Dos años después de la dana del 29 de octubre de 2024, las familias de Francisco Ruiz, de 64 años, desaparecido en Montserrat, y Elisabeth Gil, de 38, a quien se perdió la pista en Cheste, siguen viviendo con una herida abierta. Sin un cuerpo al que despedir ni respuestas que pongan fin a la incertidumbre, el duelo se convierte en una espera interminable.En el caso de Elisabeth, la riada la sorprendió cuando viajaba en el coche que conducía su madre, cuyo cuerpo fue localizado días después. El vehículo apareció vacío el 13 de febrero en el barranco del Poyo, pero de ella todavía no hay rastro. Francisco, por su parte, fue arrastrado por la corriente después de resbalar del techo de su coche, donde había permanecido durante dos horas junto a sus nietos, de cinco y diez años, a los que había subido para protegerlos de la fuerza del temporal.Dos años después, su hija Saray reconoce a ABC que afronta este segundo aniversario con «cada vez menos esperanza» de encontrar a su padre. La falta de noticias ha desgastado la expectativa de la promesa que recibieron los primeros días por parte de los equipos de rescate, quienes aseguraron que «no pararían hasta encontrarles». «Ves que pasa el tiempo y las búsquedas se reducen, no hay tanta información, y vas perdiendo un poco la esperanza de poder encontrar los cuerpos», lamenta Saray. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El tren que la dana dejó a medio camino: la C3 sigue sin fecha para volver a UtielAl respecto, la Guardia Civil asegura a este diario que la búsqueda de los dos desaparecidos no se ha interrumpido desde la catástrofe, aunque los dispositivos dependen de la disponibilidad de efectivos, por lo que no hay un calendario fijo de actuaciones ni una periodicidad marcada como antes. Los trabajos continúan en las zonas donde se les perdió el rastro, en las proximidades del barranco del Poyo y áreas cercanas al río Magro. La falta de noticias hace que la espera se prolongue sin que las familias tengan nuevas pistas a las que aferrarse. Según relata Saray, esa incertidumbre también dificulta el duelo. «Por mucho que hagas homenajes o hagas actos para honrar su memoria, no dejan de ser falsos entierros», señala. Encontrar sus restos sigue siendo, confiesa, una necesidad para poder empezar a cerrar una herida que permanece abierta: «Mi mente no va a descansar hasta que por fin tenga el cuerpo de mi padre y sepa dónde está»Una gorra y un zapatoEn noviembre de 2024, la familia encontró una gorra y un zapato, pero desde entonces no ha vuelto a tener noticias sobre el paradero de Francisco. «Es un sinvivir no tener las piezas del puzle, no tener pistas, no tener nada más que lo que se encontró», relata Saray. Por eso, considera que sería «importante» volver a revisar determinadas zonas próximas al lugar donde desapareció, aunque reconoce que no sabe cómo se están desarrollando actualmente los dispositivos sobre el terreno. «Yo les he dicho muchas veces que no creo que mi padre esté tan lejos, igual me equivoco, pero para mí lo más lógico es actuar más sobre el perímetro de la zona donde desapareció», insiste.La comunicación con la Guardia Civil también ha cambiado con el paso del tiempo. «Antes todas las semanas me decían algo; ahora ya es que no recuerdo ni la última vez que hablé con ellos, quizá fue en julio», explica. Pese a ello, asegura que mantiene la confianza en los equipos de búsqueda y espera que los trabajos continúen. En este sentido, Saray confiesa que mantiene la esperanza de que se localice el cuerpo de su padre durante las obras de reconstrucción, como ocurrió con el de José Javier Vicent, hallado el 21 de octubre de 2025. «Ojalá seamos afortunados y podamos encontrarlos de esa forma», afirma. «Que se haga justicia»En paralelo, la hija de Francisco reclama que se «depuren las responsabilidades por lo ocurrido». Considera que la ausencia de respuestas y la falta de avances dificultan que las familias puedan pasar página. «Para que nosotros podamos cerrar un poco esta etapa hay dos factores: encontrar a nuestros familiares y que las responsabilidades caigan y se haga justicia», sostiene. Y concluye: «No puede quedarse esto sin resolver o que se sacudan las culpas los unos a los otros».Mientras tanto, Saray sigue aferrada a una esperanza que, aunque cada vez más debilitada, se resiste a desaparecer. Para estas familias, recuperar los restos de sus seres queridos no es solo el final de una búsqueda, sino también la posibilidad de empezar a asumir la pérdida que sacudió sus vidas hace ya dos años. Dos años después de la dana del 29 de octubre de 2024, las familias de Francisco Ruiz, de 64 años, desaparecido en Montserrat, y Elisabeth Gil, de 38, a quien se perdió la pista en Cheste, siguen viviendo con una herida abierta. Sin un cuerpo al que despedir ni respuestas que pongan fin a la incertidumbre, el duelo se convierte en una espera interminable.En el caso de Elisabeth, la riada la sorprendió cuando viajaba en el coche que conducía su madre, cuyo cuerpo fue localizado días después. El vehículo apareció vacío el 13 de febrero en el barranco del Poyo, pero de ella todavía no hay rastro. Francisco, por su parte, fue arrastrado por la corriente después de resbalar del techo de su coche, donde había permanecido durante dos horas junto a sus nietos, de cinco y diez años, a los que había subido para protegerlos de la fuerza del temporal.Dos años después, su hija Saray reconoce a ABC que afronta este segundo aniversario con «cada vez menos esperanza» de encontrar a su padre. La falta de noticias ha desgastado la expectativa de la promesa que recibieron los primeros días por parte de los equipos de rescate, quienes aseguraron que «no pararían hasta encontrarles». «Ves que pasa el tiempo y las búsquedas se reducen, no hay tanta información, y vas perdiendo un poco la esperanza de poder encontrar los cuerpos», lamenta Saray. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El tren que la dana dejó a medio camino: la C3 sigue sin fecha para volver a UtielAl respecto, la Guardia Civil asegura a este diario que la búsqueda de los dos desaparecidos no se ha interrumpido desde la catástrofe, aunque los dispositivos dependen de la disponibilidad de efectivos, por lo que no hay un calendario fijo de actuaciones ni una periodicidad marcada como antes. Los trabajos continúan en las zonas donde se les perdió el rastro, en las proximidades del barranco del Poyo y áreas cercanas al río Magro. La falta de noticias hace que la espera se prolongue sin que las familias tengan nuevas pistas a las que aferrarse. Según relata Saray, esa incertidumbre también dificulta el duelo. «Por mucho que hagas homenajes o hagas actos para honrar su memoria, no dejan de ser falsos entierros», señala. Encontrar sus restos sigue siendo, confiesa, una necesidad para poder empezar a cerrar una herida que permanece abierta: «Mi mente no va a descansar hasta que por fin tenga el cuerpo de mi padre y sepa dónde está»Una gorra y un zapatoEn noviembre de 2024, la familia encontró una gorra y un zapato, pero desde entonces no ha vuelto a tener noticias sobre el paradero de Francisco. «Es un sinvivir no tener las piezas del puzle, no tener pistas, no tener nada más que lo que se encontró», relata Saray. Por eso, considera que sería «importante» volver a revisar determinadas zonas próximas al lugar donde desapareció, aunque reconoce que no sabe cómo se están desarrollando actualmente los dispositivos sobre el terreno. «Yo les he dicho muchas veces que no creo que mi padre esté tan lejos, igual me equivoco, pero para mí lo más lógico es actuar más sobre el perímetro de la zona donde desapareció», insiste.La comunicación con la Guardia Civil también ha cambiado con el paso del tiempo. «Antes todas las semanas me decían algo; ahora ya es que no recuerdo ni la última vez que hablé con ellos, quizá fue en julio», explica. Pese a ello, asegura que mantiene la confianza en los equipos de búsqueda y espera que los trabajos continúen. En este sentido, Saray confiesa que mantiene la esperanza de que se localice el cuerpo de su padre durante las obras de reconstrucción, como ocurrió con el de José Javier Vicent, hallado el 21 de octubre de 2025. «Ojalá seamos afortunados y podamos encontrarlos de esa forma», afirma. «Que se haga justicia»En paralelo, la hija de Francisco reclama que se «depuren las responsabilidades por lo ocurrido». Considera que la ausencia de respuestas y la falta de avances dificultan que las familias puedan pasar página. «Para que nosotros podamos cerrar un poco esta etapa hay dos factores: encontrar a nuestros familiares y que las responsabilidades caigan y se haga justicia», sostiene. Y concluye: «No puede quedarse esto sin resolver o que se sacudan las culpas los unos a los otros».Mientras tanto, Saray sigue aferrada a una esperanza que, aunque cada vez más debilitada, se resiste a desaparecer. Para estas familias, recuperar los restos de sus seres queridos no es solo el final de una búsqueda, sino también la posibilidad de empezar a asumir la pérdida que sacudió sus vidas hace ya dos años.
Dos años después de la dana del 29 de octubre de 2024, las familias de Francisco Ruiz, de 64 años, desaparecido en Montserrat, y Elisabeth Gil, de 38, a quien se perdió la pista en Cheste, siguen viviendo con una herida abierta. Sin un cuerpo … al que despedir ni respuestas que pongan fin a la incertidumbre, el duelo se convierte en una espera interminable.
En el caso de Elisabeth, la riada la sorprendió cuando viajaba en el coche que conducía su madre, cuyo cuerpo fue localizado días después. El vehículo apareció vacío el 13 de febrero en el barranco del Poyo, pero de ella todavía no hay rastro. Francisco, por su parte, fue arrastrado por la corriente después de resbalar del techo de su coche, donde había permanecido durante dos horas junto a sus nietos, de cinco y diez años, a los que había subido para protegerlos de la fuerza del temporal.
Dos años después, su hija Saray reconoce a ABC que afronta este segundo aniversario con «cada vez menos esperanza» de encontrar a su padre. La falta de noticias ha desgastado la expectativa de la promesa que recibieron los primeros días por parte de los equipos de rescate, quienes aseguraron que «no pararían hasta encontrarles». «Ves que pasa el tiempo y las búsquedas se reducen, no hay tanta información, y vas perdiendo un poco la esperanza de poder encontrar los cuerpos», lamenta Saray.
Al respecto, la Guardia Civil asegura a este diario que la búsqueda de los dos desaparecidos no se ha interrumpido desde la catástrofe, aunque los dispositivos dependen de la disponibilidad de efectivos, por lo que no hay un calendario fijo de actuaciones ni una periodicidad marcada como antes. Los trabajos continúan en las zonas donde se les perdió el rastro, en las proximidades del barranco del Poyo y áreas cercanas al río Magro.
La falta de noticias hace que la espera se prolongue sin que las familias tengan nuevas pistas a las que aferrarse. Según relata Saray, esa incertidumbre también dificulta el duelo. «Por mucho que hagas homenajes o hagas actos para honrar su memoria, no dejan de ser falsos entierros», señala.
Encontrar sus restos sigue siendo, confiesa, una necesidad para poder empezar a cerrar una herida que permanece abierta: «Mi mente no va a descansar hasta que por fin tenga el cuerpo de mi padre y sepa dónde está»
Una gorra y un zapato
En noviembre de 2024, la familia encontró una gorra y un zapato, pero desde entonces no ha vuelto a tener noticias sobre el paradero de Francisco. «Es un sinvivir no tener las piezas del puzle, no tener pistas, no tener nada más que lo que se encontró», relata Saray.
Por eso, considera que sería «importante» volver a revisar determinadas zonas próximas al lugar donde desapareció, aunque reconoce que no sabe cómo se están desarrollando actualmente los dispositivos sobre el terreno. «Yo les he dicho muchas veces que no creo que mi padre esté tan lejos, igual me equivoco, pero para mí lo más lógico es actuar más sobre el perímetro de la zona donde desapareció», insiste.
La comunicación con la Guardia Civil también ha cambiado con el paso del tiempo. «Antes todas las semanas me decían algo; ahora ya es que no recuerdo ni la última vez que hablé con ellos, quizá fue en julio», explica. Pese a ello, asegura que mantiene la confianza en los equipos de búsqueda y espera que los trabajos continúen.
En este sentido, Saray confiesa que mantiene la esperanza de que se localice el cuerpo de su padre durante las obras de reconstrucción, como ocurrió con el de José Javier Vicent, hallado el 21 de octubre de 2025. «Ojalá seamos afortunados y podamos encontrarlos de esa forma», afirma.
«Que se haga justicia»
En paralelo, la hija de Francisco reclama que se «depuren las responsabilidades por lo ocurrido». Considera que la ausencia de respuestas y la falta de avances dificultan que las familias puedan pasar página.
«Para que nosotros podamos cerrar un poco esta etapa hay dos factores: encontrar a nuestros familiares y que las responsabilidades caigan y se haga justicia», sostiene. Y concluye: «No puede quedarse esto sin resolver o que se sacudan las culpas los unos a los otros».
Mientras tanto, Saray sigue aferrada a una esperanza que, aunque cada vez más debilitada, se resiste a desaparecer. Para estas familias, recuperar los restos de sus seres queridos no es solo el final de una búsqueda, sino también la posibilidad de empezar a asumir la pérdida que sacudió sus vidas hace ya dos años.
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