La artista, referente del punk en España, inaugura con un concierto el ciclo ‘Vicios Modernos’ del Museo Reina Sofía Leer La artista, referente del punk en España, inaugura con un concierto el ciclo ‘Vicios Modernos’ del Museo Reina Sofía Leer
Ana Curra (San Lorenzo de El Escorial, 1958) no vive de la nostalgia ni de nada que se le parezca. Por ella han pasado modas y etiquetas y ahí sigue, grabando discos, incorruptible sobre el escenario. Desde que empezó tocando el teclado en Alaska y los Pegamoides ha sobrevivido a algunos cataclismos vitales. La muerte de Eduardo Benavente, compañero afectivo y musical en Parálisis Permanente, en un accidente de coche, le reventó la vida en dos. Un duelo que tardó años en asumir, anestesiado bajo la heroína. Pero Curra siempre ha sabido reinventarse al borde de la rareza, entre el punk, lo gótico y la electrónica. Su terreno natural siempre ha sido el underground.
Será ella la encargada de inaugurar, el 14 de octubre, un ciclo de conciertos en el Museo Reina Sofía de Madrid llamado Vicios Modernos, en el contexto de la sala Contracultura Material, una cápsula de los tiempos de la Movida madrileña que reúne fanzines, arte, diseño y cómics de autores como Ceesepe, Nazario y Ouka Leele, amigos y coetáneos de Curra, cuyas obras forman parte de la colección Arte contemporáneo: 1975-Presente.
- ¿Cómo surge esta propuesta?
- El director Manuel Segade me propuso hacer algo que sonase a contracultura, en diálogo con la exposición permanente Colección Presente -1975, en la 4º planta del Museo. Pensó en mí por mis 40 años de trayectoria, por mi vínculo y visión musical de ese tiempo.
- ¿Qué concierto será?
- He planteado una selección de temas, desde los comienzos con los Pegamoides, alguna canción de mi carrera en solitario y, por supuesto, algunas de Parálisis Permanente. Son canciones que han envejecido muy bien y con las que me sigo sintiendo cómoda. Habrá invitados que han grabado conmigo algunas de esas canciones en el disco Ana Curra y los 13 apóstoles que lanzamos a comienzos de este 2026.
- ¿Habrá algún acompañamiento visual?
- Sí, por supuesto. Dado el contexto y el espacio del museo, habrá aportaciones de Miguel Trillo, que tiene un material fabuloso como documentalista de las tribus urbanas de la época y de Alberto García-Alix, con fotos de aquellos años. También se proyectará un vídeo de Enrique Martí, un artista increíble, más joven, con el que ya he trabajado antes.
- La relación con García-Alix es de largo recorrido…
- Sí, es una relación duradera que se mantendrá siempre. En su momento fuimos pareja, pero ahora es como un hermano. Siempre estamos el uno para el otro. Hay un vínculo muy fuerte y seguimos trabajando juntos. Hizo las fotos de mi disco Huaca en 2019.
- ¿Qué significa para usted underground?
- Es una elección individual, una forma de estar en el mundo. No es fácil, pero si quieres ser libre y defender lo que dices, no puedes estar en un lugar donde no puedas ser tú misma. Siempre he estado donde quería estar.
- ¿Es una idea vigente en 2026?
- El latido de la contracultura siempre ha sido fundamental. Es un movimiento minoritario que rechaza las normas dominantes de la sociedad y que en los años 70 dio lugar aquí a un cambio de paradigma. El underground siempre ha tomado el pulso a la calle. De hecho, ahora podemos encontrar un paralelismo con todo lo que vemos en Sol, donde la gente acampa y trata de oponer resistencia a lo que sucede con el problema de la vivienda. El Gobierno ha tenido que claudicar y convocar elecciones.
- ¿Y cómo lleva una ser un icono del underground y no morir en el intento?
- Es fuerte. A veces te sobrepasa un poco, porque la idea que tú tienes de ti misma no es esa. Es un lugar donde te sitúan los demás, aunque tampoco me incomoda, porque siempre he sido bien entendida. Nunca me trataron como una mujer florero. Por otro lado, siempre he tenido un pie en el mundo real, Mi trabajo es, digamos, normal, soy profesora de piano en el Conservatorio.
- ¿Le interesa la escena musical madrileña?
- Tengo que alimentarme espiritualmente del día a día. No dejo de descubrir gente en la música, no me duermo para nada. Me encantan Biznaga, bandas de chicas como Shego, por ejemplo, y otras nuevas o pequeñas que tocan a diario, como en la sala Wurlitzer. Me interesa muchísimo lo que hace la gente ahora.
- ¿Y fenómenos mainstream como Rosalía?
- Me parece genial, siempre y cuando seas honesta y auténtica, aunque este término se haya pervertido un poco. No estoy en contra de vender mucho ni de llenar estadios. También pienso en Robe, de Extremoduro: siempre hizo lo que quiso y fue un artista muy aceptado por su público.
- ¿Y los grupos de su generación? Algunos llenan estadios.
- Yo escucho ahora a Hombres G y me dan mucha pereza. ¿Cómo pueden seguir cantando esas canciones? Ya me parecían infantiloides en su época. Pero parece que tienen mucho éxito. En fin, cada uno que haga lo que quiera. Ser un artista de tu tiempo requiere esfuerzo.
- ¿Cómo es su vida ahora?
- Me acabo de jubilar pero tengo pendiente entrar en el estudio para grabar un disco. Estoy preparando, junto a un pequeño sello llamado Ghost Highway Recordings, una reedición de los vinilos de El Ángel [poeta y músico que fue su pareja y falleció de sida). También estoy trabajando en un libro sobre él, me gustaría llevar su legado a la gente.
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