Fernando Grande-Marlaska ha regresado este jueves a Ceuta en plena escalada diplomática con Marruecos por la soberanía de las dos ciudades autónomas españolas y el retorno inmediato de todos sus nacionales -salvo solicitantes de protección internacional. Se trata de la segunda visita en apenas cuatro días del ministro del Interior y se produce inmediatamente después de que Margarita Robles también desplegada sobre el terreno se desmarcara de la línea oficial del Gobierno, plantando cara a Rabat —sin alusiones directas, eso sí—, y advirtiera que los enclaves en el norte de África «no se tocan» porque son «españolísimos», Frente a ese discurso grandilocuente que la responsable de Defensa lleva manteniendo desde el minuto uno de la avalancha de los pasados 30 y 31 de julio, aplaudido incluso por los principales sindicatos policiales de nuestro país, Marlaska ha tratado de encarrilar de nuevo la estrategia de prudencia del Ejecutivo, alabando por enésima vez a la colaboración del reino alauí en materia migratoria. «Ha sido, es y será excepcional», repetía el socialista desde su atril en la sede de la Delegación del Gobierno en Ceuta, donde ha atendido a los medios.Todo ello, la misma jornada en que la nación magrebí, regido por Mohamed VI, volvía a elevar el tono contra España a cuenta del proceso de regularización extraordinaria llevado a cabo por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. De nuevo, era Abdellatif Ouahbi, ministro marroquí de Justicia, el que lanzaba este tercer y último órdago: la suspensión del acuerdo extradición con España por la presunta falta de reciprocidad de las autoridades de nuestro país..«No puedo atisbar ninguna cuestión relativa a lo que me están manifestando», respondía Marlaska, a preguntas de la prensa, cuestionado por la posibilidad de que Rabat rompa este acuerdo bilateral. «La cooperación y la coordinación en materia de extradiciones con el Reino de Marruecos, así como en cooperación judicial, siempre ha sido, es y será extraordinaria y excepcional», ahondaba el ministro, quien, en la víspera, volvió a tachar al país vecino de «socio absolutamente fiable» Fernando Grande-Marlaska ha regresado este jueves a Ceuta en plena escalada diplomática con Marruecos por la soberanía de las dos ciudades autónomas españolas y el retorno inmediato de todos sus nacionales -salvo solicitantes de protección internacional. Se trata de la segunda visita en apenas cuatro días del ministro del Interior y se produce inmediatamente después de que Margarita Robles también desplegada sobre el terreno se desmarcara de la línea oficial del Gobierno, plantando cara a Rabat —sin alusiones directas, eso sí—, y advirtiera que los enclaves en el norte de África «no se tocan» porque son «españolísimos», Frente a ese discurso grandilocuente que la responsable de Defensa lleva manteniendo desde el minuto uno de la avalancha de los pasados 30 y 31 de julio, aplaudido incluso por los principales sindicatos policiales de nuestro país, Marlaska ha tratado de encarrilar de nuevo la estrategia de prudencia del Ejecutivo, alabando por enésima vez a la colaboración del reino alauí en materia migratoria. «Ha sido, es y será excepcional», repetía el socialista desde su atril en la sede de la Delegación del Gobierno en Ceuta, donde ha atendido a los medios.Todo ello, la misma jornada en que la nación magrebí, regido por Mohamed VI, volvía a elevar el tono contra España a cuenta del proceso de regularización extraordinaria llevado a cabo por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. De nuevo, era Abdellatif Ouahbi, ministro marroquí de Justicia, el que lanzaba este tercer y último órdago: la suspensión del acuerdo extradición con España por la presunta falta de reciprocidad de las autoridades de nuestro país..«No puedo atisbar ninguna cuestión relativa a lo que me están manifestando», respondía Marlaska, a preguntas de la prensa, cuestionado por la posibilidad de que Rabat rompa este acuerdo bilateral. «La cooperación y la coordinación en materia de extradiciones con el Reino de Marruecos, así como en cooperación judicial, siempre ha sido, es y será extraordinaria y excepcional», ahondaba el ministro, quien, en la víspera, volvió a tachar al país vecino de «socio absolutamente fiable»
Fernando Grande-Marlaska ha regresado este jueves a Ceuta en plena escalada diplomática con Marruecos por la soberanía de las dos ciudades autónomas españolas y el retorno inmediato de todos sus nacionales -salvo solicitantes de protección internacional. Se trata de la segunda visita en apenas … cuatro días del ministro del Interior y se produce inmediatamente después de que Margarita Robles también desplegada sobre el terreno se desmarcara de la línea oficial del Gobierno, plantando cara a Rabat —sin alusiones directas, eso sí—, y advirtiera que los enclaves en el norte de África «no se tocan» porque son «españolísimos»,
Frente a ese discurso grandilocuente que la responsable de Defensa lleva manteniendo desde el minuto uno de la avalancha de los pasados 30 y 31 de julio, aplaudido incluso por los principales sindicatos policiales de nuestro país, Marlaska ha tratado de encarrilar de nuevo la estrategia de prudencia del Ejecutivo, alabando por enésima vez a la colaboración del reino alauí en materia migratoria. «Ha sido, es y será excepcional», repetía el socialista desde su atril en la sede de la Delegación del Gobierno en Ceuta, donde ha atendido a los medios.
Todo ello, la misma jornada en que la nación magrebí, regido por Mohamed VI, volvía a elevar el tono contra España a cuenta del proceso de regularización extraordinaria llevado a cabo por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. De nuevo, era Abdellatif Ouahbi, ministro marroquí de Justicia, el que lanzaba este tercer y último órdago: la suspensión del acuerdo extradición con España por la presunta falta de reciprocidad de las autoridades de nuestro país..
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«No puedo atisbar ninguna cuestión relativa a lo que me están manifestando», respondía Marlaska, a preguntas de la prensa, cuestionado por la posibilidad de que Rabat rompa este acuerdo bilateral. «La cooperación y la coordinación en materia de extradiciones con el Reino de Marruecos, así como en cooperación judicial, siempre ha sido, es y será extraordinaria y excepcional», ahondaba el ministro, quien, en la víspera, volvió a tachar al país vecino de «socio absolutamente fiable»
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