejo le pillamos en Font del Pass, en Teruel. Pipa Fest, Tachu Rock y el La Luz del Sur, en Cadiz, serán otros de sus destinos. «Nos gustan mucho esos festivales de tamaño medio. Luego disfruto esos teatros y sitios pequeñitos, de calidad tanto para los músicos como para el artista. En el caso de Santi Sierra y Lucía López seguirán girando para presentar el repertorio de ‘Al baile por amores’, el disco que sacaron el pasado año, mientras Dulzaro se lo tomará con mas calma para centrarse en su nuevo proyecto. «Notamos que hay un mayor interés en programarnos», sostiene Santi Sierra, que ha visto como este año «hemos conseguido romper» las fronteras de Castilla y León y su trabajo está llegando «más lejos».Solo hace falta echar un vistazo al escenario principal de la campa del último Villalar, el pasado 23 de abril, para darse cuenta de que el público está respondiendo con entusiasmo a este regreso a la raíz y que también tienen seguidores entre los baby boomers y la Generación X: «Al final, les hablamos de historias y personajes que han sido referentes para ellos».
«Para mí, el folclore es un patrimonio colectivo», afirma el productor y DJ, Santi Sierra, la ‘mitad’, del dúo vallisoletano Delameseta. «Yo lo veo como el punto de partida. Una manera de entender el pasado, pero también de conectar con el público porque en … el caso de la música son letras muy universales», sostiene Alberto Domínguez (Valladolid, 1994), conocido como Dulzaro. Son dos de los artistas que forman parte del resurgir que vive el folclore en la música actual, del que Castilla y León no es ajeno. Las causas de que vuelva a sonar con fuerza en la última década son muchas. Quizá, dice el primero, sea la nostalgia por las propias raíces, «un interés por volver a pensar en lo local, en el kilómetro cero, frente a esa tendencia tan globalista y de ir a buscar lo mejor muy lejos» o -añade Héctor Castrillejo, compositor y poeta de El Naan- «porque vivimos en un mundo que va tan rápido y estamos tan desorientados que necesitamos echar la vista atrás para asimilar de dónde venimos y encontrar un asidero». Para el cantautor Guille Jové, «puede que sea la reacción a un mundo que agoniza». Cuales quiera que sean sus desencadenantes, la realidad es que hay una nueva generación de artistas que se está haciendo un hueco en el panorama musical reinterpretando las jotas, fandangos, agarraos y seguidillas castellanas desde lenguajes contemporáneos como la electrónica, el autotune o el pop.
Cuando comenzó El Naan, allá por 2009, esto de inspirarse en la tradición, sobre todo a la hora de hacer canciones propias, «era una cosa de marcianos», explica Héctor Castrillejo. Recuerda que él mismo en su juventud era «más de rock y de punk» y que fue viajando por África y América Latina cuando «descubrió» el folclore. «Me empezaron a apasionar las músicas étnicas de allí y, de repente, al volver a mirar a mi tierra, me di cuenta de que lo nuestro era igual de valioso, sorprendente y ancestral». Mayalde y Eliseo Parra, «que ya estaba llevando todas esas músicas a un sonido muy contemporáneo, muy étnico, muy de jazz», eran entonces sus referentes.
«Es una tradición viva. Se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no»
Héctor Castrillejo (El Naan)
Hoy, casi dos décadas después, le parece «muy bien» que haya una nueva generación de músicos que apueste por la reinterpretación del género: «Es una tradición viva» y como tal «se tiene que usar, manchar, fundir con otras cosas y que la gente decida qué le gusta y qué no, pero lo que no se puede poner es puertas al campo», opina.
El compositor y poeta de El Naan sigue residiendo en Tabanera de Cerrato, un pequeño pueblecito de los páramos castellanos. Dice que allí puede vivir «a otro ritmo, conectado con la naturaleza» y «crear de forma comunitaria», un estilo que «está totalmente ligado» a su forma de hacer y de entender la música, «a fuego lento». Así han vuelto a ‘cocinar’ su último trabajo, ‘Versos del páramo negro’, donde tras tener años atrás la oportunidad de colaborar con «mainstream» como Vetusta Morla o Rozalén han vuelto al formato primigenio de trío «para ir a la esencia», con menos instrumentación y la que tienen, muy ligada tanto a las cuerdas (timple, banjo, rabel) de Herrero como a las percusiones de Adal Pumarabín.
«El arte perfecto»
No duda de que la música es «el arte perfecto» para «trabajar» el apego a un territorio. Recuerda que mientras en otros países como México y Argentina, los grupos de pop y rock llevan «décadas usando ritmos tradicionales e incluyendo sus instrumentos en la creación más contemporánea», en España no hace tanto tiempo que se ha comenzado a aprovechar «esa joya y patrimonio inabarcable»: «Ya era hora. Aquí está todo por hacer».
(ICAL / ABC)
En las canciones de Guille Jové (Valladolid, 1990), estos ritmos han ido ganando peso desde su primer disco, en 2015, fruto de su formación y de su interés personal. Ingeniero de Montes formado en el campus palentino de la Yutera, este profesor de Biología y Geología en el instituto de Secundaria llegó a la música por su amor al medio rural: «Empecé a buscar esas historias de gente pequeña, de lugares concretos…», dice. Era esa «realidad» la que le apetecía cantar y contar, como reflejan sus letras. «Hay que recuperar un modo de vida austera vinculado al territorio», recoge en el tema ‘El discurso de la tierra’ de su disco ‘Apuntes para un territorio’ (2025).
Ve que en esa renovada mirada al folclore hay muchos grupos de Castilla y León que cada vez tienen más hueco en la escena nacional: «Está claro que hay una nueva ola, pero creo que no se está ligando convenientemente a lo castellano. Se está quedando en algo ibérico, de la meseta, un poco camuflado…», fruto -opina- de que «nuestra identidad no está construida»: «Incluso el pandero cuadrado de Peñaparda, un instrumento que solo se tocaba en un pueblo de Salamanca, ahora mismo es el pandero de Iberia… No debería ser así. Ahí está la gaita, un instrumento del mundo celta, que todo el mundo identifica con Asturias y Galicia».
«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras»
Dulzaro
Aunque el folclore es «el ingrediente fundamental» y «punto de partida para componer» del dúo vallisoletano formado por la coreógrafa y cantante Lucía López-Enrique y el productor Santi Sierra, su proyecto es muy diferente. Delameseta mezcla charros salmantinos con reguetón y autotune. Él, también DJ, cree que ‘casan’ bien. Al final «el repertorio tradicional de Castilla y León es muy diverso. Hay ritmos ternarios, a cinco, binarios lentos… Con un proceso de estudio y entendiendo cómo se estructuran no es una odisea», apunta.

(REDES SOCIALES)
«Al final, todo se escribe en una partitura. Partiendo de un compás, de ocho notas y de unas armonías puedes hacer absolutamente locuras. Otra cosa es que el público lo entienda, pero esa es la lucha de cualquier artista», coincide Dulzaro, otro de los jóvenes que está destacando en esa fusión de las melodías tradicionales con el lenguaje contemporáneo. Admirador de Eliseo Parra, Vanesa Muela y de Celtas Cortos, para este vallisoletano «la producción, los sintetizadores o las cajas electrónicas son sólo el envoltorio». «En la base debe haber talento y las mismas ganas de emocionar que actuando con una guitarra. Siento que por eso temas míos como ‘La tarara’ o cualquier jota que interpreto son entendidas tan bien por el público mayor».
Santi Sierra considera que proyectos como el suyo o el de su paisano están acercando el folclore «donde no había llegado». «Siempre ha habido gente cuidándolo, protegiéndolo, difundiéndolo. No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y está llegando a sectores donde no habían calado tanto».
«No hemos inventado la pólvora, pero veo que estos grupos están generando nuevas corrientes de interés y están llegando a sectores donde no habían calado tanto»
Santi Sierra
Delameseta
Al dúo Delameseta les cuesta ponerse una ‘etiqueta’ a nivel sonoro y estético. Dicen que hacen «folclorismo urbano» y se ven «muy influidos» por intérpretes como Baiuca, nombre artístico de Alejandro Guillán, «pionero» en esto de mezclar flautas tradicionales y pandereteiras gallegas con bases de house, el asturiano Rodrigo Cuevas, los cántabros Casapalma o la banda burgalesa de folk El Nido.
Para Nacho Prada, compositor y vocalista del este último grupo, «es bonito» que se esté produciendo este resurgir y que cada vez haya más grupos que «miren al territorio». Como el resto, está de acuerdo en que este arte es «una de las herramientas más potentes para generar identidades vinculadas al territorio».
Próximos destinos
En general, a todos se les presenta un verano «bastante a tope». Lavanda Fest, la Fiesta del Pandero Cuadrado en Peñaparda o la Feria del Lúpulo y la Cerveza son algunas de las próximas paradas de El Nido hasta que llegue el próximo Sonorama. A Guille Jové le hace mucha ilusión poder participar del ciclo ‘Noches en San Benito’, en la capital vallisoletana, y también tendrá sendos conciertos en la provincia de Zamora y en la sierra de Ávila. A Héctor Castrillejo le pillamos en Font del Pass, en Teruel. Pipa Fest, Tachu Rock y el La Luz del Sur, en Cadiz, serán otros de sus destinos. «Nos gustan mucho esos festivales de tamaño medio. Luego disfruto esos teatros y sitios pequeñitos, de calidad tanto para los músicos como para el artista. En el caso de Santi Sierra y Lucía López seguirán girando para presentar el repertorio de ‘Al baile por amores’, el disco que sacaron el pasado año, mientras Dulzaro se lo tomará con mas calma para centrarse en su nuevo proyecto.
«Notamos que hay un mayor interés en programarnos», sostiene Santi Sierra, que ha visto como este año «hemos conseguido romper» las fronteras de Castilla y León y su trabajo está llegando «más lejos».
Solo hace falta echar un vistazo al escenario principal de la campa del último Villalar, el pasado 23 de abril, para darse cuenta de que el público está respondiendo con entusiasmo a este regreso a la raíz y que también tienen seguidores entre los baby boomers y la Generación X: «Al final, les hablamos de historias y personajes que han sido referentes para ellos».
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