Emmanuel Macron no se ha atrevido a decretar el estado de excepción en Francia, pero se están adoptando a diario medidas muy similares de restricción de libertades con el argumento de que hay que mantener el orden público a toda costa.
Macron ve una voluntad de la ultraizquierda de “derribar la República”
Emmanuel Macron no se ha atrevido a decretar el estado de excepción en Francia, pero se están adoptando a diario medidas muy similares de restricción de libertades con el argumento de que hay que mantener el orden público a toda costa.
Ante la gran protesta que se anuncia el sábado, el presidente ha anunciado este jueves que en principio quedarán prohibidas todas las manifestaciones no organizadas por los sindicatos, y que las prefecturas modificarán los itinerarios para proteger, en caso de disturbios, las grandes áreas comerciales y los centros de poder político y administrativo.
Recién regresado de una gira por cuatro petromonarquías del golfo Pérsico, el jefe de Estado presidió varias reuniones al máximo nivel para analizar la situación de seguridad interior después de los graves disturbios del pasado fin de semana y evitar que se repitan.
Macron denunció los “actos sediciosos” de grupos de ultraizquierda “de extrema peligrosidad”, cuyo objetivo era “derribar la República”, y recordó que a ello se sumó la pura delincuencia de parte de quienes aprovecharon para saquear comercios.
El hecho de que no se autoricen las marchas de los chalecos amarillos y las organizaciones estudiantiles no significa que esos grupos no se sumen a las manifestaciones convocadas por los sindicatos. En París es ya el caso. Las autoridades piensan, sin embargo, que eso ofrece más garantías de control, porque los sindicatos cuentan con su propio servicio de seguridad. El Lyon rige una proscripción total de manifestarse.
En Orléans se prohibieron manifestaciones contra el congreso del Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha), en el que será confirmado como presidente Jordan Bardella y Marine Le Pen como candidata al Elíseo por cuarta vez. El domingo está previsto el discurso de arranque de la campaña de Le Pen. El prefecto de Loiret y Centro-Valle del Loira, Hugues Mouthouh, anunció que se autorizará la manifestación sindical en el marco de las protestas nacionales, pero no las dirigidas a boicotear el congreso del RN.
En la capital, los chalecos amarillos pretendían marchar entre la plaza de la Bastilla y la Ópera Garnier. Eso suponía un riesgo para la zona comercial de los grandes bulevares, además de acercarse al Elíseo. La prefectura optó por el recorrido Bastilla-Plaza de la Nación, perfectamente conocido por la policía. Se prevé un cortejo absolutamente blindado por las fuerzas del orden, que quieren evitar cualquier sorpresa.
De todas formas las cosas son muy fluidas. Es imposible excluir manifestaciones espontáneas que degeneren en violencia. Ha habido una catarata de decisiones para prevenir esa posibilidad en muchas ciudades, sobre toques de queda parciales o circunscritos a los menores de edad. En París se había prohibido este jueves por la tarde una manifestación de estudiantes universitarios, pero el Tribunal Administrativo la autorizó en el último momento. Con los antidisturbios impidiendo el inicio de la marcha, finalmente la prefectura corrigió sus instrucciones y autorizó solo un acto “estático”, sin recorrido por las calles, para evitar incidentes.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, se ha reunido con los líderes de los partidos para analizar el momento que se vive e informarles sobre medidas que se adoptarán durante la campaña de las presidenciales. Algunos prefirieron enviar a sus lugartenientes. Por parte de la extrema derecha, ni Jordan Bardella ni Marine Le Pen acudieron. Tampoco estuvieron dos aspirantes presidenciales del centro derecha y el centro, Édouard Philippe y Gabriel Attal. El líder de Los Republicanos (LR) y también aspirante presidencial, Bruno Retailleau, exministro del Interior, abogó nuevamente por la declaración del estado de urgencia, un instrumento constitucional equivalente al estado de excepción en España.
Vidrieros, carpinteros y guardias privados son muy solicitados por las tiendas como consecuencia de los saqueos
Según publicó el rotativo Le Parisien, el temor de los comerciantes a volver a ser saqueados está generando una demanda muy fuerte de los servicios de vidrieros, carpinteros y agentes de seguridad privados, que están desbordados por las peticiones. Unos reparan a toda prisa los daños causados o se dedican a proteger los escaparates con paneles de manera. Otros son contratados para defender las tiendas o al menos disuadir a eventuales saqueadores, ya que la policía no dio abasto el fin de semana pasado y, si las cosas vuelven a complicarse, tampoco estará en condiciones de acudir a todas las llamadas en nuevos disturbios.
El mismo periódico de la capital informó de la alta demanda de material de autodefensa para el que no se necesita licencia, como sprays. Algunos medios, en especial los cercanos a la extrema derecha, como la cadena de televisión CNews, evocan la voluntad de comerciantes de dotarse incluso de armas de fuego o de organizar milicias de autodefensa frente al pillaje
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