La ansiedad se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud mental de nuestro tiempo. El psiquiatra Alejandro Martínez, autor del libro ‘Ansiedad, ¡Déjame en paz!’, lo comprueba diariamente en su consulta. Tanto es así, que confiesa a ABC que «ojalá me quedara sin trabajo, eso significaría que la gente ha dejado de sufrir. Pero parece que aún tengo para largo…».—En su libro afirma que vivimos en una sociedad que no camina, sino que corre constantemente. ¿Por qué parece que todo el mundo tiene ansiedad?—La ansiedad es la patología mental más frecuente en el mundo y cada generación es más ansiosa que la anterior. Cuando todos compartimos el mismo problema. Hay que hacer una reflexión crítica sobre qué está fallando como sociedad. Vivimos atrapados en una dinámica de hiperexigencia y responsabilidades constantes. Queremos ser el padre perfecto, el trabajador perfecto, el amigo siempre disponible… Eso termina agotándonos.—¿Qué explicación tiene ese aumento constante de la ansiedad?—Hemos normalizado niveles de exigencia que no son saludables. Muchas veces son autoimpuestos. El problema es que dejamos de escuchar las señales que nos envían el cuerpo y la mente hasta que ya es demasiado tarde.Noticia relacionada No No El filósofo que pasa consulta «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional» Laura Peraita—¿Cuáles son esas señales de alarma?— La ansiedad funciona como un detector de humo. Nos avisa de que algo no va bien. El problema aparece cuando ese detector se vuelve tan sensible que salta constantemente. Los síntomas pueden ser muy variados: falta de aire, presión en el pecho, taquicardia, mareos, dolor muscular, pitidos en los oídos… La ansiedad es ‘la enfermedad de las mil caras’.—¿Qué ocurre cuando ignoramos esas señales?—Que el cuerpo acaba explotando. Un ataque de ansiedad es el momento en el que tu organismo te está gritando que no puede más. Mucha gente lo describe como ‘la muerte en vida’, porque realmente sienten que se están muriendo.—¿Se sufre más física o mentalmente?— El sufrimiento mental es enorme. La ansiedad vive alimentándose de pensamientos catastróficos y de la necesidad de controlarlo todo. Nos promete que estaremos tranquilos cuando tengamos todo bajo control, pero la calma llega precisamente cuando aceptamos que eso es imposible.«Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente»—Desde su experiencia como psiquiatra, ¿qué hábitos deberíamos cambiar para salir de esa vorágine?—Siempre explico que la ansiedad funciona como una balanza. Hay factores estresantes que no podemos cambiar inmediatamente —un trabajo complicado, problemas económicos, responsabilidades familiares…—, pero sí podemos añadir ‘contrapesos’ saludables para equilibrarnos. Y ahí entran hábitos fundamentales como el ejercicio físico, la meditación o la respiración.—En su libro habla mucho de la importancia del deporte.—Porque sabemos por numerosos estudios que el ejercicio físico puede ser incluso más potente que algunos tratamientos farmacológicos para mejorar la salud mental. Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente.—También defiende técnicas sencillas como la respiración diafragmática.—Sí. Es una herramienta gratuita, inmediata y sin efectos secundarios. Respirar correctamente durante unos minutos puede reducir muchísimo la activación física antes de una situación estresante.—España sigue siendo uno de los países con mayor consumo de ansiolíticos. ¿Nos tomamos realmente en serio la ansiedad?—Muchas veces no. El problema es que el sistema sanitario está muy saturado y no siempre hay tiempo para explicar una hoja de ruta completa al paciente. Una pastilla puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no resuelve el origen del problema.—En sus páginas propone incluso técnicas para gestionar las preocupaciones…—Sí, hablo por ejemplo de los ‘cinco minutos de preocupación programada’. Consiste en reservar un momento concreto del día para escribir aquello que nos angustia. Es una manera de enseñarle a nuestra mente que no tiene que bombardearnos constantemente con pensamientos negativos.—¿Cómo se combate ese diálogo interior tan destructivo?—Primero hay que identificarlo. Vivimos tan en piloto automático que normalizamos una voz interior tremendamente crítica. Sabemos que tenemos miles de pensamientos al día y que la mayoría son negativos y repetitivos. Hay que aprender a cuestionarlos y comprobar si realmente se ajustan a la realidad.—¿Sigue existiendo miedo o vergüenza a reconocer que uno tiene ansiedad?— Sí, aunque creo que eso está cambiando. Después de la pandemia mucha gente empezó a verbalizar que no estaba bien y eso ayudó a normalizar pedir ayuda. Reconocer que uno es vulnerable requiere mucha valentía.Luchar contra ella solo hace que persista más. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte«— En el libro plantea un reto de diez días para empezar a cambiar hábitos. ¿Qué puede notar alguien que lo siga?—Que pequeños cambios generan resultados reales. Cinco minutos de meditación, respirar correctamente o empezar a moverse más pueden producir una sensación de calma muy importante. Muchas personas creen que necesitan hacer cambios enormes y no siempre es así.—¿La ansiedad desaparece alguna vez del todo o hay que aprender a convivir con ella?—No. La ansiedad es una emoción necesaria y luchar contra ella solo hace que persista más. Lo importante es que no domine tu vida. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte.—También habla de cómo las redes sociales han distorsionado la idea de bienestar.—Claro. Hemos confundido bienestar mental con felicidad constante. Y eso no existe. Estar bien también implica aceptar momentos de tristeza, frustración o ansiedad.—¿Qué podemos hacer con las nuevas generaciones, con esos jóvenes que usted dice que tienen más ansiedad que sus padres?—Educar en inteligencia emocional. Ayudarles a reconocer lo que sienten, evitar la hiperexigencia y construir una autoestima sólida que no dependa de la apariencia física o de la validación externa. Y, por supuesto, fomentar el deporte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Jefes tóxicos: el alto coste en la salud del empleado noticia No «Podemos lograr 10.000 millones de personas felices en 2050» noticia Si La felicidad se puede entrenar: los cuatro pilares para alcanzarla—¿Es optimista respecto al futuro?—Sí. Veo cada vez más gente interesada en entender qué le ocurre y en tomar las riendas de su salud mental. Y eso ya es un cambio muy importante. La ansiedad se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud mental de nuestro tiempo. El psiquiatra Alejandro Martínez, autor del libro ‘Ansiedad, ¡Déjame en paz!’, lo comprueba diariamente en su consulta. Tanto es así, que confiesa a ABC que «ojalá me quedara sin trabajo, eso significaría que la gente ha dejado de sufrir. Pero parece que aún tengo para largo…».—En su libro afirma que vivimos en una sociedad que no camina, sino que corre constantemente. ¿Por qué parece que todo el mundo tiene ansiedad?—La ansiedad es la patología mental más frecuente en el mundo y cada generación es más ansiosa que la anterior. Cuando todos compartimos el mismo problema. Hay que hacer una reflexión crítica sobre qué está fallando como sociedad. Vivimos atrapados en una dinámica de hiperexigencia y responsabilidades constantes. Queremos ser el padre perfecto, el trabajador perfecto, el amigo siempre disponible… Eso termina agotándonos.—¿Qué explicación tiene ese aumento constante de la ansiedad?—Hemos normalizado niveles de exigencia que no son saludables. Muchas veces son autoimpuestos. El problema es que dejamos de escuchar las señales que nos envían el cuerpo y la mente hasta que ya es demasiado tarde.Noticia relacionada No No El filósofo que pasa consulta «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional» Laura Peraita—¿Cuáles son esas señales de alarma?— La ansiedad funciona como un detector de humo. Nos avisa de que algo no va bien. El problema aparece cuando ese detector se vuelve tan sensible que salta constantemente. Los síntomas pueden ser muy variados: falta de aire, presión en el pecho, taquicardia, mareos, dolor muscular, pitidos en los oídos… La ansiedad es ‘la enfermedad de las mil caras’.—¿Qué ocurre cuando ignoramos esas señales?—Que el cuerpo acaba explotando. Un ataque de ansiedad es el momento en el que tu organismo te está gritando que no puede más. Mucha gente lo describe como ‘la muerte en vida’, porque realmente sienten que se están muriendo.—¿Se sufre más física o mentalmente?— El sufrimiento mental es enorme. La ansiedad vive alimentándose de pensamientos catastróficos y de la necesidad de controlarlo todo. Nos promete que estaremos tranquilos cuando tengamos todo bajo control, pero la calma llega precisamente cuando aceptamos que eso es imposible.«Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente»—Desde su experiencia como psiquiatra, ¿qué hábitos deberíamos cambiar para salir de esa vorágine?—Siempre explico que la ansiedad funciona como una balanza. Hay factores estresantes que no podemos cambiar inmediatamente —un trabajo complicado, problemas económicos, responsabilidades familiares…—, pero sí podemos añadir ‘contrapesos’ saludables para equilibrarnos. Y ahí entran hábitos fundamentales como el ejercicio físico, la meditación o la respiración.—En su libro habla mucho de la importancia del deporte.—Porque sabemos por numerosos estudios que el ejercicio físico puede ser incluso más potente que algunos tratamientos farmacológicos para mejorar la salud mental. Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente.—También defiende técnicas sencillas como la respiración diafragmática.—Sí. Es una herramienta gratuita, inmediata y sin efectos secundarios. Respirar correctamente durante unos minutos puede reducir muchísimo la activación física antes de una situación estresante.—España sigue siendo uno de los países con mayor consumo de ansiolíticos. ¿Nos tomamos realmente en serio la ansiedad?—Muchas veces no. El problema es que el sistema sanitario está muy saturado y no siempre hay tiempo para explicar una hoja de ruta completa al paciente. Una pastilla puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no resuelve el origen del problema.—En sus páginas propone incluso técnicas para gestionar las preocupaciones…—Sí, hablo por ejemplo de los ‘cinco minutos de preocupación programada’. Consiste en reservar un momento concreto del día para escribir aquello que nos angustia. Es una manera de enseñarle a nuestra mente que no tiene que bombardearnos constantemente con pensamientos negativos.—¿Cómo se combate ese diálogo interior tan destructivo?—Primero hay que identificarlo. Vivimos tan en piloto automático que normalizamos una voz interior tremendamente crítica. Sabemos que tenemos miles de pensamientos al día y que la mayoría son negativos y repetitivos. Hay que aprender a cuestionarlos y comprobar si realmente se ajustan a la realidad.—¿Sigue existiendo miedo o vergüenza a reconocer que uno tiene ansiedad?— Sí, aunque creo que eso está cambiando. Después de la pandemia mucha gente empezó a verbalizar que no estaba bien y eso ayudó a normalizar pedir ayuda. Reconocer que uno es vulnerable requiere mucha valentía.Luchar contra ella solo hace que persista más. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte«— En el libro plantea un reto de diez días para empezar a cambiar hábitos. ¿Qué puede notar alguien que lo siga?—Que pequeños cambios generan resultados reales. Cinco minutos de meditación, respirar correctamente o empezar a moverse más pueden producir una sensación de calma muy importante. Muchas personas creen que necesitan hacer cambios enormes y no siempre es así.—¿La ansiedad desaparece alguna vez del todo o hay que aprender a convivir con ella?—No. La ansiedad es una emoción necesaria y luchar contra ella solo hace que persista más. Lo importante es que no domine tu vida. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte.—También habla de cómo las redes sociales han distorsionado la idea de bienestar.—Claro. Hemos confundido bienestar mental con felicidad constante. Y eso no existe. Estar bien también implica aceptar momentos de tristeza, frustración o ansiedad.—¿Qué podemos hacer con las nuevas generaciones, con esos jóvenes que usted dice que tienen más ansiedad que sus padres?—Educar en inteligencia emocional. Ayudarles a reconocer lo que sienten, evitar la hiperexigencia y construir una autoestima sólida que no dependa de la apariencia física o de la validación externa. Y, por supuesto, fomentar el deporte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Jefes tóxicos: el alto coste en la salud del empleado noticia No «Podemos lograr 10.000 millones de personas felices en 2050» noticia Si La felicidad se puede entrenar: los cuatro pilares para alcanzarla—¿Es optimista respecto al futuro?—Sí. Veo cada vez más gente interesada en entender qué le ocurre y en tomar las riendas de su salud mental. Y eso ya es un cambio muy importante.
La ansiedad se ha convertido en uno de los grandes problemas de salud mental de nuestro tiempo. El psiquiatra Alejandro Martínez, autor del libro ‘Ansiedad, ¡Déjame en paz!’, lo comprueba diariamente en su consulta. Tanto es así, que confiesa a ABC que «ojalá me quedara … sin trabajo, eso significaría que la gente ha dejado de sufrir. Pero parece que aún tengo para largo…».
—En su libro afirma que vivimos en una sociedad que no camina, sino que corre constantemente. ¿Por qué parece que todo el mundo tiene ansiedad?
—La ansiedad es la patología mental más frecuente en el mundo y cada generación es más ansiosa que la anterior. Cuando todos compartimos el mismo problema. Hay que hacer una reflexión crítica sobre qué está fallando como sociedad. Vivimos atrapados en una dinámica de hiperexigencia y responsabilidades constantes. Queremos ser el padre perfecto, el trabajador perfecto, el amigo siempre disponible… Eso termina agotándonos.
—¿Qué explicación tiene ese aumento constante de la ansiedad?
—Hemos normalizado niveles de exigencia que no son saludables. Muchas veces son autoimpuestos. El problema es que dejamos de escuchar las señales que nos envían el cuerpo y la mente hasta que ya es demasiado tarde.
—¿Cuáles son esas señales de alarma?
— La ansiedad funciona como un detector de humo. Nos avisa de que algo no va bien. El problema aparece cuando ese detector se vuelve tan sensible que salta constantemente. Los síntomas pueden ser muy variados: falta de aire, presión en el pecho, taquicardia, mareos, dolor muscular, pitidos en los oídos… La ansiedad es ‘la enfermedad de las mil caras’.
—¿Qué ocurre cuando ignoramos esas señales?
—Que el cuerpo acaba explotando. Un ataque de ansiedad es el momento en el que tu organismo te está gritando que no puede más. Mucha gente lo describe como ‘la muerte en vida’, porque realmente sienten que se están muriendo.
—¿Se sufre más física o mentalmente?
— El sufrimiento mental es enorme. La ansiedad vive alimentándose de pensamientos catastróficos y de la necesidad de controlarlo todo. Nos promete que estaremos tranquilos cuando tengamos todo bajo control, pero la calma llega precisamente cuando aceptamos que eso es imposible.
«Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente»
—Desde su experiencia como psiquiatra, ¿qué hábitos deberíamos cambiar para salir de esa vorágine?
—Siempre explico que la ansiedad funciona como una balanza. Hay factores estresantes que no podemos cambiar inmediatamente —un trabajo complicado, problemas económicos, responsabilidades familiares…—, pero sí podemos añadir ‘contrapesos’ saludables para equilibrarnos. Y ahí entran hábitos fundamentales como el ejercicio físico, la meditación o la respiración.
—En su libro habla mucho de la importancia del deporte.
—Porque sabemos por numerosos estudios que el ejercicio físico puede ser incluso más potente que algunos tratamientos farmacológicos para mejorar la salud mental. Tenemos interiorizado que hacer deporte es bueno para el cuerpo, pero muchas veces olvidamos que todavía es más importante para la mente.
—También defiende técnicas sencillas como la respiración diafragmática.
—Sí. Es una herramienta gratuita, inmediata y sin efectos secundarios. Respirar correctamente durante unos minutos puede reducir muchísimo la activación física antes de una situación estresante.
—España sigue siendo uno de los países con mayor consumo de ansiolíticos. ¿Nos tomamos realmente en serio la ansiedad?
—Muchas veces no. El problema es que el sistema sanitario está muy saturado y no siempre hay tiempo para explicar una hoja de ruta completa al paciente. Una pastilla puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no resuelve el origen del problema.
—En sus páginas propone incluso técnicas para gestionar las preocupaciones…
—Sí, hablo por ejemplo de los ‘cinco minutos de preocupación programada’. Consiste en reservar un momento concreto del día para escribir aquello que nos angustia. Es una manera de enseñarle a nuestra mente que no tiene que bombardearnos constantemente con pensamientos negativos.
—¿Cómo se combate ese diálogo interior tan destructivo?
—Primero hay que identificarlo. Vivimos tan en piloto automático que normalizamos una voz interior tremendamente crítica. Sabemos que tenemos miles de pensamientos al día y que la mayoría son negativos y repetitivos. Hay que aprender a cuestionarlos y comprobar si realmente se ajustan a la realidad.
—¿Sigue existiendo miedo o vergüenza a reconocer que uno tiene ansiedad?
— Sí, aunque creo que eso está cambiando. Después de la pandemia mucha gente empezó a verbalizar que no estaba bien y eso ayudó a normalizar pedir ayuda. Reconocer que uno es vulnerable requiere mucha valentía.
Luchar contra ella solo hace que persista más. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte«
— En el libro plantea un reto de diez días para empezar a cambiar hábitos. ¿Qué puede notar alguien que lo siga?
—Que pequeños cambios generan resultados reales. Cinco minutos de meditación, respirar correctamente o empezar a moverse más pueden producir una sensación de calma muy importante. Muchas personas creen que necesitan hacer cambios enormes y no siempre es así.
—¿La ansiedad desaparece alguna vez del todo o hay que aprender a convivir con ella?
—No. La ansiedad es una emoción necesaria y luchar contra ella solo hace que persista más. Lo importante es que no domine tu vida. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte.
—También habla de cómo las redes sociales han distorsionado la idea de bienestar.
—Claro. Hemos confundido bienestar mental con felicidad constante. Y eso no existe. Estar bien también implica aceptar momentos de tristeza, frustración o ansiedad.
—¿Qué podemos hacer con las nuevas generaciones, con esos jóvenes que usted dice que tienen más ansiedad que sus padres?
—Educar en inteligencia emocional. Ayudarles a reconocer lo que sienten, evitar la hiperexigencia y construir una autoestima sólida que no dependa de la apariencia física o de la validación externa. Y, por supuesto, fomentar el deporte.
—¿Es optimista respecto al futuro?
—Sí. Veo cada vez más gente interesada en entender qué le ocurre y en tomar las riendas de su salud mental. Y eso ya es un cambio muy importante.
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