Desde que se declaró el brote de ébola en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) el 15 de mayo de 2026, más de 4.600 personas han fallecido a causa de la enfermedad y un total de 9.552 casos han sido confirmados. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) están respondiendo en las zonas afectadas de Ituri, Kivu del Norte y Haut-Uélé, provincias en las que han instalado ocho centros de tratamiento del ébola.Rupa Narra, una pediatra que lleva más de quince años trabajando en distintos países con MSF, pasó seis semanas en Butembo, en Kivu Norte. En declaraciones a ABC comparte su preocupación por el alto número de niños afectados y por las pocas medidas que se están aplicando para protegerlos mientras el brote sigue propagándose.Llegó a Butembo, una ciudad de Kivu Norte, a mediados del pasado mes de agosto para una misión de seis semanas. Era su vigesimocuarta misión con MSF y ya tenía experiencia en anteriores brotes de ébola. De hecho, en 2014 trabajó como epidemióloga para otra organización en Guéckédou, Guinea, en el epicentro de la epidemia que azotó África Occidental.El centro de tratamiento de Kitatumba, en Butembo, está gestionado por el Ministerio de Sanidad y cuenta con el apoyo de MSF. Allí ingresaron alrededor de 30 niños durante el verano, de los cuales 24 fallecieron. «Su edad media era de diecisiete meses, incluyendo a varios recién nacidos. También dimos tratamiento a tres niños de 7 años y uno de 6. Todos los demás tenían menos de 5 años». Rupa Narra explica su experiencia sobre el terreno en un momento especialmente delicado en la propagación del virus también a países como Uganda, Kenia y Nigeria. Otros países como República Centroafricana, Tanzania, Gabón, Ruanda, Ghana, Burundi, Sudán del Sur y Angola han reforzado la vigilancia epidemiológica con controles fronterizos y en aeropuertos.Niños que mueren solos«Hay una pregunta que me ha perseguido desde que llegué allí: ¿las deficiencias en la respuesta al ébola están provocando que los niños tengan que pagar un precio especialmente cruel?», reflexiona Narra. «Una vez que estos niños llegaban a nuestro centro, se quedaban solos y muchos han muerto sin nadie al lado», añade. Butembo funciona según los protocolos del Ministerio de Sanidad congoleño, el cual determina lo que ocurre dentro del centro de tratamiento. Cuando un paciente da positivo, por lo general se desaconseja a los familiares asintomáticos que lo acompañen, con el fin de evitar exponer a toda una familia compuesta por seis o siete niños, un cónyuge o los abuelos. La doctora Rupa Narra sobre el tererno. Médicos Sin Fronteras«Entiendo esa decisión y no tenía autoridad para cambiarla. Pero, en la práctica, eso significaba dejar a un bebé de 15 meses o a un niño de dos años y medio solo en una habitación durante largos periodos de tiempo. Esto es casi imposible de comprender y aceptar», comenta.Mortalidad del 80%La doctora Narra explica que tiene grabada en la memoria una frase que escuchó repetidamente durante su estancia allí: «Estos niños llegan muy tarde; sus padres deberían haberlos traído antes». Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos niños ya habían sido hospitalizados en varios centros durante los días o semanas previos a su ingreso en el centro de tratamiento del ébola. «Revisé los expedientes de los niños que habían sido tratados anteriormente en el centro, así como los de aquellos a los que yo misma atendí. Y descubrí algo que me dejó en shock: en más de un 82% de los casos de ébola de niños menores de 5 años, ningún otro miembro de la familia se había contagiado. Ni los padres, ni los abuelos, ni los hermanos mayores que iban al colegio. A menudo se trataba de familias numerosas con cuatro, cinco o seis hijos y, en casi todas ellas, solo el bebé o el niño más pequeño tenía ébola», agrega. «Algunos colegas -subraya- sugirieron una posible explicación para estos casos aislados dentro de una misma familia: tal vez los padres se habían vacunado durante un brote anterior en 2018 y habían conservado la inmunidad desde entonces».A pesar de todos los esfuerzos, la mortalidad ha disminuido, pero sigue estando en torno al 50%. Y la de los niños menores de 5 años, en centros como el que trabaja la doctora Narra, supera el 80%. Según esta profesional, uno de los problemas más graves es que con demasiada frecuencia, los niños y las mujeres embarazadas quedan excluidos de los ensayos de vacunas. «Yo me refiero a ellos como huérfanos terapéuticos».La desconfianza propaga el virusApunta que «el estigma, el miedo en la comunidad, la desconfianza y la desinformación han contribuido de forma notable a la propagación continuada de la enfermedad. Incluso los supervivientes se han enfrentado al aislamiento social y a la estigmatización. Además, se han incendiado y atacado centros sanitarios en toda la región, y el personal sanitario ha sufrido agresiones físicas y amenazas, lo que ha mermado aún más la confianza en el sistema sanitario y ha complicado los esfuerzos de respuesta frente al brote».«Por lo que me contaron, los ataques a centros de tratamiento de ébola ocurrían con frecuencia tras el fallecimiento de algún niño. Circulaban rumores de que al personal sanitario se le pagaba para matar pacientes, lo que llevó a algunos compañeros a pedir que se retiraran sus nombres de los equipos de protección individual. En su lugar, se emplearon identificadores como ‘Enfermero 1’, ‘Enfermero 2’ o ‘Médico 1’, por temor a posibles represalias», afirma la doctora.Para que las familias afronten la enfermedad de sus hijos pequeños, la doctora Narra aconseja «mantener una comunicación honesta y transparente con las familias como prioridad, dados los altos niveles de miedo y desconfianza en la comunidad».Sobre las secuelas que puede dejar el virus, Narra explica que «los niños que sobreviven al Ébola pueden presentar efectos a largo plazo, como dolor articular persistente, complicaciones oculares, discapacidad auditiva y déficits neurológicos. Estas complicaciones físicas pueden verse agravadas por el profundo impacto psicológico de la enfermedad y el sufrimiento asociado a la hospitalización en un Centro de Tratamiento de Ébola (CTE), en particular para aquellos niños que estuvieron aislados de sus familias y tuvieron que afrontar el ingreso en soledad». Desde que se declaró el brote de ébola en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) el 15 de mayo de 2026, más de 4.600 personas han fallecido a causa de la enfermedad y un total de 9.552 casos han sido confirmados. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) están respondiendo en las zonas afectadas de Ituri, Kivu del Norte y Haut-Uélé, provincias en las que han instalado ocho centros de tratamiento del ébola.Rupa Narra, una pediatra que lleva más de quince años trabajando en distintos países con MSF, pasó seis semanas en Butembo, en Kivu Norte. En declaraciones a ABC comparte su preocupación por el alto número de niños afectados y por las pocas medidas que se están aplicando para protegerlos mientras el brote sigue propagándose.Llegó a Butembo, una ciudad de Kivu Norte, a mediados del pasado mes de agosto para una misión de seis semanas. Era su vigesimocuarta misión con MSF y ya tenía experiencia en anteriores brotes de ébola. De hecho, en 2014 trabajó como epidemióloga para otra organización en Guéckédou, Guinea, en el epicentro de la epidemia que azotó África Occidental.El centro de tratamiento de Kitatumba, en Butembo, está gestionado por el Ministerio de Sanidad y cuenta con el apoyo de MSF. Allí ingresaron alrededor de 30 niños durante el verano, de los cuales 24 fallecieron. «Su edad media era de diecisiete meses, incluyendo a varios recién nacidos. También dimos tratamiento a tres niños de 7 años y uno de 6. Todos los demás tenían menos de 5 años». Rupa Narra explica su experiencia sobre el terreno en un momento especialmente delicado en la propagación del virus también a países como Uganda, Kenia y Nigeria. Otros países como República Centroafricana, Tanzania, Gabón, Ruanda, Ghana, Burundi, Sudán del Sur y Angola han reforzado la vigilancia epidemiológica con controles fronterizos y en aeropuertos.Niños que mueren solos«Hay una pregunta que me ha perseguido desde que llegué allí: ¿las deficiencias en la respuesta al ébola están provocando que los niños tengan que pagar un precio especialmente cruel?», reflexiona Narra. «Una vez que estos niños llegaban a nuestro centro, se quedaban solos y muchos han muerto sin nadie al lado», añade. Butembo funciona según los protocolos del Ministerio de Sanidad congoleño, el cual determina lo que ocurre dentro del centro de tratamiento. Cuando un paciente da positivo, por lo general se desaconseja a los familiares asintomáticos que lo acompañen, con el fin de evitar exponer a toda una familia compuesta por seis o siete niños, un cónyuge o los abuelos. La doctora Rupa Narra sobre el tererno. Médicos Sin Fronteras«Entiendo esa decisión y no tenía autoridad para cambiarla. Pero, en la práctica, eso significaba dejar a un bebé de 15 meses o a un niño de dos años y medio solo en una habitación durante largos periodos de tiempo. Esto es casi imposible de comprender y aceptar», comenta.Mortalidad del 80%La doctora Narra explica que tiene grabada en la memoria una frase que escuchó repetidamente durante su estancia allí: «Estos niños llegan muy tarde; sus padres deberían haberlos traído antes». Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos niños ya habían sido hospitalizados en varios centros durante los días o semanas previos a su ingreso en el centro de tratamiento del ébola. «Revisé los expedientes de los niños que habían sido tratados anteriormente en el centro, así como los de aquellos a los que yo misma atendí. Y descubrí algo que me dejó en shock: en más de un 82% de los casos de ébola de niños menores de 5 años, ningún otro miembro de la familia se había contagiado. Ni los padres, ni los abuelos, ni los hermanos mayores que iban al colegio. A menudo se trataba de familias numerosas con cuatro, cinco o seis hijos y, en casi todas ellas, solo el bebé o el niño más pequeño tenía ébola», agrega. «Algunos colegas -subraya- sugirieron una posible explicación para estos casos aislados dentro de una misma familia: tal vez los padres se habían vacunado durante un brote anterior en 2018 y habían conservado la inmunidad desde entonces».A pesar de todos los esfuerzos, la mortalidad ha disminuido, pero sigue estando en torno al 50%. Y la de los niños menores de 5 años, en centros como el que trabaja la doctora Narra, supera el 80%. Según esta profesional, uno de los problemas más graves es que con demasiada frecuencia, los niños y las mujeres embarazadas quedan excluidos de los ensayos de vacunas. «Yo me refiero a ellos como huérfanos terapéuticos».La desconfianza propaga el virusApunta que «el estigma, el miedo en la comunidad, la desconfianza y la desinformación han contribuido de forma notable a la propagación continuada de la enfermedad. Incluso los supervivientes se han enfrentado al aislamiento social y a la estigmatización. Además, se han incendiado y atacado centros sanitarios en toda la región, y el personal sanitario ha sufrido agresiones físicas y amenazas, lo que ha mermado aún más la confianza en el sistema sanitario y ha complicado los esfuerzos de respuesta frente al brote».«Por lo que me contaron, los ataques a centros de tratamiento de ébola ocurrían con frecuencia tras el fallecimiento de algún niño. Circulaban rumores de que al personal sanitario se le pagaba para matar pacientes, lo que llevó a algunos compañeros a pedir que se retiraran sus nombres de los equipos de protección individual. En su lugar, se emplearon identificadores como ‘Enfermero 1’, ‘Enfermero 2’ o ‘Médico 1’, por temor a posibles represalias», afirma la doctora.Para que las familias afronten la enfermedad de sus hijos pequeños, la doctora Narra aconseja «mantener una comunicación honesta y transparente con las familias como prioridad, dados los altos niveles de miedo y desconfianza en la comunidad».Sobre las secuelas que puede dejar el virus, Narra explica que «los niños que sobreviven al Ébola pueden presentar efectos a largo plazo, como dolor articular persistente, complicaciones oculares, discapacidad auditiva y déficits neurológicos. Estas complicaciones físicas pueden verse agravadas por el profundo impacto psicológico de la enfermedad y el sufrimiento asociado a la hospitalización en un Centro de Tratamiento de Ébola (CTE), en particular para aquellos niños que estuvieron aislados de sus familias y tuvieron que afrontar el ingreso en soledad».
Desde que se declaró el brote de ébola en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) el 15 de mayo de 2026, más de 4.600 personas han fallecido a causa de la enfermedad y un total de 9.552 casos han sido … confirmados. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) están respondiendo en las zonas afectadas de Ituri, Kivu del Norte y Haut-Uélé, provincias en las que han instalado ocho centros de tratamiento del ébola.
Rupa Narra, una pediatra que lleva más de quince años trabajando en distintos países con MSF, pasó seis semanas en Butembo, en Kivu Norte. En declaraciones a ABC comparte su preocupación por el alto número de niños afectados y por las pocas medidas que se están aplicando para protegerlos mientras el brote sigue propagándose.
Llegó a Butembo, una ciudad de Kivu Norte, a mediados del pasado mes de agosto para una misión de seis semanas. Era su vigesimocuarta misión con MSF y ya tenía experiencia en anteriores brotes de ébola. De hecho, en 2014 trabajó como epidemióloga para otra organización en Guéckédou, Guinea, en el epicentro de la epidemia que azotó África Occidental.
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El centro de tratamiento de Kitatumba, en Butembo, está gestionado por el Ministerio de Sanidad y cuenta con el apoyo de MSF. Allí ingresaron alrededor de 30 niños durante el verano, de los cuales 24 fallecieron. «Su edad media era de diecisiete meses, incluyendo a varios recién nacidos. También dimos tratamiento a tres niños de 7 años y uno de 6. Todos los demás tenían menos de 5 años».
Rupa Narra explica su experiencia sobre el terreno en un momento especialmente delicado en la propagación del virus también a países como Uganda, Kenia y Nigeria. Otros países como República Centroafricana, Tanzania, Gabón, Ruanda, Ghana, Burundi, Sudán del Sur y Angola han reforzado la vigilancia epidemiológica con controles fronterizos y en aeropuertos.
Niños que mueren solos
«Hay una pregunta que me ha perseguido desde que llegué allí: ¿las deficiencias en la respuesta al ébola están provocando que los niños tengan que pagar un precio especialmente cruel?», reflexiona Narra. «Una vez que estos niños llegaban a nuestro centro, se quedaban solos y muchos han muerto sin nadie al lado», añade.
Butembo funciona según los protocolos del Ministerio de Sanidad congoleño, el cual determina lo que ocurre dentro del centro de tratamiento. Cuando un paciente da positivo, por lo general se desaconseja a los familiares asintomáticos que lo acompañen, con el fin de evitar exponer a toda una familia compuesta por seis o siete niños, un cónyuge o los abuelos.

(Médicos Sin Fronteras)
«Entiendo esa decisión y no tenía autoridad para cambiarla. Pero, en la práctica, eso significaba dejar a un bebé de 15 meses o a un niño de dos años y medio solo en una habitación durante largos periodos de tiempo. Esto es casi imposible de comprender y aceptar», comenta.
Mortalidad del 80%
La doctora Narra explica que tiene grabada en la memoria una frase que escuchó repetidamente durante su estancia allí: «Estos niños llegan muy tarde; sus padres deberían haberlos traído antes». Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estos niños ya habían sido hospitalizados en varios centros durante los días o semanas previos a su ingreso en el centro de tratamiento del ébola.
«Revisé los expedientes de los niños que habían sido tratados anteriormente en el centro, así como los de aquellos a los que yo misma atendí. Y descubrí algo que me dejó en shock: en más de un 82% de los casos de ébola de niños menores de 5 años, ningún otro miembro de la familia se había contagiado. Ni los padres, ni los abuelos, ni los hermanos mayores que iban al colegio. A menudo se trataba de familias numerosas con cuatro, cinco o seis hijos y, en casi todas ellas, solo el bebé o el niño más pequeño tenía ébola», agrega.
«Algunos colegas -subraya- sugirieron una posible explicación para estos casos aislados dentro de una misma familia: tal vez los padres se habían vacunado durante un brote anterior en 2018 y habían conservado la inmunidad desde entonces».
A pesar de todos los esfuerzos, la mortalidad ha disminuido, pero sigue estando en torno al 50%. Y la de los niños menores de 5 años, en centros como el que trabaja la doctora Narra, supera el 80%.
Según esta profesional, uno de los problemas más graves es que con demasiada frecuencia, los niños y las mujeres embarazadas quedan excluidos de los ensayos de vacunas. «Yo me refiero a ellos como huérfanos terapéuticos».
La desconfianza propaga el virus
Apunta que «el estigma, el miedo en la comunidad, la desconfianza y la desinformación han contribuido de forma notable a la propagación continuada de la enfermedad. Incluso los supervivientes se han enfrentado al aislamiento social y a la estigmatización. Además, se han incendiado y atacado centros sanitarios en toda la región, y el personal sanitario ha sufrido agresiones físicas y amenazas, lo que ha mermado aún más la confianza en el sistema sanitario y ha complicado los esfuerzos de respuesta frente al brote».
«Por lo que me contaron, los ataques a centros de tratamiento de ébola ocurrían con frecuencia tras el fallecimiento de algún niño. Circulaban rumores de que al personal sanitario se le pagaba para matar pacientes, lo que llevó a algunos compañeros a pedir que se retiraran sus nombres de los equipos de protección individual. En su lugar, se emplearon identificadores como ‘Enfermero 1’, ‘Enfermero 2’ o ‘Médico 1’, por temor a posibles represalias», afirma la doctora.
Para que las familias afronten la enfermedad de sus hijos pequeños, la doctora Narra aconseja «mantener una comunicación honesta y transparente con las familias como prioridad, dados los altos niveles de miedo y desconfianza en la comunidad».
Sobre las secuelas que puede dejar el virus, Narra explica que «los niños que sobreviven al Ébola pueden presentar efectos a largo plazo, como dolor articular persistente, complicaciones oculares, discapacidad auditiva y déficits neurológicos. Estas complicaciones físicas pueden verse agravadas por el profundo impacto psicológico de la enfermedad y el sufrimiento asociado a la hospitalización en un Centro de Tratamiento de Ébola (CTE), en particular para aquellos niños que estuvieron aislados de sus familias y tuvieron que afrontar el ingreso en soledad».
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