No podía haber escogido ni mejor escenario ni día más propicio Kylian Mbappé para alcanzar su gol 100 con la camiseta del Real Madrid que este clásico en el Camp Nou a las puertas de la entrega del Balón de Oro hoy en Londres. Está el delantero francés, como Lamine Yamal y Harry Kane, entre los candidatos, y en las últimas semanas no se ha cortado a la hora de darse autobombo tras proclamarse el pasado verano el máximo goleador de la historia de los Mundiales. Un privilegio que no es baladí, aunque ni con el Real Madrid ni con Francia haya levantado un solo título. Su ego también le define y le hace especial.
El delantero alcanza su gol 100 en el Real Madrid en su partido más completo: “Sabemos que si queremos ganar cosas este año, debemos hacerlo en equipo”
No podía haber escogido ni mejor escenario ni día más propicio Kylian Mbappé para alcanzar su gol 100 con la camiseta del Real Madrid que este clásico en el Camp Nou a las puertas de la entrega del Balón de Oro hoy en Londres. Está el delantero francés, como Lamine Yamal y Harry Kane, entre los candidatos, y en las últimas semanas no se ha cortado a la hora de darse autobombo tras proclamarse el pasado verano el máximo goleador de la historia de los Mundiales. Un privilegio que no es baladí, aunque ni con el Real Madrid ni con Francia haya levantado un solo título. Su ego también le define y le hace especial.
De goles ha vivido siempre el francés, artillero empedernido que se reivindicó también como jugador de equipo ante el Barça, un punto a favor para un Mourinho que tiene en el diez una de sus causas más peliagudas.
El sambenito que lleva el francés es bien conocido. Futbolista estratosférico que no es capaz de trasladar su aura al rendimiento del equipo. Lo detectó Luis Enrique en el PSG y ya lleva dos Champions sin él. Lo sospechan los madridistas después del devenir de las dos últimas campañas con cuatro entrenadores.
Pero Mbappé, esta vez, fue más que dos goles. El futbolista hizo su trabajo defensivo: junto a Bellingham obstruyó ese triángulo formado por Cubarsí, Rodri y Gerard Martín, con especial atención sobre el canterano azulgrana, su pareja de baile toda la noche. Concentrado los 90 minutos, no paró de tirar desmarques, de bajar a recibir para dar aire al juego y si no recibió más balones letales fue porque Güler, su mejor socio, le quedaba demasiado alejado. Mbappé fue vertical como el mejor Ronaldo, el que en el Barça le asistía De la Peña y en el Madrid, Guti; Bellingham es otro perfil de jugador y no lo encontró en dos acciones que lo hubieran dejado de nuevo solo ante Joan Garcia. Marcó dos pero pudo hacer tres o cuatro.
La victoria del Real Madrid lleva la firma de Mbappé, pero también de Jose Mourinho y Lunin. El técnico portugués dio un giro de guión al equipo titular y nadie intuyó ni los hombres ni las intenciones. Fue el Madrid que actuó con más criterio, más coherente, solidario y actuó como un equipo cosido. Desactivó la presión azulgrana con buen pie, y esa pausa le permitió conectar con Diomande, Bellingham, Güler y Mbappé. De nuevo, el mejor Mbappé llegó sin Vinícius. Sensaciones y datos. Otro debate más con el que deberá lidiar Mourinho cuando vuelva el brasileño.
Más comedido que otras veces (celebró el 1-2 lanzándose al suelo, moviendo dos veces el puño y sacando la lengua), el portugués empezó el día con el pie izquierdo. La gripe de Courtois era la peor baja posible. El sostén de este equipo, más descuidado en partidos anteriores, era el belga, a quien el técnico no dudó en ponerlo como el mejor portero de la historia de la Premier League. Pero Lunin, acostumbrado a jugar en noches inesperadas, hizo una parada a Gerard Martín en un córner que tiene el mismo mérito que uno de los goles de Mbappé.
El Madrid de Mourinho y Mbappé no fue ni soberbio ni codicioso. Y eso que su victoria en el Camp Nou tiene más de valium que vitamina, porque de perder la Liga se hubiera puesto demasiado cuesta arriba y el runrún que acompaña a los blancos desde comienzo de curso habría aumentado.
Si el Madrid y Mbappé quieren llegar de la mano a sus metas, deberían visionar cada semana cómo jugaron este clásico. El camino a seguir para que el Madrid pueda romper su sequía de títulos y el delantero, quitarse etiquetas.
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