Rodri no lleva ni 100 días en Barcelona, pero habla el lenguaje del equipo de Hansi Flick como un avezado canterano, como si llevara años bebiendo del manantial de la Masia. Tener durante siete años como maestro a Pep Guardiola en el Manchester City allanó un camino que para la mayoría es intransitable. Por eso cuando este verano todo parecía indicar que el Real Madrid era su destino más probable, decidió marcharse al eterno rival, a esa tierra prometida que siempre había imaginado para su fútbol. La decisión, producto de la madurez (30) de quien lo ha ganado todo, también el Balón de Oro del 2024, está siendo avalada por su rendimiento. Pero más allá de lo futbolístico, Rodri ha encajado a las mil maravillas en el ecosistema blaugrana.
Rodri no lleva ni 100 días en Barcelona, pero habla el lenguaje del equipo de Hansi Flick como un avezado canterano, como si llevara años bebiendo del manantial de la Masia. Tener durante siete años como maestro a Pep Guardiola en el Manchester City allanó un camino que para la mayoría es intransitable. Por eso cuando este verano todo parecía indicar que el Real Madrid era su destino más probable, decidió marcharse al eterno rival, a esa tierra prometida que siempre había imaginado para su fútbol. La decisión, producto de la madurez (30) de quien lo ha ganado todo, también el Balón de Oro del 2024, está siendo avalada por su rendimiento. Pero más allá de lo futbolístico, Rodri ha encajado a las mil maravillas en el ecosistema blaugrana.Seguir leyendo…
Rodri no lleva ni 100 días en Barcelona, pero habla el lenguaje del equipo de Hansi Flick como un avezado canterano, como si llevara años bebiendo del manantial de la Masia. Tener durante siete años como maestro a Pep Guardiola en el Manchester City allanó un camino que para la mayoría es intransitable. Por eso cuando este verano todo parecía indicar que el Real Madrid era su destino más probable, decidió marcharse al eterno rival, a esa tierra prometida que siempre había imaginado para su fútbol. La decisión, producto de la madurez (30) de quien lo ha ganado todo, también el Balón de Oro del 2024, está siendo avalada por su rendimiento. Pero más allá de lo futbolístico, Rodri ha encajado a las mil maravillas en el ecosistema blaugrana.
En el club están especialmente satisfechos con su adaptación a todos los niveles. No había dudas sobre su calidad, pero sí existía la lógica incertidumbre sobre cuánto tardaría en encajar en el equipo. Rodri ha facilitado mucho las cosas. Se ha integrado en el grupo de internacionales españoles, con quienes ya tenía una gran amistad, y ha encontrado en Lamine Yamal a uno de sus principales apoyos. La relación entre ambos viene de la selección, donde el centrocampista ya ejerció de veterano, aconsejándole y protegiéndole durante el pasado Mundial. En el Barça valoran mucho esa complicidad, que consideran positiva tanto para el vestuario como para el rendimiento de ambos.
Por paradójico que puede parecer, la relación con Lamine también se ha trasladado fuera del campo. Rodri se ha incorporado a las partidas de Mario Kart que organizan algunos jugadores, entre ellos Fermín, Eric Garcia y el propio Lamine. En el entorno explican que se ha producido una relación beneficiosa para ambas partes. Rodri aporta experiencia y consejos a los más jóvenes, mientras que estos le han contagiado a su vez de ese entusiasmo casi adolescente.
En el club destacan también que desde las primeras semanas Rodri ha hecho de enlace con el cuerpo técnico de manera natural y ha asumido responsabilidades sin necesidad de que nadie se las pidiera. Su experiencia y su manera de relacionarse con los compañeros han ayudado a que se haya ganado el respeto del grupo.
Fuera del fútbol también ha encontrado estabilidad. Rodri se trasladó a Barcelona junto a su pareja, cirujana de profesión, que intenta acompañarle en los desplazamientos siempre que su trabajo se lo permite. Una relación muy consolidada y apartada de los focos. Ella también ha hecho buenas relaciones con otras parejas de futbolistas del equipo, algo que facilita la adaptación de los recién llegados. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana estuvo en Sevilla y pudo ver en directo el primer gol de Rodri con el Barça ante el Betis. Lo celebró con especial entusiasmo desde la grada.
Aunque es su rendimiento sobre el césped lo que explica en buena parte lo bien que se siente el jugador. Rodri ha disputado diez partidos oficiales, ocho de Liga y dos de Champions. En la Liga acumula más de 500 minutos. Flick le ha utilizado prácticamente desde el primer día y su entendimiento con Pedri ha sido inmediato. Los dos se complementan y permiten al Barça tener más control del balón y a la vez ejercer una presión coordinada. Además, la grada le ha recibido como un ídolo. A su calidad futbolística hay que sumar el no al Madrid, gesto inolvidable para todos los culés.
El Barça buscaba en Rodri un futbolista capaz de marcar diferencias en las grandes noches de Champions. Por eso sorprendió que Flick decidiera dejarlo en el banquillo ante el PSG. El alemán prefirió tenerlo descansado para el clásico, en el que Rodri se enfrentará al equipo en el que podría haber jugado. Su éxito sería una nueva expresión de fracaso para el Real Madrid, que no supo cómo convencerlo el pasado verano para que fuese ese jugador determinante que tanto necesitan en el centro del campo. Rodri eligió Barcelona y en menos de cien días ha demostrado que la decisión más lógica desde el punto de vista futbolístico era también la que más feliz podía hacerle.
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