Muchas personas asumen que, cuando una persona las quiere de verdad, deben saber qué les pasa sin necesidad de decirlo. Así, esperan que su pareja note cuándo están mal o entiendan qué necesitan de ella incluso antes de decírselo.Lo que se busca es, en resumen, una especie de telepatía emocional que, aunque pueda parecer una bonita muestra de conexión, puede terminar convirtiéndose en una fuente constante de frustración y dar lugar a conflictos.Por ello, la psicóloga María Martín-Gamero afirma que, «cuando entiendes que alguien puede quererte y no tener por qué adivinar lo que necesitas, cambiarán por completo tus relaciones».Con esta premisa, la experta trata de hacer ver que conocer bien a alguien a alguien no significa poder leerle la mente, ya que cada persona tiene una historia diferente, unos esquemas propios y una manera particular de procesar lo que le ocurre.El peligro de esperar que el otro adivine nuestras necesidades«Muchas veces caemos en medir el amor en función de la telepatía: si de verdad le importara, sabría por qué estoy mal; no tendría por qué pedírselo, debería salir de él», señala la psicóloga.Sin embargo, esto, desde su punto de vista, «no es una prueba de amor» , sino que «acaba generando más frustración, resentimiento y distancia». «Tu pareja, tu amigo, tu hermana pueden quererte muchísimo, y aun así no saber qué necesitas en cada momento. No comparten tu historia, tus esquemas, tu forma de procesar las cosas», asevera.Una de las claves está, por tanto, en sustituir la expectativa de que el otro adivine por la capacidad de expresar lo que necesitamos. Pedir ayuda, explicar cómo nos sentimos o decir qué esperamos de una situación no resta valor al comportamiento de la otra persona, más bien lo contrario.«Aprender a decir lo que necesitas no es pedir demasiado, ni hace que el gesto del otro sea menos genuino. Al contrario, cuando comunicas lo que necesitas, le estás dando a la otra persona la oportunidad de conocerte mejor y de decidir cómo quiere responder a eso».Así, en definitiva, Martín-Gamero insiste en que «ninguna relación debe consistir en esperar a que el otro adivine lo que necesito y luego comprobar si lo ha hecho bien, sino aprender a mostrarle al otro cómo llegar a ti». Muchas personas asumen que, cuando una persona las quiere de verdad, deben saber qué les pasa sin necesidad de decirlo. Así, esperan que su pareja note cuándo están mal o entiendan qué necesitan de ella incluso antes de decírselo.Lo que se busca es, en resumen, una especie de telepatía emocional que, aunque pueda parecer una bonita muestra de conexión, puede terminar convirtiéndose en una fuente constante de frustración y dar lugar a conflictos.Por ello, la psicóloga María Martín-Gamero afirma que, «cuando entiendes que alguien puede quererte y no tener por qué adivinar lo que necesitas, cambiarán por completo tus relaciones».Con esta premisa, la experta trata de hacer ver que conocer bien a alguien a alguien no significa poder leerle la mente, ya que cada persona tiene una historia diferente, unos esquemas propios y una manera particular de procesar lo que le ocurre.El peligro de esperar que el otro adivine nuestras necesidades«Muchas veces caemos en medir el amor en función de la telepatía: si de verdad le importara, sabría por qué estoy mal; no tendría por qué pedírselo, debería salir de él», señala la psicóloga.Sin embargo, esto, desde su punto de vista, «no es una prueba de amor» , sino que «acaba generando más frustración, resentimiento y distancia». «Tu pareja, tu amigo, tu hermana pueden quererte muchísimo, y aun así no saber qué necesitas en cada momento. No comparten tu historia, tus esquemas, tu forma de procesar las cosas», asevera.Una de las claves está, por tanto, en sustituir la expectativa de que el otro adivine por la capacidad de expresar lo que necesitamos. Pedir ayuda, explicar cómo nos sentimos o decir qué esperamos de una situación no resta valor al comportamiento de la otra persona, más bien lo contrario.«Aprender a decir lo que necesitas no es pedir demasiado, ni hace que el gesto del otro sea menos genuino. Al contrario, cuando comunicas lo que necesitas, le estás dando a la otra persona la oportunidad de conocerte mejor y de decidir cómo quiere responder a eso».Así, en definitiva, Martín-Gamero insiste en que «ninguna relación debe consistir en esperar a que el otro adivine lo que necesito y luego comprobar si lo ha hecho bien, sino aprender a mostrarle al otro cómo llegar a ti».

Muchas personas asumen que, cuando una persona las quiere de verdad, deben saber qué les pasa sin necesidad de decirlo. Así, esperan que su pareja note cuándo están mal o entiendan qué necesitan de ella incluso antes de decírselo.
Lo que se busca es, en resumen, una especie de telepatía emocional que, aunque pueda parecer una bonita muestra de conexión, puede terminar convirtiéndose en una fuente constante de frustración y dar lugar a conflictos.
Por ello, la psicóloga María Martín-Gamero afirma que, «cuando entiendes que alguien puede quererte y no tener por qué adivinar lo que necesitas, cambiarán por completo tus relaciones».
Con esta premisa, la experta trata de hacer ver que conocer bien a alguien a alguien no significa poder leerle la mente, ya que cada persona tiene una historia diferente, unos esquemas propios y una manera particular de procesar lo que le ocurre.
El peligro de esperar que el otro adivine nuestras necesidades
«Muchas veces caemos en medir el amor en función de la telepatía: si de verdad le importara, sabría por qué estoy mal; no tendría por qué pedírselo, debería salir de él», señala la psicóloga.
Sin embargo, esto, desde su punto de vista, «no es una prueba de amor», sino que «acaba generando más frustración, resentimiento y distancia». «Tu pareja, tu amigo, tu hermana pueden quererte muchísimo, y aun así no saber qué necesitas en cada momento. No comparten tu historia, tus esquemas, tu forma de procesar las cosas», asevera.
Una de las claves está, por tanto, en sustituir la expectativa de que el otro adivine por la capacidad de expresar lo que necesitamos. Pedir ayuda, explicar cómo nos sentimos o decir qué esperamos de una situación no resta valor al comportamiento de la otra persona, más bien lo contrario.
«Aprender a decir lo que necesitas no es pedir demasiado, ni hace que el gesto del otro sea menos genuino. Al contrario, cuando comunicas lo que necesitas, le estás dando a la otra persona la oportunidad de conocerte mejor y de decidir cómo quiere responder a eso».
Así, en definitiva, Martín-Gamero insiste en que «ninguna relación debe consistir en esperar a que el otro adivine lo que necesito y luego comprobar si lo ha hecho bien, sino aprender a mostrarle al otro cómo llegar a ti».
RSS de noticias de bienestar

