La carrera futbolística de Fernando Marqués (Madrid, 1984) nunca se separó de sus problemas extradeportivos. Alcohol, accidentes e indisciplinas le crearon de muy joven la imagen de tipo conflictivo e indisciplinado. Debutó con 17 años en su Rayo Vallecano, en 2002, y antes de cumplir los 23 ya había jugado en cinco equipos —Rayo, Racing de Santander, Atlético de Madrid, el filial colchonero y el Castellón, además de la selección sub 20— y tres categorías diferentes. Un diez en talento, un cero en talante, se decía de él.
El exjugador, de 41 años, explica en ‘Offsiders’ que no conoció el diagnóstico hasta hace dos años y medio, ocho después de haberse retirado
La carrera futbolística de Fernando Marqués (Madrid, 1984) nunca se separó de sus problemas extradeportivos. Alcohol, accidentes e indisciplinas le crearon de muy joven la imagen de tipo conflictivo e indisciplinado. Debutó con 17 años en su Rayo Vallecano, en 2002, y antes de cumplir los 23 ya había jugado en cinco equipos —Rayo, Racing de Santander, Atlético de Madrid, el filial colchonero y el Castellón, además de la selección sub 20— y tres categorías diferentes. Un diez en talento, un cero en talante, se decía de él.
Pero todo aquello no fue culpa suya. Marqués, ahora un adulto de 41 años retirado de los terrenos de juego, reveló este lunes en el podcast Offsidersla pieza que faltaba para entender su carrera. Tras un largo suspiro, explicó que padece trastorno bipolar.
“No me importa desnudarme como persona, no lo hago por mí”, dice. “Hace dos años y medio me diagnosticaron trastorno bipolar, fue un antes y un después. Dio nombre a todo lo que me ha pasado en mi vida y en mi carrera futbolística”, añade, tras haber repasado una carrera de altibajos, dudas y críticas de quien no entendía cómo tanto talento podía gestionarse tan mal.
Pero es que Marqués tampoco lo entendía. “Me he pasado la mitad de mi carrera medicándome, fue muy difícil. La gente me preguntaba por qué me había retirado tan joven —dejó el fútbol en Guadalajara, en 2016, antes de cumplir 32 años—. He tenido muchos fantasmas”.
Marqués elogió al exbarcelonista Ángel Pedraza, que fue su técnico en su paso por Grecia (Iraklis, de 2007 a 2009), como una persona que supo tratarle. “Me cuidó en esos momentos”, asegura, refiriéndose a los años que jugó sin tener diagnóstico. Fue Pedraza, añade, quien le llevó al Espanyol, a cuya estructura Marqués también está agradecido.

El futbolista explicó un momento de cuando jugaba en el Parma, en la Serie A italiana, que ayuda a dimensionar el drama de la dualidad que le obligaba a ser futbolista y ser humano. “Yo no estaba bien, estaba abajo”, dice, “y el médico al descanso me dio dos pastillas. Me sacaron en la segunda parte, jugué increíble”. En ese momento contaba con el apoyo de sus compañeros, de la grada. Pero al cabo de unas horas las pastillas ya no tenían efecto. “Bajaron las revoluciuones y…”. La frase queda en suspenso.
Marqués, que se convierte en uno de los pocos, si no el único, futbolista que ha referido padecer un trastorno bipolar, reconoce que la salud mental es un tabú. Todavía hoy. “Hay mucho futbolista… Hay gente no sale [que no lo explica] por el qué puedan pensar. Se hacen un flaco favor. No puedes llevar una carrera de gran magnitud y vivirla a vida o muerte”, reflexiona. En su caso, concluye, “al no tener constancia de ciertas cosas, no he podido disfrutar mi carrera”.
“Me he pasado la mitad de mi carrera medicándome, fue muy difícil. He tenido muchos fantasmas”
Fernando Marqués ya sabe quién es y qué le pasa. “En estos últimos años he tenido muy buenos terapeutas que me han dado herramientas para poder vivir una vida normal”, dice, recordando los altos excesivos y los bajos imposibles que le convirtieron en un misterio para sí mismo. Porque el fútbol no habla de bipolaridad. Especula con ella ante ciertos comportamientos erráticos —se habló de bipolaridad con Paul Gascoine, Satn Collymore, René Higuita…”— pero más como un impío recursos literario que desde la seriedad que requiere un diagnóstico médico.
La carrera de Fernando Marqués —para él mismo, para quien le escucha— es ahora distinta. La pregunta ya no es cómo pudo hacer tan poco con todo el talento que tenía. La pregunta es cómo pudo lograr tanto a pesar de vivir sin comprenderse. En esas circunstancias, los 60 partidos que Marqués sumó entre Primera División y Serie A, 21 de ellos de blanquiazul, son el hito de un héroe que, al fin —nunca es del todo tarde— ha puesto nombre a su fantasma: trastorno bipolar.
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