Más que presentar novedades, Rosana ha regresado tras un cambio sustancial en su vida hace siete años con voluntad de hacer visibles para todos sus prioridades. «Sólo hay una cosa que me gusta más que la música: el ser humano». Con esa declaración de intenciones, está empeñada en «inspirar» e infundir «ganas de vivir sin miedo», sobre todo, a los niños como reto personal, en su gira ‘Omow’.En el espíritu de este periplo por diferente ciudades -este sábado hace escala en Alicante- reivindica un «híbrido» entre la digitalización imperante, que no le incomoda, y costumbres de antaño que no se han perdido en su Lanzarote natal, como dejar la puerta abierta de casa mientras uno se ausenta.Esa dualidad que resume, por ejemplo, en que ahora «existen plataformas, pero antes había rocolas», aquellas máquinas en las que por una moneda se podía pinchar una canción para dar ambientación musical al bar.—Un contraste, trabajar con una serie (docuserie) como ‘Más que barrios’, un formato de moda, al mismo tiempo que en sus composiciones priman las letras, un elemento poco común ahora en las tendencias musicales.En este caso, en honor a la verdad, no es una serie al uso, lleva muchas trampas, pero tampoco lo puedo contar todo, a partir de septiembre se conocerán, se trata de una historia peculiar. Pero las modas siempre son modas y hay personas que seguimos haciendo conciertos, hay público para todo. Ni cuando estaban de moda a todo el mundo le gustan los cantautores, no hay que generalizar y menos en la música.En el concierto que dimos en Madrid, lo que más me flipó es precisamente que había gente de todas las edades. Siempre ha habido grupos, solistas, más pop o más rock, más bandas o no. No se anula nada.A mí lo único que no me termina de gustar es el movimiento pendular hacia unas modas u otras, pero más como público que como músico.—En esta gira, se habla del proyecto ‘Más que barrios’, un contacto que reivindica muy directo, muy cercano con el público, con la gente, ¿le ha servido de inspiración para sus últimas creaciones, igual que habla de inspirar a los demás?Lo único que me gusta más que la música es el ser humano, lo único (insiste). Partiendo de esa base, todo se simplifica bastante: tampoco estoy haciendo algo que no haya contado ya, llevar mis canciones a la calle, todo el tiempo desde el principio de mi carrera. Hablando de vivir sin miedo, de llegar a tiempo, esto no es novedoso en mí, no es que yo primero hiciera canciones de un tipo y ahora esté haciendo otras. Llevar ese vivir sin miedo a la calle. Es todavía mejor con la tecnología, que es una herramienta en manos de la gente, en lugar de que la gente sea una herramienta en manos de la tecnología.—Lo de «vivir sin miedo», no sé si tiene que ver con el contexto actual. Hay mucha gente que se queja de la polarización, de que se toman las cosas con demasiada tensión…No, yo vengo hablando de mejor vivir sin miedo desde el año 96, cuando no había ese tipo de concepto. Porque definitivamente, el miedo paraliza a cualquiera, dejan de pasar cosas que podrían estar pasando si uno se atreviera. Para mí no es ni siquiera un mensaje, sino una filosofía de vida. Algo que nació conmigo y lo único que he hecho es hacerlo extensivo, primero en forma de canciones y ahora en forma de ‘Más que barrios’, en vez de en vez de utilizar las palabras, lo que estamos empezando a utilizar los actos, que me parece mucho más importante.—Sencillamente, ¿transmitir que hace falta valentía, no quedarse en su rincón o no tener miedo por los recursos económicos?Hace siete años exactamente decidí hacer un cambio muy importante en mi vida. Me planteé que lo mío no lo hago digamos por oficio, promoción, una gira mundial, luego premios y vuelta otra vez a empezar. Decidí el cambio porque me llegaron dos noticias, la primera, que hablaba del aumento de soledad en el ser humano y la segunda noticia, de la muerte por suicidios de niños, no en los adultos, en los niños. Y me dije «no». Cómo estamos haciendo las cosas tan verdaderamente mal para que niños de ocho o nueve años decidan saltar del mundo, no sin previo aviso, dejando una carta y además por decisión (se interrumpe, emocionada, con voz entrecortada). Entonces decidí que no me valía solamente con hablar de llegar a tiempo o de sin miedo, necesitaba llevar eso a la calle, compartirlo para hacer que la gente de verdad sintiera que la cosa puede funcionar de otra manera de otra manera. Que se pueden hacer las cosas de otra forma sin necesidad de volver atrás.«La gente dice que las redes sociales han hecho mucho daño, pero si no tienen tanto tiempo para eso»No se trata de decir tampoco no a la inteligencia artificial, sino de recuperar las cosas buenas que hemos vivido, para intentar enseñar a los niños y a la gente general, pero sobre todo a los niños. El buen uso de la tecnología, no es mala, malo es lo que se puede hacer con ella.—En esa línea, la tecnología también ha popularizado ahora la música, que es muy accesible a todo el mundo, por las plataformas, pero el precio para los artistas es que la venta de discos es mucho más limitada, no puede ser la fuente de ingresos.No pasa nada, las cosas van mutando. Antes, mis discos salían en China, en Japón o en Alemania y eso significaba que esos discos físicos se fabricaban en cada país, se vendían en cada país. Ahora tenemos una cosa fantástica, una canción llega a todo el mundo en lo que se tarda en montarla y subirla a Internet, aunque es verdad que hay que preparar un montón de cosas antes. También es cierto que hay mucha información y especialmente a los chavales se les pone todo más complejo, con tanta información se diluye más, pero es un trabajo que tendremos que hacer entre todos para esa especie de cambio, de puente de un lado a otro, de lo analógico o de lo físico a lo digital y que realmente sea algo muy, muy potente. Para cualquier chiquito que quiera hacer música. Es un trabajo entre todos, a mí me parece que no es malo.Dejamos que las cosas se conviertan en malas, simplemente porque no tenemos control sobre eso, pero no, a mí me parece que hay pocas cosas más bonitas que ser capaces de tener un punto de encuentro, aunque sea digital. Con el resto del mundo. Otra cosa es que ese punto de encuentro nos separe del encuentro físico real que tenemos con la gente, de nuestra familia o de nuestros amigos o colegas, de lo que sea.—¿Quiere reivindicar esa lógica experiencial, de contacto con el público, no tanto como negocio en una lógica mercantilista?Sí, para mí es súper importante, siempre lo ha sido. Desde el año 96 ya me bajaba con la gente, cuando me decían «estás loca», yo ya hacía cosas entre público. Lo que estamos llamando experiencial, porque de vez en cuando hay palabras que se ponen de moda. Y buscamos que se viva, no solamente que se hable de esas palabras, que son fantásticas.—La antítesis podría ser: visualmente, la imagen de Rosana rodeada de gente en un barrio, puede parecer marketing como incluso lo que hacen los políticos en campaña electoral, que van y se dan el baño de multitudes…Lo que estoy haciendo no es algo que no haya hecho durante 30 años, no es nuevo, no me estoy inventando nada, es darle vida a lo que he hecho durante toda mi vida. Ni siquiera me lo he peleado, lo he vivido de manera natural porque yo nací en un sitio donde la gente se sentaba en las aceras y hablaban con los vecinos. Y las puertas estaban abiertas y de repente pasaba un vecino y decía, «¿hay alguien dentro?», y entonces el vecino contestaba «no, se fue a comprar el pan». «Ah, pues dile que vine y después vuelvo…» Yo he vivido eso. Creo que hay una responsabilidad en todos, porque hay todavía algunas generaciones que estamos aquí y conocemos los dos mundos, el tecnológico y el real. Que los niños sepan que cuando una fotografía está en papel no puede hacer el gesto de los deditos y ampliarla. —Y recuperar costumbres como saludar con un ‘buenas tardes’ al pasar por la calle delante de desconocidos que están tomando el fresco en la puerta de su casa, en verano.Es un poco eso, desde hace unos años para acá, de repente se puso de moda y esa gente es como especial y tú dices «no, no es especial, debería ser la norma». Crear un vínculo, no es nada más, porque no decirlo tampoco te protege nada, no te contagia la gripe.Si eso le queremos llamar experiencia, pues llamémoslo, a lo mejor para los niños o para los jovencitos, porque ellos no han vivido eso. Para nosotros es volver a la esencia, no nacimos para estar solos, nacemos para estar en comunidad. —Sin ser fundamentalista, porque al contrario, los chavales jóvenes también han enseñado lo de la instantaneidad de comunicar: la tecnología permite con un móvil estar con los amigos, por ejemplo, un grupo de WhatsApp, y eso antes necesitabas un tiempo, había que reunirlos a todos.Claro, sí, pero se puede hacer un híbrido, se puede usar WhatsApp como antes se podía usar el contestador automático para dejar un mensaje y quedar. Tampoco nos creamos que se está inventando una cosa del otro mundo. Todo lo que está pasando es que se está digitalizando lo que existía, se le da un poco de novelería, como dicen en mi tierra. Existen las plataformas, pero antes estaban las rocolas.Ese concepto lo hace extensivo y lo realmente interesante es que te puedes comunicar con el mundo entero, sí, claro. Pues si le buscamos una buena finalidad…—Agiliza, pues, por ejemplo, antes si a un cantante sus fans querían transmitirle cómo les había gustado el concierto, sus sentimientos, sus impresiones, tenía que ser vía carta postal, era algo más lento. Ahora, en cambio, entras en redes y ahí cientos o miles de opiniones en un momento.Claro, claro, por eso lo digo. Un ejemplo tan tonto como lo que está pasando en ese momento con esta entrevista: pues uno tenía que estar junto a un teléfono fijo, en un sitio toda la mañana porque le iban a llamar. Aunque seamos conscientes y realistas sobre las redes sociales, existen desde 2006, cualquier niño de 20 años nació con ellas. La gente dice que han hecho mucho daño, pues si tampoco tienen tanto tiempo para eso.—¿Había venido antes a Alicante, qué recuerda?Sí, con cada disco, lo que pasa es que es verdad que como llevo siete años escribiendo y sin discos ni gira ni canciones ni nada, pues parece que llevamos toda una vida sin aparecer por los sitios. Alicante es un lugar que además me trae muy bonitos recuerdos, me han pasado cosas y he tenido momentos entrañables porque la gente me ha regalado cosas bonitas. Además, hay similitudes, el concepto de Lanzarote y de Alicante tiene muchas, muchas cosas en común, hay una especie de reconocimiento. Más que presentar novedades, Rosana ha regresado tras un cambio sustancial en su vida hace siete años con voluntad de hacer visibles para todos sus prioridades. «Sólo hay una cosa que me gusta más que la música: el ser humano». Con esa declaración de intenciones, está empeñada en «inspirar» e infundir «ganas de vivir sin miedo», sobre todo, a los niños como reto personal, en su gira ‘Omow’.En el espíritu de este periplo por diferente ciudades -este sábado hace escala en Alicante- reivindica un «híbrido» entre la digitalización imperante, que no le incomoda, y costumbres de antaño que no se han perdido en su Lanzarote natal, como dejar la puerta abierta de casa mientras uno se ausenta.Esa dualidad que resume, por ejemplo, en que ahora «existen plataformas, pero antes había rocolas», aquellas máquinas en las que por una moneda se podía pinchar una canción para dar ambientación musical al bar.—Un contraste, trabajar con una serie (docuserie) como ‘Más que barrios’, un formato de moda, al mismo tiempo que en sus composiciones priman las letras, un elemento poco común ahora en las tendencias musicales.En este caso, en honor a la verdad, no es una serie al uso, lleva muchas trampas, pero tampoco lo puedo contar todo, a partir de septiembre se conocerán, se trata de una historia peculiar. Pero las modas siempre son modas y hay personas que seguimos haciendo conciertos, hay público para todo. Ni cuando estaban de moda a todo el mundo le gustan los cantautores, no hay que generalizar y menos en la música.En el concierto que dimos en Madrid, lo que más me flipó es precisamente que había gente de todas las edades. Siempre ha habido grupos, solistas, más pop o más rock, más bandas o no. No se anula nada.A mí lo único que no me termina de gustar es el movimiento pendular hacia unas modas u otras, pero más como público que como músico.—En esta gira, se habla del proyecto ‘Más que barrios’, un contacto que reivindica muy directo, muy cercano con el público, con la gente, ¿le ha servido de inspiración para sus últimas creaciones, igual que habla de inspirar a los demás?Lo único que me gusta más que la música es el ser humano, lo único (insiste). Partiendo de esa base, todo se simplifica bastante: tampoco estoy haciendo algo que no haya contado ya, llevar mis canciones a la calle, todo el tiempo desde el principio de mi carrera. Hablando de vivir sin miedo, de llegar a tiempo, esto no es novedoso en mí, no es que yo primero hiciera canciones de un tipo y ahora esté haciendo otras. Llevar ese vivir sin miedo a la calle. Es todavía mejor con la tecnología, que es una herramienta en manos de la gente, en lugar de que la gente sea una herramienta en manos de la tecnología.—Lo de «vivir sin miedo», no sé si tiene que ver con el contexto actual. Hay mucha gente que se queja de la polarización, de que se toman las cosas con demasiada tensión…No, yo vengo hablando de mejor vivir sin miedo desde el año 96, cuando no había ese tipo de concepto. Porque definitivamente, el miedo paraliza a cualquiera, dejan de pasar cosas que podrían estar pasando si uno se atreviera. Para mí no es ni siquiera un mensaje, sino una filosofía de vida. Algo que nació conmigo y lo único que he hecho es hacerlo extensivo, primero en forma de canciones y ahora en forma de ‘Más que barrios’, en vez de en vez de utilizar las palabras, lo que estamos empezando a utilizar los actos, que me parece mucho más importante.—Sencillamente, ¿transmitir que hace falta valentía, no quedarse en su rincón o no tener miedo por los recursos económicos?Hace siete años exactamente decidí hacer un cambio muy importante en mi vida. Me planteé que lo mío no lo hago digamos por oficio, promoción, una gira mundial, luego premios y vuelta otra vez a empezar. Decidí el cambio porque me llegaron dos noticias, la primera, que hablaba del aumento de soledad en el ser humano y la segunda noticia, de la muerte por suicidios de niños, no en los adultos, en los niños. Y me dije «no». Cómo estamos haciendo las cosas tan verdaderamente mal para que niños de ocho o nueve años decidan saltar del mundo, no sin previo aviso, dejando una carta y además por decisión (se interrumpe, emocionada, con voz entrecortada). Entonces decidí que no me valía solamente con hablar de llegar a tiempo o de sin miedo, necesitaba llevar eso a la calle, compartirlo para hacer que la gente de verdad sintiera que la cosa puede funcionar de otra manera de otra manera. Que se pueden hacer las cosas de otra forma sin necesidad de volver atrás.«La gente dice que las redes sociales han hecho mucho daño, pero si no tienen tanto tiempo para eso»No se trata de decir tampoco no a la inteligencia artificial, sino de recuperar las cosas buenas que hemos vivido, para intentar enseñar a los niños y a la gente general, pero sobre todo a los niños. El buen uso de la tecnología, no es mala, malo es lo que se puede hacer con ella.—En esa línea, la tecnología también ha popularizado ahora la música, que es muy accesible a todo el mundo, por las plataformas, pero el precio para los artistas es que la venta de discos es mucho más limitada, no puede ser la fuente de ingresos.No pasa nada, las cosas van mutando. Antes, mis discos salían en China, en Japón o en Alemania y eso significaba que esos discos físicos se fabricaban en cada país, se vendían en cada país. Ahora tenemos una cosa fantástica, una canción llega a todo el mundo en lo que se tarda en montarla y subirla a Internet, aunque es verdad que hay que preparar un montón de cosas antes. También es cierto que hay mucha información y especialmente a los chavales se les pone todo más complejo, con tanta información se diluye más, pero es un trabajo que tendremos que hacer entre todos para esa especie de cambio, de puente de un lado a otro, de lo analógico o de lo físico a lo digital y que realmente sea algo muy, muy potente. Para cualquier chiquito que quiera hacer música. Es un trabajo entre todos, a mí me parece que no es malo.Dejamos que las cosas se conviertan en malas, simplemente porque no tenemos control sobre eso, pero no, a mí me parece que hay pocas cosas más bonitas que ser capaces de tener un punto de encuentro, aunque sea digital. Con el resto del mundo. Otra cosa es que ese punto de encuentro nos separe del encuentro físico real que tenemos con la gente, de nuestra familia o de nuestros amigos o colegas, de lo que sea.—¿Quiere reivindicar esa lógica experiencial, de contacto con el público, no tanto como negocio en una lógica mercantilista?Sí, para mí es súper importante, siempre lo ha sido. Desde el año 96 ya me bajaba con la gente, cuando me decían «estás loca», yo ya hacía cosas entre público. Lo que estamos llamando experiencial, porque de vez en cuando hay palabras que se ponen de moda. Y buscamos que se viva, no solamente que se hable de esas palabras, que son fantásticas.—La antítesis podría ser: visualmente, la imagen de Rosana rodeada de gente en un barrio, puede parecer marketing como incluso lo que hacen los políticos en campaña electoral, que van y se dan el baño de multitudes…Lo que estoy haciendo no es algo que no haya hecho durante 30 años, no es nuevo, no me estoy inventando nada, es darle vida a lo que he hecho durante toda mi vida. Ni siquiera me lo he peleado, lo he vivido de manera natural porque yo nací en un sitio donde la gente se sentaba en las aceras y hablaban con los vecinos. Y las puertas estaban abiertas y de repente pasaba un vecino y decía, «¿hay alguien dentro?», y entonces el vecino contestaba «no, se fue a comprar el pan». «Ah, pues dile que vine y después vuelvo…» Yo he vivido eso. Creo que hay una responsabilidad en todos, porque hay todavía algunas generaciones que estamos aquí y conocemos los dos mundos, el tecnológico y el real. Que los niños sepan que cuando una fotografía está en papel no puede hacer el gesto de los deditos y ampliarla. —Y recuperar costumbres como saludar con un ‘buenas tardes’ al pasar por la calle delante de desconocidos que están tomando el fresco en la puerta de su casa, en verano.Es un poco eso, desde hace unos años para acá, de repente se puso de moda y esa gente es como especial y tú dices «no, no es especial, debería ser la norma». Crear un vínculo, no es nada más, porque no decirlo tampoco te protege nada, no te contagia la gripe.Si eso le queremos llamar experiencia, pues llamémoslo, a lo mejor para los niños o para los jovencitos, porque ellos no han vivido eso. Para nosotros es volver a la esencia, no nacimos para estar solos, nacemos para estar en comunidad. —Sin ser fundamentalista, porque al contrario, los chavales jóvenes también han enseñado lo de la instantaneidad de comunicar: la tecnología permite con un móvil estar con los amigos, por ejemplo, un grupo de WhatsApp, y eso antes necesitabas un tiempo, había que reunirlos a todos.Claro, sí, pero se puede hacer un híbrido, se puede usar WhatsApp como antes se podía usar el contestador automático para dejar un mensaje y quedar. Tampoco nos creamos que se está inventando una cosa del otro mundo. Todo lo que está pasando es que se está digitalizando lo que existía, se le da un poco de novelería, como dicen en mi tierra. Existen las plataformas, pero antes estaban las rocolas.Ese concepto lo hace extensivo y lo realmente interesante es que te puedes comunicar con el mundo entero, sí, claro. Pues si le buscamos una buena finalidad…—Agiliza, pues, por ejemplo, antes si a un cantante sus fans querían transmitirle cómo les había gustado el concierto, sus sentimientos, sus impresiones, tenía que ser vía carta postal, era algo más lento. Ahora, en cambio, entras en redes y ahí cientos o miles de opiniones en un momento.Claro, claro, por eso lo digo. Un ejemplo tan tonto como lo que está pasando en ese momento con esta entrevista: pues uno tenía que estar junto a un teléfono fijo, en un sitio toda la mañana porque le iban a llamar. Aunque seamos conscientes y realistas sobre las redes sociales, existen desde 2006, cualquier niño de 20 años nació con ellas. La gente dice que han hecho mucho daño, pues si tampoco tienen tanto tiempo para eso.—¿Había venido antes a Alicante, qué recuerda?Sí, con cada disco, lo que pasa es que es verdad que como llevo siete años escribiendo y sin discos ni gira ni canciones ni nada, pues parece que llevamos toda una vida sin aparecer por los sitios. Alicante es un lugar que además me trae muy bonitos recuerdos, me han pasado cosas y he tenido momentos entrañables porque la gente me ha regalado cosas bonitas. Además, hay similitudes, el concepto de Lanzarote y de Alicante tiene muchas, muchas cosas en común, hay una especie de reconocimiento.
Más que presentar novedades, Rosana ha regresado tras un cambio sustancial en su vida hace siete años con voluntad de hacer visibles para todos sus prioridades. «Sólo hay una cosa que me gusta más que la música: el ser humano». Con esa declaración de intenciones, … está empeñada en «inspirar» e infundir «ganas de vivir sin miedo», sobre todo, a los niños como reto personal, en su gira ‘Omow’.
En el espíritu de este periplo por diferente ciudades -este sábado hace escala en Alicante- reivindica un «híbrido» entre la digitalización imperante, que no le incomoda, y costumbres de antaño que no se han perdido en su Lanzarote natal, como dejar la puerta abierta de casa mientras uno se ausenta.
Esa dualidad que resume, por ejemplo, en que ahora «existen plataformas, pero antes había rocolas», aquellas máquinas en las que por una moneda se podía pinchar una canción para dar ambientación musical al bar.
—Un contraste, trabajar con una serie (docuserie) como ‘Más que barrios’, un formato de moda, al mismo tiempo que en sus composiciones priman las letras, un elemento poco común ahora en las tendencias musicales.
En este caso, en honor a la verdad, no es una serie al uso, lleva muchas trampas, pero tampoco lo puedo contar todo, a partir de septiembre se conocerán, se trata de una historia peculiar. Pero las modas siempre son modas y hay personas que seguimos haciendo conciertos, hay público para todo. Ni cuando estaban de moda a todo el mundo le gustan los cantautores, no hay que generalizar y menos en la música.
En el concierto que dimos en Madrid, lo que más me flipó es precisamente que había gente de todas las edades. Siempre ha habido grupos, solistas, más pop o más rock, más bandas o no. No se anula nada.
A mí lo único que no me termina de gustar es el movimiento pendular hacia unas modas u otras, pero más como público que como músico.
—En esta gira, se habla del proyecto ‘Más que barrios’, un contacto que reivindica muy directo, muy cercano con el público, con la gente, ¿le ha servido de inspiración para sus últimas creaciones, igual que habla de inspirar a los demás?
Lo único que me gusta más que la música es el ser humano, lo único (insiste). Partiendo de esa base, todo se simplifica bastante: tampoco estoy haciendo algo que no haya contado ya, llevar mis canciones a la calle, todo el tiempo desde el principio de mi carrera. Hablando de vivir sin miedo, de llegar a tiempo, esto no es novedoso en mí, no es que yo primero hiciera canciones de un tipo y ahora esté haciendo otras.
Llevar ese vivir sin miedo a la calle. Es todavía mejor con la tecnología, que es una herramienta en manos de la gente, en lugar de que la gente sea una herramienta en manos de la tecnología.
—Lo de «vivir sin miedo», no sé si tiene que ver con el contexto actual. Hay mucha gente que se queja de la polarización, de que se toman las cosas con demasiada tensión…
No, yo vengo hablando de mejor vivir sin miedo desde el año 96, cuando no había ese tipo de concepto. Porque definitivamente, el miedo paraliza a cualquiera, dejan de pasar cosas que podrían estar pasando si uno se atreviera. Para mí no es ni siquiera un mensaje, sino una filosofía de vida. Algo que nació conmigo y lo único que he hecho es hacerlo extensivo, primero en forma de canciones y ahora en forma de ‘Más que barrios’, en vez de en vez de utilizar las palabras, lo que estamos empezando a utilizar los actos, que me parece mucho más importante.
—Sencillamente, ¿transmitir que hace falta valentía, no quedarse en su rincón o no tener miedo por los recursos económicos?
Hace siete años exactamente decidí hacer un cambio muy importante en mi vida. Me planteé que lo mío no lo hago digamos por oficio, promoción, una gira mundial, luego premios y vuelta otra vez a empezar. Decidí el cambio porque me llegaron dos noticias, la primera, que hablaba del aumento de soledad en el ser humano y la segunda noticia, de la muerte por suicidios de niños, no en los adultos, en los niños. Y me dije «no». Cómo estamos haciendo las cosas tan verdaderamente mal para que niños de ocho o nueve años decidan saltar del mundo, no sin previo aviso, dejando una carta y además por decisión (se interrumpe, emocionada, con voz entrecortada). Entonces decidí que no me valía solamente con hablar de llegar a tiempo o de sin miedo, necesitaba llevar eso a la calle, compartirlo para hacer que la gente de verdad sintiera que la cosa puede funcionar de otra manera de otra manera. Que se pueden hacer las cosas de otra forma sin necesidad de volver atrás.
«La gente dice que las redes sociales han hecho mucho daño, pero si no tienen tanto tiempo para eso»
No se trata de decir tampoco no a la inteligencia artificial, sino de recuperar las cosas buenas que hemos vivido, para intentar enseñar a los niños y a la gente general, pero sobre todo a los niños. El buen uso de la tecnología, no es mala, malo es lo que se puede hacer con ella.
—En esa línea, la tecnología también ha popularizado ahora la música, que es muy accesible a todo el mundo, por las plataformas, pero el precio para los artistas es que la venta de discos es mucho más limitada, no puede ser la fuente de ingresos.
No pasa nada, las cosas van mutando. Antes, mis discos salían en China, en Japón o en Alemania y eso significaba que esos discos físicos se fabricaban en cada país, se vendían en cada país. Ahora tenemos una cosa fantástica, una canción llega a todo el mundo en lo que se tarda en montarla y subirla a Internet, aunque es verdad que hay que preparar un montón de cosas antes. También es cierto que hay mucha información y especialmente a los chavales se les pone todo más complejo, con tanta información se diluye más, pero es un trabajo que tendremos que hacer entre todos para esa especie de cambio, de puente de un lado a otro, de lo analógico o de lo físico a lo digital y que realmente sea algo muy, muy potente. Para cualquier chiquito que quiera hacer música. Es un trabajo entre todos, a mí me parece que no es malo.
Dejamos que las cosas se conviertan en malas, simplemente porque no tenemos control sobre eso, pero no, a mí me parece que hay pocas cosas más bonitas que ser capaces de tener un punto de encuentro, aunque sea digital. Con el resto del mundo. Otra cosa es que ese punto de encuentro nos separe del encuentro físico real que tenemos con la gente, de nuestra familia o de nuestros amigos o colegas, de lo que sea.
—¿Quiere reivindicar esa lógica experiencial, de contacto con el público, no tanto como negocio en una lógica mercantilista?
Sí, para mí es súper importante, siempre lo ha sido. Desde el año 96 ya me bajaba con la gente, cuando me decían «estás loca», yo ya hacía cosas entre público. Lo que estamos llamando experiencial, porque de vez en cuando hay palabras que se ponen de moda. Y buscamos que se viva, no solamente que se hable de esas palabras, que son fantásticas.
—La antítesis podría ser: visualmente, la imagen de Rosana rodeada de gente en un barrio, puede parecer marketing como incluso lo que hacen los políticos en campaña electoral, que van y se dan el baño de multitudes…
Lo que estoy haciendo no es algo que no haya hecho durante 30 años, no es nuevo, no me estoy inventando nada, es darle vida a lo que he hecho durante toda mi vida. Ni siquiera me lo he peleado, lo he vivido de manera natural porque yo nací en un sitio donde la gente se sentaba en las aceras y hablaban con los vecinos. Y las puertas estaban abiertas y de repente pasaba un vecino y decía, «¿hay alguien dentro?», y entonces el vecino contestaba «no, se fue a comprar el pan». «Ah, pues dile que vine y después vuelvo…» Yo he vivido eso. Creo que hay una responsabilidad en todos, porque hay todavía algunas generaciones que estamos aquí y conocemos los dos mundos, el tecnológico y el real. Que los niños sepan que cuando una fotografía está en papel no puede hacer el gesto de los deditos y ampliarla.
—Y recuperar costumbres como saludar con un ‘buenas tardes’ al pasar por la calle delante de desconocidos que están tomando el fresco en la puerta de su casa, en verano.
Es un poco eso, desde hace unos años para acá, de repente se puso de moda y esa gente es como especial y tú dices «no, no es especial, debería ser la norma». Crear un vínculo, no es nada más, porque no decirlo tampoco te protege nada, no te contagia la gripe.
Si eso le queremos llamar experiencia, pues llamémoslo, a lo mejor para los niños o para los jovencitos, porque ellos no han vivido eso. Para nosotros es volver a la esencia, no nacimos para estar solos, nacemos para estar en comunidad.
—Sin ser fundamentalista, porque al contrario, los chavales jóvenes también han enseñado lo de la instantaneidad de comunicar: la tecnología permite con un móvil estar con los amigos, por ejemplo, un grupo de WhatsApp, y eso antes necesitabas un tiempo, había que reunirlos a todos.
Claro, sí, pero se puede hacer un híbrido, se puede usar WhatsApp como antes se podía usar el contestador automático para dejar un mensaje y quedar. Tampoco nos creamos que se está inventando una cosa del otro mundo. Todo lo que está pasando es que se está digitalizando lo que existía, se le da un poco de novelería, como dicen en mi tierra. Existen las plataformas, pero antes estaban las rocolas.
Ese concepto lo hace extensivo y lo realmente interesante es que te puedes comunicar con el mundo entero, sí, claro. Pues si le buscamos una buena finalidad…
—Agiliza, pues, por ejemplo, antes si a un cantante sus fans querían transmitirle cómo les había gustado el concierto, sus sentimientos, sus impresiones, tenía que ser vía carta postal, era algo más lento. Ahora, en cambio, entras en redes y ahí cientos o miles de opiniones en un momento.
Claro, claro, por eso lo digo. Un ejemplo tan tonto como lo que está pasando en ese momento con esta entrevista: pues uno tenía que estar junto a un teléfono fijo, en un sitio toda la mañana porque le iban a llamar. Aunque seamos conscientes y realistas sobre las redes sociales, existen desde 2006, cualquier niño de 20 años nació con ellas. La gente dice que han hecho mucho daño, pues si tampoco tienen tanto tiempo para eso.
—¿Había venido antes a Alicante, qué recuerda?
Sí, con cada disco, lo que pasa es que es verdad que como llevo siete años escribiendo y sin discos ni gira ni canciones ni nada, pues parece que llevamos toda una vida sin aparecer por los sitios. Alicante es un lugar que además me trae muy bonitos recuerdos, me han pasado cosas y he tenido momentos entrañables porque la gente me ha regalado cosas bonitas. Además, hay similitudes, el concepto de Lanzarote y de Alicante tiene muchas, muchas cosas en común, hay una especie de reconocimiento.
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