La orden emitida por la Moncloa, desde el minuto uno de la invasión de Ceuta los pasados días 30 y 31 de julio, era clara: resolver la crisis «cuanto antes». La estrategia pública por la que optó entonces —y mantiene hasta la fecha— el Ejecutivo de Pedro Sánchez, también: prudencia, sabedor de que las relaciones con el país vecino son harto delicadas dada su «alta sensibilidad». Nada de escalar el conflicto con reproches hacia Marruecos. El Ejecutivo debía centrarse en resolver «lo urgente», véase el regreso de la gran mayoría de los aproximadamente 80.000 inmigrantes que accedieron a la ciudad autónoma de forma irregular (tarea de la que el Gobierno Madrid se congratula y achaca a la voluntad de Rabat). De ahí, las numerosas apelaciones a la colaboración del reino alauí, una actitud facilitadora necesaria de mantener para que las expulsiones y repatriaciones de sus nacionales se materializaran con éxito. La cautela y moderación parece, en cambio, haber sido unilateral, ya que, el país vecino no ha escatimado desde entonces y, especialmente, en los últimos días, en señalamientos y reproches a España. A finales de la semana pasada, el Gobierno marroquí volvió a la carga con la repatriación de los más de 4.000 menores no acompañantes que ya están en nuestro país —en torno a 1.400 llegaron a finales de julio— pese a su histórica negativa a colaborar en el proceso de retorno como ya ocurriera en 2021 y 2024. «Marruecos exigirá que le devuelvan a sus hijos, tanto legal como políticamente», anunció el ministro de Justicia del país magrebí, Abdelatif Ouahbi, responsabilizando directamente a las autoridades españolas al asegurar que existen una serie de «obstáculos judiciales y administrativos» por parte de estas que torpedean los procesos. Basta con consultar la última Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado, que recoge expresamente la imposibilidad de retornar jóvenes y niños marroquíes en 2024 por «por falta de contestación de las autoridades» del reino alauí. El trágala de la Moncloa fue notorio. José Manuel Albares hizo gala de un discurso seguidista de Rabat en el que incluso aplaudió que pidiera el regreso inmediato de sus menores «sin pedir contrapartida alguna» y asumió las presuntas trabas legales de las que hablaba Ouahbi.Apenas transcurrieron 24 horas cuando la administración del país magrebí, regido por Mohamed VI, volvió a encañonar a Madrid. El ministro de Justicia marroquí escalaba su discurso el martes por la noche, en una entrevista concedida a la televisión pública, reivindicando de nuevo para sí la soberanía de Ceuta y Melilla, los dos enclaves situados en el norte de África que España posee (desde los siglos XV y XVI respectivamente) a los que se refirió como «nuestros territorios». «Este asunto sigue encima de la mesa. Cada vez que nos reunimos con los españoles planteamos la cuestión», llegó a asegurar Ouahbi, al que el jefe de la diplomacia española, —sin salirse, eso sí, del guion— desmintió horas después. Toda una declaración de intenciones que, sin embargo, hubo a quien no le pareció de tamaña envergadura. Es el caso del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para el que «esas referencias no tienen ningún alcance» y sigue considerando a Rabat un «socio absolutamente fiable», como señaló también este miércoles a su salida de la reunión del Comité Estatal de Coordinación y Dirección del eclipse solar.Nuevo choque de visionesFrente a un titular de Interior que incluso minimiza este recurrente órdago de Marruecos, una ministra de Defensa que, sin vacilaciones, blinda el dominio de ambas ciudades autónomas. «Son españolas, no, españolísimas y lo siguiente […]. Son, absolutamente, una pieza esencial de España», quiso dejar claro Margarita Robles en declaraciones a los medios en Ceuta, hasta donde viajó el miércoles para reunirse con el presidente Juan Jesús Vivas en la sede de la Delegación del Gobierno en la ciudad y un posterior encuentro con personal de las Fuerzas Armadas desplegado sobre el terreno. Por este mismo motivo, avisó en más de una ocasión a lo largo de toda su comparecencia: «Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto».«Esas referencias [sobre Ceuta y Melilla] no tienen ningún alcance, lo tiene la cooperación con nuestros vecinos, que es extraordinaria y excepcional» Fernando Grande-Marlaska Ministro del InteriorAl igual que hiciera el presidente Sánchez en su visita a Ceuta y abandonando los eufemismos que vienen empleando el resto de integrantes del Consejo de Ministros para referirse a la avalancha de decenas de miles de inmigrantes irregulares que alcanzaron territorio ceutí hace ya dos semanas —«crisis», «entrada inédita»…—, Robles habló sin tapujos de «agresión» a la ciudad autónoma al tiempo que dijo querer dejar «muy claro» que «no puede volver a ocurrir lo que ocurrió» hace ya casi dos semanas en advertencia velada a Marruecos al que no aludió expresamente en ningún momento. A su llegada al Palacio de la Asamblea ceutí, la socialista fue insultada e increpada por los vecinos (igual que Marlaska y Albares los días anteriores). Pero Robles, a diferencia de sus compañeros, superó la barrera del insulto que, instantes después, dio paso a los llantos y las súplicas para no ser abandonados por el Gobierno, y se acercó a ellos escoltada por miembros de las Fuerza Armadas. «No les vamos a dejar, que la gente en Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos«. Un compromiso adquirido por la ministra de Defensa que corroboró el propio Vivas: «Lo hará». «Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto» Margarita Robles Ministra de DefensaAsí, se trata de dos visiones —la de Interior y Defensa— que vuelven a colisionar y hacen ver la inexistencia de una línea común de actuación en el seno del Gobierno como ya ocurriera al día siguiente de producirse la avalancha migratoria. Entonces ya se dio un primer choque entre ambos departamentos, cuyo detonante fue el señalamiento directo —aunque implícito— de Marlaska al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dependiente de Defensa, al negar la existencia de informes u avisos previos a la invasión. Entonces, Robles ya se desmarcó de la línea oficial de la Moncloa para sugerir la responsabilidad de Marruecos y defender el trabajo de los servicios de inteligencia españoles. «Hay que tener muy claro que la integridad territorial, la soberanía española, no se tocan; que a Ceuta y a Melilla no se les toca», advirtió sin rastro de alabanzas a Rabat. La orden emitida por la Moncloa, desde el minuto uno de la invasión de Ceuta los pasados días 30 y 31 de julio, era clara: resolver la crisis «cuanto antes». La estrategia pública por la que optó entonces —y mantiene hasta la fecha— el Ejecutivo de Pedro Sánchez, también: prudencia, sabedor de que las relaciones con el país vecino son harto delicadas dada su «alta sensibilidad». Nada de escalar el conflicto con reproches hacia Marruecos. El Ejecutivo debía centrarse en resolver «lo urgente», véase el regreso de la gran mayoría de los aproximadamente 80.000 inmigrantes que accedieron a la ciudad autónoma de forma irregular (tarea de la que el Gobierno Madrid se congratula y achaca a la voluntad de Rabat). De ahí, las numerosas apelaciones a la colaboración del reino alauí, una actitud facilitadora necesaria de mantener para que las expulsiones y repatriaciones de sus nacionales se materializaran con éxito. La cautela y moderación parece, en cambio, haber sido unilateral, ya que, el país vecino no ha escatimado desde entonces y, especialmente, en los últimos días, en señalamientos y reproches a España. A finales de la semana pasada, el Gobierno marroquí volvió a la carga con la repatriación de los más de 4.000 menores no acompañantes que ya están en nuestro país —en torno a 1.400 llegaron a finales de julio— pese a su histórica negativa a colaborar en el proceso de retorno como ya ocurriera en 2021 y 2024. «Marruecos exigirá que le devuelvan a sus hijos, tanto legal como políticamente», anunció el ministro de Justicia del país magrebí, Abdelatif Ouahbi, responsabilizando directamente a las autoridades españolas al asegurar que existen una serie de «obstáculos judiciales y administrativos» por parte de estas que torpedean los procesos. Basta con consultar la última Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado, que recoge expresamente la imposibilidad de retornar jóvenes y niños marroquíes en 2024 por «por falta de contestación de las autoridades» del reino alauí. El trágala de la Moncloa fue notorio. José Manuel Albares hizo gala de un discurso seguidista de Rabat en el que incluso aplaudió que pidiera el regreso inmediato de sus menores «sin pedir contrapartida alguna» y asumió las presuntas trabas legales de las que hablaba Ouahbi.Apenas transcurrieron 24 horas cuando la administración del país magrebí, regido por Mohamed VI, volvió a encañonar a Madrid. El ministro de Justicia marroquí escalaba su discurso el martes por la noche, en una entrevista concedida a la televisión pública, reivindicando de nuevo para sí la soberanía de Ceuta y Melilla, los dos enclaves situados en el norte de África que España posee (desde los siglos XV y XVI respectivamente) a los que se refirió como «nuestros territorios». «Este asunto sigue encima de la mesa. Cada vez que nos reunimos con los españoles planteamos la cuestión», llegó a asegurar Ouahbi, al que el jefe de la diplomacia española, —sin salirse, eso sí, del guion— desmintió horas después. Toda una declaración de intenciones que, sin embargo, hubo a quien no le pareció de tamaña envergadura. Es el caso del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para el que «esas referencias no tienen ningún alcance» y sigue considerando a Rabat un «socio absolutamente fiable», como señaló también este miércoles a su salida de la reunión del Comité Estatal de Coordinación y Dirección del eclipse solar.Nuevo choque de visionesFrente a un titular de Interior que incluso minimiza este recurrente órdago de Marruecos, una ministra de Defensa que, sin vacilaciones, blinda el dominio de ambas ciudades autónomas. «Son españolas, no, españolísimas y lo siguiente […]. Son, absolutamente, una pieza esencial de España», quiso dejar claro Margarita Robles en declaraciones a los medios en Ceuta, hasta donde viajó el miércoles para reunirse con el presidente Juan Jesús Vivas en la sede de la Delegación del Gobierno en la ciudad y un posterior encuentro con personal de las Fuerzas Armadas desplegado sobre el terreno. Por este mismo motivo, avisó en más de una ocasión a lo largo de toda su comparecencia: «Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto».«Esas referencias [sobre Ceuta y Melilla] no tienen ningún alcance, lo tiene la cooperación con nuestros vecinos, que es extraordinaria y excepcional» Fernando Grande-Marlaska Ministro del InteriorAl igual que hiciera el presidente Sánchez en su visita a Ceuta y abandonando los eufemismos que vienen empleando el resto de integrantes del Consejo de Ministros para referirse a la avalancha de decenas de miles de inmigrantes irregulares que alcanzaron territorio ceutí hace ya dos semanas —«crisis», «entrada inédita»…—, Robles habló sin tapujos de «agresión» a la ciudad autónoma al tiempo que dijo querer dejar «muy claro» que «no puede volver a ocurrir lo que ocurrió» hace ya casi dos semanas en advertencia velada a Marruecos al que no aludió expresamente en ningún momento. A su llegada al Palacio de la Asamblea ceutí, la socialista fue insultada e increpada por los vecinos (igual que Marlaska y Albares los días anteriores). Pero Robles, a diferencia de sus compañeros, superó la barrera del insulto que, instantes después, dio paso a los llantos y las súplicas para no ser abandonados por el Gobierno, y se acercó a ellos escoltada por miembros de las Fuerza Armadas. «No les vamos a dejar, que la gente en Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos«. Un compromiso adquirido por la ministra de Defensa que corroboró el propio Vivas: «Lo hará». «Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto» Margarita Robles Ministra de DefensaAsí, se trata de dos visiones —la de Interior y Defensa— que vuelven a colisionar y hacen ver la inexistencia de una línea común de actuación en el seno del Gobierno como ya ocurriera al día siguiente de producirse la avalancha migratoria. Entonces ya se dio un primer choque entre ambos departamentos, cuyo detonante fue el señalamiento directo —aunque implícito— de Marlaska al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dependiente de Defensa, al negar la existencia de informes u avisos previos a la invasión. Entonces, Robles ya se desmarcó de la línea oficial de la Moncloa para sugerir la responsabilidad de Marruecos y defender el trabajo de los servicios de inteligencia españoles. «Hay que tener muy claro que la integridad territorial, la soberanía española, no se tocan; que a Ceuta y a Melilla no se les toca», advirtió sin rastro de alabanzas a Rabat.
La orden emitida por la Moncloa, desde el minuto uno de la invasión de Ceuta los pasados días 30 y 31 de julio, era clara: resolver la crisis «cuanto antes». La estrategia pública por la que optó entonces —y mantiene hasta la fecha— el … Ejecutivo de Pedro Sánchez, también: prudencia, sabedor de que las relaciones con el país vecino son harto delicadas dada su «alta sensibilidad».
Nada de escalar el conflicto con reproches hacia Marruecos. El Ejecutivo debía centrarse en resolver «lo urgente», véase el regreso de la gran mayoría de los aproximadamente 80.000 inmigrantes que accedieron a la ciudad autónoma de forma irregular (tarea de la que el Gobierno Madrid se congratula y achaca a la voluntad de Rabat). De ahí, las numerosas apelaciones a la colaboración del reino alauí, una actitud facilitadora necesaria de mantener para que las expulsiones y repatriaciones de sus nacionales se materializaran con éxito.
La cautela y moderación parece, en cambio, haber sido unilateral, ya que, el país vecino no ha escatimado desde entonces y, especialmente, en los últimos días, en señalamientos y reproches a España. A finales de la semana pasada, el Gobierno marroquí volvió a la carga con la repatriación de los más de 4.000 menores no acompañantes que ya están en nuestro país —en torno a 1.400 llegaron a finales de julio— pese a su histórica negativa a colaborar en el proceso de retorno como ya ocurriera en 2021 y 2024.
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«Marruecos exigirá que le devuelvan a sus hijos, tanto legal como políticamente», anunció el ministro de Justicia del país magrebí, Abdelatif Ouahbi, responsabilizando directamente a las autoridades españolas al asegurar que existen una serie de «obstáculos judiciales y administrativos» por parte de estas que torpedean los procesos. Basta con consultar la última Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado, que recoge expresamente la imposibilidad de retornar jóvenes y niños marroquíes en 2024 por «por falta de contestación de las autoridades» del reino alauí. El trágala de la Moncloa fue notorio. José Manuel Albares hizo gala de un discurso seguidista de Rabat en el que incluso aplaudió que pidiera el regreso inmediato de sus menores «sin pedir contrapartida alguna» y asumió las presuntas trabas legales de las que hablaba Ouahbi.
Apenas transcurrieron 24 horas cuando la administración del país magrebí, regido por Mohamed VI, volvió a encañonar a Madrid. El ministro de Justicia marroquí escalaba su discurso el martes por la noche, en una entrevista concedida a la televisión pública, reivindicando de nuevo para sí la soberanía de Ceuta y Melilla, los dos enclaves situados en el norte de África que España posee (desde los siglos XV y XVI respectivamente) a los que se refirió como «nuestros territorios». «Este asunto sigue encima de la mesa. Cada vez que nos reunimos con los españoles planteamos la cuestión», llegó a asegurar Ouahbi, al que el jefe de la diplomacia española, —sin salirse, eso sí, del guion— desmintió horas después.
Toda una declaración de intenciones que, sin embargo, hubo a quien no le pareció de tamaña envergadura. Es el caso del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para el que «esas referencias no tienen ningún alcance» y sigue considerando a Rabat un «socio absolutamente fiable», como señaló también este miércoles a su salida de la reunión del Comité Estatal de Coordinación y Dirección del eclipse solar.
Nuevo choque de visiones
Frente a un titular de Interior que incluso minimiza este recurrente órdago de Marruecos, una ministra de Defensa que, sin vacilaciones, blinda el dominio de ambas ciudades autónomas. «Son españolas, no, españolísimas y lo siguiente […]. Son, absolutamente, una pieza esencial de España», quiso dejar claro Margarita Robles en declaraciones a los medios en Ceuta, hasta donde viajó el miércoles para reunirse con el presidente Juan Jesús Vivas en la sede de la Delegación del Gobierno en la ciudad y un posterior encuentro con personal de las Fuerzas Armadas desplegado sobre el terreno. Por este mismo motivo, avisó en más de una ocasión a lo largo de toda su comparecencia: «Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto».
![Imagen - «Esas referencias [sobre Ceuta y Melilla] no tienen ningún alcance, lo tiene la cooperación con nuestros vecinos, que es extraordinaria y excepcional»](https://s1.abcstatics.com/abc/www/multimedia/espana/2026/08/12/marlaska_20260812193801-k4Y-U45504060648Gnv-170x170@diario_abc.jpg)
«Esas referencias [sobre Ceuta y Melilla] no tienen ningún alcance, lo tiene la cooperación con nuestros vecinos, que es extraordinaria y excepcional»
Fernando Grande-Marlaska
Ministro del Interior
Al igual que hiciera el presidente Sánchez en su visita a Ceuta y abandonando los eufemismos que vienen empleando el resto de integrantes del Consejo de Ministros para referirse a la avalancha de decenas de miles de inmigrantes irregulares que alcanzaron territorio ceutí hace ya dos semanas —«crisis», «entrada inédita»…—, Robles habló sin tapujos de «agresión» a la ciudad autónoma al tiempo que dijo querer dejar «muy claro» que «no puede volver a ocurrir lo que ocurrió» hace ya casi dos semanas en advertencia velada a Marruecos al que no aludió expresamente en ningún momento.
A su llegada al Palacio de la Asamblea ceutí, la socialista fue insultada e increpada por los vecinos (igual que Marlaska y Albares los días anteriores). Pero Robles, a diferencia de sus compañeros, superó la barrera del insulto que, instantes después, dio paso a los llantos y las súplicas para no ser abandonados por el Gobierno, y se acercó a ellos escoltada por miembros de las Fuerza Armadas. «No les vamos a dejar, que la gente en Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos«. Un compromiso adquirido por la ministra de Defensa que corroboró el propio Vivas: «Lo hará».

«Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca. No se las toca. Cualquier agresión a Ceuta y Melilla lo es a España en su conjunto»
Margarita Robles
Ministra de Defensa
Así, se trata de dos visiones —la de Interior y Defensa— que vuelven a colisionar y hacen ver la inexistencia de una línea común de actuación en el seno del Gobierno como ya ocurriera al día siguiente de producirse la avalancha migratoria. Entonces ya se dio un primer choque entre ambos departamentos, cuyo detonante fue el señalamiento directo —aunque implícito— de Marlaska al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), dependiente de Defensa, al negar la existencia de informes u avisos previos a la invasión. Entonces, Robles ya se desmarcó de la línea oficial de la Moncloa para sugerir la responsabilidad de Marruecos y defender el trabajo de los servicios de inteligencia españoles. «Hay que tener muy claro que la integridad territorial, la soberanía española, no se tocan; que a Ceuta y a Melilla no se les toca», advirtió sin rastro de alabanzas a Rabat.
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