Si a alguien le quedaban dudas, el fútbol español ha capitulado ante el dinero, su dios. Nada extraño, tampoco nuevo. El episodio Mbappé-China deja una sensación de vergüenza ajena: los cacareados valores del fútbol y la Liga se han desplomado con tal rapidez que mejor replegar velas y admitir que el fútbol apasiona pero es tan edificante como los fondos buitres, la espantada de Bolsonaro o las contrataciones de mercenarios.
Si a alguien le quedaban dudas, el fútbol español ha capitulado ante el dinero, su dios. Nada extraño, tampoco nuevo. El episodio Mbappé-China deja una sensación de vergüenza ajena: los cacareados valores del fútbol y la Liga se han desplomado con tal rapidez que mejor replegar velas y admitir que el fútbol apasiona pero es tan edificante como los fondos buitres, la espantada de Bolsonaro o las contrataciones de mercenarios.Seguir leyendo…
Si a alguien le quedaban dudas, el fútbol español ha capitulado ante el dinero, su dios. Nada extraño, tampoco nuevo. El episodio Mbappé-China deja una sensación de vergüenza ajena: los cacareados valores del fútbol y la Liga se han desplomado con tal rapidez que mejor replegar velas y admitir que el fútbol apasiona pero es tan edificante como los fondos buitres, la espantada de Bolsonaro o las contrataciones de mercenarios.
La República Popular ha elegido al incauto de Kylian Mbappé para alertar al mundo y ya de paso poner entre la espada y la pared a la estrella, a su club y a la Liga. Un comentario despreocupado y sin mala fe, de esos cuyo autor jamás imagina las consecuencias, ha provocado la represalia de Pekín: ni libertad de expresión, ni disculpas, ni leches. Quien paga manda. Y ciertas guasas occidentales a costa de los chinos tienen consecuencias, a diferencia del pasado.
Mejor replegar velas y no presumir de valores: el fútbol español y sus estrellas cogen la pasta
En minutos, Kylian Mbappé, el Real Madrid de Florentino Pérez y la Liga de Javier Tebas, figuras con poder y poco dadas a arrodillarse, han iniciado una carrera para ser el primero en la meta de las disculpas. La chanza del futbolista ha sentado mal en China y China ha logrado desnudar en cinco minutos la hipocresía del fútbol europeo y sus estrellas, que se creen con derecho a cobrar fortunas sin pensar en la procedencia de esos millones. Yo soy muy partidario de que vivan en la opulencia –son los protagonistas del business – pero cansa que presuman de valores, se las den de solidarios, ondeen banderas de pueblos oprimidos en las fiestas y a los cinco minutos, tan pronto pueden perder ingresos, se desdigan, como ha hecho Mbappé y habrían hecho tantas otras figuras.
El postureo moral del fútbol europeo ya no se aguanta. Nadie con mando en plaza se ha atrevido a replicar que Mbappé ejerció su libertad de expresión, uno de los grandes valores de las sociedades democráticas. China se ha rebotado, harta de pagar y recibir lecciones. El FC Barcelona dio otro ejemplo de esa superioridad moral al cobrar religiosamente de Qatar mientras el barcelonismo se permitía la arrogancia de tacharlos de dictadores y de exigirles que tratasen mejor a sus mujeres.
Mao Zedong reúne todos los requisitos que definen a un dictador, crueldad incluida. También los de unificador de China y su civilización, humillada por las voracidad colonial de europeos y nipones. Su líder, Xi Jinping, es el primero desde 1976 que ha recuperado las formas, la figura y el culto de Mao. De modo que si alguien tenía la tentación de criticar a Mao para hablar veladamente de Xi ya sabe a qué atenerse.
El fútbol de élite divierte. Valores, pocos.
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