En la segunda vuelta se invirtieron las predicciones y, contra todo pronóstico, Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido una vez más. Solo una pequeña empresa encuestadora, Vox Brasil, acertó en ambas ocasiones. Tras la victoria del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), los adjetivos vertidos por la prensa fueron sencillamente descomunales. Si en la primera vuelta la victoria de Flávio Bolsonaro no era descartable, tampoco la de Lula en el balotaje. El presidente es un gran animal político como para darlo por muerto anticipadamente.
En la segunda vuelta se invirtieron las predicciones y, contra todo pronóstico, Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido una vez más. Solo una pequeña empresa encuestadora, Vox Brasil, acertó en ambas ocasiones. Tras la victoria del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), los adjetivos vertidos por la prensa fueron sencillamente descomunales. Si en la primera vuelta la victoria de Flávio Bolsonaro no era descartable, tampoco la de Lula en el balotaje. El presidente es un gran animal político como para darlo por muerto anticipadamente.Seguir leyendo…
En la segunda vuelta se invirtieron las predicciones y, contra todo pronóstico, Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido una vez más. Solo una pequeña empresa encuestadora, Vox Brasil, acertó en ambas ocasiones. Tras la victoria del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), los adjetivos vertidos por la prensa fueron sencillamente descomunales. Si en la primera vuelta la victoria de Flávio Bolsonaro no era descartable, tampoco la de Lula en el balotaje. El presidente es un gran animal político como para darlo por muerto anticipadamente.
La segunda vuelta fue una nueva elección. A diferencia de la primera, el voto
de cada ciudadano tenía consecuencias irremediables, junto con una izquierda herida que se movilizó masivamente ante el 25 de octubre. Si a esto se le suma un replanteo total de la campaña del PT, se entiende el descenso del abstencionismo y del voto en blanco y nulo, que también los favoreció. Incluso es probable que una parte no menor de los votantes de los candidatos derrotados el 4 de octubre, pese a ser encasillados como de derecha, apoyasen a Lula.
Para evitar el regreso del bolsonarismo, debe impulsar una profunda renovación del PT
El inicio de su cuarto mandato será el 5 de enero, ya con 81 años. Su gestión será complicada, dada la composición del Congreso, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados que, pese a los avances del Partido Liberal (PL) bolsonarista, seguirá controlada por los partidos del Centrão, que trabarán la gobernabilidad y forzarán la negociación con el
Gobierno en el reparto de la tarta presupuestaria y de otras medidas importantes, como el indulto a Jair Bolsonaro o el impeachment de los magistrados más prooficialistas del Supremo Tribunal Federal.
En un sistema político tan complejo como el brasileño, que acuñó el concepto de presidencialismo de coalición , dado el alto protagonismo del Parlamento, tampoco se debe olvidar otro dato clave como es la distribución del poder territorial, el de los gobernadores. De los 26 estados más el Distrito Federal (Brasilia), el PT tiene solo cuatro gobernadores por seis del PL. Los demás corresponden a otros seis partidos, lo que da un mapa bastante fragmentado, que tampoco beneficiará al Gobierno.
Desde una perspectiva regional, la elección de Lula permite resaltar algunos datos importantes. Por un lado, frena el avance del llamado giro a la derecha, ya que las últimas siete elecciones presidenciales fueron ganadas por candidatos de derecha, de centroderecha o de extrema derecha y permite reelegir a un presidente en ejercicio ante al predominio aplastante del voto de castigo. Por el otro, es un duro revés para la política hemisférica de la Administración Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, que contaba con añadir otro país al Escudo de las Américas. De confirmarse la derrota del Partido Republicano en las próximas elecciones de medio mandato, el contratiempo para el proyecto MAGA en América Latina sería mayor. Comienzan cuatro años complicados para Lula, que anunció su último mandato. Fue elegido, al igual que en el 2022, porque el rechazo a los Bolsonaro era mayor que el suyo, y, también, por los errores no forzados de Flávio, como mofarse de los nueve dedos de Lula, tras un accidente laboral de su época de obrero metalúrgico. Si Lula quiere evitar el regreso del bolsonarismo en el 2030 o el triunfo de un candidato de derecha, como Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo, debe impulsar una profunda renovación del PT y elegir nuevos líderes, capaces de tomar el relevo, algo que no hizo en todos sus largos años en el poder.
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