Fue su actitud esquiva y una bolsa de plástico rota lo que llamó la atención de los agentes, ya de madrugada y cuando patrullaban por las inmediaciones de la estación de Cercanías de Fuenlabrada Central. Pero del robo hasta entonces no sabían nada. Su olfato policial les hizo detener el ‘zeta’ y dar el alto a un joven español de 28 años, quien, lejos de hacer caso a las indicaciones, no dudó en echar a correr. Una inesperada maniobra que tornaría pronto en surrealista, tras comenzar a desvestirse en plena fuga y terminar parcialmente desnudo debajo de una furgoneta aparcada.Sin salir de su asombro, los uniformados consiguieron darle alcance a la altura del citado vehículo, donde pidieron refuerzos y esperaron pacientemente a que saliera de su escondrijo. La bolsa que portaba la había lanzado previamente, al igual que varias de sus prendas, lo que rápidamente desató las sospechas de un posible robo. Y el contenido hallado en el interior confirmó lo barruntado: dinero, un ordenador portátil, productos de cuidado capilar y varias máquinas de cortar el cabello.Pistas más que suficientes para revisar todas las peluquerías y barberías de la zona, hasta dar con una cuyo cierre estaba forzado y el cristal de su puerta roto por el impacto de una alcantarilla . En la misma acera del local, ubicado en la calle Francia, se encontraba tirado el pesado objeto metálico con el que acababa de fracturar el escaparate. El sospechoso, que actúo vestido de negro para dificultar su identificación y con unos calcetines a modo de guantes, fue detenido la misma noche del 5 de agosto por un delito de robo con fuerza.Según ha podido saber ABC, este tipo de negocios se han convertido en un blanco codiciado por los rateros, dado el elevado valor económico de algunos de sus aparatos, como máquinas cortapelos profesionales, tijeras de precisión, planchas o secadores; y de otros productos de cuidado y belleza, ya sean tintes, tratamientos, champús o mascarillas de marcas conocidas. Además, el reducido tamaño de los mismos facilita la comisión de los robos; y por si fuera poco, son objetos con una rápida salida en el mercado negro.Mientras tanto, el método del ‘alcantarillazo’ trae de cabeza al pequeño comercio, cuyos propietarios no solo se ven afectados por la sustracción, sino que también deben hacer frente a los numerosos desperfectos ocasionados. De hecho, no son pocos los casos en los que el monto de los destrozos superan con creces al botín afanado por los ladrones, más si cabe, cuando esta controversia obliga a cerrar los negocios temporalmente hasta la reposición de los elementos dañados. Fue su actitud esquiva y una bolsa de plástico rota lo que llamó la atención de los agentes, ya de madrugada y cuando patrullaban por las inmediaciones de la estación de Cercanías de Fuenlabrada Central. Pero del robo hasta entonces no sabían nada. Su olfato policial les hizo detener el ‘zeta’ y dar el alto a un joven español de 28 años, quien, lejos de hacer caso a las indicaciones, no dudó en echar a correr. Una inesperada maniobra que tornaría pronto en surrealista, tras comenzar a desvestirse en plena fuga y terminar parcialmente desnudo debajo de una furgoneta aparcada.Sin salir de su asombro, los uniformados consiguieron darle alcance a la altura del citado vehículo, donde pidieron refuerzos y esperaron pacientemente a que saliera de su escondrijo. La bolsa que portaba la había lanzado previamente, al igual que varias de sus prendas, lo que rápidamente desató las sospechas de un posible robo. Y el contenido hallado en el interior confirmó lo barruntado: dinero, un ordenador portátil, productos de cuidado capilar y varias máquinas de cortar el cabello.Pistas más que suficientes para revisar todas las peluquerías y barberías de la zona, hasta dar con una cuyo cierre estaba forzado y el cristal de su puerta roto por el impacto de una alcantarilla . En la misma acera del local, ubicado en la calle Francia, se encontraba tirado el pesado objeto metálico con el que acababa de fracturar el escaparate. El sospechoso, que actúo vestido de negro para dificultar su identificación y con unos calcetines a modo de guantes, fue detenido la misma noche del 5 de agosto por un delito de robo con fuerza.Según ha podido saber ABC, este tipo de negocios se han convertido en un blanco codiciado por los rateros, dado el elevado valor económico de algunos de sus aparatos, como máquinas cortapelos profesionales, tijeras de precisión, planchas o secadores; y de otros productos de cuidado y belleza, ya sean tintes, tratamientos, champús o mascarillas de marcas conocidas. Además, el reducido tamaño de los mismos facilita la comisión de los robos; y por si fuera poco, son objetos con una rápida salida en el mercado negro.Mientras tanto, el método del ‘alcantarillazo’ trae de cabeza al pequeño comercio, cuyos propietarios no solo se ven afectados por la sustracción, sino que también deben hacer frente a los numerosos desperfectos ocasionados. De hecho, no son pocos los casos en los que el monto de los destrozos superan con creces al botín afanado por los ladrones, más si cabe, cuando esta controversia obliga a cerrar los negocios temporalmente hasta la reposición de los elementos dañados.
Fue su actitud esquiva y una bolsa de plástico rota lo que llamó la atención de los agentes, ya de madrugada y cuando patrullaban por las inmediaciones de la estación de Cercanías de Fuenlabrada Central. Pero del robo hasta entonces no sabían nada. Su olfato … policial les hizo detener el ‘zeta’ y dar el alto a un joven español de 28 años, quien, lejos de hacer caso a las indicaciones, no dudó en echar a correr. Una inesperada maniobra que tornaría pronto en surrealista, tras comenzar a desvestirse en plena fuga y terminar parcialmente desnudo debajo de una furgoneta aparcada.
Sin salir de su asombro, los uniformados consiguieron darle alcance a la altura del citado vehículo, donde pidieron refuerzos y esperaron pacientemente a que saliera de su escondrijo. La bolsa que portaba la había lanzado previamente, al igual que varias de sus prendas, lo que rápidamente desató las sospechas de un posible robo. Y el contenido hallado en el interior confirmó lo barruntado: dinero, un ordenador portátil, productos de cuidado capilar y varias máquinas de cortar el cabello.
Pistas más que suficientes para revisar todas las peluquerías y barberías de la zona, hasta dar con una cuyo cierre estaba forzado y el cristal de su puerta roto por el impacto de una alcantarilla. En la misma acera del local, ubicado en la calle Francia, se encontraba tirado el pesado objeto metálico con el que acababa de fracturar el escaparate. El sospechoso, que actúo vestido de negro para dificultar su identificación y con unos calcetines a modo de guantes, fue detenido la misma noche del 5 de agosto por un delito de robo con fuerza.
Según ha podido saber ABC, este tipo de negocios se han convertido en un blanco codiciado por los rateros, dado el elevado valor económico de algunos de sus aparatos, como máquinas cortapelos profesionales, tijeras de precisión, planchas o secadores; y de otros productos de cuidado y belleza, ya sean tintes, tratamientos, champús o mascarillas de marcas conocidas. Además, el reducido tamaño de los mismos facilita la comisión de los robos; y por si fuera poco, son objetos con una rápida salida en el mercado negro.
Mientras tanto, el método del ‘alcantarillazo’ trae de cabeza al pequeño comercio, cuyos propietarios no solo se ven afectados por la sustracción, sino que también deben hacer frente a los numerosos desperfectos ocasionados. De hecho, no son pocos los casos en los que el monto de los destrozos superan con creces al botín afanado por los ladrones, más si cabe, cuando esta controversia obliga a cerrar los negocios temporalmente hasta la reposición de los elementos dañados.
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