Luca Hoek tiene 18 años y, seguramente, torció el gesto cuando miró en el videomarcador que había sido cuarto de Europa, que la medalla se le había escapado después de batir el récord de España la tarde anterior (47s26) y entender que podía incluso mejorar en la final de los 100 libre, junto con los 200 las pruebas reinas de la natación. Y, de hecho, tiene motivos para mostrar esa tristeza. El catalán, formado en el CN Sitges y luego en el CAR de Sant Cugat, demostró su constancia en una prueba de máxima exigencia y en un escenario terrorífico, con dos monstruos como el rumano David Popovici (oro y récord de los campeonatos 46s56) y el ruso Egor Kornev (46s74). Se coló el húngaro rey de la mariposa Kristof Milak (46s87) con récord de su país y una de las mejores marcas de la historia. Para él fue un bronce que le da alas tras sus meses (o años) polémicos.
El nadador catalán volvió a hacer una marca de nivel olímpico (47m39s), pero no le alcanzó para batir a tres nadadores que bajaron de 47 segundos en la final más rápida: Popovici, Kornev y Nemeth.
Luca Hoek tiene 18 años y, seguramente, torció el gesto cuando miró en el videomarcador que había sido cuarto de Europa, que la medalla se le había escapado después de batir el récord de España la tarde anterior (47s26) y entender que podía incluso mejorar en la final de los 100 libre, junto con los 200 las pruebas reinas de la natación. Y, de hecho, tiene motivos para mostrar esa tristeza. El catalán, formado en el CN Sitges y luego en el CAR de Sant Cugat, demostró su constancia en una prueba de máxima exigencia y en un escenario terrorífico, con dos monstruos como el rumano David Popovici (oro y récord de los campeonatos 46s56) y el ruso Egor Kornev (46s74). Se coló el húngaro rey de la mariposa Kristof Milak (46s87) con récord de su país y una de las mejores marcas de la historia. Para él fue un bronce que le da alas tras sus meses (o años) polémicos.
Después en frío, Hoek puede corroborar que se ha convertido ya en una de las estrellas a seguir en la elite mundial, por sus marcas y por su precocidad, que le auguran un camino ambicioso en el futuro. Seguramente él, a no mucho tardar, también estará entre los elegidos que puedan bajar de 47 segundos. Y eso es sinónimo de medallas.
Hoek aunó en la final sus virtudes y lo que debe pulir. Fue el nadador que mejor salió y el cuarto al tocar la pared en el primer 50 con 22s57. Se situó cinco décimas por debajo de Kornev, el más rápido. Ya se le ve al nadador del CN Terrassa el trabajo de gimnasio, con esos bíceps que empiezan a asomar por su cuerpo en fase de desarrollo y le ayudarán a ser más explosivo y poder minarle décimas a esta primera parte de la prueba.
Tras el viraje, Hoek atisbaba a Popovici, nadaba a su lado, ya inalcanzable. En ese momento el rumano iba a la caza de Kornev. Nadie vuelve como el de Bucarest, que marcó un parcial en el último 50 de 24s20. Milak, experto y reconvertido a velocista después de perder el trono de rey del 200 mariposa en los Juegos de París ante Léon Marchand, avanzaba con sus brazadas largas por la calle 8. Si perdió recientemente el récord húngaro, lo situó ahora en un lugar inalcanzable, con una de las mejores marcas de la historia. Hoek tocó cuarto, un puesto para instalarse en el lugar de los elegidos con dos tiempos en dos días impensables en la historia acuática española.
Antes de la gran final de la jornada, en la primera de las finales con presencia española, Hugo González, campeón del mundo en 2004, finalmente acabó en la sexta posición en los 200 espalda con un tiempo de 1m54s75. Igual que en las anteriores rondas, el nadador del CN Terrassa (27 años) nadó en negativo (de menos a más), pero la carrera fue demasiado rápida impulsada por el húngaro Hubert Kos, quien perseguía el récord mundial de Aaron Peirsol (1m51s92) de 2009 en la época de los bañadores de poliuretano.
Bajos las órdenes de Bob Bowman en Texas, el talento de Telki (pueblo cercano a Budapest) ya coqueteó con la plusmarca en las semifinales, cuando nadó los primeros 150 metros por debajo del récord pero sucumbió en el último largo, exhausto. Aun así, se quedó cerca (1m52s30) con el récord de Europa. “Fui torpe, nadé el primer 100 demasiado rápido”, dijo. En la final hizo una carrera más equilibrada pero más lenta (1m53s08). Y así, consciente de que cierra el círculo tras haber sido campeón mundial y olímpico, se fue con cara de pocos amigos. La plata fue para el griego Apostolos Siskos (1m53s81) y el bronce para el italiano Thomas Ceccon (1m53s96).
Ainhoa Campabadal, en las semifinales de los 200 libre con el que se inauguró la tercera jornada de finales, fue cuarta en su serie con un tiempo 1m57s88, pero no logró colarse en la final del jueves el registrar la décima mejor marca.
Elogio a la maternidad y récord mundial
Uno de los grandes nombres de la natación, la sueca Sarah Sjöstrom, que irrumpió con 15 años en los Mundiales de Roma 2009, marcó otra de las legendarias páginas en estos Europeos de París. Tras un palmarés envidiable y único en el continente (seis medallas olímpicas y 25 mundiales), decidió después de París parar para ser madre. Regresó 20 meses después y consiguió recuperar su esplendor. Este miércoles ha conseguido por sexta vez ser campeona europea de los 50 mariposa con un tiempo de 25s05. En los 100 braza femeninos, la británica Angharad Evans no tuvo rival (1m04s87) y batió el récord de los Campeonatos. El primer récord mundial llegó en las semifinales de 50 espalda. La italiana Sara Curtis, que en septiembre decidió irse a estudiar y entrenarse en Estados Unidos (en Virginia), reventó la plusmarca de los 50 espalda con 26s62, haciendo añicos en el anterior de la australiana Kaylee McKeown.
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