Dos individuos en moto, cinco disparos y un hombre herido grave en sus dos piernas. Ocurrió hace un par de semanas en la barriada pacense del Cerro de Reyes. La tarde anterior el coche de la víctima apareció completamente calcinado. La Delegación del Gobierno en Extremadura lo asocia a un ajuste de cuentas, pero no es un caso aislado. En lo que va de 2026, Badajoz no ha dejado de acumular sucesos de este calibre con tiroteos, quema de coches, lanzamientos de cócteles molotov, sicarios o incluso el —todavía no resuelto— disparo que acabó alcanzando a una niña en el patio de un colegio. El territorio al que la ‘cloaca’ del PSOE fue a buscar narcos contra la juez Beatriz Biedma ha convertido en rutina lo que antes eran episodios puntuales.El caso que mejor retrata lo que está pasando en Badajoz, por incomprensible, es lo ocurrido el 15 de abril. Pasadas las cinco y media de la tarde, una niña de 13 años entrenaba al fútbol en el patio del colegio San José de Calasanz y recibió un impacto de bala en el gemelo. Acabó con una fractura de peroné, pero su vida no corrió peligro. La principal hipótesis que se barajó entonces era que se trataba de una bala perdida que buscaba otro blanco. Sin embargo, medio año después, no se sabe nada del informe de balística ni si ha habido avances en la investigación. Algo antes, en marzo, lanzaron cócteles molotov contra una vivienda en la barriada de San Roque. El morador apagó las llamas y no denunció. Después, dispararon contra la misma fachada y repitieron el lanzamiento de cócteles desde un coche. Lo mismo —o parecido— ocurrió en una casa del Cerro de Reyes: balazos y fuego. La Policía empezó a hablar entonces de dos clanes familiares, cada uno identificado con un barrio, y detuvo a tres personas por incendio, amenazas y tenencia ilícita de armas.A finales de abril, el día 23, se produjo un espectacular tiroteo a plena luz del día en el entorno de San Roque. Sobre las cuatro de la tarde, unos individuos dispararon contra un hombre. No le dieron y le persiguieron entre decenas de detonaciones. Dos tiros reventaron el mostrador de una farmacia en la que acabaron refugiándose dos colombianos de 22 y 23 años. «Nos quieren matar», decían. Eran presuntos sicarios que portaban munición de arma larga. El alcalde, Ignacio Gragera, llegó a admitir que se trataba de una escalada de violencia «sin precedentes» en la ciudad. Todo, en medio de las protestas de los sindicatos policiales que reclamaban más personal en Badajoz capital, tal y como informó ABC.Con apenas un día de diferencia, tres hombres llegaron a ser atendidos en urgencias con heridas de bala a primeros de julio. Fue el último episodio antes de la tregua de verano. El ambiente se relajó, pero las heridas volvieron a abrirse el pasado mes de septiembre. Día sí y día también, los medios locales se hacían eco de la aparición de coches completamente calcinados. Empezó a hablarse entonces, otra vez, de la guerra de clanes. Se desconoce si entre las mismas familias. La situación, con cerca de un centenar de coches quemados en lo que va de año, obligó a la Policía Nacional a desplegar la llamada operación Bastión. Los agentes reforzaron su presencia en el Cerro de Reyes con controles aleatorios y contuvieron la inercia delictiva en la zona con varias detenciones.El mapa de la guerra entre bandas es el que «tocó» la trama de las ‘cloacas’ del PSOE cuando Leire Díez trató de contactar, a través del exjuez Luis José Sáenz de Tejada, con la familia Rocho. La matriarca, Cintia Rocho, admitió en su declaración que le habían hecho llegar información de la juez Biedma y de su familia con la intención de actuar contra ella, a lo que se negaron. Hubo, según su relato, hasta tres contactos con el exjuez, uno de ellos en persona, en los que se hicieron referencias a la magistrada como «puto grano en el culo» o «a patadas aprende el burro». Sáenz de Tejada tendrá que declarar como investigado el próximo 28 de octubre por cuatro delitos: organización criminal, calumnias, coacciones y contra la integridad moral. Dos individuos en moto, cinco disparos y un hombre herido grave en sus dos piernas. Ocurrió hace un par de semanas en la barriada pacense del Cerro de Reyes. La tarde anterior el coche de la víctima apareció completamente calcinado. La Delegación del Gobierno en Extremadura lo asocia a un ajuste de cuentas, pero no es un caso aislado. En lo que va de 2026, Badajoz no ha dejado de acumular sucesos de este calibre con tiroteos, quema de coches, lanzamientos de cócteles molotov, sicarios o incluso el —todavía no resuelto— disparo que acabó alcanzando a una niña en el patio de un colegio. El territorio al que la ‘cloaca’ del PSOE fue a buscar narcos contra la juez Beatriz Biedma ha convertido en rutina lo que antes eran episodios puntuales.El caso que mejor retrata lo que está pasando en Badajoz, por incomprensible, es lo ocurrido el 15 de abril. Pasadas las cinco y media de la tarde, una niña de 13 años entrenaba al fútbol en el patio del colegio San José de Calasanz y recibió un impacto de bala en el gemelo. Acabó con una fractura de peroné, pero su vida no corrió peligro. La principal hipótesis que se barajó entonces era que se trataba de una bala perdida que buscaba otro blanco. Sin embargo, medio año después, no se sabe nada del informe de balística ni si ha habido avances en la investigación. Algo antes, en marzo, lanzaron cócteles molotov contra una vivienda en la barriada de San Roque. El morador apagó las llamas y no denunció. Después, dispararon contra la misma fachada y repitieron el lanzamiento de cócteles desde un coche. Lo mismo —o parecido— ocurrió en una casa del Cerro de Reyes: balazos y fuego. La Policía empezó a hablar entonces de dos clanes familiares, cada uno identificado con un barrio, y detuvo a tres personas por incendio, amenazas y tenencia ilícita de armas.A finales de abril, el día 23, se produjo un espectacular tiroteo a plena luz del día en el entorno de San Roque. Sobre las cuatro de la tarde, unos individuos dispararon contra un hombre. No le dieron y le persiguieron entre decenas de detonaciones. Dos tiros reventaron el mostrador de una farmacia en la que acabaron refugiándose dos colombianos de 22 y 23 años. «Nos quieren matar», decían. Eran presuntos sicarios que portaban munición de arma larga. El alcalde, Ignacio Gragera, llegó a admitir que se trataba de una escalada de violencia «sin precedentes» en la ciudad. Todo, en medio de las protestas de los sindicatos policiales que reclamaban más personal en Badajoz capital, tal y como informó ABC.Con apenas un día de diferencia, tres hombres llegaron a ser atendidos en urgencias con heridas de bala a primeros de julio. Fue el último episodio antes de la tregua de verano. El ambiente se relajó, pero las heridas volvieron a abrirse el pasado mes de septiembre. Día sí y día también, los medios locales se hacían eco de la aparición de coches completamente calcinados. Empezó a hablarse entonces, otra vez, de la guerra de clanes. Se desconoce si entre las mismas familias. La situación, con cerca de un centenar de coches quemados en lo que va de año, obligó a la Policía Nacional a desplegar la llamada operación Bastión. Los agentes reforzaron su presencia en el Cerro de Reyes con controles aleatorios y contuvieron la inercia delictiva en la zona con varias detenciones.El mapa de la guerra entre bandas es el que «tocó» la trama de las ‘cloacas’ del PSOE cuando Leire Díez trató de contactar, a través del exjuez Luis José Sáenz de Tejada, con la familia Rocho. La matriarca, Cintia Rocho, admitió en su declaración que le habían hecho llegar información de la juez Biedma y de su familia con la intención de actuar contra ella, a lo que se negaron. Hubo, según su relato, hasta tres contactos con el exjuez, uno de ellos en persona, en los que se hicieron referencias a la magistrada como «puto grano en el culo» o «a patadas aprende el burro». Sáenz de Tejada tendrá que declarar como investigado el próximo 28 de octubre por cuatro delitos: organización criminal, calumnias, coacciones y contra la integridad moral.
Dos individuos en moto, cinco disparos y un hombre herido grave en sus dos piernas. Ocurrió hace un par de semanas en la barriada pacense del Cerro de Reyes. La tarde anterior el coche de la víctima apareció completamente calcinado. La Delegación del Gobierno en … Extremadura lo asocia a un ajuste de cuentas, pero no es un caso aislado. En lo que va de 2026, Badajoz no ha dejado de acumular sucesos de este calibre con tiroteos, quema de coches, lanzamientos de cócteles molotov, sicarios o incluso el —todavía no resuelto— disparo que acabó alcanzando a una niña en el patio de un colegio. El territorio al que la ‘cloaca’ del PSOE fue a buscar narcos contra la juez Beatriz Biedma ha convertido en rutina lo que antes eran episodios puntuales.
El caso que mejor retrata lo que está pasando en Badajoz, por incomprensible, es lo ocurrido el 15 de abril. Pasadas las cinco y media de la tarde, una niña de 13 años entrenaba al fútbol en el patio del colegio San José de Calasanz y recibió un impacto de bala en el gemelo. Acabó con una fractura de peroné, pero su vida no corrió peligro. La principal hipótesis que se barajó entonces era que se trataba de una bala perdida que buscaba otro blanco. Sin embargo, medio año después, no se sabe nada del informe de balística ni si ha habido avances en la investigación.
Algo antes, en marzo, lanzaron cócteles molotov contra una vivienda en la barriada de San Roque. El morador apagó las llamas y no denunció. Después, dispararon contra la misma fachada y repitieron el lanzamiento de cócteles desde un coche. Lo mismo —o parecido— ocurrió en una casa del Cerro de Reyes: balazos y fuego. La Policía empezó a hablar entonces de dos clanes familiares, cada uno identificado con un barrio, y detuvo a tres personas por incendio, amenazas y tenencia ilícita de armas.
A finales de abril, el día 23, se produjo un espectacular tiroteo a plena luz del día en el entorno de San Roque. Sobre las cuatro de la tarde, unos individuos dispararon contra un hombre. No le dieron y le persiguieron entre decenas de detonaciones. Dos tiros reventaron el mostrador de una farmacia en la que acabaron refugiándose dos colombianos de 22 y 23 años. «Nos quieren matar», decían. Eran presuntos sicarios que portaban munición de arma larga. El alcalde, Ignacio Gragera, llegó a admitir que se trataba de una escalada de violencia «sin precedentes» en la ciudad. Todo, en medio de las protestas de los sindicatos policiales que reclamaban más personal en Badajoz capital, tal y como informó ABC.
Con apenas un día de diferencia, tres hombres llegaron a ser atendidos en urgencias con heridas de bala a primeros de julio. Fue el último episodio antes de la tregua de verano. El ambiente se relajó, pero las heridas volvieron a abrirse el pasado mes de septiembre. Día sí y día también, los medios locales se hacían eco de la aparición de coches completamente calcinados. Empezó a hablarse entonces, otra vez, de la guerra de clanes. Se desconoce si entre las mismas familias. La situación, con cerca de un centenar de coches quemados en lo que va de año, obligó a la Policía Nacional a desplegar la llamada operación Bastión. Los agentes reforzaron su presencia en el Cerro de Reyes con controles aleatorios y contuvieron la inercia delictiva en la zona con varias detenciones.
El mapa de la guerra entre bandas es el que «tocó» la trama de las ‘cloacas’ del PSOE cuando Leire Díez trató de contactar, a través del exjuez Luis José Sáenz de Tejada, con la familia Rocho. La matriarca, Cintia Rocho, admitió en su declaración que le habían hecho llegar información de la juez Biedma y de su familia con la intención de actuar contra ella, a lo que se negaron. Hubo, según su relato, hasta tres contactos con el exjuez, uno de ellos en persona, en los que se hicieron referencias a la magistrada como «puto grano en el culo» o «a patadas aprende el burro». Sáenz de Tejada tendrá que declarar como investigado el próximo 28 de octubre por cuatro delitos: organización criminal, calumnias, coacciones y contra la integridad moral.
RSS de noticias de espana
