Sergio González, coordinador de guion del programa de Pablo Motos, músico y cómico, explica cómo ha acabado convertido en divulgador tecnológico, advierte de los riesgos de la inteligencia artificial y descubre cómo es realmente su jefe Leer Sergio González, coordinador de guion del programa de Pablo Motos, músico y cómico, explica cómo ha acabado convertido en divulgador tecnológico, advierte de los riesgos de la inteligencia artificial y descubre cómo es realmente su jefe Leer
Sergio González, más conocido como Suko, estudió Informática convencido de que nunca se dedicaría a ella. Hoy, más de dos décadas después, se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de la divulgación tecnológica en televisión. Su sección El espía tecnológico, en El Hormiguero, se ha hecho un hueco entre las más populares del programa de Antena 3 gracias a sus advertencias sobre ciberseguridad, inteligencia artificial y los peligros que se esconden detrás de las pantallas.
Sin embargo, la tecnología es sólo una parte de su vida. Natural de Puertollano (Ciudad Real), Suko es también coordinador de guion de El Hormiguero, músico al frente de la banda The Buyakers, monologuista y autor, junto a Dani Fontecha, de un libro que se burla de los manuales de autoayuda. Una combinación de profesiones que ni él mismo habría imaginado cuando empezó a trabajar con Pablo Motos hace más de una década.
- Estudiaste Informática, pero aseguras que odiabas la informática. ¿Cómo se explica que ahora seas el espía tecnológico de El Hormiguero?
- Yo estudié Informática odiando la informática. Me fui de la carrera pensando que nunca tocaría un ordenador. Luego empezó a gustarme cuando descubrí cómo aplicarla al cine, pero jamás imaginé que acabaría haciendo esto. Ahora incluso doy charlas sobre ciberseguridad e inteligencia artificial. Intento que sean divertidas y didácticas: probamos IA en directo, hacemos canciones, vídeos o suplantaciones de identidad para mostrar lo fácil que es. Enseño los peligros jugando, porque creo que así se aprende mejor.
- ¿Y te consideras un experto en tecnología?
- No. Nunca me he vendido como experto. Me considero divulgador. Me documento muchísimo, hablo con quienes trabajan en esos temas a diario y cuento cosas que otros han investigado. Sé de lo que hablo porque soy informático, pero no soy especialista. Mi trabajo consiste en hacer comprensible la tecnología. He sido monitor de niños durante 20 años y sé cómo hablarle a un chaval y a un adulto. Muchas empresas tienen el conocimiento, pero no saben cómo transmitirlo. Ahí es donde creo que soy útil.
- ¿Qué te dice la gente por la calle? ¿Has conseguido que le pierdan el miedo a la tecnología?
- El feedback es buenísimo. Aunque El Hormiguero genere controversia en redes, creo que la gente entiende que hay secciones hechas para ayudar. Me encuentro con jóvenes que me dicen: «Le he pasado esta sección a mi madre», y con mayores que me cuentan: «Se la he pasado a mi hijo para que no le quiten el trabajo». Me encanta que sirva para todos. Siempre digo que la tecnología es como un semáforo: no hay que tenerle miedo, pero sí conocerla lo suficiente para moverse con seguridad. La tecnología no debe ser nuestra jefa, sino nuestra ayudante.
«La IA es peligrosísima si se utiliza mal porque puede cargarse trabajos. Pero, si la usas bien, te hace más productivo»
- La inteligencia artificial está cambiando muchas profesiones. Tú eres músico, cómico, guionista y diseñador gráfico. ¿Te preocupa que termine sustituyendo alguno de esos trabajos?
- Convivo con ella a diario. Me gusta probar cosas nuevas, conocer los peligros y aprender de ellos. Como diseñador gráfico, la IA es peligrosísima si se utiliza mal porque puede cargarse trabajos. Pero, si la usas bien, te hace más productivo. Antes tardaba cinco días en hacer un cartel; ahora, uno. Si necesito una cabra con sombrero de cowboy, la genero y después la trabajo yo. Sigo siendo diseñador, pero con recursos más rápidos.
- ¿También utilizas la IA para componer canciones o escribir chistes?
- No le pido que me componga canciones ni que me escriba chistes. Como músico, puedo grabar unos acordes y pedirle que los lleve a un estilo folk o, si estoy atascado con un estribillo, preguntarle cómo lo terminaría. No me da la solución final, pero me inspira caminos que no había pensado. Y como cómico me ayuda a estar actualizado. Si voy a actuar a un pueblo, diez minutos antes puedo pedirle un resumen de lo que ha ocurrido allí esa semana. Me da contexto para preparar el monólogo.
- Además de tu sección, eres uno de los coordinadores de guion de El Hormiguero. ¿Qué implica ese puesto?
- Somos tres coordinadores y cada uno tiene responsabilidades extra. Yo me encargo de las ediciones de programas grabados, de la previsión semanal con Pablo Motos para ver invitados y colaboradores, de hablar con Antena 3 sobre tiempos y publicidad… Pero no tengo a nadie a mi cargo, somos compañeros. Nos ayudamos mucho entre nosotros.
- ¿Cómo es Pablo Motos como jefe?
- Es el mejor jefe que he tenido. Siempre digo que, si no supiera que es famoso, tendría la misma opinión: es una persona encantadora. Confía plenamente en el equipo, escucha, nunca se cabrea y nunca critica sin razón. Cuando me hizo coordinador me dijo: «No te hago coordinador para que me digas que todo está bien, sino porque tienes criterio para decirme que algo no lo está». En un trabajo tan ingrato como el de guionista, donde escribimos 100 chistes y nos tiran 90, esa confianza es oro. Te anima a proponer sin miedo al fracaso. Y, además, apoya nuestros proyectos fuera del programa.
- Entre esos proyectos está The Buyakers, tu banda de música. ¿Cómo nació?
- De una casualidad. En 2003, cuando tenía 18 años, me fui a Estados Unidos con una beca. En el avión conocí a Víctor Mohedano, que era de mi pueblo, aunque no nos conocíamos. Él también iba becado y llevaba una guitarra. Nos bajamos del avión siendo amigos. Me compré una guitarra de segunda mano y empezamos a tocar en bares con micrófono abierto. Mezclábamos canciones de Bob Dylan con otras de Celtas Cortos, Fito o Revólver. Años después, ya en España, formamos The Buyakers. Hemos tocado en muchos festivales e incluso celebramos nuestro décimo aniversario con una orquesta sinfónica.
- Entre El Hormiguero, los conciertos, los monólogos y las charlas sobre tecnología, ¿de dónde sacas el tiempo?
- De lunes a jueves estoy en El Hormiguero y ahora tengo el doble de trabajo que antes. Los fines de semana los reparto entre monólogos, conciertos, ensayos y charlas. Llevo un par de años participando en congresos tecnológicos y también doy charlas educativas para estudiantes y personas mayores. Me gusta acercar esos dos mundos, el de quienes dominan la tecnología y el de quienes necesitan aprender a utilizarla.
- Con Dani Fontecha publicaste un libro de autoayuda que, en realidad, se ríe de la autoayuda. ¿De dónde salió semejante idea?
- De ver a esos oradores norteamericanos que llenan recintos como el Madison Square Garden diciendo que, si sueñas algo muy fuerte, lo vas a conseguir. ¡Y hay 25.000 personas que han pagado 200 dólares por escuchar eso! Decidimos hacer un libro de anti-autoayuda: Si luchas por lo que quieres no lo vas a conseguir: Ni falta que hace. Es como un monólogo gigante que se burla de todos los capítulos típicos de esos manuales. Tiene mucho humor, pero también hace pensar. Al final, lo importante no es la meta, sino el camino que recorres.
- Con tantas facetas profesionales, ¿por qué no aprovechas su popularidad para centrarse exclusivamente en la tecnología?
- Porque mis redes son sociales y quiero mostrar mi vida: conciertos, monólogos, charlas, música, cortos… Sé que, si me centrara sólo en tecnología, tendría muchos más seguidores, pero no sería yo. Me gusta ver la humanidad de la gente a la que admiro. Yo soy así: por la noche toco la guitarra, por la mañana hago chistes, un sábado doy un concierto, otro doy una charla y otro ruedo un corto. Y quiero que mis redes reflejen eso.
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