El presidente argentino, Javier Milei , aparecía en la calle Alcalá de Madrid dos minutos antes de las diez. Saludaba al bajar de un coche rodeado de una extensa comitiva presidencial, pero no se detenía ante la prensa y cruzaba las puertas del Real Casino de Madrid bajo la atenta mirada de algún curioso. En el interior, era recibido por las cámaras y los empresarios que han acudido al Foro Nueva Economía, que, enfundados en sus trajes, aplaudían su llegada y el comienzo de un discurso marcado por críticas a las políticas de izquierda, la inmigración y en reivindicar España como un Estado liberal.Cree, Javier Milei, que «es una deuda con su sangre», la de los españoles, «sacar a los socialistas a patadas porque España es «la cuna del liberalismo» . El político se ha definido a sí mismo durante un desayuno informativo, como «liberal libertario acérrimo». Al presidente del país que pisa, Pedro Sánchez, lo califica de «dictador». Habla de poderes tiránicos y que donde aquellos están «florece la respuesta liberal», como asegura que ocurrió en Argentina, pocos minutos después de que el Partido Socialista haya colgado una pancarta en su sede de Ferraz en saludo al visitante: «Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España».El presidente argentino ha respondido a la provocación: «Que digan lo que quieran, me da lo mismo. Si me insultan, me encanta». Para la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha tenido palabras, pero positivas, poco después de confirmarse su reunión en la capital. « Soy amigo de Abascal y Ayuso y creo que tienen ideas sanas y positivas para sacar a España de la decadencia, por eso los visito, porque mi amor hacia España hace que apoye a esos que van a generar mayor bienestar a España y no a esos que quieren sustituirlos por otras culturas que los van a exterminar», ha sentenciado. A Sánchez no lo visitará: «No voy a ir a ver a un delincuente ladrón porque no estoy dispuesto a coserme los bolsillos para no salir expoliado». Con el Rey ha confirmado que no se reunirá, aunque dice tener con su majestad una «excelente relación». «Es una cuestión de imposibilidad de agendas», ha apuntado.También ha tenido palabras para la inmigración, poniendo su foco en Ceuta. Ha tachado lo sucedido a finales de julio de «invasión», un hecho que sentencia que desde la izquierda «fomentan» porque «cada inmigrante es un voto». «No fue un accidente, no fue una casualidad, y las calles se volvieron inseguras para las mujeres que no pueden salir a caminar solas por las noches en muchos barrios de las principales ciudades», ha añadido. Sin mencionarlo explícitamente, sus palabras se han dirigido también a las protestas de Francia. « Los inmigrantes incendian monumentos ancestrales y destruyendo la propiedad de los trabajadores de cuyos impuestos viven», ha afirmado.Cuando habla de corrupción mira al público, lo apela, gesticula y abre los brazos. Pero su discurso lo marcan unas gafas bajas, que dejan sus ojos libres cuando mira al frente y caen sobre su nariz, que recoloca. Lo hace mientras deja atrás España y se centra en Argentina, en su propia legislatura y en todo lo que asegura haber hecho para convertir su país en lo que buscaba su mandato. Habla, al puro estilo Donald Trump, de lo que va a «hacer Argentina grande nuevamente». Recuerda sus «logros en materia minera» y la modificación de la ley de los glaciares. «Cosas chiquitas que generan grandes impactos» y otras medidas que dice subterráneas y que asegura que, cuando salgan a la luz harán su país «grande» y lo llevarán a un nuevo renacer. «Próximamente van a ver a Argentina exportando fuertemente cobre y oro», ha apuntado, y «vaya que estamos cambiando la argentina fuertemente». «Mírenos para invertir» , observa al público.«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue» Javier Milei Presidente de Argentina«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue». « La decadencia no es un destino si no una elección y queremos que vuelvan a soñar con un futuro digno». Han sido algunas de sus sentencias, e insta no solo a mirar a su país, sino a pisarlo, a vivirlo. «Que la fuerza del cielo los acompañe y ¡viva la libertad carajo!», gritaba como juicio final, saturando el micrófono y disparando los aplausos en la sala. El presidente argentino, Javier Milei , aparecía en la calle Alcalá de Madrid dos minutos antes de las diez. Saludaba al bajar de un coche rodeado de una extensa comitiva presidencial, pero no se detenía ante la prensa y cruzaba las puertas del Real Casino de Madrid bajo la atenta mirada de algún curioso. En el interior, era recibido por las cámaras y los empresarios que han acudido al Foro Nueva Economía, que, enfundados en sus trajes, aplaudían su llegada y el comienzo de un discurso marcado por críticas a las políticas de izquierda, la inmigración y en reivindicar España como un Estado liberal.Cree, Javier Milei, que «es una deuda con su sangre», la de los españoles, «sacar a los socialistas a patadas porque España es «la cuna del liberalismo» . El político se ha definido a sí mismo durante un desayuno informativo, como «liberal libertario acérrimo». Al presidente del país que pisa, Pedro Sánchez, lo califica de «dictador». Habla de poderes tiránicos y que donde aquellos están «florece la respuesta liberal», como asegura que ocurrió en Argentina, pocos minutos después de que el Partido Socialista haya colgado una pancarta en su sede de Ferraz en saludo al visitante: «Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España».El presidente argentino ha respondido a la provocación: «Que digan lo que quieran, me da lo mismo. Si me insultan, me encanta». Para la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha tenido palabras, pero positivas, poco después de confirmarse su reunión en la capital. « Soy amigo de Abascal y Ayuso y creo que tienen ideas sanas y positivas para sacar a España de la decadencia, por eso los visito, porque mi amor hacia España hace que apoye a esos que van a generar mayor bienestar a España y no a esos que quieren sustituirlos por otras culturas que los van a exterminar», ha sentenciado. A Sánchez no lo visitará: «No voy a ir a ver a un delincuente ladrón porque no estoy dispuesto a coserme los bolsillos para no salir expoliado». Con el Rey ha confirmado que no se reunirá, aunque dice tener con su majestad una «excelente relación». «Es una cuestión de imposibilidad de agendas», ha apuntado.También ha tenido palabras para la inmigración, poniendo su foco en Ceuta. Ha tachado lo sucedido a finales de julio de «invasión», un hecho que sentencia que desde la izquierda «fomentan» porque «cada inmigrante es un voto». «No fue un accidente, no fue una casualidad, y las calles se volvieron inseguras para las mujeres que no pueden salir a caminar solas por las noches en muchos barrios de las principales ciudades», ha añadido. Sin mencionarlo explícitamente, sus palabras se han dirigido también a las protestas de Francia. « Los inmigrantes incendian monumentos ancestrales y destruyendo la propiedad de los trabajadores de cuyos impuestos viven», ha afirmado.Cuando habla de corrupción mira al público, lo apela, gesticula y abre los brazos. Pero su discurso lo marcan unas gafas bajas, que dejan sus ojos libres cuando mira al frente y caen sobre su nariz, que recoloca. Lo hace mientras deja atrás España y se centra en Argentina, en su propia legislatura y en todo lo que asegura haber hecho para convertir su país en lo que buscaba su mandato. Habla, al puro estilo Donald Trump, de lo que va a «hacer Argentina grande nuevamente». Recuerda sus «logros en materia minera» y la modificación de la ley de los glaciares. «Cosas chiquitas que generan grandes impactos» y otras medidas que dice subterráneas y que asegura que, cuando salgan a la luz harán su país «grande» y lo llevarán a un nuevo renacer. «Próximamente van a ver a Argentina exportando fuertemente cobre y oro», ha apuntado, y «vaya que estamos cambiando la argentina fuertemente». «Mírenos para invertir» , observa al público.«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue» Javier Milei Presidente de Argentina«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue». « La decadencia no es un destino si no una elección y queremos que vuelvan a soñar con un futuro digno». Han sido algunas de sus sentencias, e insta no solo a mirar a su país, sino a pisarlo, a vivirlo. «Que la fuerza del cielo los acompañe y ¡viva la libertad carajo!», gritaba como juicio final, saturando el micrófono y disparando los aplausos en la sala.
El presidente argentino, Javier Milei, aparecía en la calle Alcalá de Madrid dos minutos antes de las diez. Saludaba al bajar de un coche rodeado de una extensa comitiva presidencial, pero no se detenía ante la prensa y cruzaba las puertas del Real Casino … de Madrid bajo la atenta mirada de algún curioso. En el interior, era recibido por las cámaras y los empresarios que han acudido al Foro Nueva Economía, que, enfundados en sus trajes, aplaudían su llegada y el comienzo de un discurso marcado por críticas a las políticas de izquierda, la inmigración y en reivindicar España como un Estado liberal.
Cree, Javier Milei, que «es una deuda con su sangre», la de los españoles, «sacar a los socialistas a patadas porque España es «la cuna del liberalismo». El político se ha definido a sí mismo durante un desayuno informativo, como «liberal libertario acérrimo». Al presidente del país que pisa, Pedro Sánchez, lo califica de «dictador». Habla de poderes tiránicos y que donde aquellos están «florece la respuesta liberal», como asegura que ocurrió en Argentina, pocos minutos después de que el Partido Socialista haya colgado una pancarta en su sede de Ferraz en saludo al visitante: «Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España».
El presidente argentino ha respondido a la provocación: «Que digan lo que quieran, me da lo mismo. Si me insultan, me encanta». Para la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha tenido palabras, pero positivas, poco después de confirmarse su reunión en la capital. «Soy amigo de Abascal y Ayuso y creo que tienen ideas sanas y positivas para sacar a España de la decadencia, por eso los visito, porque mi amor hacia España hace que apoye a esos que van a generar mayor bienestar a España y no a esos que quieren sustituirlos por otras culturas que los van a exterminar», ha sentenciado. A Sánchez no lo visitará: «No voy a ir a ver a un delincuente ladrón porque no estoy dispuesto a coserme los bolsillos para no salir expoliado». Con el Rey ha confirmado que no se reunirá, aunque dice tener con su majestad una «excelente relación». «Es una cuestión de imposibilidad de agendas», ha apuntado.
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También ha tenido palabras para la inmigración, poniendo su foco en Ceuta. Ha tachado lo sucedido a finales de julio de «invasión», un hecho que sentencia que desde la izquierda «fomentan» porque «cada inmigrante es un voto». «No fue un accidente, no fue una casualidad, y las calles se volvieron inseguras para las mujeres que no pueden salir a caminar solas por las noches en muchos barrios de las principales ciudades», ha añadido. Sin mencionarlo explícitamente, sus palabras se han dirigido también a las protestas de Francia. «Los inmigrantes incendian monumentos ancestrales y destruyendo la propiedad de los trabajadores de cuyos impuestos viven», ha afirmado.
Cuando habla de corrupción mira al público, lo apela, gesticula y abre los brazos. Pero su discurso lo marcan unas gafas bajas, que dejan sus ojos libres cuando mira al frente y caen sobre su nariz, que recoloca. Lo hace mientras deja atrás España y se centra en Argentina, en su propia legislatura y en todo lo que asegura haber hecho para convertir su país en lo que buscaba su mandato. Habla, al puro estilo Donald Trump, de lo que va a «hacer Argentina grande nuevamente». Recuerda sus «logros en materia minera» y la modificación de la ley de los glaciares. «Cosas chiquitas que generan grandes impactos» y otras medidas que dice subterráneas y que asegura que, cuando salgan a la luz harán su país «grande» y lo llevarán a un nuevo renacer. «Próximamente van a ver a Argentina exportando fuertemente cobre y oro», ha apuntado, y «vaya que estamos cambiando la argentina fuertemente». «Mírenos para invertir», observa al público.

«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue»
Javier Milei
Presidente de Argentina
«Volvimos a aplicar las ideas que hicieron Occidente lo que fue». «La decadencia no es un destino si no una elección y queremos que vuelvan a soñar con un futuro digno». Han sido algunas de sus sentencias, e insta no solo a mirar a su país, sino a pisarlo, a vivirlo. «Que la fuerza del cielo los acompañe y ¡viva la libertad carajo!», gritaba como juicio final, saturando el micrófono y disparando los aplausos en la sala.
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